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.: Divine Hammer :.

“La épica se encuentra con la historia” 8/10

Divine Hammer es la segunda novela de la trilogía Kingpriest que retoma la narración casi veinte años después de que terminase el anterior volumen, Chosen of the Gods. En ella nos encontramos en pleno gobierno de Beldinas con los personajes que dejamos atrás más maduros y envejecidos pero que a pesar de ello, o quizás gracias a ello, los reconocemos como los mismos personajes con una mejor capa de “pintura”.

Para leer esta novela uno necesita haber leído anteriormente Chosen of the Gods por ser el primer volumen de la trilogía y ya está. No es una novela que requiera de nosotros un gran conocimiento del mundo ni que de cosas por sabidas, si no que llega con afán de definir y explicar. Eso sí, en este volumen ya se comienzan a perfilar los detalles del final de la trilogía con una serie de personajes que quizás quienes más provecho les saquen sean aquellos que hayan leído Leyendas de la Dragonlance anteriormente (aunque la idea de leerlo a posteriori puede tener su miga).

Si Pierson nos deleitaba en la anterior novela con un estilo correcto aunque con ciertos fallos y un impresionante despliegue de ambientación en esta nos sorprende con algo aun más extraño en un escritor y es la capacidad de ver y corregir sus errores ¡Y de una novela a otra! Varios de los detalles, principalmente la magia, que fallaban a Pierson anteriormente están totalmente solucionados en esta novela, además el ritmo narrativo mejora enteros no teniendo las zonas áridas donde parecía que nada ocurría pero sigue teniendo problemas con los finales precipitados, aunque en esta ocasión quizás podamos disculparlo un poco por lo denso de los acontecimientos del final de la novela que no son los que pretende narrar esta novela. Y sobre eso último precisamente quiero dar un serio aviso, y es que esta novela no trata en forma alguna sobre Las Batallas Perdidas (si no conoces este acontecimiento puedes acudir a la cronología de esta misma página o al foro donde estaremos encantados de comentarlas), cosa que uno tiende a creer al comenzarlas, si no que se centran en el gobierno de Beldinas y en los planes que llevaran al más importante cataclismo de este mundo. Eso sí, si algo narra bien esta novela es precisamente los hechos que llevaron a las Batallas Perdidas.

La ambientación quizás sea la que más decae en esta novela pero no por calidad si no por cantidad algo totalmente comprensible dado que la primera novela pretendía darnos el marco del mundo donde se movían y esta lo que pretende es darnos el marco de la trama de la trilogía. Y es precisamente en esto donde brilla la propia novela, haciéndonos ver la magnitud de los planes que hay en marcha moviendo por primera vez la mano tras la sombra sus primeras piezas importantes.

Otro punto que mejora Pierson son los personajes, si en el primero los principales fallaban más que una contrata para una obra pública aquí resultan aceptables e incluso a ratos buenos (especial mención hacía la evolución de Beldinas que apunta muy buenas maneras). Y si en el anterior los secundarios brillaban con luz propia aquí llegan a deslumbrar por momentos con una Leciane que consigue superar en calidad incluso a Ilista o con un Fistandantilus soberbio, aunque personalmente sigo teniendo mis peros. Precisamente en los personajes es donde más se nota que aumenta el tono de madurez de la trama respecto al anterior introduciéndose en oscuros recovecos del alma de algunos, que llegan a terminar realmente mal.

Pero las notas negativas siguen presentes, la mayoría de ellas nombradas antes para quitarles importancia pero siguen teniéndola. El ritmo aunque mejora dista mucho de ser bueno, y aunque Las Batallas Perdidas no sean el objetivo de la novela están muy maltratadas, pasadas en apenas un capitulo o dos cada una, sinceramente casi hubiese valido la pena que ni las describiese dándonos solo sus resultados. Además aunque Pierson solucione sus problemas más graves con la magia en este acabe columpiándose un poco con los niveles de poder siendo a veces ridículamente pobres (por ejemplo con la cantidad de soldados que se necesitan para machacar a varios cientos de magos) y a veces ridículamente brutos (con cierta escena de Fistandantilus), aun así poco que ver con la anterior.

En definitiva una novela que no solo es una digna continuación de la primera parte si no que consigue sorprender tanto por lo que mejora ella misma como por lo que mejora su propio autor, y aunque ambos disten aun de la perfección sin duda consiguen una calidad que merece la atención de cualquier fan de la fantasía épica y sin duda la lectura de cualquier aficionado a la Dragonlance.

 

Por artemis2

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