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.: The Inheritance :.

“Es un buen libro”, 7/10

Nancy Varian Berberick, reputada autora de obras como Dalamar el Oscuro o Las Lágrimas de Paladine , retrocede hasta más de un siglo antes de la Guerra de la Lanza para sacar a la luz la verdadera historia de Elansa Sungold, madre de Tanis el Semielfo. Una historia de amor y de odio, de confianza y de traición, en que ni el blanco ni el negro son tan opuestos como parecen. Una historia que explora los sentimientos más íntimos de una mujer sometida a una durísima experiencia, de una inocente doncella elfa raptada por unos salvajes y rudos humanos. No faltan los objetos mágicos más portentosos ni las batallas más cruentas, pero son nimiedades al lado del amor entre un hombre y una mujer.

Raptar a la esposa del príncipe elfo Kethrenan para intercambiarla por armas de la mejor calidad parece una magnífica idea para cualquier banda que desee subsistir en un mundo hostil y agreste. Pero el plan forjado por Brand, un humano descastado, y Char, un enano exiliado de su clan, acaba convirtiéndose en un intento desesperado de supervivencia. Porque ni ellos dos ni sus compañeros tienen en cuenta el poder de algo que a duras penas puede germinar en las estériles tierras fronterizas entre Qualinesti y Thorbardin: los sentimientos. La confianza en que el lord cumpla su promesa demostrará ser tan poco acertada como el inicio de las hostilidades con los goblins, ahora liderados por el astuto hobgoblin Gnash. La confianza también va echando raíces en uno de los salteadores y en la secuestrada; es el preludio de un amor prohibido que no sólo divide sus corazones, sino también al grupo de bandidos. Y en esos tiempos difíciles, la desunión puede ser fatal cuando los enemigos son tantos y tan peligrosos.

Elansa descubre al final –demasiado tarde– cuál era la elección acertada, en quién debería haber depositado su confianza: en el apuesto guerrero y esposo modélico o en el bravo asaltante y dulce amante. Pero el daño está hecho. Para bien o para mal, la sangre se mezcla y un bebé que no es ni de una raza ni de otra, un mestizo que está destinado a debatirse entre la luz y las tinieblas, es engendrado en el vientre de la princesa elfa. Ésta es, pues, una novela que ahonda en los oscuros orígenes de Tanis el Semielfo, de sumo interés para cualquier amante del personaje. Al mismo tiempo, presenta una historia completa de la que es posible disfrutar sin conocer la saga, con toda la tranquilidad que comporta saber que no revela ningún detalle trascendental de otros libros.

Son varios los factores que hacen esta lectura recomendable, aunque no está libre de errores que apreciará con facilidad cualquier seguidor de la saga. Una de sus mayores virtudes es ya marca de la casa de la autora. Berberick es una artista en el uso de las palabras, que manipula con facilidad para inspirar en el lector las emociones más insospechadas. Es capaz de transmitir con ellas la violencia de una batalla, la más leve tensión entre compañeros, la desesperación de la más absoluta soledad. En un principio, esta sublimidad pasará desapercibida entre una maraña de descripciones y diálogos introductorios; sólo la intensa relación entre la protagonista y cierto objeto mágico da indicios de ella. Se hará evidente a partir del tercer capítulo, con los primeros días de reclusión de la princesa, y llegará a su punto álgido en las últimas páginas de la novela. Las descripciones no merecen tantos elogios, sin ser por ello malas o inexistentes. Suelen ser escuetas, especialmente en el caso de los personajes, que son esbozados con unos pocos adjetivos y sustantivos. Reciben más atención los paisajes y construcciones, como queda patente en el caso de las “Tierras Rocosas”. En términos generales, el estilo narrativo de Berberick es ligero y ameno, cosa que facilita bastante el proceso de lectura. Siendo una obra no publicada en español, este punto es más importante aún si cabe. Para iniciarse con el inglés, de todos modos, hay otras opciones más apropiadas.

AVISO: pueden desvelarse datos importantes del libro

Otro de los puntos fuertes de la novela (al que ya nos tiene acostumbrados la escritora) son sus personajes. De hecho, la trama se sustenta por completo en las relaciones que se establecen entre ellos. Por encima de los lazos de amistad que unen a Brand con Char o a Kethrenan con su prima Lindenlea, destaca el triángulo amoroso alrededor del cual gira toda la historia. Es un recurso ya muy visto, tanto en fantasía como en otros géneros, pero suele resultar bastante efectivo y permite crear situaciones interesantes y comprometidas. En los vórtices de este triángulo están Elansa, Kethrenan y Brand, siendo, por tanto, los personajes principales. La princesa elfa, como protagonista, se debate entre los dos, aumentando su confusión a medida que crece su amor por el humano. En realidad, durante gran parte de la novela cree firmemente que únicamente ama a su marido, que por ese bandido no siente nada más que una tolerancia a regañadientes. Sin embargo, ya entonces se deja entrever que entre ellos dos hay mucho más que eso, siempre gracias a la hábil pluma de Berberick. Junto a otros muchos detalles, así dota a estos personajes de una gran riqueza interior. Por otro lado, su aspecto externo está más descuidado, sin que ello llegue a ser negativo.

Es peor el abandono que sufre el resto de la cuadrilla, salvo Char y Arawn. Este último llegará a recibir una atención considerable al erigirse como líder de una facción contraria al liderazgo de Brand, pero no se ahonda en él lo suficiente para que no parezca algo superficial. Hacia el final da el paso definitivo hacia la malignidad y se convierte en un potencial peligro para la princesa, en contraste con el aliado que acaba siendo el enano, Char. Quizás el elfo oscuro Leyerlain y su hija, la semielfa Tianna, están más desarrollados que los demás, pero la banda sigue dando la impresión de ser un grupo de individuos con nula personalidad. Después están los verdaderos malvados, los goblins, y su aún más pérfido líder, el hobgbolin Gnash. Éste es otro de los antagonistas; aunque inicialmente parece el más peligroso (principalmente gracias a un bastón mágico), su final es poco épico y hasta decepcionante. Interiormente es bastante simple, un villano cuya única ambición es dominar esa parte de Ansalon. En resumen, la novela presenta un a serie de personajes planos, meros comparsas de unos protagonistas fantásticamente desarrollados que llevan el peso de la acción.

En lo referente a la trama, dista mucho de ser fresca u original; no es la primera vez que vemos historias románticas del mismo corte en Dragonlance, entre ellas, la del mismo Tanis el Semielfo. Claro que esto es solamente el tronco del argumento, lo que motiva las acciones de los personajes principales. Son los detalles los que marcan la diferencia con otros libros. La idea del secuestro, por ejemplo, no ha sido nunca tratada de ese modo en la saga, desde el punto de vista de quien lo vive. Otro aspecto a destacar es la división de la acción, básicamente en dos líneas. La principal es la de Elansa y sus secuestradores, que van recorriendo las “Tierras Rocosas” hasta llegar, finalmente, a Pax Tharkas. La secundaria es la del ejército elfo, encabezado por Kethrenan y Lindenlea, quienes persiguen a los maleantes hasta arrinconarlos en la fortaleza enana. Además, hay pequeños fragmentos intercalados dedicados a los goblins, que también terminan en el alcázar. Es ahí, pues, donde se reúnen las tres facciones y se resuelven los conflictos, tanto bélicos como amorosos.

Si algo se le puede retraer al libro, más que otros fallados ya explicitados, es su ambientación. Al contrario que en Dalamar el Oscuro , se dan pocos datos sobre la sociedad elfa, la mayoría de ellos ya conocidos por medio de otras obras. Es una lástima que no se aproveche para desarrollar algunos colectivos importantes que se mencionan, como los modeladores de madera o los diversos cuerpos del ejército qualinesti. Sólo se presenta (a grandes rasgos) la situación política en esa zona del continente para explicar la existencia de bandidos y goblins en las cercanías del bosque elfo. Cabe destacar, eso sí, el trato que se les da a los dioses. Los supersticiosos humanos no creen en ellos, pero sí los elfos y el único que enano que aparece. Elansa, como modeladora de madera que es (además de princesa), apela a Habbakuk, dios benigno de la naturaleza.

Como ya es costumbre en el género, todo esto viene acompañado de un mapa, por desgracia con pocas localizaciones. Al menos, la escasa información concuerda con la que viene en otras fuentes, algo que no siempre es así en las novelas de la autora. En este caso, los más quisquillosos con el tema de la coherencia se llevarán las manos a la cabeza por el tono romántico de la historia, pues según las Crónicas y Qualinost el embarazo de Elansa tuvo un origen mucho más bestial.

Lo mejor: Sus personajes principales, profundos y capaces de despertar la empatía del lector, son la principal baza del libro, particularmente Elansa. Otro punto muy a tener en cuenta es su calidad narrativa, resultado del depurado estilo de Berberick.,

Lo peor: El resto de personajes, especialmente los villanos, son demasiado planos, pero siguen siendo mejores que el estándar de la saga. Tanto la ambientación como la coherencia con alguna obra anterior necesitan ser pulidos.

Esta novela no es perfecta, pero, haciendo balance, sus aciertos compensan con creces sus fallos; es, pues, bastante recomendable. Cualquier lector que haya disfrutado con otras obras de Berberick se lo pasará en grande con ésta, aunque tal vez notará un pequeño bajón. Por supuesto, un fan de Tanis no tiene excusa para no leérsela, pero va dirigida a todos los públicos. Eso sí, quienes odian las historias románticas sobre chicas en apuros, que se alejen de ella. Por último, una curiosidad: el título, The Inheritance (en castellano La Herencia), parece hacer referencia a la sangre mestiza que corre por las venas del semielfo, pero Elansa usa este término para aludir a cierto presente que recibió de sus antepasados.

Por Palin el Mago

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