Introduccion: Las Hachas de Pueblo Recio

El pueblo enano ha decidido reclamar su legado, Shanatar, el mayor de sus imperios, compuesto de ocho reinos cayo hace 3000 años, y sus secretos y riquezas aun aguardan en sus salones. Esta es una historia de conquista, una epopeya de gloria y tragedia que culminara con un renacimiento o con la caída de la oscuridad perpetua sobre este antaño resplandeciente imperio.

Moderador: artemis2

Cerrado
Avatar de Usuario
Larloch
Miembro del Círculo Interior
Mensajes: 18586
Registrado: Mié Abr 06, 2005 10:33 pm
Ubicación: Entre Netheril y la Roma clásica

Mensaje por Larloch » Mar Ene 16, 2007 12:20 am

ALANTHIR
Con gesto tranquilo empezó a lanzar el primero de los conjuros. Lo cierto es que sentir el gélido abrazo de Shar fue un momento de tranquilidad, de sosiego y casi de reflexión. A pesar de que no era clérigo, entendía o creía entender la necesidad y la vinculación que muchos parecían sentir hacia la diosa. Él la sentía pero en otro contexto.

Tocó levemente la cabeza de la pícara finalizando el primero de los conjuros. Lo cierto es que era una curiosa mezcla, magia procedente de las dos Urdimbres se arremolinaba entorno a la mujer. Era algo inusual.

Con gesto tranquilo lanzó el segundo conjuro y repitió el gesto de tocar levemente la cabeza de la pícara. Esta vez habló.

- Que el velo de la Dama de la perdida te cubra.- era una forma ritual que se solía decir en las expediciones de la Ciudad al plano de Sombra. Era una tradición entre muchos de los que intervenían, se creía que daba suerte pues Shar siempre había protegido la ciudad.

Antes de que le acusarán de blasfemo, hereje y demás estupideces aclaró la frase, no tenía ganas de empezar a oír a la estridente halrueiana soltar sus discursos.

- Es una forma ritual en mi ciudad para desear suerte, nunca esta de asegurarse que Tyche no te mira mal.

Después esperó mientras la halrueiana explicaba el funcionamiento del conjuro. Sonrió para si mismo, le recordaba a uno de sus maestros, Gerlat, siempre tan pomposo y tan vano. A pesar de todo, ambos compartían su claridad en la explicación y su habilidad para hacerse entender. Aunque en última instancia casi confió en ver a Volhm realizar el típico gesto que hacía el Maestro Gerlat mientras decía “Ahora tú”.

Pero no lo hizo, simplemente pidió voluntarios. Los primeros a los que miró los enanos. Debía confesar que tenía curiosidad por la acción que iban a llevar a cabo, pero también sabía que para el grupo era mucho más útil alguien que se moviera bien por los túneles. ¡Ojala Pyradar fuera más flexible! Pensó y a juzgar por la cara de Volhm ella debía de pensar lo mismo.

Al ver que nadie más parecía dispuesto a unirse al vínculo decidió que se permitiría este capricho.

- Milady, si no tenéis inconveniente me gustaría formar parte del conjuro. No soy un experto de la Infraoscuridad pero dicen que seis ojos ven mejor que dos…

Vio el recelo en los ojos de la maga, se imaginaba que su proposición le debía de estar removiendo el estómago. Con gesto tranquilo se situó cerca de ella y observó el inicio del conjuro.

Observó el conjuro y la forma en como lo lanzaba la maga. Nada raro. Lo extraño fue cuando sintió el leve contacto con la magia del conjuro, fue menos de un segundo, pero la sensación fue intensa, muy intensa. Le pareció notar un calor desmedido, casi como si le quemará, pero al igual que había venido, se fue…

Dejando de lado la sensación que había sentido y asintió levemente al comentario que había hecho la maga. No era la primera vez que entraba en un vínculo así. En las expediciones al plano de la sombra era algo muy común de usar, él mismo había intervenido en una y sabía como usar el conjuro.

Pero con éste había algo que le parecía raro, a pesar de que lo había visto ejecutar justo delante de él, había algo en el conjuro que le producía intranquilidad. ¿Sería el contacto con la magia de la maga? Interesante cuestión.

La descripción que hizo Arshin de los enanos no le gustó, era una situación muy complicada.

Es una situación complicada, si los liberamos lo más seguro es que las driders vengan a por nosotros y movernos con un grupo tan grande de enanos desarmados y posiblemente debilitados es una mala opción.

Dio gracias a Shar que fuera Dueris el que estaba escuchando sus palabras, siempre era mucho más comprensivo y sabía ver con mucho más acierto la situación. No todas las sombras eran malvadas ni todas las luces benignas….

Indudablemente tenemos que liberarlos tarde o temprano, pero cuando lo hagamos, debemos de ir preparados y a ser posible, ser capaces de armar a los enanos. Otro detalle es que sería interesante que en el momento en que les rescatemos tengamos un puesto donde replegarnos con cierta seguridad y donde los enanos puedan recuperarse.

Sé que cuanto más tiempo tardemos peor para los enanos, pero precipitarnos puede costar aún más vidas que obrar con cierta cautela.


Escuchó la pregunta de Volhm, a pesar de que aún había tiempo, tenía parte de razón, lo cierto es que le había costado más tiempo del que había pensado llegar hasta las driders, posiblemente su conjuro se desvanecería en el peor momento.

- Le queda poco para que se disipe su invisibilidad, y visto lo que ha tardado, estará en una situación complicada. Habrá que actuar de forma rápida.- dijo las palabras en voz alta, era necesario que todo el mundo supiera la noticia.

Los dos planes que se empezaron a fraguar tenían posibilidades y si se actuaba con precisión podían sacar a Arshin de problemas… mientras pensaba en que plan era mejor Hardash se adelantó. Sonrió ante su comentario y la mirada de Volhm.

A pesar de las palabras del explorador la cosa salió bien, pues el plan se ejecutó sin problemas y las driders parecieron no darse cuenta. Un primer paso importante. Ahora tenían cierta ventaja.

Escuchó el comentario de Volhm a Dueris. Miró brevemente a Pyradar. Soltó un suspiro, como si expulsará el optimismo que tenía. Ahora entendía con más claridad el porqué uno no debía tener esperanzas e ilusiones, eran el eslabón más débil de la cadena.
Recopilación en proceso: Mi versión de la ciudad drow de Eryndlyn.

Ultima recopilación de información: La ciudad calishita de Almraiven

"El poder tiene su propia belleza. Quizá la más bella combinación de potencia y gracia entre las criaturas mortales de Toril sea la de un dragon." Sammaster, Tomo del Dragón

Avatar de Usuario
Raelana
Coordinadora DL Geografía
Mensajes: 2324
Registrado: Vie Abr 08, 2005 12:39 am
Ubicación: Málaga
Contactar:

Mensaje por Raelana » Mié Ene 17, 2007 2:24 am

HARDASH


Por una vez parecía que todos estaban de acuerdo en algo, y Hardash se apartó para dejar que los magos lanzaran sus hechizos encima de Arshin. La mujer parecía tranquila y había demostrado su capacidad sobradamente, sin embargo, Hardash se sentía un poco inquieto, no le gustaba la idea de mandarla allí sola aunque ella estaba muy dispuesta, como si entre esas arañas y ella hubiera algo personal.

Es esta oscuridad, que me hace pensar cosas raras -se dijo, mientras se apartaba del grupo para no molestar a los magos y se acercaba a Laab. El escorpión también estaba intranquilo, posiblemente echaba de menos el desierto-. Y también yo lo hago, amigo mío. Pero nos hemos comprometido a ayudar. Solucionaremos esto y saldremos de aquí.

Murmuró las palabras, que quizás eran más para sí mismo que para el escorpión. Se sentó a su lado, en el suelo, y se atusó el bigote mientras esperaba que las cosas salieran bien. La fortuna les sonreiría. Los problemas se solucionarían. Encontrarían al drow perdido... No sabía si eso iba a ser bueno o malo. Y también quedaba resolver el misterio de Amberth.

Podría alejarse un poco, a ver si encontraba el rastro mientras esperaban. Los minutos se le hacían eternos y los gestos de los rostros que estaban comunicados mentalmente con Arshin eran preocupantes. Lo mismo no tenia nada que ver con ella. Lo mismo sólo estaba imaginando cosas. Habría podido dar un paso al frente para recibir el hechizo y comunicarse mentalmente con ella. Incluso alguno de sus compañeros lo había sugerido. Pero no lo había hecho, habría sido demasiado para sus nervios. Era mejor no saber qué estaba pasando, era mejor no saber. Eso era lo que había pensado entonces, ahora no estaba tan seguro.

Se levantó de un salto cuando Volhm anunció que a Arshin le quedaba poco tiempo de invisibilidad. Se acercó de nuevo a ellos, que ya estaban discutiendo qué hacer. La opción que estaba ganando puntos era la de intercambiar a alguien por ella y la maga, voluntariosa pero... maga, se estaba ofreciendo a sí misma. Hardash la interrumpió, caballerosamente.

-Voy yo, voy yo, no voy a dejar que vaya una mujer -su caballerosidad no fue bien tomada por Volhm, que le asestó una mirada que parecía desprender rayos y culebras. ¿Pero qué he dicho? pensó Hardash, sin entender la reacción de la mujer. ¿Tal vez se había excedido en su preocupación por Arshin y Volhm estaba celosa? Era dificil saberlo, la maga tenía un carácter que él nunca entendía del todo.

Tampoco podía detenerse a pensarlo. Antes de que pudiera darse cuenta tenía los hechizos encima y estaba... ¿dónde estaba? Sus amigos habían desaparecido y estaba solo, en la oscuridad. Sonrió aunque nadía podía verle. Lo habían cambiado por Arshin, la mujer estaba a salvo. Y los hechizos parecían funcionar bien. Ya sólo tenía que salir de alli.

No le resultó muy complicado, aunque tampoco fácil. Suscompañeros parecieron suspirar de alivio cuando lo vieron volver con ellos. Todo había salido bien ¿a qué venían aquellas miradas entre los que habían compartido el vínculo? ¿Por qué parecían evitar mirar a Pyradar directamente? Hardash buscó a Arshin con la mirada, la mujer parecía estar bien así que no era ese el motivo de preocupación.

-Todo ha salido bien -concluyó, más para romper el hielo que por otra cosa-. ¿Qué has averiguado, Arshin? ¿Podremos evitar a las driders sin problemas y seguir en busca del drow?
Mi blog: Escrito en Agua
Mi viddeoclip: Balamb Garden - The Ghost

Deberíamos dar gracias por los pequeños favores de la vida, como dijo el gnomo cuando se voló una mano cuando podría haberse volado la cabeza.


Asociación de Defensores de la Discípula Oscura y de Weis en Encrucijada (ADDOWE) Miembro nº 002

Avatar de Usuario
Zaitsev
Mensajes: 164
Registrado: Jue Jun 29, 2006 8:36 pm

Mensaje por Zaitsev » Lun Ene 22, 2007 6:12 pm

Xandros

Aquello era maravilloso. Ni los driders, ni el drow, ni la infraoscuridad, ni los enanos hechizados, ni los entes invisibles, ni la poderosa magia. Nada de eso era lo más excitante o divertido de aquel viaje. Nada de eso tenía comparación con la imagen de los dos magos del grupo. Xandros hubiese pagado por ver sus disputas, si así hubiese sido menester, pero en lugar de eso, le iban apagar a él los enanos. Eso suponiendo que saliesen con vida, que no era poco suponer, pero como no sacaba de nada pensar en otra solución que no fuese esa, el guerrero sonrió. Y siguió pensando en los dos arcanos practicantes enzarzados en sus disputas, en sus miradas de odio y sus mutuos reproches, indirectas o pequeños puñales verbales que de vez en cuando se dedicaban de manera disimulada a veces, no tanto otras. Hubiese roto a reir si no hubiesen estado preparando a Arshin para que se internase en los driders, y pese a todo tuvo que contener las carcajadas. Estaban en la insigne infraoscuridad, rodeados de seres que les prodigarían pegajosos abrazos y cortantes caricias, y les imaginaba empezando a discutir sobre si mi espada es más bonita que la tuya.

Xandros no podía ver la magia de otra manera que no fuese la de un mero instrumento a utilizar. Un instrumento que iba mucho más allá de las capacidades de un arma, más versatil, más poderoso, más efimero, más dependiente también. Pero era incapaz de dilucidar los entresijos que movían a ambos contendientes. Apagada su sonrisa, sintió deseos de que llegase la noche para preguntar a ambos personajes sobre su magia. La ignorancia era una gran flaqueza, y el guerrero había de reconocer que poco sabía de magia, solo se había presentado en su vida mediante personajes ajenos a él mismo, o mediante libros fantasticos y fabulosos que de seguro debían exagerar, aún no había visto a ninguno de los dos magos parar el tiempo, ni voltear la fuerza que ata al suelo a las cosas. Bueno, esa no sería la expresión, pero no recordaba que dijeron en la novela aquella. Fantasía, probablemente. Aunque no podía sino reconocer que la bola de luz de la maga era cuanto que menos que...”fascinante”, y no dejaba de traerle negros recuerdos de algo similar; y ser invisible, bueno, tampoco era cosa a desdeñar, en realidad tampoco comprender idiomas que nunca han oido, ni obligar a alguien a decir la verdad. Si algo en el mundo debía de hacer temer a los mortales, eso, sin duda, debía de ser la magia. ¡Maldito instrumento!


Cuando la maga pidió voluntarios, el guerrero no lo dudo. Podría llegar a temer la magia, no obstante, sabía cuan util era, y desde luego, odiaba sentirse al margen de los acontecimientos, y...bueno, ¡que diablos! Le podía la curiosidad. Aunque supiese que tal vez pudiese aconsejar a la mujer, lo que más le movía era poder utilizar esa magia, estar dentro de los pensamientos de otro, y ¿qué alguien estuviese en sus pensamientos?. Eso ya no despertó tanto su curiosidad, más bien su recelo, no obstante, aceptó de buen talante y de mayor gana la opción de estar enlazado mentalmente con el resto.

-Podeis enlazarme a mi también, si así gustais.- Pronunció el guerrero, sabedor también de las miradas que se dirigían a Pyradar, amante fervoroso de la magia, como por todos era sabido.

Además, luego no pudo negar que le agradó el reconocimiento que se le hizo en modo de “experto militar”, incluso pudo paladearlo. Sí, experto, en departir muerte, en eso se había hecho experto. Desdeño esos pensamientos rapidamenet pensando en todos los hombres que había tenido bajo su mando en la guerra. Suspiró, y se mantuvo atento a todo lo que ocurría y se decía.

Poco pudo finalmente aportar a la expedición, lo que le hizo sentirse un tanto frustrado. En realidad, incluso, cuando pensó que el resto planeaba rescatarlos quiso recordar que les habían contratado para informar, no para rescatar. Pero se abstuvo, no hubiesen tomado de buena gana la broma. Los enanos menos aún.

Y entonces, la magia iba a fallar. Dirigió una mirada reprovatoria a los magos, deberían de conocer mejor las limitacioens de su arte, deberín, pero no era así y tenían que actuar. Volhm propuso las opciones que había, y Xandros hubiese elegido la más segura, pero el calishita se adelantó pidiendose para si los honores y despreciando de manera ostensible a la mujer. Aquel comportamiento era completamente idiota. El guerrero no entendía como había podido sobrevivir tanto tiempo, ya que no era el primer comentario semejante que hacía. No obstante, tal vez sobreviviese, pero su estirpe terminaría en él. Eso seguro.

Aunque, a qué negarlo, a Xandros también le hubiese gustado que el conjuro dependiese de la maga, y ver así la reacción del calishita. Si le hubiese gustado verla, como le hubiese gustado inquirirle sobre sus andanzas en Tezhyr, pero no sucedio ni una cosa ni otra, aunque la segunda, tarde o temprano, acabaría ocurriendo. No obstante, no pudo reprimirse del todo:

-Otro comentario así, amigo, y creo que cenaremos ancas de ranas.- El guerrero había oido decir alguna vez que los magos tenían cierta tendencia en transformar en ranas a quienes les inoportunaban en demasia. No creía que fuese verdad, pero la perspectiva del calishita pintado en verde, encogido sobre sus patas, croando y dando saltitos, se le antojó, cuanto que menos, que divertida.

Todo salió bien, aunque habría sido curioso que la maga halruana fuese quien tuviese que lanzar el conjuro, aunque en realidad el tezhiriano no esperaba que aquel comentario repercutiera negativamente en las relaciones del grupo. Ya que era dificil enturbiarlas más, y si aún no se habían hecho pedazos ella y el otro mago del grupo, ¿por qué iban a hacerlo ahora?. En fin. Al menos, todo había salido bien, por ahora. Quería ver la cara de Pyradar al enterarse de los sucesos, quería ver su reacción, y quería ver como los elementos conciliadores del grupo le hacían entrar en razón. Porque sí, porque había elementos conciliadores aunque pareciese mentira y porque en el fondo, pese a todo, ninguno de los allí presentes quería morir. O al menos no de manera estupida. Fijo que había entre ellos más de un heroe en potencía. Él, en cambio, ni lo era, ni pretendía serlo.

Avatar de Usuario
roler
Mensajes: 114
Registrado: Jue Abr 27, 2006 10:11 pm
Ubicación: Al ladito de Fzoul
Contactar:

Mensaje por roler » Mar Ene 23, 2007 3:22 am

El viejo enano miraba al frente, siguiendo los sigilosos pasos de Arshin. Tan callada como una daga afilada que se abre paso por el aire, y aparentemente igual de mortífera. Se sorprendió a sí mismo repitiendo sus movimientos, siguiendo su cadencia de paso mentalmente. Recordó los tiempos en los que tuvo que aprender a robar para poder llevarse algo a la boca que comer. Su mente se volaba con facilidad, pero pronto cyó al suelo, interrumpida por los susurros que inundaban sus oídos...
Era fascinante el poder que un insignificante hijo de los dioses podía obtener de su dominio de la ciencia arcana. A él al menos le fascinaba. Cuando la educada maga sureña le propuso formar parte del plan, Dueris se sintió halagado y excitado. Si bien su rictus apenas se modificó (hacía bastantes años que había separado sus sentimientos de su parte física, haciendo perceptibles sólo aquellas emociones que podían ser políticamente correctas), la sangre corrió bombeada por su corazón diciendo "sí,sí".
Sus gestos fueron corteses, y en cierto modo, comprendía que su situación no era habitual. Sentía los ojos de Pyradar del clan Crownshield clavados en su nuca. Dueris Gemscepter siempre había sido diferente, menos taimado y reacio que sus congéneres. Y eso lo notaba cuando se encontraba entre humanos; percibía como sus barreras, sus supersticiones sobre los enanos se derrumbaban con su actitud. Esta vez no iba a dejar de apoyar a la Compañía por una estúpida creencia. El grupo se construía poco a poco, fraguando el forjado minuto a minuto, y una necedad por su parte no iba a impedir ese proceso. Confiaba en todos y cada uno de los integrantes de la Compañía por eso se puso ciegamente al servicio de Vohlm.
Por desgracia para Dueris, no sintió nada especial cuando el conjuro empezó a hacer efecto. Sentía a Arshin y los demás pero era como si estuvieran susurrándole a su lado.
Cuando la mujer comunicó que sus congéneres estaban atrapados en aquel atrio central, olvidó el consejo de no gritar y la palabra herdom, "camaradas" en Dethek, inundó las mentes de los demás.
La moneda de Vergadain volvía a mostrarle su rostro sonriente. Podían ir y rescatar a sus congéneres.

- Ten cuidado, Arshin. Los driders son renegados de su pueblo... crueles asesinos, según cuentan los escritos. Los soldados me contaron de que muchos son practicantes de magia y adoran a falsos dioses oscuros, que le otorgan poderes incluso venenosos. Lo que me extraña es que sean tantos, ya que suelen ir en solitario o en parejas. Eso me hace sospechar de una fuerza aún más poderosa que los retenga. ¿Estará aquí nuestro enemigo capaz de enajenar mentes?

Dueris sintió la sensación de angustia a través del vínculo telepático cuando la invisibilidad se apagó, pero rápidamente se aportaron soluciones. No comprendió muy bien la actitud de Hardash despreciando a Volhm, pero le pareció que la mujer de las sombras y el hombre del turbante estaban creando un vínculo especial. Eso era bueno...siempre y cuando no les enfrentase al resto del grupo.

Cuando Arshin volvió y luego Hardash, su inquietud se centraba en rescatar a los enanos. Alanthir había explicado bien lo desesperado que sería atacar a lo loco. Dueris lo consideraba un hombre extraño, pero tremendamente interesante, ya que mezclaba por igual misterio, pasión y sabiduría, como una aleación exótica.
La exploradora había relatado que los enanos se encontraban bien. Podrían contarles muchas cosas. Quizás era hora de regresar a la sala donde comenzó todo...preparar una ofensiva más organizada...buscar refuerzos. Le hubiera gustado que el vínculo mental fuese visual. Una simple mirada a la manera de recortarse las barbas a aquellos enanos y hubiera sabido el clan al que pertenecían. Ensimismado apenas escuchó la suave voz de lady Ilmareth:

-La situación pinta mal. –Volhm inclinó la cabeza ante Dueris. Le correspondía a él informar a su compatriota. Y, por el amor de Mystra, ¡hazlo con tacto!, le dijo a través del vínculo.

Dueris asintió aunque un poco extrañado por la proposición de la chica. No necesitaba tacto con Pyradar. Para él sus razonamientos eran lógicos; podía estar en su mente, conocía como iba a reacionar. Sabía que el joven luchador lo iba a escuchar: estaba obligado por razones de edad y jerarquía. Sabía que un Crownshield daría la vida por él, al igual que la daría por sus compañeros enjaulados. Pero si algo enorgullecía a los enanos era su sentido de la disiciplina y de cumplir su obligación. Igual que una puerta de roca se cerraba cuando se la empujaba, igual de fiable era un enano; era un detalle que los humanos olvidaban a menudo.

Mirando a sus compañeros y transmitiendo sosiego y tranquilidad les dijo:

- No habrá problema alguno.

Y se dirigió hacia Pyradar. No iba a hacer de aquello un espectáculo, aunque sabía que Xandros disfrutaría con ello. Tampoco iba a darle mayor importancia. Sabía que Pyradar le veía con otro ojos desde el día en que mostró su acercamiento con el resto de razas. A Dueris eso no le preocupaba. LLevaba más de medio siglo viviendo con ese estigma.

- Pyradar del clan Crownshield - se dirigió a él con el tono característico que se empleaba en las presentaciones sociales, dejando claro su posición y la de su interlocutor - hemos encontrado a nuestros hermanos. Están enjaulados, protegidos por hombres araña y quien sabe que más demonios.
Las vetas de mineral había que abrirlas con fuerza. El primer golpe directo y limpio. A los enanos les gustaban las cosas claras.
Viendo como el joven apretaba el mango de su arma, Dueris apoyó una mano sobre ésta.
- Moradin nos brinda una oportunidad de oro para honrar a nuestros ancestros, pero nuestro lugar no está al lado del Padre de la Batalla sino del de Haela Hachabrillante. Nuestra misión es salvaguardar a nuestros aliados, sean de la raza que sean - señalando sin mirar al resto del grupo, un poco más alejado - y no malgastar nuestras energías sin obtener fruto. Al igual que el artesano que pule los diamantes, hemos de dedicar paciencia y tiempo para hacer un buen trabajo. Rescataremos a nuestros congéneres, Pyradar, y te aseguro que la sangre de esos engendros bañará tu maza y podrás rendir tributo a tu clan. Pero ahora debemos sopesar el cómo y el cuando, y no actuar ciegamente.

Con una inclinación de cabeza, Dueris continuó:
- Pongo mi vida en tus manos, Pyradar de los Crownshield. Has sido entrenado para las artes militares. Pon en práctica tus conocimientos y guíanos a la victoria. Apóyate en la información de Hardash y Arshin y sobre todo en ese hombre; os entendéis bien (señalando a Xandros) y luego dinos que hemos de hacer los no combatientes. Hoy somos tu escuadrón y tú nuestro comandante. No malgastes nuestras fuerzas y haz una buena táctica. Sólo así podemos sobrevivir. ¿Aceptas la responsabilidad, soldado? - finalizó en tono imperioso.

No dudaba que Pyradar daría lo mejor de sí mismo para asegurar el perímetro y planear una táctica. Era un buen soldado, sólo necesitaba que las cosas funcionasen por un día como funcionaba un grupo de combate enano: sobre cuatro pilares; honor, jerarquía, tesón y compañerismo... sobre todo esto último...

Avatar de Usuario
Kharma
Mensajes: 2177
Registrado: Vie Ago 19, 2005 11:49 am
Ubicación: A las afueras de Madrid

Mensaje por Kharma » Mié Ene 24, 2007 3:01 pm

PYRADAR

Por consenso el grupo decidido investigar que custodiaban las temibles criaturas. Seguían dando palos de ciego tras el drow y no querían verse atrapados en una cuidadosa trampa. Arshin fue la elegida para la tarea, acorde con las habilidades que ya había mostrado de sobra. Apoyada con magia debía esquivar los guardias y adentrarse en un peligro desconocido.

Cuando empezaron a hablar de magia y conjuros Pyradar decidió apartarse y descansar un poco, no era necesario estar todos encima. Escogió una buena roca plana y se sentó como pudo, la pesada armadura no facilito el trabajo aunque sin duda lo mas difícil seria volver a levantarse. Hizo crujir sus huesos que chirriaban como las juntas de su armadura. Apoya la cabeza del martillo en el suelo y empezó a colocarse mejor las partes de la armadura para ir mas cómodo.

Noto la mirada de la maga mientras pedía voluntarios para un conjuro, algo de unir las mentes. La ignoro completamente mientras seguía con su armadura. Volhm centro su mirada en Dueris y como si fuera una gata zalamera engatuso al enano. Unas pocas palabras de la bruja y ya estaba de nuevo en su poder, ansioso por participar en el conjuro. Pyradar desconocía mucho de la magia, aun así temía que el conjuro ayudara a la maga a influenciar la mente del enano.

Tampoco hizo caso a la puya que lanzo como si nada a su persona, desde luego no se rebajaría a contestarla y siguió con la suyo como si no fuera con él. Aun así siguió pidiendo voluntarias y tras un corta espera ya estaban todos y Arshin por fin pudo partir. La verdad es que le disgustaba no saber que iba pasando, así que decidió relajarse y pensar en otras cosas.

Puso ambas manos sobre la empuñadura de su martillo y cerro los ojos, su cuerpo se relajo despacio. Parecía estar dormido pero solo era una posición a la que se había acostumbrado mientras vagaba por la Infraoscuridad. En un lugar donde dormir solo era sinónimo de muerte tuvo que aprender a descansar estando atento, no necesitaba los ojos para responder, cualquier sonido extraño y saltaría como un resorte preparado para la batalla. Su mente se lleno de recuerdos, recordaba como rompía el cuello del goblin que se intento acercar en su actual estado. Sintió como Hardash se separaba también y susurraba a su escorpión. Pyradar a se había acostumbrado a aquella bestia y no se sentía incomodo por su proximidad, ya no temía que le atacara sin motivo.

Al cabo del tiempo el enano noto que algo iba mal. Abrió los ojos y veía caras de preocupación en el grupo unido mentalmente, se le agotaba la magia a Arshin. Eso pasa cuando se confía tanto en la magia, al final te abandona cuando menos te lo esperas fueron sus siniestros pensamientos. Idearon un plan que significaba aun mas magia de por medio.

Antes de que Volhm fuera al rescate, Hardash se propuso de forma algo desdeñosa con su condición. La maga le lanzo una mirada digna de una enana enfurecida y razones tenia. Aunque se hubiera sido una enana le hubiera roto todos los dientes de un puñetazo por insinuar que no valía para el trabajo. A pesar de ello se siguió con el plana y se intercambiaron las posiciones. Había un tenso silencio esperando el regreso del explorador sano y salvo. Tras unos momentos angustiosos, la figura de Hardash apareció y el peligro había pasado.

Pero Pyradar había estado notando algo raro en el ambiente. La sensación creció con el regreso de ultimo miembro del grupo y aun mas ante la pregunta de Hardash que hizo un vacío en el ambiente. El grupo que había estado vinculando tenia un aire de conspiradores y notaba una extraña sensación en la nuca. Cuando Dueris se acerco hacia él se levanto como pudo y se le quedo mirando... ¿que demonios ocurría?

- Pyradar del Clan Crownshield – las solemnes palabras salían de la boca del enano, extrañado Pyradar levanto un ceja pero escucho con atención. Y cuanto mas escuchaba mas comprendía, ahora sabia de las miradas y de el comportamiento de los humanos, ahora comprendía mejo que nunca su juego.

Si las circunstancias fueran distintas hubiera tomado aquellas palabras con honor pero ahora le sonaban falsas, vacías. No dudaba de la sinceridad ni de la intención del clérigo enano, sin duda eran buenas pero equivocadas en su concepto. ¿Acaso pensaban que le conocían?¿Que sabia como era? Lo esperaba de los humanos pero usar a Dueris en su estratagema le dolió profundamente.

Lanzo una mirada al resto del grupo que podía helar la sangre a un muerto. A ese juego podían jugar varios.

- [Olvida, maese Dueris, lo que opinan de un líder y mas si se trata de mi persona.] - le respondió en la áspera lengua enana, con un arcaico acento de la Gran Brecha – [Los humanos están aquí por sus propias ambiciones y nunca serán como nosotros. Yo siempre doy lo mejor de mi mismo y ahora no va a ser una excepción.]

Le devolvió el saludo al enano y se acerco despacio al resto.

- ¿Y bien? - no se dirigió a nadie en particular – ¿cual es la situación hay dentro? - escucho con atención las palabras de Arshin y en su mente intentaba imaginarse la situación. Mientras escuchaba se atusaba la barba pensativo.

- Si queréis saber mi opinión, tenemos pocas posibilidades de conseguirlo – dijo en un tono duro – no solo nos superan en numero sino que también poseen una valiosa ventaja estratégica en el terreno. Ellos pueden atacarnos desde el techo o cualquier rincón mientras nosotros avanzamos por un terreno desigual. Sin duda nos atacaran con proyectiles envenenados y magia, que nos debilitaran demasiado para el combate cuerpo a cuerpo. Ademas de que se trata de un espacio amplio y nos pueden rodear.

- Los drider no son como un puñado de bestias peludas, son astutos y muy fuertes. Y como los drow son resistentes a toda clase de magia. No tenemos los suficientes recursos para hacerles frente de momento, necesitamos un mejor conocimiento del entorno, de sus motivaciones ya que es raro que se una un grupo tan grande de drider y una buena táctica.

- También me extraña que hagan prisioneros, así que algún motivo tendrán para tenerlos presos. Si somos positivos pueden sobrevivir algunos días pero quizás su propósito sea la de servirlos de comida... - las ultimas palabras tenían un cierto tono macabro.

Cada vez lo tenían peor. Aquel lugar era un enorme campo de batalla en el que estaba sin saber muy bien que ocurría y encima tenían a sus compañeros cerca pero a la vez muy lejos. Esta impotencia le hacia hervir la sangre, ya llegaria el momento de demostrar su furia en el campo de batalla.
Reinos Olvidados (Nuevo dominio)

Mi blog y tiras cómicas: La Tira de Dados

"¡¡Manticora!!" (La creencia popular dice que si eres herido por una manticora te acabas convirtiendo en una.)
"Destripo a un kobold para ver si se han comido a los niños" Derek, el mediano/hombre-lobo/niña

Avatar de Usuario
roler
Mensajes: 114
Registrado: Jue Abr 27, 2006 10:11 pm
Ubicación: Al ladito de Fzoul
Contactar:

Mensaje por roler » Mié Ene 24, 2007 3:50 pm

DUERIS

Una sensación recorrió el cuerpo del clérigo cuando las palabras en dethek de Pyradar demostraron porque hacía bien confiando la vida a aquel soldado. Cuando los demás esperaban que estallase con furia, la fragua se hacía caprichosa y vivaz.
Las palabras de Dueris habían sido sinceras porque consideraba que el grupo era más importante que el resto de prejuicios. Notaba el recelo del joven, pero no podía explicarle que la única forma en la que sentía totalmente seguro era sintiéndose parte de algo: una religión, un gobierno, una comunidad de bienes... o una compañía de mercenarios.
Por eso no esperaba menos de Pyradar Crownshield, hijo de héroes luchadores. Y se sintió orgulloso de pertenecer a su raza y verse reflejado en el guerrero. A veces Dueris se sentía tan lejos de los enanos como del resto del mundo... sin embargo cada vez que hablaba con Pyradar sentía que sus raices revivían. Ambos buscaban su lugar entre aquellos extraños. Ambos necesitaban una función que cumplir.
Empleando el mismo acento que su compatriota, Dueris asintió con humildad, y le dijo con solemnidad algo que pocos Altos Auraks dirían:

- Hijo, estoy orgulloso.

Y lo acompañó al lado de los demás. Desde luego una opinión había salido reforzada de todo aquello. Si tenía que confiar ciegamente en alguien de la compañía era en Pyradar del clan Crownshield de la Brecha.

Avatar de Usuario
blacksword
Mensajes: 81
Registrado: Mié May 03, 2006 8:47 pm

Mensaje por blacksword » Dom Ene 28, 2007 7:07 pm

Adrian
Por una vez no hubo discusiones, solo un breve debate, unas pocas decisiones y el plan tomo forma.
- Parece que por fin comienza a imponerse el sentido comun. Al menos la desaparicion del pobre Ambert ha tenido algo de positivo. Esperemos que dure...- Penso Adrian. Volhm comenzó con su conjuro de comprension idiomatica para continuar con el de union mental. Por un instante, Adrian sintio envidia por los elegidos para "acompañar" a la semidrow, tal vez habia deshechado demasiado rapido la oportunidad de experimentar una nueva experiencia magica. Sin embargo, casi tan rapido como llego la envidia, se impuso, como de costumbre, su lado racional.
- No seas estupido. Ellos pueden ser mas útiles que tu y eso puede significar la diferencia entre la supervivencia de Arshin y su muerte. Ya habra otras ocasiones.
Reprendiendose a si mismo por tan desagradable sentimiento, Adrian volvio su atencion hacia Alanthir, que comenzaba a tejer un nuevo hechizo sobre la exploradora. Fingio mirar hacia otro lado mientras no perdia ojo de las palabras y gestos del conjurador sombrio. Seguia sin fiarse en absoluto del mago y de su diosa, pero precisamente ahora que comenzaban a actuar en equipo no era el momento de demostrar abiertamente su desconfianza, asi que se esforzo por disimular cuanto pudo su escrutinio.

Cuando estuvo preparada, la exploradora se puso en marcha. Adrian desenvaino su espada, busco una roca comoda desde la que pudiera ver la entrada a la zona donde se encontraban sin quedar demasiado expuesto y se sento a esperar, vigilando que nada molestara al grupo que habia enlazado sus pensamientos con la semidrow mientras escuchaba en las palabras que le transmitian sus compañeros, describiendo lo que Arshin iba encontrando.

Cuando Volhm comunico que los hechizos sobre la exploradora estaban a punto de expirar y que buscaria algun lugar para esconderse, Adrian se levanto y, envainando el arma, se acerco al resto. De nuevo los planes se trazaron con rapidez y sin discusiones. Hardash se ofrecio voluntario caballerosamente para cambiarse por la picara y recorrer el camino de regreso, aunque por el breve destello de ira en los ojos de Volhm dicha caballerosidad no fue muy bien recibida. Sin embargo la maga se cuido de no demostrar su enfado abiertamente, por lo que Adrian supuso que habia tenido en cuenta sus palabras acerca de la necesidad de cohesion por encima de las cuestiones personales. Cuando esta le paso el pergamino etiquetado con la araña, Adrian la miro a los ojos y se demoro por un instante en cojer el pergamino, haciendo un casi imperceptible gesto de aprobacion con la cabeza antes de acercarse el rollo y romper el sello.

Comenzo a examinar el conjuro. No era un hechizo que conociera, no estaba entre su repertorio, pero ya desde sus inicios como aprendiz le habia resultado sencillo comprender la nueva magia que caia en sus manos. Tampoco era demasiado poderoso, sin embargo al leerlo quedo impresionado. - ¡Por llas barbas de Azuth! - exclamo para si mismo mientras abria mucho los ojos. Practicamente cualquier mago podia lograr un efecto como aquel, pero la sencillez y la elegancia con la que estaba conseguido en el pergamino que tenia entre sus manos denotaba un refinado conocimiento de la teoria mágica y un Arte altamente depurado. Habia oido que en Halruaa casi todo el mundo podia invocar algunos efectos magicos. -Sin lugar a dudas, la fama de los Halruanos es bien merecida. Si todos sus conjuros son como este debe ser cierto, hasta un niño lo comprenderia y seria capaz de conjurarlo sin mucha dificultad. - Lamentando no poder incluirlo en su libro de conjuros, comenzo cuidadosamente a invocarlo sobre el Calishita.

Tardo un tiempo en regresar, aunque menos que Arshin en llegar hasta alli. Mientras tanto, los miembros del grupo aprovecharon para descansar y debatir sobre la situacion de los enanos cautivos.

Avatar de Usuario
Shisei
Mensajes: 88
Registrado: Dom Jun 11, 2006 10:45 pm

Mensaje por Shisei » Mar Ene 30, 2007 3:53 am

ARSHIN

La perplejidad de Volhm ante sus palabras no pudo hacer otra cosa que dibujar una sonrisa en sus finos labios, cada uno de ellos tenían habilidades únicas y habían cosas que debían de saber a quien le haría mayor utilidad. Ella no estaba dotada para la magia, por lo que parte de su equipo le sería más útil a esta que a ella misma. Sin embargo cada cosa tenía su momento, igual que las palabras el tiempo no estaba hecho para ser malgastado.

En el momento en el que le empezaron a lanzar hechizos no pudo hacer otra cosa que sentirse un poco incómoda, no ponía resistencia, aceptaba todos y cada uno de ellos pese a no poder controlar los pensamientos oscuros que le hacían temer lo que no conocía, pero su voluntad era más fuerte que sus miedos y en el momento que se dio cuenta de que ya habían terminado empezó el camino, no sin antes, mirar a los ojos a Hardash al tiempo que le sonreía, le hubiera gustado decirle que todo iba a salir bien, ya que por muy raro que le pareciera sentía que este y ella ya eran un grupo, sin embargo sabía que con esa mirada había bastante.

En el momento en el que Alanthir le deseó suerte Arshin no pudo hacer otra cosa que sonreírle agradecida.

- No se nada de magia, sin embargo tengo la sensación que en vuestro arte sois bueno y os agradezco tanto la ayuda como vuestros deseos, espero algún día poderos ser de ayuda- dijo casi como un susurro cuando pasó cerca de Alanthir, como ya empezaba a ser su forma de hablar.

Cada paso era un pensamiento, cada peligro un aviso y los enanos un pensamiento callado, callado al menos para el enano, sabía que querría ir a rescatarle al momento, cosa que si no se hacía con cabeza podía ser muy imprudente dado que hacía poco un solo bicho casi había matado a uno de ellos por no estar coordinado, por lo que dos docenas de dridders, eran demasiado para ellos según la muchacha.

En el momento en el que Volhm le pidió que lo comunicara con el enano, Arshin pidió a Timora que no se equivocara la maga por lo que compartió sus pensamientos con este, al tiempo que recibía la información de los demás. En el momento que sintió que perdía la invisibilidad no pudo evitar que durante un segundo la angustia casi se apoderara de ella, sin embargo se tenía que centrar, ellos la sacarían de esa o se tendría que esforzar más de lo que nunca creía tener que volver a hacer, al menos en bastante tiempo.

En el momento en el que Hardash ocupó su lugar, fue el único momento en el que un brillo de nerviosismo y preocupación se asomó en los ojos de Arshin delante de los demás, sin embargo no pudo evitar sonreir cuando lo vio llegar de una sola pieza, por lo que empezó a explicar otra vez todo lo que había visto y notado en su incursión, intentaba explicarlo todo con la más brevedad y exactitud posible.

Las palabras de Pyradar explicaba exactamente lo que ella pensaba la dificultad y pudo ver que los lazos entre los enanos se unían, esperaba que no tanto como para evitar que crearan lazos con el resto del grupo, aunque ella tal vez no era la mejor en opinar, ya que los tenía con Hardash y los intentaba crear con Volhm y Alenthir.

_______________________________________________________
FdJ: Siento el retraso

Avatar de Usuario
artemis2
Coordinador RO Geografía
Mensajes: 15837
Registrado: Jue Jul 14, 2005 4:53 pm
Ubicación: Oryndoll

Mensaje por artemis2 » Mié Ene 31, 2007 10:30 pm

El cambio obrado en tan solo unas pocas horas os había sorprendido a todos. De discutir por cada paso habíais pasado a planear como un conjunto. Y planificación es lo que ibais a necesitar si, como parecía, se imponía la idea de asaltar el fortificado poblado drider. Pero lo primero era encontrar un refugio en aquella tormenta en la que os habíais metido. Necesitabais planear, si, pero también descansar y concentrar vuestras habilidades para el camino que trazaseis.

Dueris se ofreció para vigilar la retaguardia, mostrando unas habilidades para el sigilo impresionantes, casi inauditas en un enano. Aquel inverosímil miembro del Pueblo Recio parecía un pozo de saberes y habilidades diversas. Con la retaguardia cubierta el dúo sigiloso pudo ocuparse de explorar la vanguardia, tratando de encontrar un lugar adecuado, si es que algo así existía en un lugar como aquel.

Lo primero que hicieron fue rodear el poblado, para comprobar sus defensas, y, con suerte, encontrar rastros del drow. Del segundo no había ni la más mínima señal, pero no sorprendió a nadie esto. Y, aunque lo primero parecía idéntico, a lo ya visto, si que hallasteis la explicación para las patrullas exteriores, la contención. En el lateral contrario del poblado había signos de una batalla, o más bien una masacre, considerando que los únicos cadáveres eran de quaggots. Los driders podían trepar con la mayor de las facilidades por paredes y techos, pero los salvajes humanoides no usaban más proyectiles que los que encontraban en el momento. Las patrullas tenían la intención de impedir que los quaggoths llegasen a las murallas y las debilitasen. Docenas de cuerpos abatidos, quizás un centenar, se apelotonaban cerca de la muralla que habían atacado, y en la que habían dejado las señales de su ferocidad, aunque un pequeño grupo se estaba ocupando de repararla y, sorprendentemente, llevarse los cadáveres más enteros hacia dentro, dejando el resto a las arañas.

Mientras evitabais esa zona dando un rodeo Arshin volvió, con malas noticias, las únicas que parecía dar aquel lugar. Una horda de quaggots se estaba acercando, aunque, por lo que Hardash había dicho a la calishita, los humanoides parecían parte de un ejército en retirada, y por su dirección venían del puerto. Lo que no necesito decir, puesto que la mayoría teníais experiencia militar, fue que esa misma dirección les llevaría hacia allí, y había un peligro real de que os acorralasen entre los driders y ellos, lo cual resultaría fatal de necesidad.

Teníais que alejaros de allí, aunque eso os obligaría a adentraros en territorio desconocido obviando bastante la precaución y la exploración previa para intentar alejaros lo suficiente del avance de aquel ejercito derrotado y enfurecido. Pero resulto ser casi tan malo el remedio como la enfermedad, puesto que topasteis con los quaggots. Por suerte solo eran un pequeño grupo gravemente herido que cayó ante vosotros sin más que un ligero rasguño por parte de Adrian. Desgraciadamente aquellos humanoides de aspecto osezno podían ser muchas cosas, la mayoría de ellas desagradables, pero lo que no eran es silenciosos. Tras el escándalo que había organizado aquel pequeño grupo de salvajes, casi muertos pero aun con ansias de combate, no os sorprendió el estruendo del grupo más numeroso que os seguía. Según Hardash eran más de cien, a todas luces demasiados para vosotros.

La zona hasta la que os habíais obligado a llegar parecía casi totalmente abierta, como si antaño hubiesen sido una serie de plazas interconectadas con poco más que una ocasional estatua o unos pocos edificios, bajos y alargados. Eso, aunque interesante para una conversación sobre su función o para otear la ciudad, era un desastre para ocultaros o cubriros de su abrumadora superioridad numérica. Incluso los quaggots lo vieron, saliendo a la enorme explanada como una marea cubriendo una playa.

- ¡Hacía allí!- Señaló Pyradar indicando una abertura en las paredes de la caverna que más bien asemejaba a algún tipo de barranco de la superficie.- ¡Es nuestra única posibilidad de presentar batalla!

Pero nada más comenzar a internarse el grupo entendió que algo no andaba mal, las caras de los enanos miraban ambas paredes de aquel barranco con una extraña expresión. Finalmente Dueris les comentó que aquella formación era artificial, aunque ninguno sabía que podía querer decir aquello. Pero antes de poder preguntar nada un enorme estruendo os hizo deteneros, y, la visión de dos enormes estatuas enanas comenzando a moverse, cerca del final de aquel barranco, os aterrorizó.

- ¡Alto insensatos!- Gritó Dueris lívido al ver que las armas comenzaban a aflorar.- No se os ocurra amenazar siquiera a los ancestros o nuestro destino estará sellado.- Dueris se adelanto solemnemente, como si estuvieseis en la antesala de un salón real en lugar de acorralados por una horda de bestias salvajes y recitó, mas que dijo, unas palabras que ninguno entendisteis, aunque se parecían al idioma enano.

Cuando parecía que nada iba a ocurrir, y que os veríais destrozados entre los quaggots y aquellos enormes constructor enanos, las estatuas se movieron, revelando tras de si una oscura entrada que se internaba en la roca. No perdisteis ni un instante, aunque algunos prefirieron no apartar la vista de las enormes mazas de aquellos titanes mientras pasabais junto a ellos. Pero vuestra prisa no duro mucho, ya que al poco de entrar en aquel pasadizo comenzasteis a escuchar un ruido atronador, coreado por rugidos y otros sonidos más repugnantes, que indicaban que aquellos titánicos guardianes no habían tenido la deferencia de no aplastar a los quaggots.

Seguisteis el pasillo más confiados, al menos los enanos parecían estarlo, por que el resto temíais que en cualquier momento alguna otra sorpresa dejada aquí por los antiguos habitantes de la ciudad os aplastase como a aquellos quaggots que ahora se os antojaban desdichados. Pero el camino os llevo hasta una extensa sala iluminada por varias llamas que parecían flotar a escasa altura. La sala, de forma rectangular, parecía estar casi totalmente cubierta por lo que para un enano seria un banco sobrio, y para cualquier otra raza un instrumento de tortura. Aunque lo que sin duda más llamó la atención de todos fue el final de aquel templo, pues eso es lo que debía de ser. Un altar de piedra se alzaba en un altillo, al que se llegaba tras ascender dos cortos escalones, y tras él una pequeña montaña de mithril con un enorme diamante en su centro.

- Bendito sea el Guardián Silencioso, hemos encontrado nuestro refugio.- Recitó Pyradar en un tono que parecía más propio de Dueris que de él.
Las opiniones de este usuario, por increible que parezca, son opiniones, y como tales deben ser consideradas.

Is good to be bad.

Avatar de Usuario
Raelana
Coordinadora DL Geografía
Mensajes: 2324
Registrado: Vie Abr 08, 2005 12:39 am
Ubicación: Málaga
Contactar:

Mensaje por Raelana » Dom Feb 04, 2007 6:31 pm

HARDASH


¿Refugio? Las palabras de Pyradar parecían ser una broma. Aquel lugar a Hardash le daban escalofríos. Si, era cierto que el problemilla de los quaggots había quedado fuera, pero ahora estaban prácticamente enterrados bajo enormes piedras, y dos enanos gigantes a la salida... Que sí, que Dueris parecía tener mano con ellos, pero el calishita no se fiaba demasiado, sobre todo porque Dueris parecía absorto, contemplando el diamante que había sobre el altar.

Esto parece el templo de un dios. Y hemos entrado con respeto, no nos puede pasar nada. No está bien hacer enfadar a los dioses Ese era su lema, estar tranquilo y dejar tranquilos a los demás. Claro que ¿cómo se podía estar tranquilo en aquella oscuridad opresora? Drows, driders, quaggots, quizás kobols, estatuas de enanos gigantes... Nada de citas galantes a la luz de la luna. Nada de juegos de dados en la taberna. Si ni siquiera tenía tiempo de asearse debidamente, siempre corriendo, siempre escapando de alguien.

-Espero que tengas razón, y que aquí estemos a salvo -comentó a Pyradar-. Pero creo que no estaría de más echar un vistazo al templo, mientras os instaláis aquí... y si alguien consigue que haya comida preparada cuando vuelva sería de agradecer.

Dejó su petate en el suelo y le dio una palmada a Laab, indicándole que se quedara allí, a salvo con los demás. Si es que realmente estaban a salvo. El escorpión no parecía estar muy de acuerdo, si algo le pasaba a Hardash, él no estaría seguro en aquel grupo, posiblemente lo considerarían un peligro y, si terminaban abandonándolo allí abajo, tendría muchas dificultades para volver solo a la superficie. Hardash asintió, era mejor que lo acompañara.

Esperaba no tener ningún problema, pero aquel lugar le resultaba inquietante. Quizás porque parecía seguro. No hay nada seguro en la suboscuridad. Sonriendo a sus compañeros, Hardash fue a explorar el templo.
Mi blog: Escrito en Agua
Mi viddeoclip: Balamb Garden - The Ghost

Deberíamos dar gracias por los pequeños favores de la vida, como dijo el gnomo cuando se voló una mano cuando podría haberse volado la cabeza.


Asociación de Defensores de la Discípula Oscura y de Weis en Encrucijada (ADDOWE) Miembro nº 002

Avatar de Usuario
Iridal
Mensajes: 10950
Registrado: Vie Abr 08, 2005 10:38 am
Ubicación: En las nubes...
Contactar:

Mensaje por Iridal » Dom Feb 04, 2007 9:27 pm

VOLHM ILMARETH

-Bendito sea el Guardián Silencioso, hemos encontrado nuestro refugio -recitó Pyradar en un tono que parecía más propio de Dueris que de él. Volhm le echó una mirada de reojo, algo sorprendida. Era el primer indicio de religiosidad que veía en él.

Volhm hizo una cortés reverencia en dirección el altar –tan enanil, pensó, con ese extravagante diamante situado sobre el montón de mithril-, y sintonizó su visión con la Urdimbre, dejando que la magia se volviera visible para ella: su forma de rendir su respeto a aquella deidad enana, pues incluso la energía divina se fundía, en algún punto, con la Urdimbre. Pero aquél no era su lugar; dejando a los enanos a solas con su dios, Volhm se envolvió en su capa y regresó hacia el banco. Una sola mirada a éste la convenció de que sacaría más provecho extendiendo una manta en el suelo y sentándose encima de ella que intentando acomodarse en ese duro apoyo, esculpido además para la altura de un enano.

Pensó en todo lo que habían visto de camino hasta allí mientras daba cuenta de una de las insípidas raciones de viaje. Aquella matanza de quaggoths la había impresionado, más que nada porque no acertaba a hacerse una idea de por qué habrían querido atacar a los driders. Deberían haber sabido que no eran rivales para ellos. Meneó la cabeza. Sí, incluso unas bestias tan duras de mollera como lo eran los quaggoths deberían haberlo sabido… ¿qué les había impulsado a hacerlo?

Y luego, su fracaso a la hora de esquivar al ejército que se aproximaba a ellos… Volhm volvió a menear la cabeza. Después de aquello habían corrido como si les persiguiesen hordas infernales más que aquella tropa de salvajes, y las escenas se sucedían en su memoria, un tanto confusas. Lo que mejor recordaba, además del cansancio de la carrera y de los aullidos del centenar de quaggoths que les seguían, era su propia curiosidad por saber qué había sucedido en el puerto. Ni siquiera en aquella comprometida situación había podido quitarse eso de la cabeza.

Sonrió al recordar cómo Dueris les había detenido, un tanto melodramáticamente, y convencido a los ancestros, aquellas colosales estatuas, para les dejaran vía libre y en cambio aplastaran a sus perseguidores. Volhm había visto la mirada del enano, exaltada y a la vez iluminada por una sabiduría interna. Dueris debía conocer mucho sobre aquellas misteriosas estatuas, pensó.

-¿Qué pensáis que significa todo eso? –preguntó a los otros, dejando un rato de lado la insípida comida. Y a Dueris-: Cuéntanos sobre esos ancestros. ¿Cuál es su historia? ¿Cuándo los construyó tu pueblo? ¿Hasta qué punto están ligados a este lugar? –Volhm siempre tenía curiosidad por culturas ajenas-. ¿Y este templo? Cuéntanos algo de él. ¿A qué deidades está consagrado?

Hicieron planes entre todos. Volhm estuvo de acuerdo en combinar una exploración física con otras de naturaleza mágica. Miró a Alanthir. Por primera vez, le dedicó el gesto de respeto con que un mago halruano saluda a otro del mismo rango.

-Mi señor Alanthir, ¿queréis que nos repartamos el trabajo de lanzar las adivinaciones entre los dos, o dejáis esa tarea exclusivamente en mis manos?

Pero cuando alargó la mano para acabar con su pobre cena, le dijo a Hardash, con una pizca de malicia y sin el menor rastro de deferencia en su voz: -Tú, que tanto te quejas de que las demás no cocinamos, podrías predicar con el ejemplo… -No se había olvidado de la insultante pretensión de aquel calishita. ¡No dejar que fuera una mujer, había dicho! ¡Pues que se había creído!

Durante un rato, se quedó observando a los demás, ya fuera comiendo, limpiando y puliendo sus armas, curioseando por la estancia, estudiando, hablando, o simplemente reflexionando en silencio. Los días anteriores en aquellos ratos de descanso ella había aprovechado para estudiar, pero aquel día no estaba de humor. Su mirada se posó brevemente sobre Alanthir, el hereje al que se había visto obligada a tolerar por mor de la circunstancias, y luego sobre Adrian. Una leve sonrisa afloró a sus labios; se había percatado de la maravilla del mago al leer el pergamino que ella le había dado. Lástima que fuera un bárbaro extranjero. Si no, habría podido enseñarle algunas cosas. Tal vez lo hiciera, a pesar de todo, más adelante; si se demostraba digno de ello. El saber de Halruaa no era digno de ser esparcido más allá de las Murallas, pero estaba en sus manos esparcir una chispa de la gloria de Mystra entre aquellos extranjeros.

Pensando en ello, se acercó a Adrian, que solía hablar atinadamente, pero que por lo demás tan reservado se había revelado. Sin duda los otros conocían más de ella, pese a su renuencia a abrir una ventana hacia la forma de ser y de vivir de su gente, que lo que ninguno de ellos conocía del mago guerrero.

-Contadnos algo de vuestra vida, Adrian. ¿De dónde venís exactamente? ¿Qué os llevó a conjugar acero y magia?

Una pregunta que también repitió a Alanthir. Había llegado la hora de dejar al lado su repugnancia, que no conducía a ninguna parte, para indagar sobre aquel hombre hermético, su extraña ciudad, y su inquietante Arte.

-Muchas veces os habéis quejado de que os hemos prejuzgado sin saber de qué hablamos. ¿Qué tal si nos contáis algo de vos y de vuestras gentes? Tal vez haya llegado el momento de entendernos mejor. –La diversión brillaba en sus ojos oscuros. Dudaba que él quisiera contarles toda la verdad. Esperaba que los otros tuvieran el suficiente criterio para cribar las mentiras que sin duda adornarían el relato.

Volhm se reclinó contra el banco, ignorando el modo en que se le clavó en la espalda. Su mano derecha jugueteaba con el anillo de familia que llevaba en la izquierda.

-Vi vuestra cara cuando os enlacé en mi conjuro. ¿Tan desagradable fue? ¿Cómo sentisteis la conjugación de nuestros dos artes? –Aquello había sido algo que no se había planteado en la premura del momento. Volhm había oído rumores de que aquella herejía había llegado a Halruaa, y se había informado por si algún día necesitaba combatirla, pero hasta encontrarse con Alanthir apenas había tenido contacto directo con aquel tipo de magia.

Tal vez porque ella había estado ocupada tejiendo el hechizo, no había notado nada especial. Se había sentido incómoda al enlazar al hereje, sí, pero ya se había sentido así antes de lanzar el conjuro…

Cuando terminaron con aquello, le susurró a Arshin: -Ahora sí es un buen momento para que hablemos. –Y le sonrió.

Con todo, no alargó mucho las charlas. Aunque ya iba siendo hora de que se conocieran todos un poco mejor y le hubiera gustado preguntar a todos por su pasado, el grupo confiaba en que ella pudiera proporcionarles información a la mañana siguiente. Tal vez los otros se animaran a hablar por sí mismos. Al rato, se envolvió en la manta, y procuró encontrar toda la comodidad que fuera posible sobre el duro suelo. Cuanto antes obtuvieran la información, antes podrían decidir el curso de acción.

Tan pronto como despertó, no se demoró. Tras un aseo mínimo, se recogió el cabello en una sola trenza –un peinado mucho más sencillo del que gustaba normalmente-, y sacó algunos de sus libros de conjuros de su escondite y los apiló sobre el banco. Miró a los otros.

-Voy a tardar bastante. Horas, en realidad. Si queréis ir a echar un vistazo a los alrededores del tiempo, podéis aprovechar este tiempo, aunque esta vez no podré ayudaros si algo se tuerce. –Miró a Alanthir y a Adrian-. Pero no carecemos de apoyo arcano en este grupo, así que supongo que eso da igual.

Se sentó en el suelo, con la espalda apoyada en el banco, y uno de los libros sobre sus rodillas. Antes de abrirlo, cerró los ojos, tomándose un momento para aclarar la mente y volverla apta para almacenar toda la energía arcana de sus conjuros; el estudio sólo era la primera fase del lanzamiento de un hechizo, la más ardua y larga. Sus dedos resiguieron distraídamente el símbolo arcano grabado en el tomo, su propio sello, complaciéndose en el leve cosquilleo de magia que sentía bajo las yemas de sus dedos. Pero enseguida empezó a pasar páginas, buscando los conjuros que iba a requerir. No los estudiaría todos de golpe, pensó.

Cuando dio por terminada aquella primera sesión de su estudio, sacó de su equipaje un objeto cuidadosamente envuelto en varias capas de tela y cuero, para preservarlo de posibles golpes. Cuando lo desenvolvió, colocó en el suelo el exquisito espejo. Hubiera preferido una mesa, pero no tenían ninguna a mano, y temía que si lo colocaba sobre el banco se pudiera caer. Tendría que lanzar el conjuro arrodillada en el suelo. Volhm musitó un reniego en voz baja, pues el lanzamiento se dilataría durante mucho tiempo, y sabía por experiencias anteriores que acabaría con la espalda dolorida por la incómoda postura.

Colocó unos frasquitos con virutas de cobre y zinc al lado del espejo. Echó de menos a un aprendiz que le pudiera ayudar y alcanzarle a su debido momento cada uno de los componentes del conjuro. Suspirando, se dijo que no tenía ninguno a mano, y preferiría que Alanthir no se inmiscuyese en su magia. Adrian quizá estuviera familiarizado con aquel tipo de conjuros, pero tal vez los otros necesitaran de su ayuda. Tendría que hacerlo todo por sí misma.

Elevó su voz en un cántico bajo y monótono, siguiendo las precisas entonaciones que requería el modo de conjuración halruano, al tiempo que espolvoreaba sobre la pulida superficie del espejo la primera lámina de metálicas virutas. Sus dedos dibujaron intrincados símbolos sobre ella, y notó cómo el metal empezaba a fundirse bajo sus dedos; las virutas se derretían, y la misma superficie del espejo parecía ahora licuarse, pues cedía levemente al tacto. Volhm continuó con el canto, sin detenerse un solo segundo, ni siquiera cuando volvió a espolvorear el espejo con una rojiza lámina de cúpreas virutas. A aquellas alturas ya sentía resentida la garganta, pero continuó con el cántico, hasta que sintió que la magia estaba actuando vinculándola con su visión y aislándola del mundo exterior. El espejo semejaba ahora un lago de plata líquida; Volhm lo notaba caliente y dúctil, aunque también paradójicamente sólido. Y en su interior empezaba a formarse una imagen. Volhm esbozó una mueca de contrariedad al reconocerla. Ambert, tirado en una zanja. Indudablemente muerto. Sus ojos examinaron con detalle la escena, procurando hacerse una idea de su localización, y del modo en que el enano había muerto.

Finalmente, se incorporó, insegura. Había permanecido más de una hora agachada, con la cabeza inclinada mirando hacia abajo, y estuvo a punto de marearse; tenía las piernas acalambradas. Lo sabía, este tipo de conjuros deben lanzarse en condiciones, se dijo en su interior.

-Agua, por favor –pidió a sus compañeros, con una voz ronca por el maltrato que había exigido tan prolongado lanzamiento. Y cuando hubo aliviado su garganta-: Ambert está muerto. Lo han tirado a una zanja, ni idea dónde. No presenta signos de violencia ni ninguna marca visible que nos pueda indicar cómo ha muerto. No hay sangre ni signos de estrangulamiento.

Suspiró, pidió ayuda para envolver de nuevo el espejo, y sacó el foco para su siguiente hechizo. Era un ojo de cristal delicadamente tallado. Volhm volvió a sentarse sobre el suelo, esta vez de forma que sus piernas encogidas sirvieran de apoyo a la palma de su mano; depositó a la canica sobre el cuenco de su mano, y empezó a trazar signos sobre ella con la otra. Aquel conjuro requería una enunciación más rápida y viva, pero afortunadamente, aunque largo, no lo era tanto como el anterior. Al poco, Volhm redireccionó la magia en la dirección que ella deseaba, y una imagen se abrió paso en su mente.

Esta vez vio la escena que Arshin les había descrito el día anterior. Volhm se recreó con ella, empapándose de los detalles que las simples palabras no eran capaces de transmitir. Los enanos se encontraban justo delante de ella. Volhm los contó rápidamente.

-Catorce enanos –informó en voz alta-. Bastante vapuleados. Uno parece grave, aunque le han vendado. Ninguno de ellos conserva sus pertenencias. –Con los ojos cerrados, fue adentrándose más en su visión-. Sus carceleros driders charlan entre sí. Esperad… llega otro drider. Se detiene a hablar con ellos, lástima que el conjuro no transmita sonidos… Ahora se dirige hacia un edificio bastante sólido… arquitectura enana, desde luego. Oh –exclamó, sorprendida.

El drider apenas había estado tiempo allí dentro. Salió, y no solo. La exclamación de Volhm se debía a que su acompañante era humano.

-Vuelve a salir acompañado de un humano bastante alto, de piel clara y ojos azules. Viste una túnica negra, amplia, de estilo antiguo –describió Volhm-. El humano discute con el drider. Esperad, ahora parece dirigirse a todos. Mmm. –Sacudió la cabeza-. Todos los driders se han quedado quietos, como en alerta.

Chascó la lengua, porque el conjuro terminó justo entonces.

-Vaya –dijo, contrariada-. Se acabó. Es posible que al final hayan detectado mi sensor. Lo digo por la forma en que se quedaron así como alertas al final… -Se encogió de hombros, y se frotó el cuello antes de empezar a conjurar nuevamente el hechizo. Esta vez, intentando visualizar el puerto.

Esta vez, la escena fue de una desolación total. Decenas, tal vez cientos, de cadáveres quaggoths y kuo-tas. La batalla que se había librado allí debía haber sido más que cruenta. Volhm registró algún leve movimiento entre las pilas de cadáveres; algunos quaggoths todavía conservaban un hálito de vida.

-El puerto es una masacre. La batalla ha sido cruenta. Aún quedan evidentes signos de fuerte actividad mágica. Predominan los cadáveres quaggoths sobre los kuo-tas, y algún moribundo, pero lo que haya quedado de los ejércitos se ha marchado ya. –La imagen se desvaneció de su mente, y Volhm se guardó la canica de cristal en uno de los bolsillos interiores de su túnica-. Y eso es todo.

Puso los libros sobre sus rodillas, y esperó a que sus compañeros asimilasen las nuevas y pudieran forjar entre todos el plan de actuación.


MJ: La charla entre Volhm y Alanthir
Última edición por Iridal el Mar Feb 27, 2007 10:06 pm, editado 2 veces en total.
Proyecto Eberron en Nación Rolera
Mundo persistente para partidas de D&D por foro
¿Quieres jugar? ¿Quieres dirigir? ¡Apúntate!


Toda la gloria de la mortalidad se refleja en el vuelo de un dragón, cuya belleza está hecha de la fuerza terrible, el delirio absoluto y la gloria de la razón

Avatar de Usuario
Raelana
Coordinadora DL Geografía
Mensajes: 2324
Registrado: Vie Abr 08, 2005 12:39 am
Ubicación: Málaga
Contactar:

Mensaje por Raelana » Lun Feb 05, 2007 12:43 am

HARDASH

La exploración del calishita no produjo grandes resultados, un montón de quaggots muertos y otros en proceso, las estatuas habían hecho bien su trabajo. ¿No parecían mirarle amenazadoramente? Hardash decidió que ya era hora de volver dentro, sus compañeros estarían sin ninguna duda muy preocupados por él.

Avanzó mirando de reojo a las estatuas, y apresurando el paso cuando vio cómo el mazo de una de ellas parecía vibrar levemente. La parte de empezar a correr no hacía falta que la contara a sus compañeros así que Hardash se limitó a contar el espantoso espectáculo que había visto mientras comía.

Luego decidió que ya podía descansar y tumbarse antes de que Dueris cumpliera su amenaza de empezar una adoctrinación religiosa pero, como siempre, la halruana tuvo que meterse con él. Pobrecilla, se veía que estaba loca por él y que no encontraba forma más apropiada para intentar seducirle.

-Tú, que tanto te quejas de que las demás no cocinamos, podrías predicar con el ejemplo… -le dijo la maga con una sonrisa picarona en los labios.

-Ah, ojalá pudiera. Si estuviéramos en Calimsham desde luego os invitaría a un espléndido banquete, con música y trika; pero aquí las limitaciones son muchas, y si queréis que salga mañana temprano a examinar el terreno para ver si es seguro será mejor que descanse -antes de que la desilusión apareciera en el rostro de la maga, se apresuró a añadir-. Si encontramos el momento y lugar apropiados, con gusto os prepararé una de las delicias de mi país. Hasta esos trozos resecos pueden ganar mucho con la especia adecuada.

Hardash se tumbó, quizás le había dado demasiadas esperanzas con su comentario, la cosa podría ponerse un poco tensa si comenzaba a acosarle.
Mi blog: Escrito en Agua
Mi viddeoclip: Balamb Garden - The Ghost

Deberíamos dar gracias por los pequeños favores de la vida, como dijo el gnomo cuando se voló una mano cuando podría haberse volado la cabeza.


Asociación de Defensores de la Discípula Oscura y de Weis en Encrucijada (ADDOWE) Miembro nº 002

Avatar de Usuario
Larloch
Miembro del Círculo Interior
Mensajes: 18586
Registrado: Mié Abr 06, 2005 10:33 pm
Ubicación: Entre Netheril y la Roma clásica

Mensaje por Larloch » Lun Feb 05, 2007 2:10 am

ALANTHIR

Medita, analiza y después actúa” casi parecía volver a oír las palabras de su maestro Gerlat. Al principio los había encontrado una muestra más de la paranoia y los alardes de egolatría que solía mostrar mientras le daba clase, pero ahora…. Debía de reconocer que había sido un consejo excelente.

Miró para atrás brevemente y después fijó su vista hacia delante. En algún punto los exploradores del grupo se debían estar moviendo. Se sintió brevemente como en la expedición en la Plano de la Sombra, era una mezcla de sensaciones, en parte el sentir casi, casi como si estuviera de nuevo en casa y por otra la constante sensación de peligro que parecía haber siempre flotando en el aire.

Lo que le llamó la atención fue la gran presencia de quaggoths, los mismos seres con los que se habían enfrentado parecían haberse enfrentado de forma reiterada contra los driders. ¿Qué les podía haber impulsado, a juzgar por el campo de batalla, tal resolución?

No conocía a los quaggoths ni su forma de ser como algunos de los integrantes del grupo, pero la impresión que le habían dado era cualquiera menos la de unos seres que se movieran por algo más que los instintos básicos. Entonces, ¿porqué atacar esta posición?

Pero lo que más le intrigaba era sin dudarlo las driders, a juzgar por los comentarios que había oído de sus compañeros esta organización y preparación no era la habitual o al menos les parecía muy extraña. Miró brevemente como trabajaban los driders. Nunca había visto un ser parecido, en parte le recordaban a una burla o casi una caricaura, como si alguien juntará dos seres en uno.

Cuando Arshin expuso al situación alejó de su mente sus divagaciones y se dio cuenta, al igual que el resto del grupo, de la situación en la que se iban a encontrar. No hizo falta decir más, el grupo se empezó a mover con rapidez y fluidez. La vida les iba en ello.

Mas Tyche parecía divertirse con sus acciones, pues se encontraron con un grupo de quaggoths. De ser criaturas racionales, hubiesen huido, pero por el contrario cargaron. De haber huido, pensó con cierta frialdad, hubiese instando al grupo de matarlos pues hubiesen podido revelar su posición. Pero habían decidido cargar… apenas fueron un estorbo, pero lo que hizo que todo el mundo cambiará su cara fueron las noticias de Hardash, parecía que los quaggoths no habían tenido suficiente bajas…

¡Bilis de Olostin!” maldijo en voz alta, perdiendo durante unos segundos la compostura que se esperaba de un mago como él y aceleró el paso. Cien bichos eran demasiados, a pesar de que eran un grupo de grandes habilidades, pero cien….por el simple número los podían superar y más donde estaban. Empezaron a moverse más rápido. La siguiente zona a la que llegaron parecía más una gran plaza que un sitio donde poder esconderse.

Shar ocultanos del ojo de Tyche” imploró para él mismo mientras contemplaba las nulas posibilidades que tenía aquella zona como posible escondite. Sin embargo, Pyradar pareció encontrar un camino. “Shar permítenos guiarnos a través de tus sombras” dijo en voz baja mientras seguía al enano. Si estuvieran en un sitio más cerrado podría lanzar algún conjuro retrasando a los quaggoths y ganarles más tiempo para moverse, pero en el sitio donde se encontraban… imposible. Confiaba que Pyradar les guiará a un sitio seguro.

De nuevo la diosa parecía decidida a quitarles su velo protector pues conforme avanzaban la cara de Dueris y de Pyradar denotaba extrañeza. No le inspiraba mucha confianza ver a los enanos dudando. Los comentarios de Dueris sobre que era una formación artificial no le preocuparon a priori excesivamente. No era algo a lo que él le daría importancia, pero era la cara de los enanos la que hacía que le diera relevancia.

Cuando escuchó el estruendo supo que había hecho bien en fiarse de los enanos, pero dudaba que eso les librase de lo que tenían encima. Una especie de constructo. Repaso sus conjuros brevemente, ¿qué tenía que pudiese afectarles? Por suerte Dueris intervino justo a tiempo y lograron pasar sin muchos problemas. Respiró aliviado y cuando vio donde se encontraban se permitió unos instantes de relajación.

Al ver que era un templo se mantuvo alejado del altar. Respetaba a los enanos, pero pisar un templo enano era diferente. Para él solo había un dios que mereciera respeto y ese dios era Shar, con lo que se limitó a sentarse en el banco, si aquello podía decirse banco pensó con cierta sorna.

Escuchó la pregunta de Volhm, notó la diferencia en el trato. Lo cierto es que ya se había acostumbrado a las miradas y los comentarios de la maga, así que el cambio fue un elemento más que le indicó que ella también se había dado cuenta de que cuanto más divididos estuvieran peor les iría.

- No, milady, mi Arte se centra más en la Ilusión y el Encantamiento, si acaso yo podría preparar algunos conjuros para ocultar mejor a cualquiera que vaya a explorar, debo de reconocer que a pesar de que tanto Dueris como Pyradar creen que aquí estamos seguros, prefiero asegurarme. Por experiencia, nunca esta de más.

La pregunta de la maga le pilló por sorpresa, ¿saber sobre su vida? Vio como le miraba, era indudable que seguía sin confiar en él, que así fuera, no tenía muchas ganas de pelearse con ella, él contaría lo que quisiera, con mentirles no sacaba nada.

- Esta bien, me presentaré como exige el protocolo, mi nombre es Alanthir Nthalar, hijo de Thierder Nthalar y Tarane y primogénito de la casa Nthalar.

Hizo una pausa y se pasó la mano por la barba brevemente mientras cambiaba de posición en él banco. “Malditos enanos, ¿qué entienden ellos por comodidad?” pensó mientras notaba un sordo dolor en su espalda.

- La familia Nthalar es una familia respetada dentro de Umbra, aquí la considerarías noble, pero en la Ciudad la nobleza no es hereditaria, es algo que se obtiene en función del merito y de la capacidad con el Arte de los miembros de cada familia.- su exposición era clara sin un ápice de orgullo ni de soberbia, simplemente exponía la realidad.

- Del resto os podría contar muchos detalles, quizá en muchos aspectos vuestra tierra, por lo que he podido oír milady Volhm se parezca a ella, indudablemente con matices y cambios.- la influencia bárbara que os ha corrompido se dejará notar pensó.- Pero la Ciudad posee una belleza que de momento nada de lo que he visto ha podido compararse…..- su voz tenía un deje de melancolía.- Ni los bosques de Cormanthor ni la reclusiva Eternoska han podido compararse con las torres que parecen elevarse por encima del suelo en forma imposibles mientras se sostienen en posiciones imposibles, ni la magnificencia o sobriedad que inunda el palacio del Alto Príncipe o la solemnidad que emana el Templo de la Noche Eterna.”

Hizo una pausa y miró brevemente el techo, lo cierto es que el hablar sobre su familia y la Ciudad le despertaba una cierta nostalgia. Decidió cambiar de tema.

- Los netherinos hace poco que hemos vuelto y la mayor parte de lo que la gente ha oído sobre nosotros son eso, rumores, comentarios sobre sangrientos rituales, como convertimos ciudades en zonas malditas con nuestra magia.- De forma brusca cambió su tono de voz.- Bobadas y habladurías sin sentido es lo que son esas afirmaciones.

Mi gente solo reclama lo que es suyo, el Anauroch y la posibilidad de vivir en él con dignidad. Lo único que nos ha lanzado a la guerra han sido los phaerimm pero esos seres con algo que debe de ser exterminado, ello son los que causaron la ruina de Netheril y convirtieron lo que antaño era una zona rica en un enorme desierto.“

- Creedme si hubieseis estado luchando contra esos seres entenderías que deben de ser eliminados de este mundo por el bien de todas las razas que lo habitan.- Por un instante se acordó de su hermano y de repente no tuvo más ganas de hablar, no confiaba en ellos para rebelar más asuntos ni aspectos de su vida y más si estaban relacionados con su hermano.

Sin embargo, la maga le pregunto sobre que había sentido cuando lanzó el conjuro sobre él. No tenía especiales ganas de hablar pero le respondió con educación.

- Lo cierto es que fue una sensación extraña, supongo que vos sentiríais algo parecido si fuese al revés y yo lanzará mi magia sobre vos. Si debo de serle sincero, era la primera vez que intervenía en un conjuro lanzado por alguien que no usa la misma magia que yo.

- Y vos milady, ¿cuál es vuestra historia? Cómo se suele decir en mi ciudad “Todos tenemos que danzar en el pantógrafo universal de Halavar”.

Escuchó el resto de historia, pero lo cierto es que su mente estaba en otra parte pero la curiosidad le podía, el saber de nuevas tierras, costumbres y aspectos de la vida de Faerun le parecía algo enormemente interesante. Cuando pudiera escribirlo todo, tanto su maestra como el Príncipe estarían contentos.

Mientras el resto comía miro con curiosidad como Volhm preparaba el conjuro, lo cierto es que la forma era muy parecida, casi idéntica a como lo hacían los magos en la Ciudad. Él este conjuro lo desconocía, pero lo había visto lanzar a otros magos, era común que los grupos que salían fuera de la ciudad usarán las adivinaciones de forma pródiga.

Mientras la maga lanzaba el conjuro y empezaba a explorar las diferentes zonas por las que habían pasado él se dedicó a redactar diversas cartas que enviaría. Empezó a escribir de forma lenta, casi mecánica. Acabó la carta que pensaba enviar a su hermana, fue la que escribió de forma más rápida y de forma fluida, cuando empezó a escribir la carta destinada a su futura esposa simplemente a mitad de ella cogió el papel lo arrugó y lo lanzó con fuerza contra la pared. No podía escribir.

Cuando Volhm pidió agua le tendió su odre, lo cierto es que llevaba el agua más para emergencia o para lavar heridas que como algo que necesitará. Lo cierto es que la primera vez que había pisado Faerun el sol había sido inclemente con él y había sufrido su calor de forma constante. Desde ese día, a pesar de haber acostumbrado más al calor, llevaba agua por si fuera necesario.

El hecho de Ambert estuviera muerto no fue algo que esperase, el que lo controlaba debía de pensar que ya no le servía al haberle dado muerte así. Pobre infeliz pensó.

Los comentarios sobre un humano dirigiendo a las drañas fueron las que más le llamaron la atención porque las noticias del puerto le fueron de poco interés.

- Si han detectado que les espiabas significa que posiblemente se preparen en contra nuestra. Desconocemos que habilidades tienen, pero como mínimo tienen una capacidad para organizarse y actuar de forma coordinada. O eso parece sugerir su “fortaleza”. Y desconocemos las habilidades del humano.

Como haciéndose un resumen para él mismo, “más complicaciones”. La cuestión sería como abordar la situación. La presencia de un humano entre los driders podía servirles, quizá una alianza temporal o un intercambio de favores.

La zona parecía estar en plena guerra y el poder contar con el apoyo de un grupo de aventureros, del que los contendientes apenas conocían sus habilidades, era una baza que se podía usar como incentivo en la negociación.

Sin embargo, esperó a ver las primeras opiniones antes de exponer la suya, si quería convencerles, necesitaba saber que pensaban antes de hablar él. “En la conversación, como en los duelos de magos, los métodos rápidos y eficientes son la base de toda estrategia”, tal como le había hecho aprender Gerlat pues a pesar de que los métodos de Jarm no eran muy bien vistos, la simpleza y efectividad de su afirmación la hacían básica de seguir en casi cualquier planteamiento.

Sonrió ante la ironía de acordar se de una frase de Jarm estando con quién estaba, era una ironía que le hizo sonreír mientras esperaba las opiniones del resto de compañeros.
Recopilación en proceso: Mi versión de la ciudad drow de Eryndlyn.

Ultima recopilación de información: La ciudad calishita de Almraiven

"El poder tiene su propia belleza. Quizá la más bella combinación de potencia y gracia entre las criaturas mortales de Toril sea la de un dragon." Sammaster, Tomo del Dragón

Avatar de Usuario
Kharma
Mensajes: 2177
Registrado: Vie Ago 19, 2005 11:49 am
Ubicación: A las afueras de Madrid

Mensaje por Kharma » Mié Feb 07, 2007 2:00 pm

PYRADAR

Para poder realizar un buen plan necesitaban conocer los alrededores, ademas de un buen sitio donde refugiarse y descansar. Sin duda era una difícil e importante tarea, habría que pulir todos los detalles y tener opciones sin querían tener éxito.

La inspección del perímetro y el descubrimiento de los cadáveres de los bichos peludos arrojaba algo de luz al asunto. Ademas de poder contemplar la magnifica defensa que habían montado los engendros de araña. Estudio con cuidado el ataque a la espera de encontrar un punto débil. Parecía que no querían a los enanos como comida al ver como se llevaban a los cadáveres, no teniendo sangre mas fresca en la jaula.

Entonces vinieron las malas noticias. Un grupo de quaggots se acercaban a su posición, eran bastantes y parecían estar muy cabreados. Según dijo Arshin venían del puerto y estarían allí en poco tiempo. Pyradar observo la dirección de donde vendrían y una mirada de preocupación ensombreció su rostro.

- Debemos movernos – dijo con un tono duro y apresurado – debemos darnos prisa y refugiarnos lejos de aquí. Si nos ven estaremos atrapados entre un montón de enfurecidos quaggots y el campamento drider, seria nuestro fin.

Impregno al grupo de una urgencia para salir cuanto antes de ahí. Pero no las tenían todas de su lado, en la presurosa huida se toparon con otro grupo de bestias peludas, seguramente sobrevivientes del ataque al campamento. No hubo tiempo de esquivarlos y estallo la lucha. No eran muchos, estaban exhaustos y heridos pero aun así lucharon con fiereza.

La batalla fue intensa y rápida, no eran dignos rivales y menos en aquellas condiciones. El enano balanceaba su poderoso martillo sin dar tiempo a los quaggots de responder. Al poco los cadáveres enemigos yacían sobre el suelo sin apenas haber causado mas que un rasguño. Aunque al final les resulto cara la lucha, el estruendo había llamado la atención del otro grupo mas numeroso. Como bestias sanguinarias que eran se abalanzaron sobre ellos en una salvaje mezcla de gruñidos y gritos.

Pyradar observo el terreno circundante, un lugar llano con una estupenda vista de su entorno. Sin duda el peor terreno para luchar en clara desventaja numérica. Su única oportunidad era escapar y buscar un terreno mas favorable, incluso intentar despistar a aquellas estúpidas criaturas.

Fue entonces cuando lo vio. No era mas que una sensación que recorrió su cuerpo y aun así fijo la vista en un único punto. Allí había una abertura en la pared, casi perfecta esperando a su llegada. Su única oportunidad...

- ¡Hacía allí!- Señaló indicando una abertura mientras empezaba ya a moverse.- ¡Es nuestra única posibilidad de presentar batalla!

Corrieron como si les fuera la vida en ello (y así era) hasta alcanzar la entrada. A pesar de la armadura y la carrera el enano apenas jadeaba, era mas duro que la piedra que lo rodeaba. Algo mas relajado pudo observar el trabajo que se había realizado en las paredes, tardo un instante en averiguar quien había modelado la piedra. Para Pyradar sin duda era una buena noticia aunque no sabia si para sus compañeros lo era tanto.

Se quedo el ultimo para proteger la retaguardia, sus enemigos estaban muy cerca. Sus gritos y su horrible aliento ya se notaban y el enano esperaba poder contenerlos para tener alguna posibilidad. Fue entonces cuando vieron a las dos estatuas guardianes, sin duda protegiendo un lugar importante de la ciudad. Se sintió mas seguro con aquella ayuda y confiaba en Dueris para que les facilitara el paso. Quizás fuera algo difícil explicarles porque dejar pasar a un grupo de humanos. Al final pudieron pasar y resguardarse en el interior de la estructura enana.

Como había esperado era un lugar sagrado, un altar dedicado a Dumathoin se encontraba al final del pasillo. Con cuidado volvió a guardar el martillo y se quito el yelmo en señal de respeto.

- Bendito sea el Guardián Silencioso, hemos encontrado nuestro refugio.- Dijo en un tono de respeto. Por fin los dioses les sonreían y les daban otra oportunidad, era un gran hallazgo.

Luego noto algunas miradas que ignoro con rapidez y se quedo pensativo mirando al símbolo del dios de las profundidades.

- Por supuesto que estaremos seguros – dijo respondiendo a Hardash, su tono fue mas sosegado y tranquilo – los guardianes que acabas de ver no permitirán que nos pase nada. Aunque sera mejor que no toquéis nada, es un lugar sagrado y podrían enfadarse.

Por si acaso el templo ocultaba sorpresas desagradables fue con Dueris a echar un vistazo, no era raro encontrarse aun con las trampas y mecanismos que los enanos habían dejado atrás para proteger sus lugares sagrados. El sitio no era muy grande y no había nada de interés.

Algo mas relajados, se dispusieron a descansar después de tan largo y agotador día. Pyradar se sentía tan seguro que no dudo en quitarse con rapidez la armadura y comer con tranquilidad, algo mas jovial que de costumbre. Pero pos supuesto el buen ambiente fue roto por las incesables preguntas de la bruja.

¿Era sincera curiosidad?¿O una forma calculada de intentar mantener el control sobre el enano? interesándose por la cultura enana podría interpretarse como una forma de estrechar lazos de unión. Pero para un enano era la mejor situación para responder de forma brusca, suspicaz o seca, un “métete en tus asuntos” con la sutileza de un dragón rojo. No les gustaba que un humano desconocido y menos un arrogante mago preguntara lo que no le importaba.

Aunque Dueris no era cualquier enano, sin duda estaría gustoso de explayarse sobre el tema. Encantado de extender su cultura y conocimientos con cualquiera que se interesara. Como a Pyradar no le interesaba romper la armonía del lugar, dejo pasar las preguntas a pesar de ocurrirsele unas cuantas respuestas agradables para la bruja.

Al final la conversación derivo en una insulsa charla sobre sus tierras y su vida, no había mas aburrido que escuchar a magos humanos hablando sobre ellos. En un vano intento de conocerse mejor y dar una falsa sensación de que te gustaría conocerte. Solo era una excusa para poder hablar sobre uno mismo, ya que era lo único que les importaba. Se fue a descansar para evitar seguir escuchando.

Se levanto tarde, ya que era un sitio seguro quería aprovechar todo lo posible para estar descansado. Tenían ante si una difícil e importante tarea que requería todo su fuerza. Observo con curiosidad que hacían los humanos, la mayoría ocupándose de sus asuntos mientras la maga estaba enfrascada en algún tipo de ritual mágico. Por lo que pudo averiguar se trataba de un conjuro para ver otros lugares de la ciudad.

Como había tiempo de sobra se puso a repasar su equipo con esmero, no desperdiciaba una oportunidad para asegurarse de que no hubiera alguna sorpresa desagradable. Tener su equipo en perfecto estado era una necesidad en aquel agresivo entorno, el menor error podía costarle la vida. Todos sus movimientos eran producto de la disciplina y la practica diaria. Mientras estaba en sus quehaceres pensaba la mejo manera de resolver la situación t rescatar a sus hermanos. No era nada fácil pero esperaba que descubrieran mas con aquel conjuro. Al cabo de unas horas Volhm comunico sus descubrimientos... Ambert estaba muerto.

Algo se estremeció en su interior como si hubiera recibido una puñalada en el vientre. Pyradar no dijo nada, siguió sentado con la mirada perdida. Sentía que había fallado al pobre enano, que era culpa suya que hubiera muerto. Si hubiera insistido en buscarle en vez de seguir al drow quizás ahora estuviera con ellos, vivo... Solo había hecho lo que creía mejor para la misión y el grupo pero no podía quitarse de la cabeza la imagen de Ambert. Un nuevo rosto que se sumaba a los ya conocidos, una nueva victima de sus terribles decisiones.

Las siguientes noticias fueron mejores, al menos servían para completar el extraño puzzle que era aquella ciudad. Ahora sabían a que enfrentarse y que poder hacer. Varios caminos se abrían ante ellos... solo tenían que escoger el mejor y no equivocarse.
Reinos Olvidados (Nuevo dominio)

Mi blog y tiras cómicas: La Tira de Dados

"¡¡Manticora!!" (La creencia popular dice que si eres herido por una manticora te acabas convirtiendo en una.)
"Destripo a un kobold para ver si se han comido a los niños" Derek, el mediano/hombre-lobo/niña

Avatar de Usuario
Shisei
Mensajes: 88
Registrado: Dom Jun 11, 2006 10:45 pm

Mensaje por Shisei » Sab Feb 10, 2007 5:19 am

ARSHIN

Silencio, bendito silencio, era una de las primeras veces que el grupo actuaba en silencio como un solo individuo, como una única persona, Arshin no podía evitar suponer que cuando las vidas de muchas personas estaban en juego las diferencias parecían menores y se actuaba como un solo individuo. En el momento en el los enanos dijeron estar en lugar seguro Arshin no pudo evitar murmurar a Tymora una plegaría para que así fuera, sin embargo tampoco le importaba tanto, ya que una parte de ella estaría perdida hasta no saber nada de él y tal vez incluso entonces, pues de estar muerto una parte de ella moriría con él.

En el momento en el Volhm le dijo que ahora si que era el momento de hablar Arshin le hizo señas para que fueran a un lugar donde no pudieran ser escuchados, con ella levaba la mochila. Volhm asintió, y se sentaron en un rincón de la sala a hablar tranquilamente.

- Se que para ti la magia es algo como el aire, tan natural como para mi el silencio de mis movimientos o algunas habilidades que no han sido reveladas, sin embargo la magia para mi es algo diferente y extraño, me has hecho un regalo que para mi es una gran cosa ¿me entiendes?

Estos extranjeros, pensó Volhm con cierta condescendencia. Pero asintió con la cabeza.

-Somos compañeros, estoy segura que algún día podrás devolverme el favor -le dijo Volhm con amabilidad-. No hace falta que me loa gradezcas. Somos un equipo.

-No lo entiendes, justamente por eso tengo que hacerlo ahora- explico Arshin con la misma falta de sentimiento con la que estaba acostumbrada a verla- Te contaré parte de mi vida sólo porque se que hace falta, pero espero que tus labios estén tan sellados como los míos- le dijo Arshin reflejando un leve sentimiento parecido al dolor.

Volhm se sintió sorprendida por aquel deseo de intimar en una mujer tan silenciosa y reservada. Pero se sintió conmovida por la desazón de la calishita, y asintió gravemente.

-Te doy mi palabra de mago de que nada de lo que me digas lo repitiré sin tu consentimiento -afirmó, con solemnidad. Ningún mago halruano daba su palabra a la ligera.

- Debes de saber que no eres la primera maga con la que trabajo-dijo Arshin mostrando en su rostro una sonrisa tan cálida como nunca le había visto antes- Al principio no congeniamos demasiado bien, Taxer, que es como se llama o llamaba, me dió algunas cosas que le pertenecían, me dijo que podían serme útil en caso de que el faltase, malditasea-dijo con algo de fustración- Sin embargo creo que te pueden ser más útiles a ti que a mi, él creia como tu en Mystra mientras yo creo en Tymora.

-¿Quién era Taxer? ¿Un antiguo compañero tuyo? -inquirió Volhm, sospechando, por las palabras de ella que su fin había sido trágico. Pero cuando escuchó lo ultimo, hizo un gesto, asombrada-. ¿A qué cosas te refieres?

Ante las palabras de Volhm, Arshin empezó a sacar unos cuantos objetos entre los cuales habían pergaminos los cuales podía reconocer la maga que eran de índole mágico, a su lado había un papel con una escritura cláramente masculina, nota que tomó Arshin y empezó a leer.

Aquí te dejo estos objetos por si algo malo me sucediera y el destino nos separara, si así pasará no pierdas la cabeza y cuidate. Aquí te pongo lo que tienes.

Gracia Felina x2
Convocar Monstruos 2 x1
Ebon eyes x4
Salto
Sirviente invisible
Retirada expeditiva

-Nunca he sabido exactamente lo que es y para que sirve todo esto, sin embargo creo que como maga que eres tu lo puedes entender mejor que yo.

Volhm tomó los pergaminos, los desenrrolló y los leyó con parsimonía. No tuvo dificultades en hacerlo, muchos de ellos los tenía ella en sus libros. Volhm sintió gravemente con la cabeza.

-Que Mystra te sonría, Arshin. Pocas personas se habrían desprendido de esto sin pedir nada a cambio. -Hizo una pausa, y añadió-: Cuando necesites alguno de estos conjuros, yo leeré estos pergaminos para ti.

Tras decir esto Volhm empezó a explicarme lo que hacían esos pergaminos:

-Lo que tu amigo Taxer te dio, son recursos de ultima hora, conjuros que puede ayudarte a escapar de posibles peligros... que te volverían más rapida, más ágil, que ofrecerían distracciones... Estos, te permitirían ver en la oscuridad, incluso si ésta ha sido engendrada por un drow -repuso Volhm, tocando un rollo de pergamino en particular.

Sonrió al tocar otro. -Este conjuro crea un sirviente invisible, una entidad que los magos solemos usar para liberarnos de quehaceres domésticos rutinarios... aunque seguro que se te ocurren otras utilidades para él. -Volhm sonrió a la calishita.

- Ahora son tuyos-contestó Arshin con una sonrisa- Puedes hacer con ellos lo que quieras, se porque se lo ví hacer muchas veces a Taxer que los conjuros que no teneis en vuestros libros de hechizos los copiais, no te preocupes si alguno no lo tienes cópiatelo. ¿Quieres que te hable de Taxer?

A Volhm le sorprendió la generosidad de aquella mujer, pero asintió.

-Sí, cuentame. ¿Quién era él?

- Por favor, no hables en pasado, no se si está muerto, pero si encuentro su cadáver juro por Tymora que esos asquerosos drows me lo pagaran- dijo Arshin con un odio descomunal- Taxer y yo éramos compañeros, aunque te sorprenda, yo no soy semidrow, no creo tener nada de drow en mis venas, sin embargo Taxer si que lo era o es-las ultimas palabras salían tensas de los labios de la muchacha- No se si hablar en pasado o en presente, hace tiempo fue secuestrado por una avanzadilla drow, tenía o sabía algo que les interesaba, él sabía del peligro, por eso nos dijo al resto del grupo que pasara lo que pasara no le siguiéramos, que nos preocupáramos por nosotros, imagínate el caso que le hicimos, si te digo que de todos sólo quedo yo y me encontraron moribunda y con suficiente veneno en la sangre como para haber matado a un elefante, siempre diré que Tymora me salvo.

Volhm escuchó aquello con comprensión, sabía lo que era perder a compañeros queridos, aunque quizá aquel Taxer había sido para arshin algo más que un compañero.

-Entiendo. ¿Aún esperas encontrarle algun día?

- Moveré cielo y tierra, recorreré palmo a palmo todo el terreno, aunque tenga que arrasar toda la infraoscuridad y arrancar cada palabra de los cuerpos mediomuertos de los drows que sepan de su paradero o simplemente del de su cadaver no dejaré de buscarle. Hasta que no volvamos a estar juntos o pueda descansar en paz en el lugar donde descansan los cuerpos de los demás, no pienso parar. - dijo Arshin con una rabia y una tristeza que disentían mucho de la mujer callada y sin sentimientos que Volhm pensaba que era.

Volhm se sintió conmovida por aquella pasión.

-Espero que Tymora te sonría y puedas cumplir tu propósito -le dijo, deseando que fuera asçí. Aunque, si había sido capturado por drows, parecía que el destino de su amado no podía ser muy esperanzador....

La mirada de la mujer no parecía mostrar demasiada esperanza pese al vano intento de sonreir.

- Si la muerte ha sido su destino, lo lamento más por ellos que por mí, la sangre se paga con la sangre y hasta que sacie la sed inagotable que sus propios actos me han creado, no voy a dejar que mis armas se alimenten de otra cosa que todo aquello que importe a esa maldita raza.
-La venganza rara vez nos proporciona más que una satisfacción momentánea y nunca una auténtica realización -contestó Volhm tristemente-, así que espero que consigas encontrar a tu amigo. Hay obsesiones que pueden consumir la voluntad de una persona, y la venganza es una de ellas.

Tras un breve momento de reflexión, añadió:

-¿Conservas algún objeto personal de tu amigo?

- No estoy segura, el día que llegue moribunda no tenia nada de mi equipo sólo me aferraba a un guante- dijo al tiempo que se lo lanzaba- En él como puedes ver hay dos símbolos.

Volhm observó la prenda con atención, antes de devolversela a la mujer.

-Guardalo bien. Algún día tal vez pueda ayudarte a encontrar a tu amigo, y para ello probablemente sea útil el guante. -Volhm habló con cautela; sabía que aunque fuera cierta la remota posibilidad de que Taxer estuviera vivo, las probilidades de que ella le pudiera localizar eran aun más escasas.

Ante las palabras de Volhm, Arshin asintió con la cabeza y marchó al rincón más oscuro de la estancia dispuesta a descansar.

- No tengo miedo a la oscuridad, pues ella oculta mis pasos, no temo a las sombras, pues ella guían mis armas, no tengo miedo a la incertidumbre, pues Tymora controla mi destino-dijo Arshin en un susurro antes de dejarse llevar por el descanso tan necesitado.

Avatar de Usuario
blacksword
Mensajes: 81
Registrado: Mié May 03, 2006 8:47 pm

Mensaje por blacksword » Lun Feb 12, 2007 8:37 pm

Adrian

- Una horda de quaggots, maravilloso. Penso cinicamente Adrian. A juzgar por los quaggots a las que se habian enfrentado hasta ahora eso no era bueno. Veia dificil que unas criaturas tan bestiales como esos barbaros peludos se organizaran motu propio en un ejercito. Estaban en mitad de un campo de batalla entre varios grupos de poder. - Como si no fuera bastante peligrosa de por si la suboscuridad....

"- Sugiero que nos movamos de aqui, no seria agradable encontrarnos con tantos brutos" - Dijo al resto del grupo. Tal obviedad resulto innecesaria. Actuando de nuevo coordinadamente (parece que realmente habian aprendido a dejar de lado sus diferencias), el grupo se puso en marcha. Poco mas adelante encontraron un pequeño grupo de quaggots, pero afortunadamente solo era un grupo separado de la horda que trataban de dejara atras. No supuso gran desafio, aunque uno de ellos dejo un feo verdugon en las costillas de Adrian. Sin embargo, la lucha los retardo. Ya podian oir los ruidos de la horda acercandose, por lo que apretaron el paso buscando un lugar en el que vender caras sus vidas.
Afortunadamente encontraron una grieta para guarecerse, que luego se revelo como la entrada a un antiguo santuario enano consagrado a Dumathoin, el primer lugar realmente seguro (si esque habia algun lugar seguro en esta zona) donde descansar que habian encontrado desde que abandonaran la fortaleza de los cruzados. Todos se dieron cuenta de esto, y pese a las suspicacias que pudiera despertar en alguno de ellos el estar en un lugar consagrado, el cansancio se impuso y el grupo en general se relajo, salvo quiza el intercambio de comentarios acidos entre Volhm y Hardash por el aparente machismo del segundo.

Adrian, tras cumplir con su parte en la organizacion del improvisado campamento y comer algo, aprovecho para hechar un nuevo vistazo al moraton de sus costillas, para lo que resulto sumamente util la esfera luminosa de Volhm. Nada grave, las costillas no estaban rotas, pero con cada respiracion sentia un pequeño dolor. Penso en pedir a Dueris que le
echara un vistazo, pero se lo penso mejor y decidio estudiar un poco sus conjuros antes. El dolor lo ayudaria a concentrarse. -Disciplina, primero el deber, luego la comodidad - Se dijo a si mismo. Hizo una rapida y metodica inspeccion a su equipo y busco un buen lugar donde estudiar su libro de conjuros. Apenas habia desempaquetado el libro de su funda protectora de lona impermeable cuando Volhm se acerco a hablar con el.

"-Contadnos algo de vuestra vida, Adrian. ¿De dónde venís exactamente? ¿Qué os llevó a conjugar acero y magia?" - pregunto la maga. La segunda pregunta, directa como una flecha, pillo por sorpresa a Adrian. Por un fugaz momento, el recuerdo de su padre hizo aparecer en sus ojos un destello de dolor. Volvio su atencion momentaneamente al libro, envolviendolo despacio de nuevo en su funda, aprovechando los escasos segundos para recuperarse de la impresion. No era la primera vez que le hacian esa pregunta, de hecho se la habian hecho muchas veces, hasta el punto que habia llegado a dejar de molestarle, sin embargo, habia pasado mucho tiempo desde que se la hicieran por ultima vez de un modo tan abierto. Comenzo lentamente su relato, observando la expresion de Volhm y preguntandose si debia confiar en ella.

"- Naci y me crie en Turmish, aunque mi familia es de origen amnita y he pasado la mayor parte de mi vida viajando de un lugar a otro. Comence mi carrera como guardia para una familia mercante turmita, pero al cabo de unos años deje la profesion para ir por libre. Me hice aventurero, pase un tiempo sirviendo en el ejercito y hace un año aproximadamente me enrole como mercenario en la Cruzada Dorada. Hace algunos meses perdi a un buen amigo, un enano, en una batalla. Su cadaver aparecio tiempo despues junto con el del phaerimm del que tanto se hablo. Desde entonces combato en la Cruzada ya no por dinero sino en honor a mi compañero caido, para averiguar quien fue el responsable de su horrible fin."

Tras el escueto relato, hizo una breve pausa, observando a Volhm y sopesando de nuevo si responder a la segunda pregunta. Ya le habia contado mas de si mismo que a la mayor parte de la gente que conocia. La maga le inspiraba confianza, y parecia su mas firme aliado en estas oscuras tierras, pero apenas la conocia... No, mejor una respuesta escueta, no habia necesidad de entrar en detalles

"- Sobre lo segundo... es una historia un tanto complicada. Baste decir que si bien mi vocacion es la magia y soy devoto de Azuth cultivo el arte del acero por honrar la herencia familiar."

Tras meditarlo unos instantes, decidio proseguir:

"- ¿Y que hay de vos? A simple vista pareceis mas una diplomatica que una aventurera, y sin embargo parece que os desenvolveis con soltura en mitad del campo de batalla. ¿Cual es vuestra historia?"

Tras escuchar la respuesta de la maga regreso con su libro de conjuros, al familiar ritual de renovacion de sus hechizos habituales. Despues se acerco a Dueris, a pedirle ayuda con su herida. En el breve tiempo que habia pasado con tan peculiar enano se habia ganado su respeto como compañero y habia empezado a caerle bien. Veia en el algunos de los rasgos de los mercaderes para los que trabajo y con los que se habia criado, y ademas era mas... humano que el resto de los enanos que habia conocido. Firme de caracter, como sus parientes, pero no tan tozudo como los demas (Pyradar era un buen ejemplo de la tozudez y los prejuicios enanos). Mientras Dueris examinaba su herida, intercambio con el unas breves palabras con el. Una charla ligera sobre la Cruzada y el avance de la misma, no ahorrando elogios sobre el arthane Dagnit y la ferrea disciplina de los ejercitos enanos.

Por la mañana (si es que podia hablarse de mañana en estas tierras sin un sol en el cielo) Volhm comenzo con sus adivinaciones. Adrian no perdio detalle, tomando breves notas en un trozo de pergamino, cualquier detalle que les pudiera ser util a la hora de trazar el plan.El resultado de la batalla en el puerto confirmo su primera impresion. Habia varios ejercitos intentando hacerse con el control de la zona, lo que la hacia aun mas peligrosa que de costumbre. Despues de esto comenzaron a perfilarse dos opciones, una diplomatica y otra justo lo contrario. Adrian dio su opinion:

"- Creo que la via dialogada tiene poco futuro, pero la otra tambien plantea problemas. Los driders pueden perseguirnos, y sera dificil mover un grupo de enanos heridos por los tuneles sin comida ni agua suficiente.

Ademas, hay otra cosa que me llama la atencion. El rastro del supuesto drow nos ha conducido aqui, pero luego lo hemos perdido. Es como si hubiera intentado guiarnos. Dudo mucho que pretendiera conducirnos a los enanos, tal vez pretende que acabemos con los driders por el, o tal vez con el humano. Por lo poco que se un humano entre driders es algo poco frecuente, como el hecho de que hayan tomado presos a los enanos y se hayan molestado en vendar a los heridos. Cabe incluso la posibilidad de que el humano fuera ese supuesto drow que vimos. Hay demasiados cabos sueltos. Debemos meditar bien nuestro siguiente movimiento."

Avatar de Usuario
Zaitsev
Mensajes: 164
Registrado: Jue Jun 29, 2006 8:36 pm

Mensaje por Zaitsev » Mar Feb 13, 2007 12:59 am

Xandros

Las cosas no parecían salir de la manera deseada. Necesitaban descansar y planear un asalto casi suicida. Ademas, para mejorar la panoramica que ante ellos se dibujaba, hordas de quagotts se dirigían hacía el grupo, posiblemente fuese un ejercito en desbandada. Esto llevaba a la mente del guerrero demasiadas preguntas, no acertaba a comprender que motivos llevaban a los engendros a batallar por aquellas zonas de manera tan insistente, y tan poco exitosa, dicho sea de paso. Xandros no era un experto en la suboscuridad, y posiblemente nunca lo fuese. Extraños seres aquellos.

En la precipitada huida se encotraron con un grupo de aquellas criaturas, que no supusieron ningun esfuerzo. Esos seres no era nada para ellos, en pequeñas dosis. Nada hace un copo de nieve, ahora bien, una avalancha...no, era mejor que el grupo no se topase con la avalancha que suponían aquellas cabezas sin concierto. El grupo seguía su precipitada huida y nada parecía indicar que aquello pudiese conducir a un buen puerto. O por lo menos a un puerto no demasiado malo, no se necesitaban lujos, solo que no se destrozase el barco. No era mucho pedir en circunstancias normales, aunque claro, una avalancha no es algo que suceda todos los días.

Entonces su suerte cambio. Todo gracias a unas estatuas enanas gigantes, salvadoras ellas, pese a sonar incongruentes. Estas moles de piedra permitieron el paso de los aventureros. Xandros, no obstante, no pudo quitarles ojo. Sabía que nada podría hacer si aquellas acumulaciones de piedra decidian hacer descender sus extremidades superiores sobre su cabeza. No obstante, y pese a ello, prefería tenerlas a la vista, no fuese a ser.

Despues de eso, llegó la muerte, no la de los aventureros, que aún tardría más en sobrevenir (poco o mucho estaba por ver), sino la del ejercito de quagoths, antes derrotado, ahora aplastado. Diferencia semantica de la que ahora las pobres papillas en que posiblemente se habrían convertido podrían dar buena cuenta. Xandros quiso sentir pena por aquellas criaturas, pero se consoló pensando que habían tenido una murte rapida e indolora. Posiblemente no fuese así, pero cada uno es libre de elegir como engañarse. Una muerte nunca es agradable, aunque se trate de la del enemigo más acerrimo. En realidad, esto no es exactamente así. Una muerte no es agradable siempre que no sea el arma propia la causante.

Los enanos consideraban que aquel podría ser un buen refugio, pero el humano no estaba del todo convencido. Claro que, vistas las circunstancias, no iba a quejarse lo más minimo. En tal puerto el barco no sería hecho pedazos. A fin de cuentas, habían encontrado el metodo de aplastar avalanchas, y quien dice el metodo, quiere decir las moles gigantes de varios metros.

A partir de aquí, poco podía hacer el guerrero. La maga halruana lanzaría sus adivinaciones, otro contingente del grupo, exploraría el lugar, y él poco podría ayudar. No obstante, cuando la maga instó al calishita a preparar la comida, el guerrero casi se sintió ofendido. Preferiría comer papilla de quagoth, especialidad enanil, antes que probar un bocado de la cocina calishita. La gente de aquel pueblo no sabía cocinar, y si sabía, lo disimulaban muy bien.

-De la cocina me encargaré yo. De eso no hay que preocuparse.

No obstante, esa unica ocupación no fue obice para que pudiese explicar parte de su vida a sus compañeros antes de ponerse a ello.

-Nací, crecí y viví en Tezhyr. Antes de que comenzase la guerra me ganaba la vida trabajando para un noble. En esa epoca fue cuando aprendí a manejar la espada, y cuando comenzó mi afición por la lectura. Despues me enrolé en el ejercito, durante la guerra civil que asoló mi tierra natal. Luchamos en pos de un Tezhyr grande y libre de la tirania, por los verdaderos y legitimos reyes, por...por tantas cosas que ya ni me acuerdo. -El aire rimbombante que empleaba denotaba cierto sacarcasmo- Y despues de tanta sangre derramada, al fin y al cabo, tampoco han cambiado tanto las cosas.- No quería explayarse sobre su opinión, tampoco importaba en tales momentos, pero no podía evitar dejar traslucir sus dudas de si tanto esfuerzo había servido para algo.No era ningún heroe, nunca lo pretendió. Pero siempre hablaban de justicia y libertad. Incluso el mismo arengó a sus hombres con palabras similares, pero ¿acaso eran verdad, o solo meros formulismos?. Tanto tiempo oyó aquellas insignias, que termino por creerselas. Tenía que engañarse así, la sangre que regaba las tierras tezhyrianas era la semilla de un mañana mejor. Tenía que serlo. Los malos eran los otros. Así había de ser. Sino, ¿que sentido tenía todo?. Ninguno. Es cierto, ahora se respira mejor. Ojala todo siga yendo a mejor en aquellas tierras y no sea solo un espejismo.

Hizo una mueca ironica, y continuo su disertación.

-Despues de la guerra, he formado parte de la milicia de Espolon de Zares. Hasta ahora...- Sonrió para si, y siguio escuchando los relatos de los demás. Parecía que por fin comenzaban a colaborar, a ser un grupo. Pero, ¿las cosas entre ellos iban a mejorar de verdad, o era solo un espejismo?

Avatar de Usuario
artemis2
Coordinador RO Geografía
Mensajes: 15837
Registrado: Jue Jul 14, 2005 4:53 pm
Ubicación: Oryndoll

Mensaje por artemis2 » Sab Feb 17, 2007 9:18 pm

Había llegado a un consenso, parecía imposible pero finalmente habíais decidido tomar una decisión respecto al poblado drider, iríais a hablar con ellos y que fuese lo que los dioses decidiesen. La estrategia se organizó rápido y con precisión una vez distribuisteis los grupos. Alanthir, Dueris y Volhm serian los que fuesen a hablar con aquellos monstruosos arácnidos, mientras que el resto se dispondrían de forma que pudiesen cubrir a sus compañeros sin terminar en una trampa.

Xandros y Pyradar, para sorpresa de todos, parecieron colaborar bien organizando un plan sencillo pero efectivo. Ellos dos, junto con Adrian, se colocarían en la retaguardia, ocultos y lo suficientemente lejos del grupo para no ser encontrados, pero con un camino despejado que les permitiría llegar de haber tortas. Por su parte Hardash se movería junto con Arshin haciéndose uno con las sombras y acercándose más hasta donde pudiesen cubrir al grupo y descubrir cualquier emboscada en la que quisiesen hacerles caer.

Los tres diplomáticos procedieron a alejarse del grupo una vez todo estuvo preparado, con potente y variada magia tejida por los magos sobre ellos. Era increíble como esa unión de individualidades incompatibles podía llegar a actuar cuando entraba en juego su profesionalidad y no sus personalidades.

- ¡Limmelia nommad ezhuum!- Comenzó a gritar repetidas veces Dueris, antes de llegar a la zona vigilada por los driders, en infracomún, usando una extendida frase usada por los comerciantes, y otros viajeros de la suboscuridad, que venia a decir “Nuestro pies simplemente vagan y nuestras manos no conocen armas.”

Mientras los tres diplomáticos seguían avanzando la confusión entre los driders parecía evidente. En la suboscuridad los encuentros no violentos entre distintas razas eran rarísimos, e inauditos en lo que se refería a los driders, una raza proscrita y cazada por todos. Incluso una flecha perdida llego a caer cerca del pie del enano, pero este no le hizo el menor caso al ver a un drider abroncando al que disparó. Al parecer sabían tan poco sobre que hacer con vosotros como vosotros con ellos.

Dueris comenzaba a impacientarse tras detenerse en el punto donde cayó la flecha varios minutos, iba a avanzar de nuevo como algo os hizo estremeceros y sentir frío, a pesar de que la temperatura no había variado lo más mínimo. Una fina neblina comenzó a condensarse a vuestro alrededor, y de repente más, y más. Centrándose en un punto y formando finalmente una figura humanoide que termino convirtiéndose en un humano. Alto, pálido, de fieros ojos verdes, con una arcaica túnica negra y un amuleto con el símbolo de Jergal por todo atuendo, y un burdo cayado de obsidiana por toda arma.

La discusión entre ambos representantes fue breve y bastante tensa, aunque tras unos minutos se alcanzo un acuerdo poco satisfactorio. Pero tras unos minutos, para sorpresa del resto del grupo y enfado de más de uno, los tres decidieron aceptar la invitación de aquel extraño humano para ser teleportados al interior de la ciudad. La espera fue tensa, Xandros y Adrian ya estaban empezando a pensar que igual no había que contener a Pyradar y lanzarse a por aquellos engendros cuando, un cuarto de hora después de aparecer, volvieron los diplomáticos seguidos por catorce enanos vapuleados pero en buen estado.

Por lo que podíais ver los driders no intentaron nada, pero por sus caras sentían tanta pena de dejaros marchar vivos como Pyradar de no darles maza, pero ambos grupos parecieron decidir que habrían más oportunidades, y desde luego no se desperdiciarían tan fácilmente.

Las explicaciones fueron cortas y concisas, aunque con varios improperios y comentarios por parte de Dueris sobre el humano que parecían bien propios del mismo Pyradar. Pero lo que teníais claro es que debíais daros la mayor prisa por volver, y aunque no lo hubieseis tenido los enanos os lo hubiesen recordado. A pesar de no fiaros de ese tipo estabais seguros de que os había dicho la verdad, y si los quaggots de aquí eran solo la retaguardia aquel ejercito debía de ser realmente una autentica amenaza para la Fortaleza de la Puerta del Enano.

Así pues os dirigisteis a toda velocidad volviendo sobre vuestros pasos. Habíais tardado 9 días en llegar aquí, pero ahora conocíais con precisión la ruta a seguir y Hardash y Arshin estaban seguros de que podrían ahorraros varios días. Según los cálculos que Dueris haría más adelante era mejor que estuviesen seguros por que apenas si llegaría comida para esa cantidad de días racionándola. Y los cálculos resultaron ciertos al punto. Tras siete días de apenas dormir y viajar sin que se permitiesen más que breves y espaciados descansos la comida ya empezaba a escasear a pesar de que el clérigo usaba gran parte de su magia en evitar el uso de las reservas. Tan solo os quedaban seis raciones, no las suficientes para sobrevivir otro día aunque las partieseis por la mitad.

- Alto ¿Oís eso?- Dijo Pyradar mirando hacia el techo y las paredes como si esperase verlas vibrar.- Combate, y uno importante.

Ninguno oíais nada, aunque no tuvisteis la oportunidad de indicarlo antes de que Hardash volviese y os informase de que un importante número de enanos estaba luchando contra varios cientos de quaggots.

- Mala cosa.- Indicó Xandros meditabundo.- Si se retiran va a ser a través nuestro y si vencen nos dejaran aislados con lo que lo tendremos aun peor, no podemos dar un rodeo en nuestras condiciones.

- Entonces estamos obligados a pasar a través de ellos.- Sentenció Pyradar mientras una sonrisa asomaba a su cansado rostro y acariciaba inconscientemente la cabeza de su maza.

No parecía haber otra opción así que una vez Arshin y Hardash os dieron una buena entrada hasta la caverna donde combatía cargasteis ablandando la retaguardia con magia y acero. El efecto fue tan rápido como sorprendente. Bastante bajos de moral los quaggots no vieron que eran apenas una veintena quienes les atacaban, y creyeron que un ejército les había flanqueado. Todo se convirtió en un caos y vuestro mayor problema a partir de ese momento fue permanecer en pie. En un momento determinado incluso tuvo que acudir Pyradar, aunque no sin pensárselo bien, a ayudar a la maga a levantarse, aunque no sin antes partir el espinazo a uno de aquellos humanoides, antes de que la horda la aplastara. Y resulto ser una suerte, puesto que el escudo de Pyradar bloqueo un mangual que ya descendía sobre la cabeza de esta.

- Maldita sea Korlum eres tan cegato como feo.- Murmuró el enano con el brazo evidentemente dolorido.

- ¿Pyradar? Maldita sea ¿Qué haces aquí muchacho?- Respondió el enano portador del mangual mientras despachaba a otro quaggot que se empeñaba en huir. Volhm sorprendida pensó que había cierto parecido casi familiar.

El enano resulto ser un Hacha de la Cruzada que dirigía a un grupo de soldados limpiando estos túneles. Una vez reunió a todos los supervivientes recibió el encargo del superior de la unidad, un Warbeard que parecía observar la matanza como si asistiese a una obra de arte, de llevaros al Fuerte para descansar y hablar con el nuevo Arthane. El escuchar esto os choco tanto como la respuesta que recibisteis, y que os hizo volver más decaídos si cabe. Aunque los enanos parecían tener cierta llama en los ojos, el orgullo enano era realmente algo realmente digno de las leyendas.

MJ: Os quedan seis raciones en total. El relato de Korlum podéis encontrarlo aquí: http://www.encrucijada.net/forum/viewto ... 2003#62003
Hacha y Warbeard son rangos militares enanos que podéis consultar en el tema de Trasfondo.
Las opiniones de este usuario, por increible que parezca, son opiniones, y como tales deben ser consideradas.

Is good to be bad.

Avatar de Usuario
Raelana
Coordinadora DL Geografía
Mensajes: 2324
Registrado: Vie Abr 08, 2005 12:39 am
Ubicación: Málaga
Contactar:

Mensaje por Raelana » Dom Feb 18, 2007 3:37 am

HARDASH


Los días pasaban lentos, muy lentos, allí abajo. Ni siquiera el aire parecía ser realmente aire y, a veces, se sorprendía pensando cómo podía estar respirándolo. Olía a humedad, a lugar cerrado, hasta el olor de los muelles de Calimport lo recordaba más agradable. Estar allí dentro era como estar dentro de una tumba.

Al menos podía moverse, avanzar. Alejarse del grupo que guíaba para que caminaran con seguridad entre aquellas peligrosas piedras. Los enanos también tenían un olor extraño. A sudor y sufrimiento. Hardash se preguntaba si su olor también habría cambiado después de todas las aventuras, si la barba de tres días o las ojeras le darían un aspecto diferente a su rostro. Llevaban ya varios días de viaje, de regreso, y aquella mañana dedicó sus breves momentos de descanso a asearse antes de continuar. Se afeitó y recortó su bigote hasta que adquirió la forma correcta. Se arregló el turbante, que parecía haber absorbido toda la humedad de la zona de tan apelmazado como estaba. Estaban en camino, regresaban, y ahora todo parecía más fácil.

La compañía de los enanos rescatados le parecía agradable. Escuchó los relatos de todos y se preguntó quién sería aquel misterioso humano que los había encarcelado. Por muy muerto que estuviera aquel no sería el lugar que Hardash elegiría como tumba, ni la compañía de driders sería la que buscaría. El misterioso drow los había llevado hasta alli, justo hasta su puerta, y se había desvanecido. ¿Qué relación había entre ellos? La casualidad no parecía tener nada que ver en todo este asunto, pero no era su mente la que debía dilucidarlo. Sus ideas no solían llegar a ningún lugar concreto y se perdían por el camino, los largos caminos que aún no había recorrido.

-Tranquilo, Laab, pronto saldremos de aquí -la misión tocaba a su fin, si es que no se comían entre ellos ante la falta de provisiones. No había proferido ni una sola queja ante el racionamiento de la comida, aunque tampoco podía evitar que su estómago rugiera a destiempo.

Se acercó a Arshin, la joven le había resultado muy útil en las tareas de exploracion, su compañía silenciosa hacía más agradables las horas de soledad en la vanguardia del grupo, ahora había llegado el momento de continuar un día más, un esfuerzo y habrían cumplido su misión.

-¡Ah! -exclamó-. Pronto saldremos de aquí. Me parecerá mentira ver el sol de nuevo. Seguro que estoy pálido como un tethyriano. Quizás vaya a pasar una temporada a tu tierra, Xandros, para no desentonar -comentó en tono jocoso.

Los dejó haciendo cálculos con las provisiones, prefería no saber cuanto le tocaría esta vez, intentó recordar cuanto podía aguantar un hombre sin comer, quizás los días suficientes, pero no iba a ser agradable. Se internó en la oscuridad y sus sentidos se pusieron en alerta, había oído algo, la tranquilidad se había acabado y volvían los problemas de nuevo. Alli estaban, una batalla en toda su intensidad. Volvió a informar a sus compañeros lo más rápidamente que pudo, no hicieron falta muchas discusiones. El camino estaba delante y hacia delante iban a continuar. Todo fue mejor de lo que podía esperarse. No sólo hicieron huir a los quargots, también encontraron a amigos de Pyradar. ¿Tendrían aquellos enanos comida para todos? Las cosas, por una vez, parecían ir bien.

Los amigos de Pyradar ofrecieron escolta para acompañarlos al campamento. Estaban tan cerca que casi parecia un sueño. Ahora sólo les quedaba informar, y despedirse, cada uno de ellos tenía unos deseos y un camino distinto que seguir. El ya sabía lo que iba a hacer. Buscar uno nuevo.

-Quizás algún día nos encontremos por Tethyr -le comentó a Xandros, mientras le estrechaba la mano-. Tengo familia allí, voy de vez en cuando.

-Maese Pyradar, maese Dueris, ha sido un placer viajar con vosotros, espero que los sueños de vuestro pueblo se hagan realidad y el nuevo imperio de Shanatar sea conocido muy pronto en todo Faerun.

-Maese Alanthir, Milady Volhm, Maese Adrian, mis mejores deseos en vuestros futuros viajes. Lástima no haber tenido tiempo de habernos conocido mejor.

Por último se volvió hacia Arshin, saludándola cariñosamente.

-Los senderos sin tu compañía serán más tristes. Espero que nos encontremos alguna vez, sé que lo haremos. Tymora nos será propicia -le murmuró al oído, hasta que la última palabra dejó paso a una sonrisa que tambien era triste.

-¡Qué Tymora os sonría a todos!
Mi blog: Escrito en Agua
Mi viddeoclip: Balamb Garden - The Ghost

Deberíamos dar gracias por los pequeños favores de la vida, como dijo el gnomo cuando se voló una mano cuando podría haberse volado la cabeza.


Asociación de Defensores de la Discípula Oscura y de Weis en Encrucijada (ADDOWE) Miembro nº 002

Avatar de Usuario
Iridal
Mensajes: 10950
Registrado: Vie Abr 08, 2005 10:38 am
Ubicación: En las nubes...
Contactar:

Mensaje por Iridal » Dom Feb 18, 2007 10:50 pm

VOLHM ILMARETH
29 de Kythorn, Reducto drider, Sondarr


Fueron hacia el asentamiento drider. Andando a las claras, sin ocultarse, con actitud confiada. Mostrar debilidad sería un error. Dueris gritó una formula de no agresión común en la Infraoscuridad. Volhm la anotó mentalmente, por si algún día necesitaba usarla. Y se dispuso a escuchar, a informar por el vínculo a Xandros, y sólo participar si Dueris necesitaba su apoyo. Ése era el protocolo halruano, al menos. Sería un terrible desliz interrumpir al portavoz.

Dueris les identificó como miembros de la Cruzada, en común e infracomún. Siguió andando autoritaria, confiadamente, incluso cuando una flecha cayó a sus pies. Volhm fue tras él, como era su deber, pero llegó un momento en que puso una mano encima del hombro del enano, en una muda súplica de prudencia. No obstante, Dueris no tenía intención de ser prudente. Al fin y al cabo, era un enano de pies a cabeza.

¡Y tanto que era enano! Volhm casi sonrió cuando él se presentó autoritariamente. Los driders les respondieron, con insulto incluido. Frunció los labios con desprecio. No se podía esperar que seres como aquellos supieran guardar las formas. Esperó, con las palabras del conjuro de teleportación en la punta de la lengua, las manos prestas para asir a sus dos compañeros si necesitaba pronunciarlo. Aquel momento era crítico. ¿Les atacarían… o se avendrían a parlamentar?

La temperatura descendió bruscamente. Volhm tiritó, estaba más acostumbrada al calor que al frío, y aquel extraño fenómeno la inquietaba. Una fina nube de vapor empezó a tomar forma delante de ellos, y Volhm olvidó sus intenciones de teleportarse; su mano se deslizó hacia uno de los pergaminos que tenía a su espalda.

Pero en ese momento la bruma conformó la figura de un hombre. Volhm permaneció impasible ante este despliegue de magia, como buena halruana, aunque su mente repasó brevemente cómo podía lograrse aquel fenómeno; siempre era útil saber a qué se enfrentaban. Le reconoció al instante. Era el humano que había visto aquella misma mañana por el conjuro de escudriñamiento. Portaba sobre el pecho un extraño símbolo, que Volhm no acabó de ubicar, por más que le parecía que debería ser capaz de hacerlo. Sus ojos se fijaron en el cayado que el hombre tenía en la mano, y sintió deseos de sintonizar su visión con la urdimbre, pero los reprimió. Aunque sabía que estaba fuera de lugar, y que no podría atañerse a él, el precepto de hospitalidad de su gente pesaba mucho en ella. Casi esperó oír pronunciar a Dueris el saludo tradicional. Venimos en paz y amistad y no obraremos magia alguna sin vuestro consentimiento.

-Bienhallados aquellos que se acojan a santuario –dijo el hombre, y Volhm se sorprendió ante aquella fórmula. No ajena a su cultura, pero… lamentablemente anticuada. Pasada de moda unos cuantos siglos. Tsk, desde que conocí a Alanthir el pasado parece más vivo que el presente. Le preguntó a sus compañeros a través del vínculo si sabían de qué se trataba el símbolo del hombre.

-Bienhallado a ti también, religioso entre hombres. –Dueris inclinó con respeto la cabeza-. ¿Comida y cerveza para el grupo? -¡Los enanos eran pintorescos con sus fórmulas de cortesía!

-Venimos en paz y amistad, y mientras se nos respete no obraremos magia alguna entre estas paredes –añadió Volhm cortés, con la formula protocolaria ritual, acompañada del pequeña inclinación de cabeza que indicaba que se consideraba un huésped, pero no alguien inferior, y el correspondiente gesto mostrando las manos vacías de todo componente de conjuro y objeto mágico. Hizo otro gesto en dirección al poblado, indicando a qué paredes se refería.

-Me temo que el momento de las cortesías aún no ha llegado. ¿Que hacéis aquí? Sed claros y sinceros con vuestra respuesta pues de ella dependen vuestras vidas –exigió el hombre. Volhm frunció el entrecejo ante aquella réplica tan directa.

-Las cortesías son la vaina de la espada, amigo –respondió atinadamente Dueris, aunque de forma un tanto exótica a los oídos de Volhm. Pero se relajó, esperando que Dueris encauzara la negociación alternando las palabras suaves con las afirmaciones tajantes propias de un diplomático experto.

Pero, naturalmente, no fue así. Dueris no sólo no usó aquella fórmula ajena a su pueblo, sino que abordó la cuestión con una actitud digna de Pyradar. ¡Por el Último Hechizo! Había oído hablar de la famosa diplomacia enana, naturalmente, pero sólo ahora acabó de entender el origen de las habladurías. Y se quedan cortas, pensó. No supo si reír o llorar. Comprendía la necesidad de presentar una posición fuerte, pero… no era bueno empezar avasallando. Volhm se forzó a permanecer callada, y quieta, mientras el portavoz hablaba. Al fin y al cabo, todavía confiaba en que Dueris supiera lo que estaba haciendo. Él conocía la Infraoscuridad; ella, apenas si había tenido algún contacto previo.

Sólo intervino para ayudar a Dueris puntualmente, reforzando su posición cuando el clérigo empezó a perder terreno ante las inteligentes y sarcásticas réplicas del humano, o para intentar aclarar circunstancias del apresamiento de los enanos. El diplomático rival negó tener autoridad, y afirmó ser sólo un intermediario y un consejero que aprendía de los driders. Y ante la pregunta de ella de qué podía aprender de aquellos arácnidos seres:

-A volver a vivir con alguien, a aceptar quien soy ahora y dejar quien fui, puesto que ellos han sufrido lo que yo sufrí hace tanto -respondió con una melancolía que parecía pesarle en el alma.

Con todo, Volhm tensó su delgado cuerpo cuando el diplomático rival declaró que se había asegurado de la sinceridad de la delegación con métodos mágicos. Aquél era un insulto muy grave para un halruano, una falta imperdonable. Y eso aunque, en realidad, no eran tantos los halruanos que resistirían la tentación de no caer en ella. Se forzó a no tomar aquello en cuenta. Aquel hombre no era halruano, se recordó. Los extranjeros eran así de bárbaros. No sabían lo que podía significar el poder mal empleado. Calma, calma, Volhm. ¡Y ella que se había abstenido de comprobar la magia que él tenía encima por simple cortesía! Libre de aquella obligación, no se privó de observar a aquel extraño bajo la luz de Mystra. Detectó en él un aura de ilusión, semejante a la del conjuro aura mágica. Interesante, pensó.

Lo que les contó aquel hombre impacientó a Volhm. Declaró que había detenido a los enanos debido a que éstos habían emboscado y descuartizado a uno de los driders, cosa que a Volhm, tras conocer a Pyradar, no le asombró. Quería hacer justicia, dijo el extraño, justicia Shoon. Los labios de Volhm se fruncieron ante aquella afirmación, pero calló, dejando la palabra a Dueris. Captó el retintín de la voz del enviado rival cuando afirmó que “algunos de vuestros magos os podrán informar de que los enanos están bien cuidados, hasta ahora”. Así que su escudriñamiento había sido detectado. Aunque no le asombraba, no realmente, y menos teniendo a aquel hombre delante de ella.

Luego dejó caer, un tanto perversamente, que la fortaleza de Aray Burakinae iba a ser atacada por los quaggoths. Volhm torció el gesto ante aquellas nuevas, pero ahora tenían otro asunto entre manos. Los problemas de uno en uno. Intentó ayudar a Dueris a presionar a aquel extraño que ya empezaba a acabar con su paciencia y su reserva de tolerancia ante las tonterías extranjeras.

-No temo a los enanos, halruana –dijo con desprecio, en respuesta a las palabras de ella, indicándole que retener a los enanos podía dar lugar a represalias de la Cruzada.

-Veo que reconocéis mi nacionalidad... ¿habéis tenido contactos con mi pueblo? –inquirió, con cierta sorpresa.

-Oh, sí claro. Me cazaron y me mataron hace siglos –fue la contestación del hombre. Volhm le miró con ojos entrecerrados.

El hombre siguió con su actitud ligeramente altanera, desdeñando la posibilidad de represalias por parte de la Cruzada. Podía ser un farol, pero la impresión que Volhm sacó de aquel hombre fue que confiaba plenamente en sus capacidades. ¿Tan seguro estás de tu Arte? Volhm le examinó con ojos entrecerrados. Aquella actitud era algo que ella entendía, era la común en su gente. Si no fuera por las maneras de aquel hombre, tan directas, y el bárbaro idioma que hablaba, casi creería que estaba conversando con un compatriota. “Por mi parte no temo lo que los reyezuelos de este siglo hayan preparado, simplemente lamento que se rompa mi tranquilidad”, fue su arrogante afirmación.

-Sólo soy un intermediario, los exiliados tan sólo confían en mí. Y sangre es el precio; sangre de todos los asesinos, que será derramada en justa correspondencia. Puesto que todos los enanos han confesado, todos pagarán -fue su tajante sentencia. Volhm esperó a que aquella farsa terminara, no iban a conseguir nada. Era tiempo perdido. Mucho temes por tu tranquilidad, pero la rompes arriesgándote a tener altercados con la Cruzada. Pero entonces el hombre añadió algo que la enervó aún más-: No suelo ser imparcial con los hijos de Halruaa

Imparcialidad te iba a dar yo si no fuéramos tus huéspedes ahora, pensó ella, fastidiada.

-Tus prisioneros no son de Halruaa, ¿qué tienen que ver ellos con Halruaa? -contestó ella exasperada, olvidando el protocolo.

-Me temo que me confundís. –El extranjero hablaba en respuesta a las afirmaciones de Dueris-. No sigo al Juez de los Muertos más que como devoto. Mis disciplinas son arcanas. –Aquello no asombró a Volhm, estaba acostumbrada a encontrar la serena prepotencia de aquel hombre entre magos, no entre clérigos, que en Halruaa siempre estaban supeditados a los magos-. Y mis conocimientos son del tipo que Halruaa prefiere sellar con acero candente… en las entrañas de uno, por supuesto.

¡Otro hereje! ¡Por el viento y la palabra, que aquello ya era increíble! ¿Un exiliado?, se preguntó ella. Había una diferencia abismal entre el comportamiento de aquel hombre y las formas halruanas, pero el fondo era sospechosamente semejante, desde su actitud, hasta algunas de sus fórmulas, como el saludo con que les había recibido. Pero quizá no lo fuera, nada de aquello era concluyente.

La negociación, o el intento de ésta, prosiguió. Ahora Dueris simplemente intentaba hablar con los suyos, no conseguir su liberación. Volhm se sintió cansada, realmente no quería presenciar una despedida semejante. El mago siguió afirmando su condición de intermediario, reconoció el linaje de Alanthir por más que estaba tan perdido en el tiempo que eso resultaba sorprendente, y afirmó haber dejado atrás a amigos y enemigos tiempo atrás. A juzgar de cómo hablaba de los halruanos, Volhm no creyó aquella afirmación.

-No se puede negar la última voluntad a los que luchan por una causa –adujo Alanthir, presionando él también.

-Oh, en esta vida todo se puede negar, incluso el reposo final. Aunque de eso podrá hablaros más la señorita –respondió el hombre, otra puñalada que dolió a Volhm. ¡Tantas alusiones a lo que le había hecho Halruaa! ¡Pues explícate, que mis dotes de adivinación son limitadas! Se mordió la lengua para no replicar, puesto que el mago cedió al fin-. Bien, dadme la mano quienes decidáis venir. Pero una advertencia. Desenvainad un arma, lanzad un conjuro, y yo mismo os haré lo que los halruanos me hicieron.

-Vuestras palabras me intrigan, constantemente estáis aludiendo a lo que os hizo mi gente. ¿Qué fue exactamente, y cuándo? Y… ¿por qué? Aunque en términos generales creo que puedo imaginarme esto último. –Esta vez no pudo reprimirse, bastante le había costado hacerlo hasta el momento. Aun así dudó un momento, pues le parecía que aquella pregunta pudiera no ser bien recibida ni ser la más adecuada para un intercambio diplomático. Pero, dado el curso de la conversación, era de suponer que pocas cosas podían estropearla más.

La sonrisa del extraño fue cambiando a algo más bestial, de forma sutil, pero cuando mostró aquellos colmillos suyos parecía que fuese a lanzarse sobre la maga sin esperar un instante.

-Me quitaron todo lo que me quedaba, todo lo que era, destruyeron mi nombre enterraron mi trabajo, me destruyeron a mí y por último me sepultaron para la eternidad -dijo el mago, mientras se relajaba al ver que los driders parecían dispuestos a lanzarse sobre ellos al siguiente grito-. ¿Y todo por qué? Por tener éxito en destruir a nuestros enemigos. –Aquello no aclaró nada a Volhm que no hubiera supuesto a aquellas alturas. Pero él zanjó aquel tema bruscamente-. Preguntad a vuestros inquisidores, si es que aceptan decíroslo -añadió finalmente con una sonrisa malévola, como si conociese una respuesta divertida, y alargando la mano para que ellos la tocasen. Volhm frunció el ceño y llevó su propia mano al símbolo de la Dama en un gesto arrogante. A este juego podemos jugar dos.

-Lo haré -declaró ella, y se quedó mirando cómo sus compañeros aceptaban la hospitalidad y las palabras del hombre, y ponían una de sus manos sobre la del hombre. Volhm titubeó, reacia a dejarse transportar por el conjuro de un enemigo, de un mago que había confesado que sus prácticas arcanas habían sido merecedoras del más terrible castigo que podía imponer Halruaa. Le parecía detectar burla en los ojos de él, seguramente era muy consciente de lo que le costaba a ella tomar aquella decisión. Tal vez también era consciente de que no podía hacer otra cosa, ligada por las cadenas del deber hacia sus compañeros. Empiezo a odiarte, hereje. Sintió la petición de Alanthir por el vínculo: Milady, sería necesario que vinierais. Volhm le miró brevemente, atrapada entre el yunque de la tradición y de la prudencia, y el martillo de la lealtad. Pero finalmente, aunque no sin reticencia, alargó la mano, preparada para contraconjurar el hechizo si la voz del mago se deslizaba a cualquier pauta que no fuera la de un hechizo de teletransporte.

-Se me dan bien los nombres. –El mago contestaba a Alanthir, ajeno a los dilemas de ella-. Y el mío es Verdron, Verdron Akhlaur.

Aquel nombre fue peor que una descarga eléctrica. Instintivamente, Volhm retiró su mano, y se quedó mirando al desconocido con sobresalto.

-¿Akhlaur? –Con voz tensa-. ¿Alguna relación con Akhlaur el nigromante? –No había necesidad de añadir más, todo mago en Halruaa sabía a quién se refería esa denominación.

-¿La hay? Ni yo mismo lo sé, es como si fuese otra vida que tan sólo recuerdo emborronada en pesadillas -dijo como lidiando con una parte especialmente dolorosa de la memoria.

-Pues habéis escogido como denominación de linaje o mecenazgo a uno de los nombres más infames que hubierais podido elegir, es difícil que eso pueda olvidarse –replicó Volhm con amargura. Pero posó su mano sobre la del mago, esta vez con decisión y un deje de reto. Un compatriota. Veremos si respetas las normas de hospitalidad. Sin embargo, el dolor del hombre despertó en ella cierta compasión; pero no comprensión. Si había sido castigado, sería porque se lo merecía. La justicia halruana era dura, pero siempre validada por comprobaciones mágicas para impedir que los inocentes sufrieran.

Verdron les trasladó junto a la jaula de los enanos. Volhm contempló la despedida de éstos, y a Dueris brindando consuelo y recogiendo mensajes para las familias de aquellos infortunados. Se sintió enojada. Aquello era cruel. Era indigno. Y patético, también. Miró con furia a Verdron. Apenas se dio cuenta de que los enanos decían no haber conocido a Ambert. Estaba centrada en el nuevo hereje, para ella ahora mucho más inquietante que Alanthir.

Entonces Verdron hizo un gesto, y los barrotes que confinaban a los prisioneros enanos se desplegaron dejando una abertura. Volhm hizo un gesto de sorpresa. ¿Les liberaba? ¿Qué clase de truco era aquél?

-Hoy os lleváis a vuestros muertos con vida, pero si vuelven vuestros reyezuelos a atacar a mis protegidos os devolveré cadáveres en tal cantidad como no se ha visto desde la muerte de mi padre. -¿Su padre? ¿Era Akhlaur su padre? ¡Por las siete estrellas de la Dama! Espero que no quieras decir eso, mago-. Y como bien os podrá decir esta damisela cuando consulte sus registros, tengo secretos bien capaces de ello.

Dueris y Alanthir le agradecieron el gesto. Ella calló, airada, preocupada, incapaz de decidir cómo reaccionar. Sin embargo, la despedida de Dueris fue típicamente enana: tan contundente como el martillo de Pyradar. Aquello la satisfizo oscuramente.

-El conocimiento trae consigo responsabilidad –le recordó a Verdron, firmemente, cansada de que él le hiciera alusiones que ella no entendía. Halruaa es inclemente, pero justa, recuérdalo. No eches las culpas a otros de tus propios errores. Pero pese a todo se despidió formalmente, inclinación incluida-: Ojalá podáis caminar bajo la luz de la magia. Que la Dama sonría vuestro Arte. –Si eres merecedor de ello, claro está-. Gracias por vuestra generosidad. –Por poco que le gustara reconocerlo.

Marcharon. Los enanos se pusieron a trepar como buenamente pudieron por las toscas murallas que cercaban el poblado. Pero ella ya había recibido humillaciones suficientes para aquel día. Sólo de imaginarse trepando torpemente, y resbalando y volviendo a caer al suelo, las manos despellejadas, ante todos aquellos driders y Verdron, se enojó. ¡Ella era Volhm de Halruaa, y por Mystra que no iba a hacer el ridículo de esa forma! Contempló a Dueris, feliz de afrontar aquel reto junto a sus compatriotas, y se encogió de hombros. Los enanos eran una piña, pensó. Se volvió hacia Alanthir.

-Voy a salir de aquí dignamente, no arrastrándome como un gusano ni trepando como un mono. –Tendió la mano-. Milord, podéis venir conmigo, o escalar ese muro, como prefiráis. -Y pronunció las palabras del conjuro de teletransporte.


Del 29 de Kythorn al 6 de Flamerule

Volvieron a la fortaleza enana, urgía avisar del ataque quaggoth. Un día tras otro, Volhm intentó hacerlo anticipadamente empleando su magia. Un día tras otro, sus intentos fallaron. No le sorprendió aquello, por más que la frustrara totalmente. El campamento halruano estaba bien protegido contra magia de adivinación; intentos más diestros que los suyos probablemente hubieran fracasado también. De modo que se resignó a intentarlo inútilmente un día tras otro, y a llenar el resto del tiempo con una marcha enérgica y muchos silencios. Ya no se sentía con ganas de sonsacar a Alanthir; el encuentro con Verdron –Verdron que no Akhlaur, sólo había para ella un Akhlaur, ningún otro podría compararse a ése-, la había perturbado más de lo que hubiera querido reconocer.

Finalmente, casi llegaron a su destino. Cansados, algo hambrientos, y tensos. Descubrieron que Verdron no había mentido, había una batalla allí con tintes de ser bastante cruda. Cómo no, Pyradar les instó a meterse en ella de cabeza. Y eso hicieron, sorprendiendo al ejército enemigo por un flanco, y encajonándolo contra los defensores aliados. La clase de batalla que ella odiaba, sucia, confusa, en la que se veía obligada a mezclarse con los combatientes cuerpo a cuerpo, arriesgándose así a recibir un serio ataque por uno de éstos.

Y eso sucedió. En los vaivenes de la batalla, distraída tras acabar de formular un conjuro, fue empujada y cayó al suelo. Indefensa, vio cómo una bola erizada de pinchos se abatía sobre su cabeza. Cerró los ojos instintivamente. Hubo un choque por encima de su cabeza, como de metal contra metal. Volhm rodó instintivamente para salir de debajo de la trayectoria de aquella mortal esfera, y sintió que una mano ruda la ayudaba a incorporarse. Miró sorprendida a su salvador… Pyradar.

-Muchas gracias, Pyradar. Que Mystra te bendiga hoy –dijo, y se puso detrás de él, dispuesta a seguir combatiendo. Pero Pyradar parecía haber encontrado a un amigo-. ¿Quieres decir que he estado a punto de morir por una mano aliada, cuando hemos sobrevivido a toda una horda de enemigos? ¡Por el Señor y la Dama!

El nuevo amigo de Pyradar organizó la situación, y les contó lo que había pasado en su ausencia. Volhm se sintió aún más cansada al escuchar las nuevas. Así que se dispusieron a seguir hasta la fortaleza y acudir ante el arthane. Pero, antes, Hardash se despidió. Volhm enarcó las cejas, algo sorprendida de aquella marcha.

-Que tus caminos sean venturosos, Hardash –le dijo, con una sonrisa-. Tal vez algún día podamos volvernos a ver e intercambiar unas cuantas pullas más. Que nos hemos quedado con las ganas de terminar con las que habíamos empezado. –Le guiñó un ojo.


MJ: Zait, considera que toda la conversación te la hemos transmitido por el vínculo. Los incluidos en el vinculo éramos los "diplomáticos" (atención a las comillas, porque tela xD) y Xandros.
Última edición por Iridal el Mar Feb 27, 2007 10:04 pm, editado 2 veces en total.
Proyecto Eberron en Nación Rolera
Mundo persistente para partidas de D&D por foro
¿Quieres jugar? ¿Quieres dirigir? ¡Apúntate!


Toda la gloria de la mortalidad se refleja en el vuelo de un dragón, cuya belleza está hecha de la fuerza terrible, el delirio absoluto y la gloria de la razón

Avatar de Usuario
Raelana
Coordinadora DL Geografía
Mensajes: 2324
Registrado: Vie Abr 08, 2005 12:39 am
Ubicación: Málaga
Contactar:

Mensaje por Raelana » Dom Feb 18, 2007 11:48 pm

HARDASH

Volhm le había guiñado un ojo. Desde luego. Estaba seguro de ello. Lo había visto. ¿Qué había querido decir con intercambiar pullas? Si él había sido amable y educado durante todo el viaje. La maga parecía imaginar cosas que sólo estaban en su cabeza. No tenía un espejo a mano pero Hardash sabía que su aspecto no era el más agradable después del viaje. Estaba sucio, su bigote parecía más ralo e incluso Laab parecía haber adelgazado bajo su recio caparazón. Había esperado que los sentimientos de la maga fueran un simple enamoramiento pero no esperaba que hasta en la despedida siguiera coqueteando con él.

-Será un placer volver a veros, milady -le dijo con cortesía-. E invitaros a esa cena que tenemos pendiente, pero sé que no dejariáis vuestras obligaciones para que un cansado viajero como yo disfrute de vuestra compañía. Vuestra misión es más importante que mi placer así que no os entretendré. Que vuestra diosa os colme de favores.

Hardash se inclinó leventemente y sonrió a la maga, recordando algun momento en que quizás había sido descortés. Lo lamentó. Ya debía ser bastante duro no saber cocinar para que él se lo estuviera recordando continuamente. Se mordió la lengua antes de volver a decir nada incoveniente.
Mi blog: Escrito en Agua
Mi viddeoclip: Balamb Garden - The Ghost

Deberíamos dar gracias por los pequeños favores de la vida, como dijo el gnomo cuando se voló una mano cuando podría haberse volado la cabeza.


Asociación de Defensores de la Discípula Oscura y de Weis en Encrucijada (ADDOWE) Miembro nº 002

Avatar de Usuario
Larloch
Miembro del Círculo Interior
Mensajes: 18586
Registrado: Mié Abr 06, 2005 10:33 pm
Ubicación: Entre Netheril y la Roma clásica

Mensaje por Larloch » Jue Feb 22, 2007 12:18 am

ALANTHIR

Lograron coordinarse entre todos para ir a hablar con los driders. Era la única solución que le parecía lógica y viable. Un ataque era un suicidio y si el hombre que había en el campamento había sido capaz de detecta los conjuros de Volhm, un rescate a hurtadillas sería muy complicado. Era su única salida pensó con cierta resignación.

Mientras el resto del grupo se preparaba empezó a lanzar diversos conjuros, debían de estar preparados contra cualquier peligro o acción que pudieran llevar a cabo los driders. Por lo que había visto parecían astutos. Era mejor ir prevenidos y más si la cosa no salía bien, entonces tendrían que salir rápido de ahí. Sabía que iba porque podía proporcionar cierta cobertura para una huida. Era una función vital si tenían que retirarse con lo que elevó una pequeña plegaria a Shar para recibir su bendición. La necesitarían.

Caminó con tranquilidad, no porque confiará en lo que se iban a encontrar, si no por el plan que parecía estar bien preparado. Una adecuada planificación era la clave de cualquier victoria. Confiaba que este fuera su caso.

Le sorprendió el cambio que pareció experimentar Dueris, por un momento pensó en que se habían traído como diplomático a Pyradar, esa no era la forma en como los diplomáticos de la ciudad hubiesen tratado el asunto. Aunque quizá en la Infraoscuridad un gesto como el de Dueris tenía más efecto. Confiaba en él, era el diplomático del grupo el que sabía moverse en esas situaciones.

De repente una bruma empezó a materializarse, aquello no pintaba bien, empezó a mirar a su alrededor, controlando a los driders, no esperaba nada bueno de lo que podían encontrarse y si tenían que salir con rapidez más valía prepararse rápido. Sin embargo, el hombre que apareció ante ellos ¡llevaba un amuleto con el símbolo de Jergal! Aquello le sorprendió no pensaba que Jergal siguiera existiendo como dios, por lo que había oído muchos aspectos que antes vinculaba a él ahora parecían estar asociados a otros dioses que le sonaban extraños.

Escuchó la pregunta de Volhm sobre el hombre, lo cierto es que si que conocía ese simbolo, era una deidad de la que había oído hablar en numerosas ocasiones: Jergal, el señor de la muerte, los muertos y los no muertos.

Sí que lo conozco, el símbolo representa a Jergal, el Señor del Fin de Todas las Cosas. En Netheril gozaba de mucha predicación.

Se inclino con deferencia hacía el extraño que había hecho acto de aparición, debía de se un clérigo por la forma en como lucía el símbolo y si no, nunca estaba de más mostrar educación en una negociación y más viendo como parecía estar planteándola Dueris.

Lo cierto es que le parecía una negociación extraña, por un lado la acusación que pesaba sobre los enanos, por otro lado la insistencia de Dueris en que solo los enanos podían ser juzgados por enanos le parecía que no conducía a nada.

No podía negar que entendía a Dueris y que cada vez que Dueris expresaba que Shanatar era enano no podía más que darle la razón. Le entendía y compartía su opinión, a él le pasaba lo mismo, el Anauroch era netherino y cualquier otra cosa era impensable. No tenía dudas en ese aspecto, pero en la situación en la que se encontraban le parecía un mal punto para empezar a negociar.

La negociación avanzaba cada vez de forma más lenta, especialmente cuando Volhm pareció atraer la atención del mago. Lo cierto es que era lo último que necesitaban. Sabía que la maga era capaz de comportarse en el momento dado, pero parecía que el mago tenía intención de ver hasta cuando resistía. Había que intentar reconducir el tema de nuevo, quizá era más lento y farragoso, pero no creía que centrar la discusión en un intercambio de comentarios entre Volhm y el mago fuera beneficioso, ni para ellos ni para los enanos.

- Servidor del Protector del Nombre de los muertos nombrad un precio que pudiera salvar a los enanos.- Dudaba que tuviera éxito donde Dueris parecía haber fallado, pero era necesario volver al tema que les ocupaba.

Poco éxito tuvo pues parecía que el tema estaba en un punto muerto, de repente, pareció cambiar de opinión y les dejo recoger las últimas voluntades de los enanos. No era mucho pensó, pero algo se podía hacer por los combatientes. Era lo mínimo. Y aunque fuese una victoria mínima, era mucho más de lo que había esperado de obtener al ver como iba la discusión.

- Milord, agradecemos este favor, la casa Nthalar os agradece vuestra deferencia.

Sin embargo, Dueris lanzó una amenaza clara, las anteriores solo habían sido veladas pensó para si mismo. Cuando el mago le respondió se dio cuenta que no se había presentado.

- Cierto, perdonad mis modales, me presento Alanthir Nthalar

Lo que le resultó curioso fue su comentario sobre el dramaturgo de un imperio caído, ¿sabría de su ascendencia? Aquello lo intrigó mucho, alguien que podía conocer tanto de la historia de su familia, teóricamente desconocidas para cualquier persona de la actualidad era algo, era alguien que podía ser interesante de sondear. Podía sacar información sin dudarlo.

- Milord, debo de reconocer que tenéis un buen ojo para los apellidos, una lastima estas circunstancias, hubiese sido interesante hablar con vos en otras circunstancias

Con un gesto rápido se unió a Dueris para ser teleportado, con una mirada rápida miro a Volhm. Sabía que la maga debía de estar colérica, sus palabras no habían ocultado sus emociones del todo a pesar de su excelente corrección, lo mismo que Dueris. Parecía mostrar reticencias a acompañarlos.

Milady, sería necesario que vinierais.

Sabía que el deber se impondría, la maga en muchas cosas se parecía a él, y el concepto del deber era quizá la más clara de todas.

La siguiente escena le transmitió pena y respeto. Sabía que ver como morían compatriotas no era fácil, pero lo que tenía que hacer Dueris era mucho más duro, era quebrar las esperanzas de los enanos. Se compadeció del enano y conforme lo miraba le parecía que cada vez que hablaba con uno de ellos envejecía más. Dirigió una plegaria a Shar para que ayudará a aquellos guerreros o que su fin fuera rápido.

Volvió a mirar brevemente a Dueris y se apartó de los enanos, era algo íntimo, algo en lo que no hacia más que estorbar y por eso se situó al margen y guardó un respetuoso silencio.

Al igual que Dueris y los enanos escuchó las palabras sobre la horda quaggoth con sorpresa y con una cierta intranquilidad, en estos momentos se hallaban aislados y separados de su base por una enorme horda de monstruos. Miró con cierta preocupación a Dueris, no pretendía importunarle en un momento en el que se encontraba, pero cada segundo contaba.

Si lo primero había sido una sorpresa, el momento en que libero a los enanos lo fue aún mayor. Toda la negociación previa, el constante forcejeo verbal había parecido tan inútil, y de repente había accedido. Lo cierto es que le quitó un peso de encima.

- Milord, la Ciudad honra vuestro gesto.- dijo mientras hacía una reverencia.

Detrás de él los enanos ya empezaban a moverse y a salir de la fortaleza de las driders suspiró en cierta forma aliviado. Había salido demasiado bien para lo que le había hecho temer toda la discusión que habían tenido antes. Detrás suyo escuchó las palabras de Volhm y dedicándole una fugaz mirada al mago le contestó:

- Será un placer acompañaros milady.- Y justo antes de desaparecer.- Un gesto noble milord, será recordado.

Del 29 de Kythorn al 6 de Flamerule

La sensación que invadía al grupo era difícil de definir, era una amalgama de sensaciones: miedo, impotencia y prisa, especialmente prisa. Las noticias de Vedron habían alterado el ritmo del grupo. Ahora avanzaban con rapidez por los túneles, intentando alcanzar cuanto antes el campamento para intentar avisarles de lo que se les venía encima. Dudaba que llegasen a tiempo, pero no culpaba al resto por intentarlo, fuese lo que fuese lo que había puesto en marcha semejante horda era un peligro.

De repente se encontraron en mitad de una batalla. Ya había conocido la sensación de encontrarse en una batalla indeseada de bruces. Caos, caos y más caos era la mejor forma de definirlo. Dio un paso hacía atrás mientras el resto de sus compañeros cargaban con fuerza. Su lugar no era en medio del tumulto. Pero apenas pensó eso cuando los quaggoths emprendieron una huida desordenada, con rapidez se apartó, no pensaba acabar aplastado por esos brutos descerebrados.

El relato del enano le pareció fascinante como el sacrificio de Dagnit. Los enanos siempre le habían parecido un pueblo digno de respeto, pero aquél relato conseguía hacer medrar en él un mayor respeto aún hacía ellos.

Se inclinó levemente en señal de respeto hacía los 300 soldados que habían sacrificado su vida para la Cruzada mientras el enano les contaba la heroica lucha que habían llevado a cabo. Era lo menos que se merecían, un sacrificio así en la Ciudad se hubiese honrado con igual respeto y los soldados hubiesen sido recibido los mismos honores que había recibido su hermano.

Recibió la despedida con cierto pesar, el explorador le hacía sonreír cuando hacía enfadar a la maga, además de haber demostrado sus talentos y habilidades en diversas ocasiones. Con una reverencia le dijo:

- Que los hados os sean propicios milord, ha sido un placer viajar con vos estos días.

Con el resto se encamino hacía el campamento mientras pensaba todo lo que había oído. Sin embargo, la perspectiva de encontrarse de nuevo en el campamento podía permitirle corregir ciertas notas y darles la formalidad requerida y enviarlas hacia la Ciudad.

Ya había hablado con su hermana como gestionaría esas cartas, usar magia en un campamento con tantos magos hubiese sido un suicidio, con lo que con ella había creado una pequeña red de agentes que le ayudarían a hacer llegar sus informes y cartas a la ciudad.

Había tantos aspectos que tenía que resaltar en sus informes, el más importante era sin duda las recientes noticias que había recibido. La situación de la Cruzada o la aparición de la horda quaggoth era algo que los Príncipes encontrarían interesante y útil. Sin embargo, lo que le preocupó más era el hecho de que de repente la Cruzada había quedado muy vulnerable, sería ese el momento en que los phaerimm escogerían para revelarse y atacar a la Cruzada?

Miró brevemente a Volhm, de confirmarse la aparición de los phaerimm los Príncipes actuarían sin dudarlo, ¿pero los aceptarían los halrueianos? La situación que se generaría posiblemente los consumiría a ambos grupos y los phaerimm podrían sacar ventaja de ello sin dudarlo. Confiaba en que una situación así no tuviera lugar...
Recopilación en proceso: Mi versión de la ciudad drow de Eryndlyn.

Ultima recopilación de información: La ciudad calishita de Almraiven

"El poder tiene su propia belleza. Quizá la más bella combinación de potencia y gracia entre las criaturas mortales de Toril sea la de un dragon." Sammaster, Tomo del Dragón

Avatar de Usuario
roler
Mensajes: 114
Registrado: Jue Abr 27, 2006 10:11 pm
Ubicación: Al ladito de Fzoul
Contactar:

Mensaje por roler » Jue Feb 22, 2007 2:33 am

La moneda, blasonada con el gesto burlón del Príncipe Mercader, cayó sobre la mano enguantada del clérigo. Dueris la miró, expectante; cuando el metal candente atravesó la piel de grifo de sus guantes sintió el calor, que llegaba hasta el hueso. Horrorizado intentó evitar que el metal perforase su carne, pero era demasiado tarde. Suplicó perdón... y en ese momento se despertó.

Entre sudores fríos que aún le recorrían la espalda, se incorporó un poco agitado. Observó al resto de la Compañía, que se afanaban en buscar comodidad en aquel recinto sagrado que honraba al Guardían de los Secretos Bajo la Montaña. La mayoría dormitaba, cansados de la trepidante carrera que los había llevado allí. Pyradar que limpiaba su maza con la parsimonia propia de un padre cuidando a su bebé, le hizo un gesto de saludo desde el otro lado de la estancia. Dueris lo correspondió con una reverencia y se acercó al fuego a comer algo. Le agradó ver como en el enorme banco pétreo. tallado con la hábil mano de un maestro pedrero de Sondarr, dándole el ángulo preciso a la roca para que fuese cómoda, se reclinaban Alanthir y Volhm, que hablaban encadenando más frases seguidas de las que habían intercambiado en el resto del viaje. Dueris prefirió no interrumpirlos y sonrió para sus adentros. Hoy sí que parecían una gran familia, un clan. Ese concepto era tan importante para los enanos que la mayoría de ellos consideraban al resto de razas despegados para con sus congéneres. El clérigo sabía que no era exactamente así: el alma humana, por ejemplo, era voluble como la llama de un candil, buscando siempre escapar, demostrarse cosas a sí misma y a los demás. La del enano era como el yunque, resistiendo los golpes, pero imperturbable hasta un inevitable destino que ya estaba marcado antes de nacer. Bueno, la de casi todos los enanos.
Dueris aún no tenía claro el suyo.
Y sin embargo, allí estaban todos juntos: luchando por el bien de la Cruzada, intentando devolver un poco de luz a aquellos túneles tanto tiempo atrás sellados.

Tocó la piedra con la mano, orando en un susurro y dando gracias a los dioses por permitirle estar allí. Algún día aquel templo volvería a estar ocupado por sacerdotes de Dumathoin. Algún día...
Vió a Hardash y Arshin que dormían plácidamente. Lo cierto es que les había explicado unas horas antes todo el panteón enano ¡Cualquiera no se dormiría!. Pensaba que había sido ameno, e incluso había usado "fantasmagorías", ilusiones, para contarles la historia del taimado Padre de la Montaña y de sus esfuerzos por agradar a Moradin. Esas licencias no se tomaban ni con los jóvenes imberbes enanos. La religión era una cosa demasiado seria en la sociedad de Terracor (y suponía que en otros asentamientos del Pueblo enano) para hacer chanza de ella; pero Dueris había viajado más veces con humanos y sabía que les gustaba la parte teatral y las leyendas más que los linajes y doctrinas. Xandros había abandonado pronto el espectáculo, pero el resto se había quedado, e incluso se habían reído. Eso alegró el corazón del clérigo, pues sabía que cuando el rostro sonríe también lo hace el alma... y les hacía falta a aquellos hombres y mujeres.

El resto del tiempo lo pasó con Pyradar, examinando el pequeño habitáculo para el sacerdote y también las enormes estatuas, guardianas de antaño, representantes del Padre de los enanos y que les habían salvado la vida unas horas antes. Dueris y el joven soldado se lo agradecieron con una queda plegaria. Eran enormes, las más grandes que había visto nunca... ¿y todo para guardar aquel pequeño templo? Había pensado en llevarse la reliquia, que no aparecía documentada en ningún registro, como ofrenda para el Consejo o para Dagnit. Suponía que elevaría la moral de las tropas... pero su sueño había sido premonitorio. Símplemente se limitó a dibujar y tomar buena cuenta del símbolo sagrado para informar a los dumathoinos una vez llegasen a la superficie.
Le gustó estar con el Crownshield. Se olvidaron del común y hablaron (no mucho, todo había que decirlo) en su lengua materna. Dueris veía que el vínculo que se había perdido entre ambos estaba comenzando a recuperarse como el barro que se endurece con el fuego.

Luego echó un vistazo a las heridas de Adrian y Xandros, que cocinaba un oloroso guiso, y fue, como era costumbre en él cada noche, hablando un poco con cada miembro de la Compañía. Se sentía como el eslabón que unía aquella cadena de gente con objetivos tan diferentes. Notó un poco preocupado a Hardash. Se afanaba en arreglar su turbante que había sido presa de la humedad que imperaba en las grutas. Dueris se acercó y le pidió permiso para ayudarle a doblarlo. Mientras tanto musitó una plegaria con la que el trozo de tela volvería a estar como el primer día, limpio y reparado. Luego intentó seguir durmiendo un poco. Era la primera vez que se sentía seguro, bajo la atenta mirada de los Moradinsamman.
Sin embargo no podía quitarse de la cabeza la misión "diplomática" que debería emprender en breve. Se había ofrecido como portavoz del grupo, no sólo por su veteranía en negociaciones y relaciones con otros pueblos, sino porque había consenso, por una vez, para que él lo fuera. Un picor extraño le recorría la corta barba ¿serían nervios? Era tan delicada la situación que probablemente lo fueran. Si cerraba los ojos veía los cadáveres de los enanos que habían dejado atrás, y aún guiándose sólo por la descripción de Arshin, veía los rostros de la compañía enjaulada, esperando su destino. No quería fallarles. El Zorro Oscuro no podía dejar en la estacada a aquellos camaradas; por eso propuso demostrar una posición fuerte, aunque sabía que era su interlocutor el que la poseía. Realmente no tenía nada a que aferrarse. En una negociación, fuese en los términos que fuese, siempre había que ceder y otorgar.
Por desgracia Dueris no tenía nada con que otorgar... y no podía ceder. A lo único a lo que podían apelar era a la compasión o la debilidad del otro negociante, pues la presión que la Compañía podía ejercer era mínima, inexistente. Sólo podía apelar a la raza, a su coraje. En realidad era un negociador vendido. Pero eso no iba a dejar que lo notasen sus compañeros. Los magos, Volhm y Alanthir, se habían opuesto a su idea de ir sólo o de disfrazarse como enanos. Les comía por dentro la curiosidad de ver quien era ese arcanista que gobernaba sobre los engendros hombre-araña. Pasase lo que pasase, Dueris haría honor a sus títulos y demostraría su valía. Era diplomático, sí, pero ante todo era enano, heredero de pleno derecho de aquellas tierras que profanaban otras criaturas. Volhm, con demagogia, le había preguntado si valía más su desprecio a las otras criaturas que la vida de sus congéneres.
Cortesmente le dijo que no... pero no lo tenía tan claro. Los enanos se regocijarían si viesen morir al hechicero que los había atrapado aunque eso les costase la vida. Agarró la espada corta, y la puso bien visible en el cinturón. Luego, con delicadeza preparó sus ropas y se desprendió de su capa negra. Su cota de mithril, sus anillos de rubíes y esmeraldas, y su espada, brillaban con una luz que era casi obscena en aquel reducto del dios enano de los muertos. Oró a Vergadain para que estuviese a su lado y se dirigió al frente de la embajada, con gesto ceñudo.
Esperaba que sus dos acompañantes le cediesen el terreno, así que avanzó con firmeza, procurando impresionar a los driders. De todos modos, gritó varias veces la fórmula cortés con la que se dirigían los comerciantes a los futuros compradores en la Suboscuridad.

Cuando una oscura flecha cayó silbando cerca de sus pies, el rostro de Dueris se encendió de rabia, pues esa era una ofensa para cualquier delegación de paz. Si se mostraban temerosos ahora perderían la baza del poder. Aquellas criaturas les imprecaban desde las sombras, llamándolos escoria. No eran dignos de parlamento, por lo que con voz firme reclamó que alguien con rango se dignase a hablar con los envíados de la Cruzada. Acompañó sus palabras con insultos y desdén, pues las drañas no se merecían otra cosa y parecía que no entendiesen más idioma que aquel.
Sintió la mano de Volhm en el hombro, pero la ignoró. Había que seguir... ¡al otro lado de los muros un grupo de enanos, hermanos suyos, se enfrentaban a una muerte segura! Dueris no era optimista sobre su destino pero haría lo posible por liberarlos. En aquellos momentos la adrenalina fluía por su venas y lo rejuvenecía, haciéndolo más imprudente. Otro con su siglo y medio de vida, hubiese sido paciente y menos impulsivo, pero él no podía. Había algo que le hacía seguir adelante. Apartó con repugancia una araña grande que se acercaba a curiosear y gritó procurando transmitir autoridad:

- ¿Acaso no conocéis lo que es el respeto? No sabéis con quien estáis tratando, escoria. Queremos hablar con vuestro líder.

Y acto seguido una misteriosa nube de humo trajo consigo al negociador. Dueris no se inmutó aunque algo en su interior comenzó a repicar, como una campana. Sentía a través del vínculo mental como Volhm y el norteño repasaban sus artes arcanas. El sólo pensaba en que siniestra criatura podía hacer uso de ese truco. Levantó una mano y los tranquilizó. Su pensamiento también se transmitió al resto: Resistentes como una roca.

El hombre que apareció ante sus ojos no era del todo humano. Algo en Dueris lo rechazaba, sentía repulsa hacia él. Sus colmillos afilados, sus ojos felinos... ¿Acaso pensaban sus compañeros que iba a ceder terreno ante aquel hombre? ¿Una alianza? Imposible. Sintió el peso de la espada en su fajín y eso le dio seguridad. Por mucho que sus palabras fueran suaves, el sexto sentido del enano, le permitía leer más allá de la fingida cortesía del interlocutor. El hombre ni siquiera se presentó, con lo que el enano se mostró reluctante a identificarse por algo más que por sus cargos oficiales.

Meneó la cabeza casi imperceptiblemente, intentando quitarse de la mente los cadáveres de enanos que habían visto durante el viaje; cuando el clérigo pensaba en ellos no veía sus rostros semidevorados, sus ojos inertes... veía sus amigos esperándolos en la taberna, su hermana llorando mientras bordaba una estola funeraria, sus hijos preguntándose dónde estaba su madre. La rabia le consumía, y el clérigo, hechicero o lo que fuese, sólo sonreía con desdén, mostrando su símbolo pleno de obscenidad de la deidad de los muertos humana. La diplomacia era necesaria cuando se podía obtener algo de un igual que mostraba respeto, y el sibilino ser que tenía enfrente, lo trataba como un inferior. La otra opción era suplicar y es término como tal no existía en dethek. Exigió cerveza y agua, siguiendo una antigua tradición universal por la que aquel que era invitado a comer y beber, aún por un enemigo, no podría ser atacado y sí escuchado. De nuevo sus palabras fueron ignoradas. Dueris no perdió la compostura.

- Hablais con el Gran Aurak de Vergadain, representante de la gran Cruzada, heredero del Reino de Shanatar, y por tanto dueño y señor por derechos de sangre del suelo que pisáis. Hemos venido a parlamentar.

Notó el revuelo que causó con su frase en sus compañeros. Desde luego esperaban otro tipo de sutileza... pero Dueris no podía controlarse. ¿Acaso no eran aquellas las tierras de su raza? Nunca se había sentido tan orgulloso de ser un hijo de Moradin como desde que Pyradar Crownshield le había demostrado el honor y la compostura esa misma mañana mientras planeaban el encuentro.

Las palabras vacuas del hombre sonaron pero no llegaron al diplomático. Eran gravilla sin valor. Pero Dueris era roca. Era necesario recalcar su posición; era lo que habían hablado: mostrarse fuertes. Agradeció el apoyo suave de la hechicera. Hijos fuertes, dijo Volhm. Pero la sonrisa socarrona del desconocido dejó muy claras sus intenciones. No se plegaría tan fácilmente.

- Mostradnos el mismo respeto que nosotros a vos.- hizo una pausa deliberada - Ya os hemos dicho porque estamos aquí, queremos recuperar la sangre de nuestra sangre.

- ¿Entonces venís a por los prisioneros? Están a la espera de ser juzgados.

De nuevo el recordar a sus congéneres muertos le hizo apretar la mandíbula. El clérigo ahogó su sorpresa con un nuevo ataque de rabia. No iba a dejar que aquel grupo de huryn muriese si podía evitarlo.

- ¿Qué crimen supuestamente han cometido? Deberán tener una oportunidad de defenderse.- interrogó al sujeto.

Pero aquel hombre se hacía pasar por un juez versado en justicia, cuando la única que conocía era la suya propia. Los militares habían actuado como debían hacerlo para con los invasores hostiles de su territorio. Le indignaba que se comparase la vida de un engendro mitad insecto mitad elfo oscuro con la de un enano. ¿Cómo osaba hacerlo? ¡Y se jactaba de ser justo y seguidor de un dios, que hasta donde llegaban los conocimientos del enano, prodigaba la neutralidad! Pero su sonrisa siniestra se había transformado en un muro infranqueable. Parecía que no había modo de quebrarlo. Dueris se sentía inútil pues no tenía nada que ofrecer excepto violencia y rabia. Era como un niño imberbe que se enfadaba porque su madre no le dejaba ir a trabajar con el resto del clan.

Sorprendido por la actitud suave, casi de admiración de Alanthir, el clérigo bajó las defensas...parecía que todo se aliaba en su contra y las juntas no encajaban. Por primera vez en aquel viaje Dueris se sintió sólo.
Desesperado se ofreció en sacrificio por sus hermanos. Dieciocho enanos aportarían mucho más a la causa de la Cruzada que un sacerdote que apenas sabía blandir un arma simple.
¡Para él era tan importante el respeto! Y sin embargo el hombre se empeñaba una y otra vez en negárselo. Incluso había ignorado el sacrificio personal que estaba dispuesto a hacer. Respeto por los demás y orgullo por ti mismo decían las enseñanzas del Padre. ¿Qué farsa era aquella?¿Pensaba que estaba por encima del bien y del mal? Dueris lo dudaba. La balanza se inclinaba del lado más siniestro. De todos modos, en aquella frase también estaba implícito el respeto por sus acompañantes de la Compañía Arcana. Por eso su lengua dijo palabras suaves para no poner en peligro a Volhm y a Alanthir, aunque con amenazas veladas.

- Al menos dejadnos hablar con los nuestros.- lanzó en una exigencia que era más bien una súplica, a la que el tal Verdron no podía negarse.

Los tres decidieron acompañar al hechicero hasta el interior del refugio de engendros, donde casi una veintena de enanos miraron a Dueris. Él vio su mirada esperanzada y una punzada de dolor le encogió el pecho. ¿Qué podía decirles? Un sacerdote de Dumathoin les hablaría del camino escogido y de las recompensas de los dioses... Dueris sólo podía consolarlos. Avanzó rápidamente hasta la jaula y se presentó:

- ¡Hermanos, hermanos! Dueris del clan Gemacetro... - vió a un joven del clan Yelmodorado pedir ayuda... y a una mujer del clan Fraguardiente lanzar insultos contra el ser que los había encerrado con magia infernal. ¿Cómo podía decirles que debían morir sin el honor de hacerlo en batalla? ¿Cómo decirles que había fracasado en su intento de liberarlos? Pidió mentalmente la ayuda de Vergadain para tamaño sufrimiento - Habéis luchado bien para la Cruzada, hermanos, pero me temo que no podemos hacer nada contra estas criaturas que os retienen...

Dueris vio los ojos orgullosos pero profundamente horadados por el dolor de aquel sabedor que va a morir. Continúo tan recio como si fuese el mismisimo comandante Dagnit :

- Me gustaría llenarle el buche de rocas a ese humano engreído y larguirucho, pero sólo puedo deciros por ahora que Vergadain ha venido a daros su último aliento de esperanza y que seguimos luchando y ganando palmo a palmo a los que invaden nuestro hogar. Vosotros sois una de las gemas que harán la corona de nuestro rey, aquel que unirá de nuevo los ocho reinos. Decidme vuestros nombres y los transmitiré a vuestras familias y comandantes para que no os olviden. Serán tallados en piedra al lado de los de vuestros antepasados y el viento no podrá erosionarlos de nuestra memoria jamás.

Mientras los soldados se despedían, uno por uno, en una escena tan dolorosa que seguramente recordaría mucho tiempo, Dueris decidió romper las reglas del juego. Con disimulo, una daga apareció en su mano, y se la entregó al capitán al mando de la compañía.

- No le deis el gusto a ese bastardo cuando llegue la hora.

Nada deseaba más que aquel acero se hincase en el pecho de aquel hombre que había desdeñado tantas cosas en unos minutos. Y entonces sucedió lo inimaginable. La jaula se abrió y los prisioneros se liberaron.
Dueris agarró con fuerza a algunos de los más jóvenes que intentaron demostrar su valentía lanzándose contra Verdron.

- La horda quaggoth se dirigía hacia vuestra Fortaleza. Es posible que cuando volváis no quede mucho de vuestra Cruzada.- lanzó al aire el mago.

La ira estalló en el pequeño grupo de enanos. El clérigo se sintió invadido por la desesperanza ¿y si era cierto? ¿y si las tropas de la Cruzada no podían hacer frente a aquella horda de salvajes criaturas peludas? Ahora lo primordial era regresar e intentar llegar antes para que se pudiesen preparar las defensas de la Fortaleza. Al pasar al lado de Verdron se dirigió a él con forzada cortesía:

- Vuestro gesto os honra, pero sabed que si algo hemos aprendido de este encuentro es que no se puede confiar en vos, y que no seremos clementes cuando nos encontremos de nuevo, que esperamos sea pronto y seáis tan hospitalario con las hachas de mis congéneres como lo habéis sido con nosotros. Hasta entonces os deseo larga vida.

Y ciertamente se la deseaba. Dueris sintió que se había dejado llevar por sus sentimientos. Alguien de su edad y posición no habría caido tan fácilmente en aquel ladino juego de amenazas. Pero no pudo evitarlo. Si antes su alma había envejecido cuando escuchaba los lamentos de los que ahora estaban a salvo, ahora hervía de rabia y dolor, y sólo una delgada línea roja lo separaba de intentar atacar a aquel engreído ser que tan altivo se había mostrado con ellos. Antes de cometer una locura se alejó del tal Verdron, pensando que si hubiese sido un héroe habría intentado algo más arriesgado... pero quizás estos días se había sentido parte importante de algo, de un grupo, de una alianza... quizás pensaba que era capaz de más cosas que las que su limitado poder le permitía... pero ahora sabía que nunca sería un héroe sino un peón de los dioses que tenía limitados movimientos. Su corazón sonrió al ver a sus hermanos con vida trepando por el muro; pero poco después la tensión de minutos antes se transformó en una sensación de desasosiego, de cansancio e incertidumbre que lo golpeó en el rostro.
Pero no podían detenerse.

6 de Flamerule

Las raciones escaseaban. Dueris había dejado de comer los últimos dos días. Los soldados precisaban más agua y pan que él. Se sentía débil y un poco culpable. Las noches lo martirizaban con su conversación con Verdron. No se había comportado como se esperaba de él. Había intentado explicárselo al resto, que era enano y que había sentido su tierra amenazada en un juego en el que no había demasiado sitio para las sutilezas. Pero no malgastó fuerzas en aquello. Durante el viaje había socorrido en lo que había podido al pequeño contingente de enanos, intentando hacer de vínculo entre ellos y la Compañía. Cuando miraba atrás se veía entre dos aguas. ¿A que mundo pertenecía Dueris? No se sentía tan a gusto con los soldados como Pyradar, por ejemplo. Pero tampoco podía compararse a Arshin o Xandros. Navegaba entre dos aguas...
Seguía notando a Hardash preocupado. No sólo por la falta de comida. Era una pesadumbre que el enano notaba flotando sobre el calishita. Durante el viaje se acercó a él:

- A veces, Hardash, es necesario asumir que hay elementos indispensables para nosotros. Cada hombre, cada mujer, tiene un vínculo con algo. Es ese algo el que le ayuda a seguir... y también es ese algo el que hace que se derrumbe si le falta - Dueris acarició al escorpión con suavidad - Para muchos de mis hermanos, ese algo es la humedad de unas cuevas, el sentirse unidos a la tierra. Para ti, amigo, es el sol y la brisa en el rostro. Es la sonrisa de una bonita mujer. Es una buena comida. - aunque el calishita intentó hablar, Dueris continúo.- Se que tu camino a nuestro lado ha llegado a su fin. No consideres que nos abandonas cuando llegues a la ciudad. Sólo sigues tu destino. Kurvikoum. Siempre te llevaré aquí - dijo señalándose la frente - y aquí - indicando el suelo de roca.- La tierra que forma Shanatar, no olvidará que un día ayudaste a liberarla y contará tu historia a quien la sepa escuchar. Y yo no olvidaré que un día fuimos compañeros.

Dicho esto, Dueris se deshizo de su sello personal, un pesado lacre de oro acabado en un rubí con su linaje, y se lo pone en la mano al joven del mostacho.

- Esto te abrirá las puertas de lo que tu quieras. Consérvalo o cámbialo por oro. Pero no olvides que te lo regaló un amigo.

Y entonces llegaron.

Había una batalla, sí. Había muertos, sí. Pero era algo parecido a lo que se sentiría cuando uno llega a su hogar. Los enanos no dudaron en apoyar a sus congéneres, y Dueris ayudó en lo que pudo, contagiado por el entusiasmo. Por delante aún quedaban muchas reuniones para explicar lo que habían visto y oído... y lo que era peor, planear un futuro que en los últimos días se había vuelto más oscuro e incierto que nunca.

Avatar de Usuario
Kharma
Mensajes: 2177
Registrado: Vie Ago 19, 2005 11:49 am
Ubicación: A las afueras de Madrid

Mensaje por Kharma » Mié Feb 28, 2007 4:36 pm

PYRADAR

No había tiempo que perder. Tras el rescate de la patrulla enana y conocer que una horda de quaggots se dirigía hacia la fortaleza enana era hora de largarse de la ciudad. Habían cumplido y en aquel momento lo mas importante era acudir en ayuda de sus aliados.

Pyradar no estaba nervioso, mas bien ansioso y daba muestras de ello en cada momento. No sabia si era porque temía por la suerte de sus camaradas en la fortaleza o porque se iba a perder una buena batalla. El enano desecho la idea del miedo, las bestias peludas se estrellarían contra los sólidos cimientos enanos, ademas contaban con un buen numero de aliados. No, seguro que resistían por muchos que fueran... así que iba a perderse una batalla épica.

Por eso no dudaba en azotar constantemente al grupo, rebosante de energía no paraba de azuzar al resto para que continuaran sin descanso. A pesar de la aparente debilidad de los enanos rescatados Pyradar confiaba en la fuerza de los suyos. Aunque tuvieran que arrastrase llegarían a tiempo para echar una mano.

Las paradas para descansar eran pocas y muy cortas, debían ganar terreno cada día. Tenían pocas provisiones para tanta gente, así que Pyradar impuso un estricto racionamiento a los enanos y así mismo. Aunque gracias a la magia de Dueris no era tan necesario, aguantaron hasta llegar a su objetivo. El enano estaba acostumbrado a pasar penurias en sus viajes por la Suboscuridad, aquello era un paseo comparado a todo lo que paso. Al menos esta vez no tenia que beber la repugnante sangre de un goblin para sobrevivir.

Al séptimo día ya estaban cerca, lo notaba en sus huesos. A pesar de lo cansado que estaba lo noto bajo sus pies, las piedras trasmitían algo... algo familiar. No muy lejos se desarrollaba un combate, estaban cerca. Los ojos de Pyradar se iluminaron y las energías volvieron a su maltrecho cuerpo. Al poco regreso el explorador confirmandolo, un combate entre enanos y las bestias peludas. No había marcha atrás y convenció al resto que su única escapatoria era luchar.

Aparecieron por su retaguardia con tanto ímpetu que asombraron a los quaggots. Pyradar gritaba como un poseso para dar mayor apoyo al ataque por sorpresa.

- ¡POR LA CRUZADA!!! - la poderosa voz de Pyradar fue respondida a coro por el resto de enanos- Asquerosos engendros peludos, no os reconocerán ni los dioses cuando acabe con vosotros!!

El ataque surgió efecto y los quaggots poco pudieron para repeler el ataque, poco a poco iban perdiendo entre los dos grupos de ataque. En poco tiempo la lucha se convirtió en una caos, donde todo el modo se perdía entre la masa de pelo del enemigo. Pyradar avanzaba con grandes círculos de su maza, aquel que se acercaba a su radio acababa con una pierna o las costillas hechas añicos. Así mantenía a raya a sus enemigos y evitaba que los rodearan por todos lados.

La horda era tan abundante y estaba tan mal organizaba que muchos de ellos se tropezaban entre si. Hasta vio como Volhm caía al suelo por la marea de bichos peludos, corría peligro de ser aplastada entre tanto pie enorme. Pyradar apretó los dientes y giro todo su cuerpo mientras estiraba su martillo, fue ganando velocidad hasta que se convirtió en una proyectil mortal.

- Aparta o te aparto – le grito al quaggots que se interponía entre él y la maga. La fuerza del impacto fue tan grande que la bestia peluda fue lanzada por lo aires con una mirada de asombro, los huesos de su tronco estaban hechos añicos.

Ya mas seguro intenta ayudar a la maga a levantarse antes que sea de nuevo arrollada. El enano pensaba en los muchos inconvenientes de ser tan alto y delgado como un palillo. Entonces su instinto actuó, reconoció enseguida los pesados pasos y el silbido del arma. En un acto reflejo paro con su escudo la cabeza del mangual que se dirigía hacia Volhm dispuesta a reventarle la cabeza. Noto un dolor sordo recorriendo a lo largo de su brazo cuando chocaron. No necesitaba mirarle a la cara para saber quien era.

- Maldita sea Korlum eres tan cegato como feo.- le soltó mientras intentaba que la sangre volviera al brazo.

- ¿Pyradar? Maldita sea ¿Qué haces aquí muchacho?- tan bruto e inconsciente como siempre.

Ayudo a la maga a levantarse pero esta tenia una expresión total de asombro al saber quien estaba apunto de matarla. Ahogo la risa ante sus palabras.

- A este energúmeno cuando empieza no distingue a nadie, todo lo que se mueva es propenso a hacer bajo su mangual.

No tardo mucho en acabarse la lucha, habían destrozado a la pequeña horda de bestias peludas y se organizaron. Ya estaban de nuevo en el punto de partida. Escucho atento el relato de Korlum mientras volvían a la fortaleza, la historia de la victoria pero con un amargo final. Pyradar acabo orgulloso de su pueblo y de sus aliados, pero sobre todo del Arthane. Una historia que nunca caería en el olvido, seria grabado en las eternas piedras para generaciones futuras. La verdad es que estaba algo apenado por no estar en el frente luchando por su tierra en vez de una misión de expedición, esperaba que el nuevo Arthane le diera una oportunidad de demostrar su valor. Su corazón y su orgullo lo pedían.

Llego el momento de descansar y de las despedidas... desde hacia un tiempo notaba a Hardrash falto de moral. No todos los humanos podían soportar la opresión de la Suboscuridad, y se notaba en el explorador la necesidad de ver el Sol y de recorrer su tierra.

Respondió con un saludo ante la despedida de Hardrash.

- Echaremos de menos tu habilidad en la vanguardia – dijo con una voz llena de orgullo, fijo la mirada en Laab y se permitió una pequeña sonrisa – también te echaremos de menos a ti. Ten por seguro que tu ayuda al pueblo enano no sera olvidada en mucho tiempo.
Reinos Olvidados (Nuevo dominio)

Mi blog y tiras cómicas: La Tira de Dados

"¡¡Manticora!!" (La creencia popular dice que si eres herido por una manticora te acabas convirtiendo en una.)
"Destripo a un kobold para ver si se han comido a los niños" Derek, el mediano/hombre-lobo/niña

Avatar de Usuario
Zaitsev
Mensajes: 164
Registrado: Jue Jun 29, 2006 8:36 pm

Mensaje por Zaitsev » Jue Mar 01, 2007 1:26 am

Xandros

Pyradar estaba ahí, agazapado tras el cumulo de rocas, fuera de la vista del campamento drider. Estaba preparado para en cualquier momento actuar ante cualquier aviso de problemas. Agarraba con fuerza su martillo y por la expresión de su rostro estaba claro que no le agradaba esperar. El enano no estaba unido mentalmente como Xandros así que no sabia que pasaba, y eso le ponía mas nervioso.

- ¿Sabes? - dijo por fin a Xandros, aún mirando en dirección al campamento aunque no podía verlos a través de la roca – esperar aquí me esta destrozando los nervios mientras ellos corren peligro.

Xandros estaba absorto en las palabras que escuchaba a traves del enlace mental. Si algo se aproximaba, confiaba en que sus compañeros le avisarían para actuar con presteza, no obstante, él era quien debía estar atento a lo que ocurría lejos, a los diplomaticos del grupo. Estaba tan pendiente de lo que pudiese oir, que había olvidado dónde estaba, y las palabras de pyradar parecieron despertarle de un profundo letargo.

-Es cierto. Preferiría estar delante. Pero esto era lo más conveniente para el grupo. - Xandros quería informar de algo, pero poco había que contar.

El enano miró por primera vez al humano, por fin había algo de movimiento delante. La tensión era palpable.

-Podrías estar con ellos, tu soportas la magia – no recibió respuesta, Xandros estaba concentrado mirando al vacío mientras escuchaba a los magos.

-Al menos podemos saber que está sucediendo. Parecen estar esperando a que se produzca una contestación por parte de los drider. - Al menos era algo, aunque sabía que el estancamiento de los acontecimientos pondría aún más nerviosos a los que no eran conscientes d lo que estaba sucediendo.

-¿De veras? - el enano volvió a mirar hacia adelante - ¿Que tal les va? La primera impresión es la mas importante...

Pyradar soltó un bufido al escuchar las palabras y puso cara de desdén.

-Dueris ha puesto de manifiesto que representa a la gran Cruzada y que espera el mismo respeto que muestra. - El humano parecía alejado, distante, más pendiente de lo que oía que de lo que veía. Su mirada se perdía una y otra vez en un punto que no existía.

- ¡Bien hecho!, que sepan los duros que podemos llegar a ser – sonrió bajo su casco – un puñado de engendros no nos dan miedo. - No dijo nada mas por miedo a que Xandros perdiera la concentración.

-Los enanos son prisioneros a la espera de ser juzgados .- Los ojos del humano se abrieron movidos oir la sorpresa. No parecía algo corriente lo que acababa de oir, y de repetir de manera casi mecanica.

Pyradar soltó un bufido al escuchar las palabras y puso cara de desdén.

- En que cabeza cabe que esos engendros de drow atiendan a razones – meneo la cabeza contrariado – no es natural.

-Estoy de acuerdo, pero nada se pierde por intentarlo

- Mira, por que confió en Dueris para este plan que si no pensaría que estamos todos locos.

-De hecho, estamos todos locos, compañeros. -Xandros desvió por primera vez la mirada hacia su interlocutor mientras sonreía afablemente.

- Pero unos mas que otros – se notaba algo de reticencia en su tono – y comprendo la locura de un enano pero los humanos escapáis a mi comprensión... – hizo una pausa intencionada – y mas si son magos.

Xandros volvió a perder su vista, y a sumirse en lo que oía gracias a la magia.


-Estan parlamentando con el humano. Que fue cazado y muerto hace siglos, según su versión. -El humano hizo una breve pausa y esbozo una mueca burlona.- ¿Y nosotros somos los locos?- Hecho el comentario, respondió a las frases de Pyradar-Imagino que a todos nos sucede algo similar. Es como cuando se intenta comprender al sexo opuesto, parecen distar simas, y en cambio...-Xandros cortó su disertación, no creía que al enano le interesase lo que iba a contar.

Pyradar ignoro lo del humano, ya estaba lo suficientemente nervioso para tener que pensar en cosas aun peores. Xandros menciono las relaciones con las mujeres, algo que confundió mucho al enano, no podía entender bien que tenían de extraño las mujeres. Aunque conociendo alguna mujeres humanas quizás fuera algo normal en ellos, le vino a la mente una fugaces escenas entre Hardrash y Volhm... se refería a eso quizás.

-Dueris ha preguntado por el crimen del que se acusa a la compañía apresada.- El de Tezhyr volvió a informar de lo que pasaba.-El humano dice ser un intermediario, y pide sangre como pago del asesinato que los enanos han cometido sobre drider. -Xandros hizo una pausa intentando pensar la mejor manera de decirselo, pero no la encontro-Todos los enanos han confesado.

-¡Asesinato!! - la ultimas palabras hicieron volver a la realidad al enano.

- Seguro que mienten – la ira se notaba en su voz – tienen parte de drow, no se puede confiar en ellos

-No creo que mientan. Los enanos han confesado, y en realidad, siendo sinceros, nosotros dos también podríamos ser ajusticiados. No creo que tu mano temblase si enfrente se hallase uno de esos drider. Mi espada, desde luego, bajaría sobre su pescuezo decidida y sin dudas. Si no fuese así, nosotros seriamos los asesinados. - A fin de cuentas, aquello era una guerra, y Xandros no pensaba dejar que le cercenarán la cabeza sin oponer resistencia.

- Bah, pero a quien intenta engañar con la farsa del juicio – dio una patada a la piedra para reafirmar sus palabras – estamos en una guerra y ellos ocupan una ciudad enana, ¿que esperaban? No se puede hablar de asesinato contra el enemigo.

En realidad esa es la mayor particularidad de las guerras. Todo el mundo olvida todas las leyes, decretadas, o naturales, y nadie dice, ni hace, nada para evitarlo. Al fin y al cabo: es la guerra.

- ¿Bestias juzgando a enanos? - Continuó el enano que cada vez estaba mas furioso – solo es una afrenta contra el honor de un enano, prefiero una muerte rápida a una la burla de un falso juicio.

-El humano es pretencioso, pero cuanto que menos, parece poderoso. -Xandros deliberadamente quiso continuar exponiendo lo que sucedia. Entendia al enano, pero no quería encenderlo más, y no sabía como podría calmarlo.- No sé si su cuento será verdad, pero parece haber impresionado a nuestros compañeros, y si algo deberían de entender, sería de esto.

- Ese tipo de humanos siempre son pretenciosos.

Xandros volvio a hacer caso omiso del comentario. Volvia a estar totalmente enfrascado en lo que sucedía al otro lado del vinculo.

-Les ha ofrecido entrar, aunque no parece que haya una gran relación entre la halruana y el "intermediario" de los driders.

- ¿Entrar? - Pyradar volvió a mirar en su dirección, parecía que el cualquier momento iba a lanzarse a por sus compañeros - ¿y han aceptado? Yo de ti me prepararía por si acaso.

-Siempre estoy preparado. - No pretendía ser una frase egolatra, aunque pudiese parecerlo, simplemente reflejaba la realidad actual. No podía permitirse que una espada apareciese de la nada, o que un ataque magico le arrebatase el aliento. No, no podía.

-Y sí, van a aceptar. -Comentó Xandros, quien se quedo completamente callado. -¡Un nigromante!. Resulta que el amigo es un nigromante de gran reputación por las tierras de Halruaa, pero la maga ha aceptado viajar dentro. -Xandros no podía creer nada de lo que estaba oyendo, parecía sacado de un cuento de hadas, de principitos que quieren vengarse y tierras lejanas de fabulas infantiles y fantasias para niños sin dientes.- Les ha prometido hospitalidad. -También los matrimonios se prometen amor eterno...

- Sabia yo que esa maga no debía ir – dijo sin burla el enano – parece tener siempre problemas con el resto de magos... y nada menos que un nigromante. ¿Habrá alguien normal en aquellas tierras? – puso cara de repugnancia al imaginarse aquel humano.

-No sé si cumplirá su palabra. Están demasiado lejos. -El humano se mostraba pensativo- Si algo sucede deberemos de ser veloces.

- Dueris confía en su magia para escapar – parecía que no iba a seguir, demasiadas palabras con el humano pero al final se daba cuenta que al menos podía hablar francamente con él – yo no lo haría pero... por eso estamos aquí. ¡Y por las benditas hachas gemelas de Clangeddín que si les ocurre algo ese humano lo lamentara!!!

-Alanthir parece...confiado con el nigromante.- Una difusa sonrisa asomaba a los labios del tezhyriano mientas pronunciaba estas palabras

- Porque no me extraña – no dijo nada mas atento a lo que sucedía dentro del campamento.

-Me gustaría saber más sobre los magos, y lo que son capaces de hacer de deshacer con su magia.- Xandros cortó de manera brusca el comentario que estaba realizando. -Estan frente a los enanos apresados.

Pyradar se paseaba de arriba a abajo incapaz de estarse quieto, impaciente porque la situaron terminara.

- Eso significa que no han llegado a un acuerdo – no había esperanza en su voz.

-"Vosotros sois una de las gemas que harán la corona de nuestro rey, aquel que unirá de nuevo los ocho reinos. Decidme vuestros nombres y los transmitiré a vuestras familias y comandantes para que no os olviden. Serán tallados en piedra al lado de los de vuestros antepasados y el viento no podrá erosionarlos de nuestra memoria jamás.".- Xandros sólo podía repetir lo que había dicho Dueris. Su voz sonaba ausente, recapacitando las palabras, no se atrevía si quiera a modificar tan solemne momento.

- ¡Malditas sabandijas!! - maldijo el enano por lo bajo – ningún enano se merece una muerte así, fuera de la batalla.

-No...-El guerrero se quedo suspendido en las palabras que acababan de llegar a su cerebro.



- ¿Que pasa? - Pyradar se había detenido en seco al ver la cara de Xandros – por todos los túneles de la Gran Brecha, ¡di algo!

-Los ha liberado.- Más que una frase era un hilo de voz que apenas se atrevía a romper el aire.-Ha liberado a la compañía de enanos.

El humano no se podía creer lo que estaba oyendo.

- ¿Que? - no podía salir de su asombro – ¿seguro que el hechizo no te ha afectado a la cabeza?

-Eso dicen nuestros compañeros.- La cabeza le funcionaba perfectamente, y por un instante tuvo tentaciones de golpear la del enano, por su falta de respeto, de tacto, de...bueno, en realidad, por comportarse como un enano. Pero se contuvo.

- ¿Quien? - su tono era muy suspicaz – Dueris...? O alguno de los magos?

-El nigromante ha liberado a todos ellos. Estan ya trepando las toscas murallas del poblado- Parecía ser verdad, pero no se atrevia a asegurarlo.-Todos ellos lo confirman. Pronto veremos la verdad

- Podría ser otra treta de esas sabandijas – aun no podía creer que habían soltado a los enanos, esperaba que Dueris pudiera aclararlo mejor.

-El humano, Verdron Akhlaur, ha a amenazado severamente ante un posible ataque enano.- Por algo soltaba a los enanos, quería que estos dieran testimonio.-Si es una treta, que no lo pongo en duda, estamos todo lo preparados que podamos estar. No obstante, hemos de estar también listos para cubrir la retirada de los liberados.

Tienes razón, al menos están vivos – se permitió una sonrisa nerviosa – ese humano sin duda tenia miedo y los soltó.

-Pretende demostrar su fuerza y su poder

- Bah!! Eso es lo que dice él. Siempre se creen superiores al resto.

-No lo dice él, es mi opinión. Quería lanzar una amenaza. -Un breve silencio, y Xandros apostilló.- Los quagoths se dirigen hacia la fortaleza enana

- ¿Como? - Pyradar casi se atraganta con sus palabras – asquerosas bestias peludas, ¡como se atreven! - Como una exhalación el enano se puso en marcha hecho una furia – Debemos darnos prisa o nos perderemos toda la diversión.



Más tarde, cuando el calishita se despidió de ellos, Xandros contestó amigablemente.

-Si vuelves a Tezhyr, podrás encontrarme en la capital sin mucha dificultad. Prometo llevarte por los mejores locales de la ciudad.

El guerrero sintió una gran lastima, a fin de cuentas, nunca iba a ver al calishita transformado en rana. Le hubiese gustado tal circunstancia. En realidad tambiñen sentía cierto pesar, le hubiese gustado seguir contando con su compañia, no obstante, sus caminos se separaban, y tal vez los dioses volviesen a unirlos cuando menos lo esperasen. Nunca podía saberse. Nunca.

Cerrado

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado