Introduccion: Las Hachas de Pueblo Recio

El pueblo enano ha decidido reclamar su legado, Shanatar, el mayor de sus imperios, compuesto de ocho reinos cayo hace 3000 años, y sus secretos y riquezas aun aguardan en sus salones. Esta es una historia de conquista, una epopeya de gloria y tragedia que culminara con un renacimiento o con la caída de la oscuridad perpetua sobre este antaño resplandeciente imperio.

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Kharma
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Mensaje por Kharma » Jue Sep 28, 2006 10:07 am

PYRADAR

Recorrer el puesto de guardia le provocaba una sensación de desasosiego, el lugar estaba vacío. Todo parecía demasiado tranquilo, demasiado para su gusto. Solo algunos muebles hechos añicos para hacer barricadas. Cuando volvieron a reunirse el resto describió lo mismo, nada.

El relato del Huryn y las conclusiones de los magos solo hicieron que se pusiera mas nervioso aun. No estaba acostumbrado a luchar contra fantasmas y seres que no se dejan ver, era mas de su estilo enfrentarse a criaturas solidas que estuvieran al alcance de su martillo

Sabia que una nueva inspección buscando aquel ser era inútil, si la primera vez no lo vieron dudaba que esta vez si. De todas formas la realizo para sentirse mas seguro, una segunda comprobación no estaba de mas. Pero como la primera no obtuvo ningún resultado, no creía que fuera tan estúpida de quedarse por allí con tanta gente buscando.

Sentía lastima por Ambert, le recordaba dolorosamente a él hace un tiempo. Sabia lo que era estar solo, perdido en la oscuridad sin nada mas que tus manos y con el miedo golpeándote cada segundo. Una vez Pyradar casi pierde la cordura, aunque a veces se pregunta si no la perdió hace mucho. Despejo como pudo los oscuros pensamientos de su cabeza y se dispuso a descansar too lo que pudiera, ahí fuera no iba a tener ese privilegio.


Definitivamente no le gustaba aquel reino, no es que tuviera miedo de que el agua les inundase. Pero la visión de tanta agua por el camino le desagradaba, y mas si entorpecía su camino. Por suerte tenían a Hardash, el hombrecillo le acompañaba en la vanguardia usando una maestría para moverse por el terreno, a pesar de las limitaciones de la Suboscuridad. Cogió bastante confianza a su lado, no le importaba que se adelantara en busca de enemigos o el mejor camino. Ademas seguía bien sus consejos con respecto al entorno. Incluso ya toleraba la presencia de Laab cerca de él, paso a ser uno mas de la expedición aunque siempre guardando las distancias.

Apenas estaba atento a las conversaciones que tenían sus compañeros atrás, la mayoría le parecían superficiales. En la Suboscuridad no se debería perder el tiempo hablando mas de lo necesario, los peligrosos cazadores podían escuchar sus voces desde mucha distancia. Y había seres que mejo no molestar. Pero desde luego no iba a ser el quien se lo reprochara, solo un fragmento llego a despertar su curiosidad. Dueris hablaba de los barcos voladores y Pyradar no pudo evitar responder.

- Son esos malditos barcos voladores de Halruaa – su voz se oyó desde primera linea, no les miraba porque estaba atento a que regresara Hardash – solo gente tan loca como ellos viajarían de esa manera.

Al final los encontraron, la patrulla del puesto de guardia. Contemplar aquella escena, con todos los cuerpos mutilados sobre la dura piedra le traía recuerdos. No sabia porque pensaba en ellos después de tanto tiempo, pero aun se acordaba perfectamente de sus cuerpos acribillados y de sus miradas. Pero esta vez no estaba allí para hacer algo, se lamentaba de no haber llegado a tiempo seguro que la situación seria distinta.

Por eso cuando Hardash regreso diciendo que había encontrado a los culpables la ira le inundo de nuevo, agarro con fuerza el mango de su martillo para no salir gritando a enfrentarse con ellos. Esta vez si que había algo que podía hacer.

- Por supuesto que atacaremos – la voz del enano estaba llena furia contenida – les demostrare lo indigesto que puede ser un enano.

- Ademas – volvió a recobrar de momento la calma, mejor reservarla para el combate – no es buena idea dejar enemigos detrás nuestra. Podrían seguir nuestro rastro y atacarnos por la espalda.

Oyó como la maga subestimaba aquellos seres, como si la magia pudiera con todo y fuera la solución.

- Mientras la lances cuando yo no este cerca...
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Larloch
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Mensaje por Larloch » Jue Sep 28, 2006 8:19 pm

Alanthir Nthalar
6º día de la 3ª decana de Khytorn del 1er Año del Renacimiento de Netheril. Puesto de Guardia.

Iba escuchando el relato del enano con calma, la verdad es que le intrigaba mucho todo lo que había sucedido en este puesto avanzado. Pese a que el arthane les había hablado de algunos de los enemigos que se habían encontrado, aquello parecía, a tenor de lo que le había dicho Pyradar, muy por encima de los enemigos esperados.

Pasó la mano por una de las “barricadas” que había construido Ambert. Pese a que habían sido elaboradas con gran precisión se preguntó si realmente hubiesen servido de algo en vista de las evidencias que a cada momento iban viendo. Si, afirmó casi para si mismo, sea lo que sea, es mucho más de lo que nos dijo el arthane.

La parte final del relato fue a que más le llamó la atención, aquello no era normal, olía a magia o a cualquier otro elemento, pero no parecía normal. Miró al enano con mucha más seriedad. Antes de que pudiera decir nada o de que intentará trazar un conjuro Volhm aclaró que había cierta influencia en el enano y que podía manifestarse durante el sueño.

- ¿Qué tipo de magia has usado para ver eso?- Preguntó con curiosidad.- No te he visto invocar ningún tipo de magia.

Notó un ligero nerviosismo en la maga y se acordó de cómo le había mirado la primera vez que había sacad su libro de conjuros, y le pareció graciosa la escena, quizá podía ser algo útil, el mostrarse curioso por su magia, por lo que había oído, los magos de Halruaa eran vistos como fuentes de poderes desconocidos desde hacía siglos y muchos magos buscaban con ansia ese saber. Podía ser útil interpretar un papel así en un momento dado, pero de momento, mantendría la misma tranquilidad que hasta el momento.

La explicación le pareció curiosa y le reafirmó que posiblemente la halrueiana pondría el grito en el cielo si supiera algo de su magia, el clero de Mystra no mostraba simpatías por aquellos que usaban la Urdimbre Sombría… pero el clero de Mystra no era el que había salvado la Ciudad, sola Shar era la que había acudido y les había brindado su ayuda y sus poderes para hacer frente a sus enemigos, solo ella no los había olvidado.

Todos coincidieron en que lo mejor era encerrar a Ambert por su propia seguridad y la de ellos, no es que el enano pudiera ser un problema contra ellos, pero si que podía causárselos. Había que ser precavidos.

Después de encerrarlo, miró al resto de sus compañeros.

- ¿Sois conscientes de que lo que ha podido afectar a los enanos nos puede atacar a nosotros también?.- Hizo una pausa.- Visto que es algo que no ataca de forma tangible deberíamos de dormir siempre en espacios extraplanares, tengo ciertos conjuros que nos pueden servir.- Miró a Pyradar anticipando su respuesta y miró brevemente a Dueris, pues sabía que podía ser un elemento que podía influir más en el guerrero.- Sé que os desagrada la idea, pero hasta que no sepamos a los que nos enfrentamos, un espacio así ofrece más ventaja que hacer simples guardias.

- Además no sabemos que poderes puede manifestarse en todo aquél que se ve afectado con lo que en un espacio así estaría más controlado todo aquél que pudiera caer bajo sus efectos.- Hizo una breve pausa.- No creo que la Infraoscuridad sea el mejor sitio por el que vagar sin rumbo…

Dejó las palabras en el aire, pues sabia que requerirían algo de meditación por parte de varios miembros del grupo, pero si el resto del grupo no aceptaba… tendrían un grave problema.

Poco después Dueris sacó a Ambert, si no había podido saber que le había afectado al menos lo intentarían disipar, Volhm se adelantó y tras observarle, aseguró que lo que fuera que le afectaba parecía haber desaparecido. Aquello le olió aún peor y miró de reojo a Ambert, le sonaba todo a una trampa.

No era ajeno a manipulaciones de este tipo, tendría que observar al enano, había visto como diversos seres tomaban la apariencia de algunos de sus compañeros y no le parecía nada extraño que igual la fantástica historia que había oído fuera eso, una mera excusa. O podía ser verdad, pero por ser precavido, no perdía nada.

Tras diversos intentos infructuosos por hallar algo más sobre lo que había afectado a Ambert se dedicó a sus estudios, ya había escrito las cartas necesarias y de momento no parecía que hubiera nada nuevo que añadir, excepto que apuntó brevemente lo que le había comentado Pyradar, con otro estilo más formal y conciso, sobre los enemigos a los que se podían enfrentar. Era información útil. Sin embargo, poco rato le dedicó al estudio, pasó la mayor parte del tiempo reflexionando sobre lo que habían encontrado, era algo en lo que le parecía que estaban dejando algo o siendo poco metódicos. Al final desistió de nuevo y volvió a sacar un libro con diversas notas sobre ciertos conjuros, lo empezó a leer con tranquilidad mientras esperaba que el resto del grupo estuviera preparado.

6º día de la 3ª decana de Khytorn del 1er Año del Renacimiento de Netheril. Garndor

El camino era tranquilo. Tras asegurar la fortaleza empezaron a moverse hacía Grandor, en el grupo había lugar para las charlas informales, lo cierto es que las escuchaba todas con interés, estas tenían la ventaja de que tenían más de verdad que las que había escuchado en las diferentes tabernas.

La conversación sobre el mar le llamó la atención, nunca había visto el mar, lo que se podía llamar agua en el Plano de la Sombra no hacía honor a lo que suponía que debía de ser. Lo más parecido que había visto el llamado Mar de la Sombra, al menos así era conocido fuera de la Ciudad, entre la gente más común de la ciudad se había extendido el nombre del Mar del Recuerdo por lo que había simbolizado que hubiera aparecido de nuevo un lago en los terrenos antaño dominio de Netheril y ahora del Anauroch. Pese a que diversos arcanistas, entre ellos su padre, se habían burlado del nombre, para él seguía teniendo el mismo significado.

- Maese Dueris, entendedlo, el mar es hipnótico, la marea, la vida que bulle dentro, la sensación de libertad, el viento, todo despiertan sensaciones y emociones difíciles de entender y comprender.

Hizo una pausa y miró arriba suyo.

- Pese a que yo nunca me aventuraría en el mar, entiendo a la gente que lo hace, como decían en una obra que leí hace tiempo: “Infelices aquellos que no pueden contemplar el mar/Privados de sus sueños solo les queda vagar por dunas/ dunas de dolor y destrucción” y créame que por mucho que la poesía tienda a exagerar, en este aspecto, refleja a la perfección ese sentimiento.

Después se dejó llevar levemente por los rumores del mar sobre sus cabezas, como había dicho Volhm era fascinante el hecho de ir bajo el agua, pero no dejaba de tener cierto encanto.

La conversación sobre los barcos de Halruaa si que le llamó la atención, lo cierto es que lo sorprendió ver lo mucho que había perdido la cultura netherina en Faerun, acaso el mundo había caído tanto en manos de bárbaros como para que la antigua tradición netherina se hubiera perdido? La sola idea le horrorizaba y le confirmaba en sus ideas de que las acciones de los Príncipes eran necesarias, pueblos que habían caído en una degeneración así, tenían que ser de nuevo civilizados bajo al guía de la única ciudad que mantenía la esencia pura de Netheril.

- ¿Barcos voladores? Suena lógico para una tierra que se hace descender de los netherinos, supongo que también existen las míticas ciudadelas volantes, no? O esa magia de Netheril se ha perdido?

La idea de que los autoproclamados herederos de Netheril solo fueran capaces de usar meras degradaciones del saber de Oberon le parecía casi una blasfemia. Por un lado confiaba que no fuera así por el hecho de que el saber de Netheril no hubiese sido olvidado, pero por otro le alegraba saber que sus posibles enemigos dominasen magia rudimentaria y tan simple.

Después de la respuesta de la maga se acercó a Adrian, había visto como había reaccionado ante las palabras de Ambert, quizá también dominaba la magia. Tenía curiosidad.

- He visto como habéis reaccionado ante las palabras de Ambert, que creéis que puede haber afectado al enano? Pese a que en otras circunstancias me hubiese parecido casi fascinante, el hecho de que sea algo que nos puede afectar a nosotros ya no me gusta tanto…

Poco después encontraron los restos de los enanos, aquello había sido una matanza. Miró los gestos de ira, apenas contenida, por parte de los dos enanos del grupo. Aquello clamaba venganza.

Con lentitud se arrodilló frente a los restos de los enanos y musitó, más para él que para nadie unas breves palabras en loross que pedían a Shar que cubriera con su manto de venganza y oscuridad a los autores de ese hecho. Después se giró hacía Dueris y Pyradar y dijo:

- Compañeros, por la oscura sonrisa de la Dama que este hecho será vengado.

Después escuchó con atención el informe de Hardash, el calishita parecía muy seguro en su trabajo, aunque era callado. Sin embargo, los quaggoths no debían de ser poca cosa, pues arrollar una compañía así de enanos, no parecía algo que simples bichos pudieran lograr.

- Si son esos quaggoths los que han masacrado a los enanos, deberíamos de tener mucho cuidado, es posible que guarden más de una sorpresa…. Sin embargo, podría usar un conjuro para inmovilizar a uno de ellos, al final de la batalla lógicamente, para, si fuera necesario interrogarlo. Son seres más o menos racionales esos quaggoths o es perder el tiempo?

Y poco después añadió.

- Aunque creo como maese Pyradar que en el caso de que no sean útiles, lo mejor sería eliminarlos de forma rápida, nunca es bueno tener un enemigo en la retaguardia.
Recopilación en proceso: Mi versión de la ciudad drow de Eryndlyn.

Ultima recopilación de información: La ciudad calishita de Almraiven

"El poder tiene su propia belleza. Quizá la más bella combinación de potencia y gracia entre las criaturas mortales de Toril sea la de un dragon." Sammaster, Tomo del Dragón

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artemis2
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Mensaje por artemis2 » Sab Sep 30, 2006 10:10 am

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Zaitsev
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Mensaje por Zaitsev » Dom Oct 01, 2006 5:21 pm

XANDROS
6º día de la 3ª decana de Khytorn, Puesto de guardia

El grupo optó por buscar en la torre cualquier señal que fuese susceptible de reportar nueva información a la ofrecida por Ambert, que en su miedo había causado la mayor parte de los desperfectos. Xandros se compadeció del enano y trató de quitarle hierro al asunto, comentando que hay que ser capaz de utilizar los recursos de los que se disponen de la manera que sea. Una mesa rota: se arregla. Un ser vivo no suele tener esa suerte.

El guerrero no le dio mayor importancia al extraño hecho de que el enano despertase en un sitio distinto del que se durmió, y de pie. A fin de cuentas, podía haber comenzado a actuar somnoliento, o azuzado por sueños. Nunca se sabía. Aunque claro, el comentario de Volhm le sacó rapidamente de estos pensamientos. Magia. Siempre había magia en todos lados. A Xandros le hubiese gustado aprender a manejarla, pero nunca hubiese sido capaz de dedicarle tan atención y de manera tan obsesiva, ni tampoco se identificaba con el ansia enfermiza de control que acababa por subyugar a más de un arcano.

Y ahora, mientras los magos desconocían la causa de lo que pasaba. Xandros únicamente podía cruzarse de brazos, esperar a que algo sucediese, a que algo rompiese la falsa calma que los embargaba.

Estaba ansioso por continuar la marcha. La estancia en aquel sitio a él en particular no le reportaba nada, aunque prefería llevar a un enano más vivo que muerto, la recuperación de Ambert era lo único que importaba al de Tezhyr. Por eso se alegro cuando el enano cerró las puertas y pudieron encaminarse hacía Grandor. Además Hardash y Pyradar se mostraron hábiles a la hora de guiar al grupo por las grutas.

El camino habituaba a ser tan pesado, y con tan pocas alteraciones, que cuando una se presentaba les despertaba rápidamente de su letargo. Y así sucedió al ver a la partida enana enteramente destrozada, y al enterarse de que habían encontrado a los tan afamados quaggoths bajo un puente semiderruido.

Hubo reacciones de todo tipo, unos preferúian rehuir el combate, otros los subestimaban, e incluso Pyradar quería mostrarles su espada con fervor.

-Hay que acabar con ellos, no quiero imaginar que los dejamos detrás. Si han podido con una partida enana no deberíamos de subestimarlos, aunque tampoco tenerles miedo, el miedo no conduce a ningún sitio, o al menos no a ninguno bueno.

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blacksword
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Mensaje por blacksword » Dom Oct 01, 2006 9:38 pm

ADRIAN
6º día de la 3ª decana de Khytorn, Puesto de guardia

Las palabras de Vohlm lo desconcertaron

"-Detecto cierta influencia extraña en Ambert. No es arcana"

Algo ha manipulado la mente del enano ¡y no mediante magia!. Por los dioses, el asunto se complica. Al menos podemos descartar a los phaerimm, puesto que estos utilizaban magia arcana para someter a sus esclavos. Quiza fue cosa de desolladores mentales, famosos (o mas bien infames) por sus impresionantes poderes psiquicos.

Su reflexion lo distrajo de la conversación entre la maga halruana y el mago que se hacia llamar Alanthir.

"- Interesante. El aura ha desaparecido"

-¿Que? ¿Se habia esfumado sin mas? Eso significaba que aquel que controlaba al enano los habia detectado de algun modo o... no, el enano dijo que se habia quedado dormido y luego habia despertado en otro sitio. Lo mas probable era que solo pudiera acceder a su mente mientras dormia, cuando estaba con la guardia baja.

Mientras estos pensamientos cruzaban la mente de Adrian alguien propuso encerrar al enano en la alacena mientras descansaran.
- Una medida prudente - pensó -pero no demasiado "civilizada", seria preferible montar guardias y que el encargado del turno vigilara al enano mientras tanto. No tenia sentido tratarlo como un prisionero. - Sin embargo al instante Dueris se ofrecio a encerrarse con Ambert en la alacena. Eso ayudaria a que el pobre guardia no se sintiera como un apestado. Adrian apoyo la oferta del enano y se ofrecio a hacer el ultimo turno de guardia.

Durante el dia siguiente registró la sala con los demas, por desgracia sin demasiado éxito y, a la mañana siguiente, tras acordar que Ambert los acompaária se pusieron en marcha.

****
6º día de la 3ª decana de Khytorn
****

Adrian escuchó con interes la conversacion sobre los barcos voladores de Halruaa, pero se abstuvo de participar. No sabia demasiado del tema asi que prefirio permanecer callado escuchando. Le llamó la atencion la forma de formular la pregunta sobre las ciudadelas voladoras netheritas. ¿Habia algo parecido al desden por el arte de Halruaa detras de esa pregunta o era simplemente fruto de un caracter aspero? Sin duda habia algo inquietante en ese mago.

Tras escuchar la respuesta de Vohlm, Alanthir se acercó a Adrian
# Charla: 6º día de la 3ª decana de Khytorn del 1372, Garndor #

Al cabo de un rato encontraron los restos de los enanos y los quaggots. Examino los restos con los demás y observo como Dueris realizaba un peculiar rito funerario a los enanos muertos. Al poco Hardash llegó informando de un grupo de quaggots delante.

NT: Adrian cuenta el numero de cabezas / craneos, tanto de enanos como de quaggots. Despues usa la habilidad de Saber(Tactica Militar) para intentar saber algo sobre las capacidades combativas del grupo de quaggots en base a las bajas en ambos bandos y las heridas de los cuerpos que esten sin devorar.

Tras escuchar a los demas Adrian respondió:

-Coincido con la valoracion de Xandros. Si ese grupo de quaggots ha conseguido eliminar una patrulla enana son oponentes dignos de tener en cuenta. Tambien pienso que debemos eliminarlos, no tanto por venganza como porque puede suponer un problema, y mejor atacar ahora que tenemos la ventaja del factor sorpresa. Propongo usar magia de area para ablandarlos antes de entrar en combate. Yo puedo acercarme protegido por un hechizo de invisibilidad y eliminar unos cuantos con un cono de acido. El hechizo de invisibilidad es bastante potente para no desvanecerse con el ataque, pero despues de eso deberiamos aprovechar para atraerlos hacia terreno favorable y alli terminar con ellos. Sobre la propuesta de Alanthir quiza pudiera ser util, pero viendo que son tan salvajes como para devorar a sus propios muertos dudo que podamos obtener mucha información de un interrogatorio.

NT: Adrian cuenta el numero de cabezas / craneos, tanto de enanos como de quaggots. Despues usa la habilidad de Saber(Tactica Militar) para intentar saber algo sobre las capacidades combativas del grupo de quaggots en base a las bajas en ambos bandos y las heridas de los cuerpos que esten sin devorar.

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Mensaje por artemis2 » Vie Oct 06, 2006 8:41 pm

El plan había sido trazado, si no con meticulosidad si con precisión. No hubo necesidad de grandes explicaciones todos demostrasteis ser profesionales y saber cual debía de ser vuestro papel en ese ataque. Los dos calishitas se adelantaron silenciosamente tomando posiciones, mientras los magos se acercaban a una distancia propicia para la destrucción que iban a liberar. Los guerreros por el contrario permanecieron detrás para no alertar a nadie con el estrépito de sus armaduras, pero preparados para cargar contra el enemigo y frenarles antes de llegar a su artillería. Todo estaba atado y listo para descargar la ira del Pueblo Recio sobre aquellos que eran sus enemigos. Por eso os sorprendió tanto cuando todo fallo.

Cuando Volhm ya iba a lanzar su conjuro resbaló de forma poco natural y cayo, y lo mismo les ocurrió al resto de los magos. Los guerreros no se lo pensaron e iniciaron la carga para cubrir a los indefensos magos, que en su caída habían alertado a los centinelas, por llamarlos de algún modo, de los quaggoths, o al menos lo intentaron. Ambert se lanzo a los pies de Pyradar derribándole, y Xandros se detuvo ante la advertencia de Adrian sobre penetrar en la zona de grasa, fuere lo que fuese que quisiese decir con eso. Para cuando habían conseguido disipar esa magia, y Pyradar dejar inconsciente al huryn, los quaggoths ya estaban sobre el grupo.

Realmente no eran rival para vosotros, ni deberían haberlo sido para esa partida enana, al menos en ese numero, lo cual os hizo pensar en vuestro misterioso enemigo, posiblemente el mismo que “ataco” el puesto de guardia. Los quaggoths daban duro y no daban ni pedían cuartel, además os habían cogido de lleno y mal organizados, pero aun así no eran rival para vosotros. Como tampoco lo deberían haber sido, en este numero, para la patrulla del capitán, lo cual os llevo a pensar en el misterioso atacante que a buen seguro seria también el responsable de las desapariciones en el puesto de guardia. Aunque uno de los quaggoths demostró tener mas aguante, empuje y, aunque pareciese increíble, salvajismo que sus compañeros, y a por él fue Pyradar de cabeza, consiguiendo acabar con la bestia pero no sin llevarse un par de buenas heridas en un aguerrido duelo.

Y así acabó el combate, tan rápida e inesperadamente como había comenzado. Aunque los que estaban en el suelo esta vez eran los quaggoths, todos ellos, ninguno había intentado rendirse, aunque Dueris había conseguido dejar a uno inconsciente. El atacante misterioso no había vuelto a actuar, aunque podría, lo cual dejaba claro que era una criatura precavida, y que aquello posiblemente había sido solo una prueba de vuestro poder. Ahora haceros una idea de a que os enfrentabais. Una criatura con amplios poderes de algún tipo, inteligente y paciente, pero despiadada.

Acampasteis no muy lejos de allí, en un túnel cegado por un antiguo derrumbamiento donde aun podía apreciarse una antiquísima estatua enana, mellada y destrozada siglos atrás quien sabe por que. Con vosotros estaba el nuevamente consciente huryn con un amplio chichón allá donde Pyradar le diera para dejarle inconsciente, y el quaggoth, que a pesar de estar fuertemente atado no dejaba de intentar liberarse y gruñir. Decididamente razonar con aquella bestia parecía algo complicado, quizás imposible.

Aunque quizás los peores problemas estuviesen entre vosotros. Desde el combate Volhm miraba a Alanthir con un abierto desprecio e incluso ira. Pyradar había visto más de lo que hacía la magia y seguía despreciándola. Y pequeños roces que comenzaban a agravarse se iban sumando a vuestras relaciones. Y así os pusisteis a discutir las guardias para esa noche.

MJ: Adrian ha usado visión en la oscuridad, armadura de mago, crear tatuaje mágico y fuerza de tordo. Alanthir ha usado armadura de mago, rociada de color, orbe ácido menor y un disipar magia además de un visión en la oscuridad para si mismo. Dueris ha usado un curar heridas moderadas con Pyradar y un curar heridas ligeras consigo mismo. Volhm ha usado proyectil mágico, imagen múltiple y rayo abrasador, además de un visión en la oscuridad para Xandros. Todos perdéis una ración excepto Alanthir que no consume y Hardash que consume 2 (por Laab). Los puntos de daño restantes son: Adrian 6, Alanthir 8, Arshin 2, Dueris 6, Hardash 11 (Laab 14), Pyradar 14, Volhm 7, Xandros 8
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Raelana
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Mensaje por Raelana » Sab Oct 07, 2006 1:30 am

HARDASH
Comenzaba el combate y Hardash se adelantó, acompañado por la silenciosa calishita de la que nunca recordaba el nombre. La mujer era muy callada y apenas habían hablado durante todo el viaje; tampoco Hardash había intentado un acercamiento y eso que procedían del mismo país y podría entenderse con ella mejor que con los demas. No pertenece a mi nivel social, había pensado más de una vez, para luego darse cuenta de que eso era algo que ya no tenía sentido. ¿Qué nivel social tenía él ahora? A pesar de todo la educación que había recibido lo retraía, no podía verla como a una igual.

Ahora, justo antes de la batalla, le sonrió en la oscuridad. La mujer era sólo una sombra en blanco y negro, nunca se acostumbraría del todo a la falta de luz, a la ausencia de colores. Nunca se acostumbraría a la falta de sol. Le pareció que ella le devolvía la sonrisa y se sintió nervioso. Los magos iban ya tras ellos, la lucha iba a comenzar.

Hardash esperó pacientemente el avance de sus compañeros, la actuación de los magos. En ningun momento pensó que algo pudiera salir mal. Salió mal para la patrulla enana, se dijo mientras esperaba. Pero la patrulla no llevaba magos, se contestó a si mismo. Los magos eran útiles aunque a veces resultaban demasiado presuntuosos, Hardash, de pequeño, siempre había querido tener una alfombra mágica como la de su padre.

Todo se volvió confuso a partir de entonces. Los magos cayeron al suelo en un tumulto desordenado y también los primeros guerreros que se aproximaron a ellos. Los quaggoths atacaron, intentando aprovechar su repentina ventaja pero sin un orden aparente en su estrategia. Claro que, tras el traspiés del plan, tampoco ellos seguían ninguna estrategia. Hardash se unió a la lucha apoyando a sus compañeros e indicó a Laab que tomara posiciones a su lado. El gigantesco escorpión se abrió paso a través de los quaggoths pero no pudo evitar que las armas de los enemigos hicieran mella en su cuerpo.

También Hardash estaba herido, el alfanje se introducía en los peludos cuerpos pero no podía evitar que las armas de los quaggoths también hirieran el suyo. Al menos el turbante seguía en su sitio y los enemigos estaban muertos. Quizás no tan bien como pensaban, pero las cosas no habían ido mal. Hasta tenían un prisionero, aunque Hardash no imaginaba para qué iba a servirles.

Se abstuvo de decirselo a Dueris, que lo había hecho prisionero con mucho entusiasmo, aunque se acercó al enano para pedirle que le echara un vistazo a Laab.

-Maese Dueris, quizás podríais hacer algo por Laab. Al pobre lo han herido durante la refriega -el escorpión había luchado valientemente y el enano había demostrado mucho interés por él durante el viaje, era de los pocos del grupo que no habían mostrado recelo por él, a pesar de eso Hardash se sintió un poco renuente a pedirle ayuda, había otros heridos en el grupo-. Después de atender a nuestros compañeros -añadió con una sonrisa.

La cena transcurrió extraña, entre miradas y silencios. El calishita estuvo a punto de hacer un par de bromas sobre la torpeza de los magos pero terminó cerrando la boca y atusándose el bigote ante lo tenso de la situación. No podía dejar de mirar de reojo al prisionero, al que le hubiera gustado dejar muerto en el campo de batalla. Ni dejar de pensar en el misterioso atacante que, sin duda, los estaba siguiendo. Eso era malo, pensar evitaba que disfrutara de la comida aunque la cena en sí no fuera gran cosa. Uno de los magos, Alanthir, no comía. Hardash no lo entedía. La comida no era algo imprescindible para él, era uno de los pequeños placeres de la vida al que no estaba dispuesto a renunciar aunque se presentara de forma escasa e insípida. El calishita miró a las dos mujeres, ninguna de las dos era realmente hermosa aunque ambas tenían detalles que las hacían especiales, tanto a la luz de un globo mágico calishita como en las sombras negras y blancas de la oscuridad.

-Bien, será mejor que descansemos lo que podamos -comentó-. ¿Cómo organizamos las guardias? Yo preferiría hacer la última.
Mi blog: Escrito en Agua
Mi viddeoclip: Balamb Garden - The Ghost

Deberíamos dar gracias por los pequeños favores de la vida, como dijo el gnomo cuando se voló una mano cuando podría haberse volado la cabeza.


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Mensaje por Larloch » Sab Oct 07, 2006 12:35 pm

Alanthir Nthalar
6º a 7º día de la 3ª decana de Khytorn del 1372, Garndor.

Poco a poco fueron colocándose en posición todos y cada uno de ellos. Por lo que había oído, los quaggoths no serían rival, pero más valía ser prevenido, una partida enana había caído y pese a que dudaba que los quaggoths hubiesen sido el motivo, no podía más que mantenerse alerta. La primera parte del plan era simple, una descarga de magia y después los guerreros intervendrían. Simple, limpio y efectivo.

Mientras se acercaban, rezó para si mismo a Shar, para él se había convertido en una constante, siempre que había que emprender una acción de relevancia por parte de la Ciudad, el templo de Shar organizaba un rezo de la ciudad entera para que la diosa les sonriera. Él nunca dudaba de que Shar les guiaría, con lo que el rezo se había convertido en una forma de darse fuerza y centrarse.

Justo antes del ataque miró a sus dos compañeros, sabía que el uso de su magia posiblemente haría que la halrueiana pasará a odiarle, pero con eso ya lidiaría después, como todo, era simplemente una cuestión de matices, influencias, palabras y en eso se había movido toda su vida.

Se movió levemente, intentando evitar hacer ruido y de repente resbaló! ¡Magia!, ¿de esos bichos? Pensó, pero rápidamente se dio cuenta de quién podía haber sido el culpable. Apenas le dio tiempo a reaccionar, la trampa degeneró en una lucha, el ruido inundó la caverna. ¡Que la sonrisa de Shar te sumerja en al Oscuridad! Juro mientras se ponía en pie y rápidamente lanzaba un conjuro de Disipar magia, tenía que evitar que toda la línea degenerara en un caos. Miró levemente a la halrueiana, su cara lo decía todo, con un gesto divertido se inclinó levemente hacía ella, como había hecho ella con él el primer día. Después se concentró en la batalla.

El combate, pese a los problemas iniciales, mostró que los quaggoths no eran rivales para ellos, ni lo debieron de ser para la patrulla de los enanos pensó rápidamente. Le intranquilizaba el ver que su rival podía tener a su alcance al menos dos fuentes de poder, uno era arcano, el otro, dudoso. Lo que más le preocupaba era saber si había sido él el que había preparado este encuentro. Mientras pensaba esto, mantenía a raya al resto de quaggoths, un conjuro aquí, ayudando a intentar evitar que presionarán más fuerte, otro en la zona donde un quaggoth luchaba con más fuerza. No era un combate difícil.

Miró al quaggoth que había logrado capturar Dueris. Visto lo visto en la lucha, dudaba que fuera realmente útil interrogarle, pero no perdían nada.

- Maese Dueris, para el interrogatorio podría preparar ciertos conjuros que harían que el quaggoth estuviera más predispuesto para hablar.- Señalo al quaggoth mientras se movía y retorcía para librarse de las ataduras.- Ahora creo que poco podría y querría decirnos.

Acampó con el resto de sus compañeros, el sitio era curioso, pero lo que más le llamó l atención fue la estatua enana que había, no la tocó por respeto a los enanos, simplemente la observó. Sin mirar a nadie en particular dijo.

- ¿Qué representaba esta estatua? Pese a que el tiempo se ha cobrado su precio, no deja de ser hermosa en cierta forma.

Después se retiró a comer, más bien a ver como comían el resto de sus compañeros. Observó las miradas extrañadas del calishita, era normal, mucha gente sentía cierta extrañeza e incluso repulsión al ver que alguien no comía nunca.

- Maese Hardash, ¿os extraña el hecho que no coma?.- Miró levemente la comida.- No creáis que no sé apreciar una buena comida, o un buen vino o cerveza, simplemente esta magia proporciona ciertas ventajas que son muy útiles y que en ciertas circunstancias, como en mitad de una guerra o expedición, aún lo son más.

Tras este comentario, cambió el tema de conversación rápidamente, el hecho de que les hubieran sorprendido tan fácilmente…

- Creo que deberíamos de hacer guardias combinadas, es decir, un practicante de la magia, sea divina o arcana, con un guerrero, nuestra amenaza más seria parece dominar magia y seguramente pueda influenciar a seres como los quaggoths. Con lo que necesitamos ambos elementos para protegernos. Eso en el caso de que no queramos usar un espacio extradimensional para dormir y refugiarnos, algo que recomendaría encarecidamente.

Hizo una pausa.

- Además, estoy seguro que en ese espacio los magos no podríamos caernos como antes de la lucha.- Se rió levemente, pese a que en su fuero interno le hervía la sangre al recordar el ridículo, más que por haberlo hecho, se recriminaba el no haberlo previsto.- Supongo que mi antiguo maestro si se enterará de este incidente, me obligaría a estar dos semanas limpiando su laboratorio, algo que os puedo asegurar, poco seres soportarían…

Después se giró hacía Volhm, sabía que la maga le llevaba mirando con odio y asco a partes iguales desde la lucha, sin embargo, era consciente que este era un tema sobre el que tenía que evitar que la maga hablará mucho, estaba seguro que tarde o temprano habrían problemas, pero ahora era quizá un momento para desviar la atención o simplemente empezar a confundirlo todo entre sombras.

- Milady Volhm, estáis bien? Os veo taciturna.- Hizo una pausa.- ¿Quizá era esta la primera lucha en serio? La primera vez que yo intervine en una lucha fue peor que esta y la sensación y la forma de actuar que mostráis ahora me recuerdan mucho a la mía entonces.- Se pasó la mano por la barba, mesándosela levemente.- Mi primer batalla fue… un desastre.

Miró levemente hacía el techo de la caverna.

- Nuestro grupo tenía que seguir a un enemigo que iba acompañado por varios orcos, el enemigo parecía un poderoso mago. Recuerdo que nos movíamos por la noche, levemente iluminados con el fin de recortar la ventaja que nos llevaban.- esbozó una leve sonrisa, de tristeza.- ¡Qué equivocados que estamos! En mitad de un claro, nos emboscaron, apenas tuvimos tiempo de reaccionar y uno de los nuestros ya había caído presa de las afiladas hachas orcas, lo siguiente fue confuso, caótico, pero sé que logramos sobrevivir tres. Uno de ellos murió mientras regresábamos a buscar alguien que el pudiera curar. Al día anterior, actuaba como vos. Mi consejo, si lo aceptáis, es que intentéis olvidarlo lo más rápido posible, la próxima será mucho más fácil de sobrellevar.

Se paró unos segundos, la historia que les había contado, no era mentira en esencia, así había acabado su primera misión, al diferencia es que el “mago” era un phaerimm y que su viaje por la noche se debía a intentar aprovechar los poderes de los umbras del grupo. Pero como le había dicho un bardo en una de las tabernas en las que había parado camino del campamento de la Cruzada, la verdad es relativa cuando la historia es buena.

Miró levemente a la maga, confiaba que con esta pequeña farsa, cualquier comentario de la maga en cierta forma fuera considerado como producto del nerviosismo y de la tensión del combate. Y sino, el contraste sería evidente entre su actitud y la de la maga, con lo que posiblemente sus quejas pasarán como discusiones de magos más que como un problema realmente importante dentro del grupo.

- En lo concerniente a las guardias, yo necesito solo tiempo para preparar los conjuros, y un poco de sueño, con lo que no tengo problemas especiales para llevar a cabo una guardia.
Recopilación en proceso: Mi versión de la ciudad drow de Eryndlyn.

Ultima recopilación de información: La ciudad calishita de Almraiven

"El poder tiene su propia belleza. Quizá la más bella combinación de potencia y gracia entre las criaturas mortales de Toril sea la de un dragon." Sammaster, Tomo del Dragón

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Iridal
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Mensaje por Iridal » Mar Oct 10, 2006 12:31 am

VOLHM
6º a 7º día de la 3ª decana de Khytorn del 1372, Garndor

Antes de poner en práctica el plan, Volhm se permitió unos momentos de intimidad. Llevándose la mano al símbolo de Mystra grabado en uno de los brazaletes de electrum que adornaban sus muñecas, entró en el profundo estado de abstracción que le permitía entrar en comunión con la Urdimbre, buscando ese lugar donde el complejo entramado del Tejido se fundía con la diosa, ese breve instante de comprensión que le permitía, algunas veces, imbuir sus conjuros con una chispa de la gracia divina.

El instante llegó y pasó. Volhm suspiró, sintiendo que había ganado, durante un fugaz segundo, algo muy valioso para perderlo casi al segundo. Pero el ritual, que percibía como una plegaria y una deferencia, también suponía para ella una especie de bendición, una señal de la aprobación de Mystra. Todo mago sabe cómo alcanzar la Urdimbre, pero lograr tal percepción, tal compenetración, era un extraño y valioso regalo que Volhm agradecía humildemente a la diosa.

Finalmente, los exploradores se adelantaron a la fuerza bruta del grupo. Volhm avanzó junto a Alanthir, una mala idea si se hubieran enfrentado a otros enemigos, pues sabía muy bien que un solo conjuro podía poner fuera de combate a buena parte del potencial mágico del grupo. Pero se enfrentaban a quaggots; no esperaba problemas en ese sentido. Aunque, naturalmente, estaba la pequeña cuestión de cómo aquellas bestias bárbaras habían logrado abatir a toda una patrulla de enanos.

Cuando estuvieron a una distancia adecuada para poner en juego su arte, Volhm hizo una seña a Alanthir, y se dispuso a lanzar su primer conjuro, uno que incapacitase en grupo a las criaturas, como habían convenido previamente. Inmediatamente después Alanthir la secundaría, intentando afectar a aquellos que pudieran haberse escapado del primer hechizo. Volhm confiaba en que después de aquello poca magia más fuera necesaria...

Ya movía las manos en los primeros pases del conjuro cuando el suelo pareció desestabilizarse bajo sus pies. Antes de que pudiera hacerse una idea de lo que estaba pasando, aterrizó en el suelo en medio de un denso charco de grasa. ¿Qué? ¿Magia? Volhm pensó en el misterioso ser que había hechizado a Ambert, y reprimió un reniego. Vagamente, se percató de que no era la única que había sucumbido al conjuro. A su lado, Alanthir se levantó un tanto inestable, y masculló las palabras de un hechizo de disipación. La mujer se quedó helada al ver en acción las fuerzas arcanas, oscuras, frías... ajenas a la Urdimbre. Bastardo de nigromante, ¿así que por eso rehuías conjurar delante de mí? No por desconfianza, no por un deseo de intimidad... maldito hereje.

La mirada de Alanthir se cruzó con la suya, en un instante interminable. El mago bárbaro debió haber adivinado que había sido descubierto, porque esbozó una sonrisita divertida, y con ironía se inclinó ante ella. Una furia fría inundó a Volhm. No le bastaba con practicar una magia corrupta, que aun se complacía en burlas...

Envuelta en el blanco cegador de su ira, la maga devolvió su atención al campo de batalla; aquél no era momento para recriminaciones, ni para distracciones. La situación había degenerado de mala manera, en un cuerpo a cuerpo descontrolado, cuando todo hubiera debido ser tan sencillo. Con todo, y a pesar de su inferioridad numérica, sus compañeros parecían estar dominando la situación. Lo que yo decía, sólo son bestias salvajes. Su voz restalló como un látigo en el lenguaje secreto en el que eran declamados los conjuros halruanos, y dos flechas ígneas surgieron de la punta de sus dedos; a Volhm le pareció que parte del fuego de su ira iba volcado en aquellos proyectiles. Miró de reojo con desprecio a Alanthir, y saltó a un lado para esquivar a una de aquellas bestias malolientes. Vagamente, fue consciente de una ramalada de dolor, rápidamente pasada a un segundo plano.

Entre dientes, musitó un conjuro que generaría varias copias especulares de sí misma, de forma que sus enemigos no pudieran conocer su posición real, y se encargó del molesto quaggot con una andanada de proyectiles intangibles. Volhm permaneció a la espera, por si su arte volvía a ser necesario, pero le pareció que no era así. En breve, todo terminó. Dueris incluso había conseguido un prisionero.

Le hizo un gesto de aprobación, dio la espalda al hereje, y se alejó para examinar a Ambert –no podía menos que pensar en la forma en que se había abalanzado sobre Pyradar-, para después echar un vistazo en la zona donde la grasa se había materializado, y los lugares desde donde pudiera haber sido conjurada. Quería averiguar si aquello había sido realmente un conjuro, o tenía un origen tan inusitado como el efecto enajenador que se había apoderado de Ambert... dos veces. Durante un segundo, consideró la idea de lanzarse un conjuro que le permitiría ver a las criaturas invisibles, o lanzar al área otro que las pondría a descubierto. Pero se daba cuenta de que aquella criatura, fuera quien fuera, había jugado con ellos, poniéndoles a prueba para saber hasta dónde podían llegar.

En su lugar, ella no se hubiera quedado en la zona tras el experimento.

Tras cerciorarse una vez más de que no quedaban restos residuales de magia por ningún lado y de que el fastidioso conjurador no anduviese donde ella pudiera detectarle, se acercó al grupo. Pyradar les conminaba a avanzar. Volhm se alejó deliberadamente de Alanthir situándose junto a Dueris, y caminó sin pronunciar palabra todo el camino.

Acamparon no muy lejos de allí, Volhm todavía sumida en su silencio ominoso, aunque no dejaba de lanzar miradas funestas en dirección al hereje. Al menos, no habló hasta que éste rompió el silencio del grupo.

-Maese Dueris, para el interrogatorio podría preparar ciertos conjuros que harían que el quaggoth estuviera más predispuesto para hablar –propuso el hereje.

-Yo también podría preparar algún conjuro que quizá nos permitiera averiguar si miente o si se calla algo –dijo Volhm, sin mirar a Alanthir. ¿Cooperar con él en el uso de su magia? Aquello era poco menos que... que... impensable.

Sin embargo, había algo importante que indicar. Volhm reflexionó en cómo decir aquello sin herir la susceptibilidad de los enanos.

-Todos hemos visto –dijo finalmente-, cómo Ambert se abalanzaba contra Pyradar, derribándole. –Miró el chichón que el enano tenía en la frente, mudo testigo de lo que Pyradar había tenido que hacer para librarse de él-. Ambert parece tener cierta susceptibilidad para caer bajo la influencia de nuestro misterioso perseguidor. –Perseguidor tenía que ser si los había seguido desde la torre; y a saber qué planeaba-. Eso puede ser... un problema.

Sí, un problema, y muy grave, si tenemos a alguien que puede traicionarnos entre nosotros, pensó ella. No le gustaba aquella situación. La hacía sentirse... observada. Amenazada.

Así que calló, preguntándose si el ser misterioso estaría rondando por los alrededores, o si sería capaz de tenerlos controlados mediante escudriñamiento. La sola idea era enervante. Volhm se sentó con sus compañeros a comer, si bien realmente no saboreó nada de cuanto ingirió. Al quebradero de cabeza que suponía el ser misterioso y la influencia que ejercía sobre Ambert se sumaba Alanthir. Se preguntaba qué haría con el problema que le presentaba el hereje. Dudaba de que el resto de sus compañeros se hubieran dado cuenta de qué clase de serpiente albergaban entre ellos.

Era consciente de que muy probablemente no lo entendieran, ni aun si ella se lo explicara. Adrian sí, él había sentido el toque de Mystra; él entendería, si no se había dejado arrastrar por la fiebre de poder que consumía a tantos magos bárbaros. Y tal vez Dueris se esforzase por entenderlo, pero los otros probablemente desestimarían el asunto considerándolo “cosas de magos”.

¿Cómo explicarles lo importante que era aquello?

Para rematar las cosas, Alanthir empezó a hacerse el simpático intentando confraternizar con todos. Habló amablemente con el calishita, tomándole por un niño de cuatro años. Y luego se volvió hacia ella, tratándola como si fuera una aprendiz en su primera expedición. Los labios de Volhm se fruncieron con sorna mientras el hombre hablaba, tejiendo hábilmente sus palabras de forma que parecieran, ah, tan lógicas y razonables. Pero Volhm veía –o quería ver-, la burla tras aquella charla embaucadora. No se le iba de la cabeza la imagen del hereje inclinándose ante ella, haciendo una parodia del gesto de respeto entre dos practicantes del Arte.

Y por más que una parte de ella la movía a poner de relieve su falsedad, a restregarle por las narices la forma en que les había engañado, Volhm se encerró en un cubo de helada calma, manteniendo a raya la ira, y escuchó en silencio, dejando que el hereje se enredase en su tela de araña, sin duda tejida a base de mentiras.

Cuando Alanthir acabó, se llevó la mano al símbolo grabado en el brazalete; el tacto con aquel grabado, tantas veces usado al canalizar la energía de Mystra en los pocos conjuros divinos que era capaz de lanzar, la ayudó a mantener la serenidad.

-No, mi señor Alanthir. No ha sido mi primera lid, y no estoy aturdida porque nos hayan tomado por sorpresa. He sufrido humillaciones mayores en combate, y también pérdidas que han dejado heridas en mi alma que nunca cicatrizarán. Si callo, es porque me asombra cómo alguien puede ser tan falso como vos. –La voz de Volhm se mantuvo en un tono sereno, pero tajante-. De modo que sois un seguidor de Shar. Un usuario de su negra Urdimbre. Muy calladito os lo teníais, maestro Alanthir –impregnó el título con un desprecio más que evidente.

Miró a los demás, con orgullo.

-Sé lo que pensáis de los halruanos. Lo he oído, muchas, muchas veces. Y quizá no os falte razón al decir que es fácil deducir la nacionalidad de uno de mis compatriotas simplemente a partir del sentido de la superioridad del que hace gala. Somos un pueblo orgulloso; los herederos de un gran imperio. Pero somos algo más que orgullo vacío. Nosotros recordamos el precio que supone un poder ejercido sin responsabilidad. Sabemos que sólo duras elecciones y vigilancia constante nos librará de compartir el destino de Netheril. Nosotros conocemos la necesidad de control, de mantenernos dentro de unos cauces. –Miró a Alanthir-. Al contrario que otros.

Entornó los párpados.

-No puedo menos que pensar en la conversación que tuvimos el otro día... muy interesado estabais, maestro Alanthir, en que os respondiéramos a vuestras preguntas sobre la ciudadela flotante del Anauroch... sí, muy interesado... ahora me gustaría preguntar a mí... he oído hablar de unos magos corruptos que habitan en esa ciudadela...

Volhm esperó la respuesta del hereje, quería ver qué le respondería. No hacía falta decirle que en realidad ya en su país habían llegado a sus oídos unos cuantos rumores más; por lo que sabía, el alto clero de Mystra sospechaba que se trataba de una antigua ciudadela de Netheril habitada por arcanistas corruptos, arcanistas adoradores de las sombras. ¿Sería eso cierto? Volhm reprimió las ganas de sacudir la cabeza, preocupada.

¡Menudo compañero de viaje le había caído en suerte!

Según las creencias halruanas, ayudar a un hereje era tanto como cometer traición contra el país...

Vaya problema. Como que confío más en el enano sugestionable...
Última edición por Iridal el Dom Oct 15, 2006 8:33 pm, editado 1 vez en total.
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Shisei
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Mensaje por Shisei » Mar Oct 10, 2006 2:42 am

8º día de la 2ª decana de Khytorn, Sala de los Caídos, Fortaleza Puerta del Enano, Tethyr.
ARSHIN

A pesar de que tan sólo hacía unos días que había salido de la cárcel, esto no parecía importarle demasiado, que le importaba el resto del mundo si él no podía estar a su lado y si tenía bien claro que nada podía hacer en ese mismo momento para poder salvarle, meses antes lo habían intentado todo el grupo juntos y muy mal fue el intento si había vuelto sola, moribunda y sin aquel que había jurado salvar. Sin embargo pese a todos sus esfuerzos no había funcionado y desde que había salido de la cárcel no había salido de su casa, se había mantenido en su casa con el ánimo por los suelos y la única compañía de aquella que había querido como una madre.

- Táxer, ¿dónde estás?, ¿seguirás con vida?- se preguntaba Arshin cabizbaja mientras mantenía la cabeza baja intentando que Nanshia no la viera llorar en ningún momento, aunque con poco éxito.
- Arshin, no puedes vivir tan cabizbaja, tienes que salir de la casa y hacer algo, no te puedes desanimar, lucha por lo que quieres- le dijo Nanshia intentando hacerla reaccionar con poco éxito.

Llevaba días intentando hacerla reaccionar con poco éxito, lo que ya empezaba a conseguir que se le quitara toda esperanza de que en algún momento se levantara y marchara de la casa a intentar a hacer algo. Tal era su desesperación que incluso dejó entrar a su casa a la persona que se había prometido no volver a dejar entrar a su casa, el hombre al que respondía al nombre de: Zasheid.

- Arshin tienes que hacer un trabajo para mi- empezó a decir Zasheid con la seguridad que le caracterizaba- Unos aliados necesitan que envíe a alguno de mis hombres para que le ayude y tu sin dudármelo ni un momento, has sido mi elección.
- Zasheid, no estoy para nada- le contestó Arshin sin levantar en ningún momento la cabeza- Tendrás que buscarte otra persona pues no me encuentro disponible para nadie.
-No puedes ser tan desagradecida-contestó Zasheid sin parecer que nada le pudiera afectar- Si tienes intención de salvar algún día a Táxer no te recomiendo enemistarte conmigo.

Aunque no deseaba actuar por nada del mundo reconocía la certeza de las palabras de Zasheid, mucho había hecho por ese hombre hasta ese mismo instante, como para tirar a la borda todo lo que había conseguido, poco le importaba donde fuera y a quien tendría que ayudar, sabía que Zasheid le devolvería el favor algún día. Por lo que a pesar de su propia voluntad. Marchó.



En el momento en el que miraba la estancia, le sorprendía el estilo que tenían los enanos para hacer las cosas, pues no era una raza con la que tuviera demasiada costumbre de tratar, sin embargo en ese momento prefería concentrarse en las cosas que si conocía, pues a pesar de tener unos intereses muy marcados en la vida, prefería aportar toda la información que le fuera posible.

-Este escudo me suena a una pequeña compañía mercenaria que cayo frente a un grupo de duergars no hace mucho.- Dijo Arshin en tono informativo.

- ¿Y que crees que son el resto de escudos de la sala?- Le contestó un enano que parecía solo ligeramente menos resistente que la mesa.- ¿Compañía para que no se aburra?

Las palabras de enano le dejaban bien claro que sus palabras habían sido malinterpretadas, tan sólo quería informar de aquello que si podía explicar, sin embargo lo que de todo lo que estaba fuera de su alcance prefería no hacer conjeturas, suerte tenía de que en ese mismo instante la opinión del resto del mundo no le importaba, ya que tenía bien claro que le había traído hasta ese lugar, aunque en cambio tal vez fuera mejor que se mantuviera callada al menos un tiempo.

-Salud y gloria para aquellos con fuerza para empuñar el hacha.- Dijo Dagnit en Dethek antiguo dejando bien claras cuales eran sus preferencias en temas de religión.- No pienso haceros perder el tiempo y no voy a permitir que lo hagáis conmigo, así que dejare claras las cosas. Una de nuestras patrullas en la zona de Garndor desapareció hace dos semanas, y con ella dos grupos enviados en su busca. El Gran Hacha desea un informe sobre el origen de esas desapariciones y el si supondrá un problema en un futuro cercano. Si es un problema local debéis dejarlo en paz, sellaremos esos túneles y que Duerra lama sus malditos huesos, pero si es algo más debéis volver con información sobre la naturaleza y la gravedad del problema.

- Por supuesto- añadió el arthane totalmente serio- no os privéis de eliminar la amenaza si esta en vuestras manos. Acudid a mano de batalla Shendar él os dará un mapa de la zona y os conseguirá provisiones y el equipo que necesitéis para llegar allí.

- ¿Alguna duda?- Preguntó en un tono duro que dejaba claro que si las había os convenía que fuesen pocas y concisas.

Aunque nunca le había gustado un exceso interés por la religión, al menos se le podía conceder al enano que era un hombre directo y claro, no quería ni perder, ni hacer perder el tiempo, cosa que le agradaba pues todo momento lejos de sus verdaderos intereses era perder el tiempo y aunque sabía que lo más posible era que no estuviera preparada para cumplir sus deseos, el conocimiento no hacía que aquello le gustara.

Uno de los enanos parecía tener demasiada prisa, sus pasos empezaron a suceder antes de que el resto del grupo decidieran si tenían o no tenían dudas algunas, demostrando poca educación a los ojos de la joven.

-Ejem, señor enano... admiro tu determinación, pero, ¿no deberíamos presentarnos primero? Por aquello de que vamos a ser compañeros, ya sabes –dijo en alta voz una mujer.

Al parecer las respuestas a esta persona no tardaron en llegar demasiado.

Milady, tenéis toda la razón, deberíamos de al menos saber el nombre de los que estamos aquí presentes, se suele decir que luchar con desconocidos atrae la sonrisa de Tyche- hizo una leve pausa para pasarse la mano por la barba.- Algo que no me importaría evitar.- sonrió levemente.- Mi nombre es Alanthir, un placer conoceros.- dijo mientras miraba a todo el mundo y hacía una leve reverencia mientras cruzaba su brazo derecho, sujetando su capa, por delante suyo. Era la reverencia tradicional de la aristocracia en Umbra y un gesto de cortesía pues con él se solía mostrar el emblema del linaje del que procedía uno, en su caso mostraba círculo envuelto por una filigrana con lo que parecían letras. En el centro del círculo de color púrpura había una enorme silueta negra de un pergamino enrollado.

- Aunque, una vez hechas las presentaciones de rigor, deberíamos de ponernos en marcha.- dijo mirando al enano.- Si los rumores que he oído sobre la Cruzada son la mitad de ciertos, dudo que esto sea una misión rutinaria.- dicho esto, se cruzó de brazo y esperó a que el resto se presentará o preguntará, pero en cuanto acabarán, no dudaría en ponerse en marcha.

-Mi nombre es Hardash Neshkem, y mi compañero se llama Laab -dijo, saludándoles con respeto y señalando al escorpión de metro y medio de alto que estaba a su lado, Laab siempre intentaba permanecer en las sombras y evitar los reflejos de las antorchas-. Estamos preparados para partir.

En ese momento le toco actuar de forma correcta a uno de los enanos, el cual pese a todo no le quito la idea de no decir nada por el momento.

Llevándose un brazo al pecho, imitando al hombre llamado Alanthir lo mejor que pudo, memorizando la nueva costumbre aprendida:

- Aiho, Alanthir. Sed bienvenido a esta nuestra humilde morada - dijo pronunciando con deliberada lentitud las palabras, esbozando una suave sonrisa- bienhallada, buena mujer - mientras le tendía una mano según la costumbre humana -, Hardash y...Laab... y larga vida al clan Crownshield, hermano. Me llamo Dueris Gemacetro, y no quiero aburriros con los largos nombres de nuestros antepasados - dijo el enano esperando que la pequeña broma aliviara la tensión respirada en la sala-. Sois todos bien recibidos en esta fortaleza, y ruego disculpéis la tensa actitud del arthane, pero son tiempos difíciles que transforman en ardua la tarea de prestar la atención que se merece a la diplomacia. Parece ser que la voluntad del Padre ha hecho que seamos compañeros de viaje por lugares peligrosos, y no hay nada mejor que confiar en quien te acicala la barba, como decimos los miembros de mi pueblo. Si precisáis algo, no dudéis en comunicármelo e intercederé ante el arthane. Cuando estéis listos iremos a ver al Mano de Batalla Shendar para que nos oriente en nuestro viaje a Garndor.

- Mi nombre es Adrian, encantado de conoceros - dijo sin mas florituras. Seguidamente se volvió de nuevo hacia el oficial enano.

- Con todos mis respetos arthane. Yo si tengo una pregunta. ¿De cuantos desaparecidos estamos hablando? ¿Tres patrullas normales?

Ante la presentación de uno de los enanos, el que habló antes hizo lo propio tras lo cual esperó al resto del grupo.

Soy Pyradar del Clan Crownshield – lanzo una significativa mirada al resto ya que había dicho su clan frente a extraños pero no quería esconderlo frente a un compañero – cruzado de Canggledin al servicio del Gran Hacha.
La misma mujer que había propuesto las presentaciones, fue la última en hacer lo propio, ya que tras la primera metedura de pata con ese grupo Arshin prefirió no hacer lo propio.
-Soy Volhm de Halarahh –dijo esto mirando al mago delgado con una sonrisa-. Del linaje Ilmareth. –No se extendió tampoco ella en más explicaciones.

Tras lo cual añadió.
-Vayamos pues a que el mano de batalla Shendar nos dé ese mapa –propuso.

El arthane se detuvo envarado en cuando la halruaana hablo. Finalmente Dagnit pareció calmarse y se centro en la pregunta de Adrián.

- Desaparecieron dos patrullas regulares de perímetro.- Dijo el enano que rápidamente se dispuso a añadir algo a ver la pregunta en la punta de la lengua de algunos.- Compuesta como siempre, de seis huryns, dos haurhammers, un hacha y un mano de batalla. El siguiente grupo era un grupo reforzado de rescate. Mi opinión habría sido sellar esos condenados túneles, pero al parecer los de arriba quieren que vosotros os ocupéis.- Dijo el arthane con un acusado énfasis en vosotros.

- Y si no necesitáis nada más os dejo con las presentaciones de sociedad, espero que partáis con la mayor celeridad que os sea posible.- Dijo el arthane abandonando la sala como un vendaval, desde luego Dagnit nunca había tenido fama de amable pero al parecer los quehaceres de la guerra habían conseguido aguarle más aun el carácter.

Siete días serían el tiempo mínimo necesario para este viaje, pues se dijera lo que se dijera los planes nunca terminaban exactamente igual de lo que se había empezado; sin embargo siempre había sido importante hacer las cosas paso por paso, tenían que mirar los caminos, aunque algunos seguros iban a transitar, el equipo que iban a cargar y otros puntos en los que en ese mismo momento no estaba segura de poder reconocer, los cuales escuchó a sus compañeros discutir.

Ocho días fueron los que finalmente tardaron en llegar al puesto de avanzadilla, sin embargo pese a seguir las costumbres enanas, sus vigilantes tardaron en aparecer más tiempo del que seguramente les hubiera gustado a todos ellos.

- ¿Quién anda ahí? – Dijo una voz claramente enana desde dentro, parecía asustada, muy asustada.

- ¡Somos un grupo de exploracion! Abre la puerta en nombre de Dagnit el arthane de Aray Burakinae.- Dijo Pyradar con tono autoritario.

Finalmente abrió, tras unos minutos, un asustado enano con un sucio uniforme militar. Dentro reinaba el más absoluto silencio.

- ¡Benditos seáis por la Gran Forja!- Dijo el enano que parecía desesperado, pero recuperó la compostura para saludar a Pyradar y os pidió que entraseis rápido.

El enano se llama Ambert Durthoin, un simple Huryn y el único superviviente de los 27 miembros que componían la dotación del puesto avanzado. Al parecer el comandante del puesto, un mano de batalla llamado Harunth había salido con parte de su dotación y el clérigo para encontrar a una de las patrullas perdidas. Tras eso partió la mitad de los restantes para tratar de informar con los superiores, y los demás fueron desapareciendo o desertando. Ambert llevaba allí casi una semana solo.

6º día de la 3ª decana de Khytorn, Sala de los Caídos, Fortaleza Puerta del Enano, Tethyr del 1er Año del Renacimiento de Netheril.

En el momento en el que todos compartían impresiones y opiniones, Arshin se mantuvo cerca de la maga aunque sin decir palabra alguna en ningún momento, pues aunque no se había presentado esta era la única que parecía haber despertado la simpatía de la muchacha, parecía una persona generosa que se preocupaba por los demás, esperaba que en algún momento surgiera la oportunidad de devolverle el gesto.

Todos tenían su propia forma de reaccionar ante la presencia de los cadáveres, sin embargo Arshin no podía hacer otra cosa que mirar al suelo y esperar que en el viaje que habían emprendido Tymora les favoreciera más de lo que lo había hecho en la vida que habían terminado.

Las conversaciones que se habían hecho hasta ese mismo momento no habían conseguido sacar palabra alguna a Arshin, realmente ningún tema parecía interesarla de manera alguna, los barcos voladores tal vez en el pasado hubieran despertado su interés, sin embargo en ese mismo instante no podía pensar en nada más que en el hombre que se había dado cuenta amar, a pesar de que no sabía si aquel amor era correspondido.

Sin embargo la pelea no había conseguido sacarla de sus propios pensamientos, pese a sacar una de sus dagas y empezó a luchar como si de una guerrera mediocre se tratara, pese a que había quedado claro que no era una maga, tampoco estaba demasiado claro a que se dedicaba, ya que por no saber no sabían de ella ni su nombre, lo que le animo a no levantar las cartas sobre la mesa, ya que aquel enemigo oculto les estaría observando y si quería que este no la pudiera juzgar tampoco lo debían de hacer por ahora sus compañeros.

Y llegó el momento del interrogatorio, dos magos parecían discutir por quien tenía que ayudar a interrogar al preso, sin embargo esto no le importaba a Arshin, tan sólo la enemistad que parecía nacer entre ambos parecía importarle, nada en absoluto parecía haber nacido en el mago hacia ella, sin embargo la maga la había dado algo sin tener ninguna necesidad de hacerlo, lo que hacía que se acercara más a esta sin tener duda alguna.

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Kharma
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Mensaje por Kharma » Mar Oct 10, 2006 1:03 pm

PYRADAR

6º a 7º día de la 3ª decana de Khytorn del 1372, Garndor

Se acercaba el momento de vengar a sus hermanos. Aunque no le gustaba que usaran magia destructiva para acabar con ellos, prefería que el no estuviese cargando contra las bestias cuando la lanzaran. Se quedo a la espera en la retaguardia junto con Dueris, Xandros y Ambert, todos preparados para entrar en combate mientras el resto avanzaban a la refriega.

Pyradar no supo que sucedió, simplemente oyó los grito de sorpresa de los magos. Al poco llego el sonido de los quaggoths alertados que se acercaban.

- ¡Rápido, debemos ayudarles! -acto seguido salio corriendo para impedir que llegaran a los magos.

A penas pudo dar unos cuantos pasos cuando noto que algo se le enredaba entre las piernas haciéndole caer al suelo. Vio que el causante era Ambert que se había tirado sobre sus piernas para hacerle caer.

- ¡Por las hachas de Clangeddin!¿Que estas haciendo?¡Suéltame! - pero el joven huryn no hizo caso, Pyradar levanto su maza y descargo con fuerza el otro extremo del pomo sobre su cabeza. Este emitió un quejido y cayo inconsciente. Pyradar consiguió librarse de su cuerpo y cargo de nuevo a la batalla.

Cuando llego aquellas peludas bestias ya se abalanzaban contra el desorganizado grupo. Cargo contra ellos gritando a pleno pulmón para atraer su atención. Un quaggoth respondió a su grito con un rugido e intento separarle la cabeza del cuerpo con sus garras. Pyradar encogió la cabeza en ese momento notando como la garra pasaba cerca de su objetivo. Aprovechando el impulso de su carga balanceo su martillo que impacto con fuerza en la barriga de la bestia que se doblo de dolor. Dejo que su martillo rebotara hacia abajo y cogió de nuevo impulso, realizo un golpe ascendente que golpeo con brutalidad sobre la mandíbula incrustándose en su cráneo. La criatura murió en el acto y su cuerpo fue despedido hacia atrás con fuerza.

- Aprenderéis por las malas lo que es enfadar a un enano – dijo escupiendo al suelo. En ese momento se fijo en la masa de musculo, pelo y rabia que parecía ser el líder de las bestias – ¡ESE ES MIO!

Avanzo sin miedo dispuesto a patear su fea su fea cara. Pyradar fue recibido por el enorme garrote que portaba la criatura, el fuerte sonido de madera contra metal retumbo en los oídos de Pyradar. Noto su fuerza y como un fino hilo de sangre caía por su nariz pero apenas movió al enano.

- ¿Eso es todo? Solo he sentido cosquillas – le grito mientras sonreía.

Paro con su escudo la segunda acometida y le devolvió el saludo con su martillo golpeando su pecho. La lucha degenero en una sucesión de golpes entre los dos aguantando como colosos. Parecía que al enano apenas le afectaban los golpes a pesar de sus heridas mientras que su martillo golpeaba sin piedad. Hasta que por fin un ataque bajo machaco una rodilla del quaggoth haciéndole caer al suelo mal herido. Pyradar levanto por encima de su cabeza el martillo y lo descargo con fuerza sobre la cabeza de la bestia. Se oyó como los huesos del cráneo se hacían astillas y una buena cantidad de sangre se derramo sobre el suelo.

Poco mas duro la batalla, los quaggoth no eran rivales y sus cuerpos quedaron esparcidos por la caverna mientras ellos apenas estaban heridos. Excepto un prisionero hecho por Dueris. Era hora de buscar un sitio para descansar y recuperarse. Por el camino notaba cierto aire tenso en el grupo.


Al final hallaron un sitio adecuado y se dispusieron a descansar. Pyradar rechazo cualquier magia curativa, con un poco de descanso estaría como nuevo. Aunque no pudo evitar ver como los magos se peleaban para poder interrogar al prisionero.

- Dudo que comprenda el idioma de los hombres – dijo mientras cortaba una rebanada de pan – o incluso que entiendan algún idioma.

- [¿Sabes hablar bestia estúpida?][Infracomun]

Pensaba que seria una cena tranquila pero ciertos comentarios parecieron estropear la comida.

- ¡Prefiero dormir en una inmunda ciénaga y que me coman antes de meterme en un agujero hecho con magia! - su voz demostraba su profundo desagrado – si tu prefieres esconderte no te lo voy a impedir.

Pero entonces es cuando salto la chispa. El extraño mago se dirigió a la maga de Halruaa que le había estado mirando de forma poco amistosa. Las palabras del mago eran tranquilas pero parecían despreciar a Volhm, era normal que respondiera de mala manera. A Pyradar poco le importaba discusiones de magos pero algunas de las palabras empleadas pusieron en alerta al enano que se levanto con rapidez.

Shar? Magos corruptos? Pyradar apenas había oído hablar de la diosa humana pero nada fue bueno. Saco su martillo y apunto con el a Alanthir, la gema central parecía brillar tenuemente.

- ¿Que es eso de mago corrupto? ¡Sera mejor que te expliques! Por que como hayas engañado al Arthane sera mejor que reces a tu diosa...

PD: Busco donde estaban acampados los quaggoths por si se habían llevado objetos valiosos de la patrulla enana, para no dejarlos ahí tirados. Si hay alguno se los paso todos a Dueris para que haga lo que mejor vea.
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Raelana
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Mensaje por Raelana » Mar Oct 10, 2006 11:14 pm

HARDASH


Las palabras de Alathir lo sorprendieron un poco, no había querido mirarlo tan descaradamente aunque estaba claro que lo había hecho.

-Teniendo en cuenta la comida, entiendo que prefiráis vuestra magia, maese Alanthir, aunque reconozco que yo tengo buen estómago -le contestó sonriendo, aunque la atención del mago estaba ya en otra parte.

Lo que había sucedido esa tarde, en la batalla, era algo que parecía preocupar a todos. Volhm miraba a Alanthir con malos ojos, Alanthir intentaba hacerse el simpático. Todos miraban con malos ojos al pobre enano que habían encontrado en el puesto de guardia. La idea de meterse en un espacio de esos raros que hacían los magos no le parecía mala ¿pero meterse con el supuesto traidor sería buena idea? Pyradar parecía decidido a quedarse fuera y las acusaciones de traidor a Alanthir no parecían mejorar la situación.

-Teniendo en cuenta la actuación de los magos esta tarde, no sé yo si fiarme de ese supuesto espacio seguro. ¿Qué haríamos, dejar fuera a Ambert como cuando lo metimos en la alacena?

Todo lo demás sucedió muy rápido. Antes de que Hardash tuviera tiempo de atusarse una vez más el bigote, la maga se había exhaltado y había acusado a Alanthir de ser un corrupto y Pyradar ya lo estaba amenazando con su martillo.

-¡Tranquilo, maese Pyradar! Llevamos viajando juntos ya unos días y maese Alanthir siempre ha sido elocuente a la hora de hablar. Seguro que no necesita la sombra de vuestro martillo sobre su cabeza para hacerlo -dijo, sin levantarse ni hacer nada para detenerle-. Es curioso cómo surgen los problemas. Justo cuando tenemos un enemigo ahi fuera, acechándonos, nos dedicamos a pelearnos entre nosotros.
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blacksword
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Mensaje por blacksword » Dom Oct 15, 2006 7:19 pm

ADRIAN

Finalmente los quaggots no resultaron un desafio y fueron eliminados sin mayores problemas que unos pocos rasguños, pero el inicio del combate fue humillante. Grasa. No se sabe de donde habia salido ni quien habia invocado el hechizo. Y lo peor no era eso, sino que habia pillado desprevenidos a 3 veteranos magos. Adrian se maldijo interiormente por el error. Ademas, no debian haber avanzado los 3 a la vez para no caer juntos. Un fallo tactico de principiante. Anoto mentalmente que a partir de ahora debia permanecer separado de los otros magos... y procurar que se mantuvieran separados entre ellos. Algo sencillo a juzgar por la forma de mirar de Vohlm a Alanthir tras el combate. El inquietante mago habia resultado ser un Conjurador Sombrio. Por eso le habia resultado inquietante, no solo por su actitud. Adrian no sabia mucho sobre los Conjuradores Sombrios pero a juzgar por los comentarios a la señora oscura de Alanthir debia ser un adorador de Shar. Cualquier adorador de un dios maligno era, cuando menos, poco de fiar.

El resto del grupo habia resultado ser tan competente como parecia. El Arthane había juntado un buen equipo. O mas bien no. Aun faltaba para que se pudiera considerar al grupo un equipo, y viendo las diferencias entre Vohlm y Alanthir posiblemente tardarian en serlo. Comprendia la repulsion de la halruana por el mago, la magia sombria era una magia extraña y ajena al tejido. Una magia apartada de Mystra y por tanto repulsiva para una fervorosa devota como Vohlm. Adrian era mas comedido en sus creencias, mas interesado en el Arte de la conjuración que en la esencia misma de la magia, pero como seguidor de Azuth, aliado de Mystra, tambien aborrecia esta forma de magia. Si habia que tomar partido por uno de los dos no dudaria. Sin embargo, en un territorio hostil como aquel en el que estaban y con unos oponentes misteriosos y sin duda peligrosos a los que enfrentarse era mejor, desde el punto de vista práctico, tragarse las opiniones personales.

Tras el combate, Adrian pudo ver como Vohlm miraba repetidamente a su alrededor. Seguramente buscaba el origen del conjuro de grasa y tambien lo que habia enajenado al huryn. No parecio encontrar nada. Eso confirmaba una de las primeras ideas que se le pasaron a Adrian por la cabeza: posiblemente los estaban observando desde lejos, viendo como se desenvolvian y evaluando el poder del grupo. Decididamente un oponente peligroso, y ademas, disponia de recursos tanto mágicos como ajenos a la magia arcana. Sin embargo ahora tenian un prisionero: uno de los quaggots.

Adrian dejó que Dueris tratara de sus heridas a los heridos y se dedicó junto con Pyradar a la desagradable tarea de registrar las escasas posesiones de los quaggots y su guarida. Solo encontraron basura, tal y como era de esperar en unos salvajes como estos, nada que revelara su afiliacion a alguna faccion ni nada por el estilo.

Cuando volvio encontró un ambiente tenso en el grupo. Se unio a ellos en la busqueda de un lugar en el que descansar, guardando silencio ante la previsible tormenta entre Vohlm y Alanthir.

Esta estalló cuando se detuvieron a comer. Adrian observó la conversación y vio como Pyradar esgrimia su martillo exigiendo xplicaciones a Alanthir ante la acusación de Vohlm. Justo cuando Adrian iba a decir algo, Hardash se le adelanto hablando en tono conciliador:

"-¡Tranquilo, maese Pyradar! Llevamos viajando juntos ya unos días y maese Alanthir siempre ha sido elocuente a la hora de hablar. Seguro que no necesita la sombra de vuestro martillo sobre su cabeza para hacerlo. Es curioso cómo surgen los problemas. Justo cuando tenemos un enemigo ahi fuera, acechándonos, nos dedicamos a pelearnos entre nosotros."

Adrian contestó:

- Hardash tiene razón, creo que no será necesario recurrir a la violencia para que Alanthir se explique, y tambien creo que no debemos pelearnos en este momento.

Mirando a aquellos miembros del grupo que no practicaban magia, en especial a Pyradar, explicó:

- Lo de mago corrupto que Vohlm ha mencionado, maese Pyradar, se refiere al tipo de magia que utiliza Alanthir. La magia que utilizamos tanto ella como yo procede del Tejido Mágico que envuelve Toril y que es competencia de Mystra, diosa de la magia. Sin embargo Alanthir utiliza otra fuente para lanzar sus conjuros, la llamada Urdidumbre sombria. No se mucho sobre ella, pero si que se que su uso supone una blasfemia para los adoradores de Mystra como la dama Vohlm. La vehemencia de sus palabras procede de sus firmes creencias religiosas, y por tanto debe ser considerada tomando en cuenta ese punto de vista, respetable y segun mi opinion nada desencaminado, pero que puede no ser compartido por quienes no siguen a los dioses de la magia. Sin embargo, - continuó Adrian mirando entonces a Alantir - debo reconocer que yo tambien siento curiosidad por saber por que un Conjurador sombrio y adorador de Shar, una diosa poco conocida por su altruismo, ha sido elegido por el arthane para formar parte de este grupo.

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roler
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Mensaje por roler » Lun Oct 16, 2006 1:42 am

DUERIS GEMACETRO

6º a 7º día de la 3ª decana de Khytorn del 1372, Garndor

20...18...16...14...10...7...3...20...18...16

Los números rondaban los pensamientos de Dueris una y otra vez. Era una manera de tranquilizarse, sosegarse ante el combate. ¡Si lo supiese el Alto Aurak Kunadergan que en todos aquellos largos paseos de meditación y salmos al Padre Corto no hacía más que repetirse números una y otra vez! Ahora ocurría lo mismo. Se aferró a su espada mientras miró a Pyradar asintiendo con la frialdad de los que se enfrentan a una batalla. El leve crujir de sus guantes de cuero le pareció el retumbar de una mina. Los sonidos de sus compañeros en la retaguardia eran un estruendo.

20...18...17...15....

Inspiró hondo y se hundió en las sombras, embozado en su capa negra. Le llamaban el Zorro Oscuro por más cosas que por su negra capa.

13...12...11....

Los magos avanzaron hacia el estrecho puente... y entonces se derrumbaron, uno tras otro. Algo extraño ocurría, pero no había tiempo para pensar en ello. Se acercó sigiloso hasta el puente, mientras Pyradar y Ambert corrían gritando obscenos juramentos en dethek. Xandros se mostró más cauteloso ante un grito por parte de Adrian. Las bestias peludas, los enemigos, se abalanzaron sobre los hechiceros, y cruzaron el puente por los laterales.

10...9...

A su lado, Ambert con cara de desconcierto, se abalanzó sobre Pyradar, derribándolo al suelo. Ambos forcejearon, con Dueris en las sombras sin saber muy bien que hacer. Con un mazazo que sonó a hueco sobre el casco del huryn, éste quedó tendido en el suelo. Parecía que la "influencia" ejercida sobre el joven soldado había ganado de nuevo la batalla. Un problema para el futuro. Sin pensárselo dos veces, se apartó de la pared, y golpeó con el plano de su espada en el rostro del huryn, procurando dejarlo inconsciente.
Por desgracia no vio como un quaggoth cargaba con vehemencia sobre Pyradar, con intención de desgarrarle. En su carrera, el cuerpo peludo de la bestia golpeó contra Dueris, haciéndole rebotar dolorosamente contra la roca del puente. Por un instante lo vió todo negro....

8...

Notó en su boca el sabor de la sangre y la tierra, mientras se incorporaba con lentitud. No había sido nada; una sonrisa ensangrentada afloró en su boca cuando el otro enano asestaba un golpe que acababa con su agresor. El hombro de Pyradar, sin embargo, sangraba con profusión. Dueris se levantó lo más rápido que pudo y agarró al enano fuertemente mientras gritaba:

- Aprenderéis por las malas lo que es enfadar a un enano – dijo Pyradar escupiendo al suelo. – ¡ESE ES MIO!

Dueris lo retuvo un instante antes de que echase a correr, cortando la hemorragia con un trozo de su propia ropa y poniéndole una moneda de cobre sobre la herida. Cuando vio la mirada asesina del luchador enano, supo que no había que entretenerlo más.

Miró a su alrededor: las bestias no eran rival para la Compañía Arcana. La chica de tez oscura se defendía habilmente de tres quaggoths. Uno de ellos sufrió una patada lateral y atontado cayó al lado de Dueris.

7....


Sin pensárselo, el enano se tiró sobre la hedionda bestia humanoide. Chillaba enfurecida, y sus garras golpearon su mejilla, haciéndole ahogar un grito de dolor. Sujetándolo con las rodillas, movió la espada corta con habilidad, y con la empuñadura le asestó uno, dos, tres golpes. El quaggoth atontado intentó incorporarse, arrastrando al enano con él. Dueris fue más rápido, y con el filo de su hoja cortó el tendón de la fuerte pata izquierda del animal, que cayó al suelo en un mar de quejidos. Ese sería su prisionero.

6...5...

El combate había acabado. El quaggoth se retorcía de dolor en una esquina. Pyradar llegó con un montón de basura que había recuperado del campamento animal y Dueris asintió amablemente. Luego miraría si había algo de valor. Señaló al enano su codo, y éste hizo un signo de afirmación. De nuevo la gracia de Vergadain había ayudado a la salud de los que consideraba merecedores de su respeto.
Luego fue mirando uno por uno a sus compañeros, ofreciéndoles vendajes de su bolsa y algo de alcohol para los pequeños cortes y arañazos. Dueris no era un seguidor de Haela cuyos principales estudios se basaban en cómo tratar y detectar los males del cuerpo... pero sí que había recibido amplias lecciones de anatomía y sabía reconocer la mayoría de las heridas moderadas y graves.
Cuando Hardash apareció con Laab, los ojos del enano se abrieron de par en par. Desde luego aún le quedaban muchas sorpresas por descubrir en aquel viaje que acababa de comenzar. Se encogió de hombros:

- No soy yo digno de curar a Laab, buen Hardash... pero si Vergadain, el Príncipe Mercader así lo quiere, su rostro iluminará esta moneda y su sonrisa curará al insecto. Pónsela bajo el vientre y yo rezaré para que se cure- dijo entregándole una moneda de oro y un vendaje.

4...3...2...

La peor batalla se libraría luego. Dueris se debatía los sesos intentando hallar un modo en el que la bestia pudiese comunicarles algo de importancia. Además estaba el caso del huryn. Internamente se debatía en que era lo más correcto. Mientras preparaban la cena, decidió acercarse al inconsciente Ambert y al quaggoth. Para su sorpresa allí estaba Pyradar imprecándole en subcomún. Dueris le sonrió y le dijo:

- Quizá sea estúpido... pero cualquier criatura siente hambre y sed. Con tiempo hablará. El problema es que no lo tenemos. Dejadme intetarlo a mi manera. - mientras arrebataba el pan de las manos del enano y se acercaba a la criatura.

Muchas veces, la confianza es la única herramienta. Como buen diplomático sabía que en todo trato había que ceder para conseguir algo. Aquella bestia estaba condenada a la muerte, seguramente... pero no debía saberlo todavía. Por eso se acercó a ella y la ató con fuerza. Luego ató a Ambert; y se quedó esperando paciéntemente hasta que el quaggoth despertase de su semi-inconsciencia. Cuando lo hizo, usó gestos universales para ofrecerle la rebanada de pan. Desconocía si eran omnívoros o no, pero esperaba que el bicho entendiese el gesto. Luego se quedó observándolo a una distancia prudencial un rato largo.
Cuando regresó al campamento parecía que se libraba una batalla campal. El martillo de su congénere se balanceaba peligrosamente sobre Vohlm y Alanthir. Dueris leyó las posturas corporales de los presentes, y sintió las barreras y la tensión creada. Desde luego no le apetecía demasiado pasarse el rato en un espacio "intangible", pero no rechistó. Si eran un grupo la fuerza del equipo sería superior a los odios individuales.
Y así fue. Hardash y Adrian hablaron con prudencia y los ánimos se calmaron.... temporalmente. Había llegado tarde a la conversación, pero desde luego, no podía seguir por aquel camino.

...1

Era hora de una pausa. Su turno en aquella partida de ajedrez. Se puso en el centro del grupo mientras se despojaba de sus guantes.

- Mañana interrogaré al prisionero. Luego tendrá un breve juicio para que simbólicamente el alma de nuestros compañeros fallecidos regresen al polvo del que nacieron, y quiero que Pyradar sea el hendel (mano ejecutora) de Vergadain si acepta ese honor. No nos demoraremos mucho y lo considero necesario. Ahora todos estamos cansados... y la lucha ha hecho mella en nuestros ánimos. Mañana lo veremos todo con otros ojos - dijo mirando a Alanthir y Vohlm - Ahora que alguien se encargue de salvaguardar el descanso de los demás - añadió mirando a Adrian y Xandros como haciendo una sugerencia.

Luego colocó su catre deliberadamente al lado de la mujer silenciosa de tez oscura. Mientras alisaba su saco de dormir, se dirigió a ella:

- Espero que seáis tan silenciosa por la "noche" como por el día - dijo sonriendo levemente - pero también os puedo decir, por experiencia propia, que lo mejor para liberarse de los miedos y dolores que atenazan nuestro corazón es expulsarlos por la boca... quizás gritando...quizás hablando... por la boca vive el pez, como me dijo una vez un sabio marinero durpariense.

Con una leve inclinación:

- Me llamo Dueris del clan Gemacetro. Perdonad mi torpeza pero no recuerdo vuestro nombre... y me gusta saber el de la persona que se acuesta a mi lado... sobre todo para poder gritarlo en medio de la noche si nos sorprenden más bichejos inmundos como ese - señalando al quaggoth.

Con una sonrisa paciente ni siquiera espera la respuesta por si no la hay y sigue colocando sus cosas.
Su sexto sentido le decía que hay algo más en la mujer que le impedía abrirse al resto de la Compañía... pero desde luego, si su vida dependía de la Compañía, lo primero que había que hacer era eso, convertirla en una Compañía de verdad.

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Larloch
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Mensaje por Larloch » Lun Oct 16, 2006 10:02 am

Alanthir Nthalar
6º a 7º día de la 3ª decana de Khytorn del 1372, Garndor

Escuchó la mención del enano a su sugerencia, sonrió levemente, en su línea.

- Maese Pyradar, nunca me he escondido, ni nunca lo haré, he sangrado en batallas, he perdido mucho, y he ganado poco en pos del deber hacía mi comunidad, así que tenedlo presente, seré un mago, pero nunca me he escondido cuando se me ha necesitado.

- Por otro lado nuestro enemigo no duda de usar cualquier método a su alcance con el fin de lograr dificultar nuestro avance, usar los medios de los que disponemos para luchar contra él, creo que es algo que deberíamos de considerar.

Tras estas palabras, la maga se lo jugó, con gesto tranquilo escuchó su discurso, sabía que el debate sería duro, que posiblemente nadie más le mirará más y que todos los odiarán. De repente, pensó en su hermano, mientras había servido en la campaña de Evereska su hermano había esto escribiendo unas cartas o notas, ahora le parecía que se había convertido en una especie de ley no escrita entre los hermanos de escribir cartas para los otros. Él al principio lo había hecho como una cosa producto del protocolo, pero con el paso del tiempo, se había dado cuenta que era más un deseo personal que otra cosa.

Las notas de su hermano, cuando las leyó, una vez se las trajo un compañero, le invadió una sensación de soledad, de mostrar que el mundo parecía rehuirles a ellos, que por mucho que sangrarán y murieran por la demás gente, nadie les ayudaría ni les comprendería. Miró a sus compañeros, quizá era el destino de su ciudad, verse siempre en un plano hostil en que todos los rechazarán. Si habían sobrevivido al Plano de las Sombras, sobrevivirían a éste. Miró a la halrueiana, le pesará a quién le pesará y tuviera que pasar por delante de quién tuviera que pasar.

- Milady Vohlm no me habléis de control y de vigilancia, esas palabras suenan vacías viniendo de un mago de Halruaa. Sé lo que hacéis con los que no siguen a vuestra diosa de la magia, si tienen suerte, ni entran en el país y en el peor de los casos, muertos. Es el tipo de vigilancia del que Bane se sentiría orgulloso.-Se pausó.- ¿Duras elecciones? ¿Sabéis lo que son esas cosas? Lo dudo, habláis y habláis, os embriagáis con vuestras palabras, tras ellas os escondéis, pero en verdad la palabra sacrificio no la entendéis.

La miró fijamente, su tono de voz transmitía dureza.

- No me habléis de sacrificio cuando mi hermano murió para salvar a unos extraños de los phaerimm.- la mención de su hermano fue con un tono de dolor verdadero, a diferencia del resto de las frases que habían sido marcadas por su dureza, sin embargo, pasado el momento, volvió a su tono duro.- ¿Entendéis de eso en Halruaa? No, huisteis de Netheril, he oído que lo llamasteis el Éxodo, más bien la Vergüenza al abandonar a toda esa gente, al olvidar a los otros supervivientes a su suerte para que orcos y plagas se cebarán en ellos. ¡Bendita nación la que se forma en el abandono de los suyos!

La mención a su ciudad, suerte que no pronunció su nombre, hubiese sido el mayor ultraje posible para él, que una bárbara osará mentar el nombre de su ciudad….

- Desconfiáis de mi, me odiáis, a mi sinceramente me da igual, he visto como me mirabais cuando pensabais que era un mago más, casi escupíais por considerarme inferior, escondiéndoos mientras estudiabais vuestros conjuros por miedo a que mis sucias manos tocarán algo del saber de Halruaa. No hace falta que os preocupéis milady, no pienso tocar vuestros conjuros, dormid tranquila y continuad pensando que Halruaa es el pináculo de la civilización.

Le dio la espalda deliberadamente, sin apenas inmutarse, pero en fuero interno, sabía que la maga simplemente moriría, no por su mano directa, eso era demasiado fácil, pero ya buscaría el momento adecuado para prepararlo. Se había convertido en un peligro para la misión que le había encomendado la Ciudad y eso, era algo que no se podía consentir, pues todo lo que pedía el Gran Príncipe era solo por el bien de la ciudad y por lo tanto, debía de ser cumplido.

- No perdáis el tiempo conmigo, los peligros que hay más adelante, serán mucho peores que el odio irracional que parezco despertar en vos.

El enano le apuntaba con su arma, no esperaba menos de él, siempre había demostrado poca paciencia y sutilidad. Cualquier otro comentario o reacción le hubiese sorprendido, como decirlo hubiese sido algo extraño fuera de lugar, casi como el comentario sobre dormir en un espacio extradimensional. No pretendía que entendiera las ventajas de la magia, pero el comentario de esconderse le había molestado.

- ¿Creéis que practico magia corrupta? ¿Qué diferencia veis entre la que ha usado la maga y yo en la lucha? Yo sé lo que es ella desde un principio, ¿me habéis visto atacarla¿¿acusarla de practicar arte corrupto? .- Hizo una pausa.- Es tan posible que sea ella la que práctica el Arte corrupto como sea yo, al fin y al cabo, milady os podrá decir que los phaerimm, los drows y demás seres extraen su poder del mismo sitio que ella, sin embargo, correrá a matizar que lo importante es el uso que se hace de ella. Sin embargo, no aplicará esto en mi caso, ella comparte la fuente con monstruos, pero tiene el beneficio de la duda, en mi caso, porque ella cree que es así, no. Curiosa forma de mostrarse cabal…

- He sangrado con vosotros y no he diferenciado a nadie, ni he actuado en contra del grupo en ningún momento.- Se miró una pequeña herida que tenía cortesía de un quaggoth.- Si la queréis creer muy bien, hacedlo, si necesitáis algo más para creerla os diré las mentiras que se dicen por las tabernas, tengo para repartir. Ahora bien, si pretendéis juzgarme por mis actos adelante, sólo os diré algo, mi promesa y mi lealtad están con mi Ciudad, para ellos, descubrir si hay phaerimm aquí y que sean eliminados es algo vital, por ello, moriré porqué el grupo tenga éxito, mi Ciudad lo demanda y ese es mi deber hacía ellos.

Hizo una pausa y miró la enormidad de la caverna.

- Si no es así, muy bien.- tendió las manos hacía Dueris.- Atadme las manos si os hace sentir más seguros, colocadme un guardia, lo que juzguéis necesario, me pongo en vuestras manos maese Dueris, soy vuestro prisionero si hace falta; pero mi deber exige que verifique si los phaerimm actúan en esta zona, y si es así, asegurarme de su muerte y eso lo cumpliré pues el honor de la casa Nthalar lo exige.

Miró a Hardash, había hablado con él poco, pero era el único que no había saltado al momento, sintió cierta simpatía por él, al menos, no le amenazaba con degollarlo a primera vista, que vista la reacción de los otros dos, era poco menos que una novedad.

- Maese Hardash, gracias por la confianza, os doy mi palabra que este es un gesto que recordaré y sabré agradecer en su momento.- Hizo una pausa.- Sin embargo, creo que muchos de mis “compañeros” ya han tomado una decisión antes incluso de hablará.


MJ: Lógicamente Alanthir a partir de ahora solo se molestará en ayudar a los que no han ido a por él, al resto, los considera poco menos que enemigos potenciales para la ciudad de Umbra y por lo tanto, totalmente prescindibles y un peligro para la misión de la Ciudad. (si, el chico es muy extremista en estas cosas XD XD)
Recopilación en proceso: Mi versión de la ciudad drow de Eryndlyn.

Ultima recopilación de información: La ciudad calishita de Almraiven

"El poder tiene su propia belleza. Quizá la más bella combinación de potencia y gracia entre las criaturas mortales de Toril sea la de un dragon." Sammaster, Tomo del Dragón

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Mensaje por roler » Lun Oct 16, 2006 2:30 pm

[Alanthir] - Si no es así, muy bien.- tendió las manos hacía Dueris.- Atadme las manos si os hace sentir más seguros, colocadme un guardia, lo que juzguéis necesario, me pongo en vuestras manos maese Dueris, soy vuestro prisionero si hace falta; pero mi deber exige que verifique si los phaerimm actúan en esta zona, y si es así, asegurarme de su muerte y eso lo cumpliré pues el honor de la casa Nthalar lo exige.


Dueris, recién llegado a la conversación y un poco a contrapie, mira con cara severa al resto para luego volverse a Alanthir y coger sus manos:

- En vuestra boca se oyen palabras de honor y orgullo, Alanthir. Esos son valores que alguien de corazón oscuro no podría proclamar a los cuatro vientos sin titubear. Sé que no mentís... si hubieráis querido matarnos o dificultar la misión ya lo hubieráis hecho, tenéis razón. Pero antes de que el resto confíen en vos... debéis confiar vos en vos mismo y pelear para ganar la batalla interna contra esos temores que ensombrecen vuestro carácter.

Dirigiéndose al resto:
- Aquí abajo no hay naciones, razas ni religiones. Se que muchos no comprendeis los presagios de la moneda de Vergadain, y sin embargo su presencia divina ayuda a que vuestras heridas se cierren. Aquí nos despojamos de nuestras ataduras y somos todos de un mismo reino, adalides de la libertad que se merece tras milenios, somos todos del Reino de Shanatar, y así debéis sentiros.
Se que es difícil olvidar nuestras diferencias, pero no sembremos escollos en el camino que ya es suficientemente arduo. Alanthir ha demostrado ser tan valioso como Hardash, Vohlm o yo mismo. ¿Por qué confiaríais más en mí que en él? Por eso me hago responsable de sus actos mientras este aquí entre nosotros. Como representante de más alto rango del Consejo respondo de lo que haga y obraré en consecuencia.

- Y ahora... descansemos; mañana todo se verá con otros ojos.

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Kharma
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Mensaje por Kharma » Lun Oct 16, 2006 3:17 pm

PYRADAR

6º a 7º día de la 3ª decana de Khytorn del 1372, Garndor

Otra vez había actuado precipitadamente, no es que quisiera hacer daño al mago. Solo era para defenderse en caso de algún conjuro traicionero, nunca se sabia con los magos. No comprendía muy bien las palabras del resto sobre magia pero parecía ser algún tipo de disputa entre dos tipos de magia. Para Pyradar todas eran igual de malas aunque magia con relación a las sombras no le parecía lo mas inocente.

El mago adorno su respuesta y se fue por las ramas dándoselas de ofendido, aunque expuso sus motivos no estaba totalmente claro para el enano. Pero tampoco eran razones para tratarlo de forma diferente, hasta el momento era un humano con palabra. Ya se vería mas adelante...

- Mis mas sinceras disculpas maese Alanthir – volvió a dejar el arma en su sitio. Debía respetar la palabra de Dueris y no siguió con el tema.

- Sera todo un honor convertirme en el hendel – le hizo un gesto de respeto con la cabeza. Como ya no había mas que hablar camino hasta el sitio cómodo y se dispuso a descansar.

Por supuesto no le quitaría el ojo a nadie...
Reinos Olvidados (Nuevo dominio)

Mi blog y tiras cómicas: La Tira de Dados

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Iridal
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Mensaje por Iridal » Lun Oct 16, 2006 5:32 pm

VOLHM ILMARETH

Volhm sostuvo la mirada del netherino. Porque eso era. Lo había reconocido.

Un sentimiento frío anidó en su corazón, lo revistió con una placa de hielo. Una parte de ella sentía cierta excitación, debía admitirlo. La fascinación que siempre le había producido el antiguo imperio de arcanistas estaba ahí, espoleando su curiosidad. Indicándole que tenía ante su persona a un hombre que, tal vez, podría desvelarle muchos de los misterios del pasado que ella había tratado de desentrañar. Alguien que quizá pudiera darle una visión más cercana de la magia de aquellos arcanistas, magia de la cual la halruana no era sino el eco de un eco.

Pero el hielo congeló esa parte de su ser, paralizó la curiosidad. Volhm amaba la magia en sí misma, sí, como nunca había deseado a ningún amante humano. Ni siquiera la anhelaba para sí misma; no buscaba poder, sólo conocimiento, sólo la comprensión de la esencia misma de aquellas fuerzas intangibles que la habían fascinado desde el momento en que había lanzado su primer cantrip. La puerta de entrada a un mundo de posibilidades infinitas, había dicho a Dueris y a Pyradar. Y era verdad. Para ella, la magia era pasado y futuro. Era lo real y lo intangible. Lo era... todo.

No obstante, buscarla a cualquier precio... No, eso no. El netherino hablaba con amargura, con desdén, acusándola de no saber lo que eran duras elecciones. Lo que era sacrificio. Palabras vacías, decía.

¡Qué sabía él! Halruaa había sido objeto de muchas invasiones, demasiadas. Gran parte del carácter reclusivo de su pueblo provenía de ellas. Pero los halruanos no gimoteaban como aquel hombre, quejándose de lo duro que era el mundo con ellos. Volhm era justa; sabía que si los informes que le habían dado eran ciertos, los antepasados de aquel hombre no habían tenido fácil su supervivencia. ¡Pero aquello no era óbice para gimotear! ¡Para volver a Faerun con ínfulas de conquistadores y llorar cuando éstas no fueron correspondidas!

Ay, señor hereje, mucho tenéis que aprender, tú y tu gente. ¡Demasiado!

Volhm sintió incluso cierta lástima por el arcanista. No, no son Netheril. Son la sombra de una sombra. Se han deformado, han desvirtuado lo que una vez fueron. Es posible que piensen que conservan el espíritu de Netheril, pero se equivocan. El tiempo ha pasado para ellos tanto como para Halruaa. Tal vez, incluso más.

No son Netheril. Hace mucho tiempo que dejaron de serlo
.

-Tus palabras demuestran lo poco que entiendes –le respondió al sombrío mago, con condescendencia-. De Halruaa... y del auténtico Arte. Nosotros no eliminamos a aquellos que siguen a otros dioses. Sólo a aquellos que suponen una amenaza para el país. Sólo a aquellos que pueden conducirnos a repetir el error de Netheril. –Volhm sacudió la cabeza-. ¡Pobre iluso! ¿Creéis que salvaguardáis la esencia de Netheril? ¿Que la habéis mejorado? ¡Miraos! Lastimosas sombras deformadas de lo que una vez fuisteis.

La mujer sacudió la cabeza.

-¿Tu hermano luchó y murió por salvar a unos extraños de los phaerimm? ¡No me hagas reír! Murió por los tuyos, por la tierra que los tuyos ansiaban, por los sueños de tu pueblo. Te he observado, Alanthir Nthalar. Nada das de ti mismo, nada si no te conviene. No creo que tu pueblo sea diferente. Sin embargo, siento tu pérdida. -Y en esto era sincera; ella también tenía una hermana-. Siempre es duro perder a un hermano.

Bajó la voz, y le dijo:

-Mi pueblo rehizo su vida, aprendió de los errores del pasado. Vosotros lo llamáis traición, abandono, vergüenza. ¡Como si vosotros no hubierais huido también! –Hizo una pausa para dulcificar su tono-. Nosotros lo llamamos aprendizaje, razón. Seguid corriendo sin mirar bajo vuestros pies, arcanista. Tropezad dos veces con la misma piedra. ¡Pero esta vez no arrastréis al resto de Faerun con vosotros!

Incluso sonrió cuando él le recriminó el trato que ella le había dado; cuando él despreció su saber, el saber de Halruaa. Pobre hereje iluso, tan seguro de sí mismo, tan lleno de amargura.

Parecía mayor que ella. Le llevaría, ¿cuántos? ¿Seis años? ¿Siete? ¿Diez? Pero no tenía la sabiduría que dan los años. En verdad, parecía un niño. Gimoteaba como un niño.

-Y eres inferior, sí. No porque tu arte sea menor, sino porque estás tan lleno de resentimiento que ni razonar sabes ya –le dijo Volhm, suavemente, pero en loross, para salvaguardar al hereje de la escasa dignidad que todavía le pudiera quedar. No dudaba que él entendería. Si descendía de Netheril, si su pueblo aún guardaba algo del conocimiento de la vieja civilización, debía conocer la lengua-. Tu pueblo regresó como extranjero... y déjame que adivine... ¿con exigencias, verdad? Ah, mi buen Alanthir. Tienes que aprender que para recibir primero hay que dar.

Pasó a hablar de nuevo en común.

-No perderé el tiempo contigo, no, hereje. Sí, eres el tipo de amenaza que mi país pondría fuera de la circulación. Ejecutarte incluso sería considerado un favor a Halruaa. –Sonrió irónica-. ¿No es eso lo que también estás pensando tú? Oh, no contestes. Dejémoslo en un presentimiento de adivina. ¿Ves cómo nuestros pueblos no difieren tanto en ese sentido, maestro Alanthir? Rápido me eliminarías por el bien de tu ciudad.

Una sonrisa irónica afloró a los labios de Volhm.

-Y a pesar de que somos tan distintos como el día y la noche, señor Alanthir, sin embargo en una cosa más nos parecemos. No pondré en peligro mi misión por hacerte frente. Si en verdad hay phaerimm por aquí cerca, tenemos un enemigo común, más fuerte que el desprecio que podamos sentir el uno por el otro, y más peligroso de lo que mutuamente podamos considerarnos. Primero, solucionaremos el asunto de los phaerimm, sí. Después... ya veremos.

La voz de Volhm se impregnó de una dureza acerada mientras se deslizaba de nuevo hacia las complicadas inflexiones del loross: -Pero te vigilaré... muy de cerca.

Dejó que Dueris pacificara los ánimos, que Pyradar se disculpara. Volhm incluso se sintió agradecida por su actitud. El grupo no podía debilitarse; no contra aquel enemigo. Por más que Alanthir fuera un amargo, irónico, aliado, Volhm no quería prescindir de su ayuda. Siempre había prioridades, se dijo.

-Sí, mi buen Dueris, actuaremos como un equipo, mal que nos pese. Por nuestro bien. Pero no es cierto que aquí abajo no haya religiones, eso lo sabes muy bien. Y por más que todos seamos aliados reacios, pensad bien en quién depositáis vuestra confianza... él dice que mi magia procede de la misma fuente que monstruos como los phaerimm. Yo digo que la suya procede de una diosa maligna, fría como la misma noche, fría como él mismo. Sí... pensáoslo bien. –Y a Alanthir-: ¿Todo tu pueblo es tan histriónico? ¡Atadme! Por favor. Ni que te hubiera amenazado con llevarte encadenado del cuello hasta la inquisición de Azuth. –Volhm sacudió la cabeza, medio desdeñosa.

De pronto, se sintió agotada. La herida del costado le ardía; no era grave, lo sabía, apenas un rasguño que por la mañana habría sido olvidado, pero aún así le dolía.

-Me retiro a descansar –indicó a los otros-. Dejo las guardias en vuestras manos. Dobles –insistió, firmemente. No quería que Alanthir fuera el único despierto de todo el campamento. Si sus compañeros se empeñaban en hacer guardias individuales, entonces ella sí que dormiría en una habitación extradimensional, independientemente de si los demás quisieran acompañarla o no.

-Pero vuelvo a reiterar mi advertencia: dos veces han hechizado a un miembro de nuestro grupo. No deberíamos dejar que eso volviera a ocurrir, y menos por la noche, cuando somos más vulnerables. La mejor solución es la que ha sugerido Alanthir –expuso esto sin desdén; además de ser la solución que ella habría propuesto, si había de aceptar al hereje, aunque fuera a regañadientes, tendría que reconocerle sus méritos-. Pero si insistís en comportaros tan poco racionalmente, sugiero que busquemos alguna forma de mantenernos fuera de la vista de posibles conjuradores. Muchos encantamientos requieren visualizar al objetivo.

Y espero que lo que afectó a Ambert tenga las mismas limitaciones, pensó ella.

-Creemos una barrera entre nosotros y posibles encantamientos... física, mágica, ambas... pero no se lo pongamos excesivamente fácil a un posible rival. -Mientras decía esto, miraba fijamente a Alanthir. Se había creado un enemigo, lo sabía. Quizá, incluso un enemigo mortal.

No te preocupes, has lidiado con eso antes, pensó para sí. Deja que pase el tiempo, y ya veremos. La magia no es la única que se abre a posibilidades infinitas. El destino también es así.

No tenía sentido preocuparse antes de tiempo.
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Shisei
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Mensaje por Shisei » Mar Oct 17, 2006 10:19 am

ARSHIN

Al terminar el combate las palabras del enano le resultaron sinceras, era cierto que algún día tendría que hablar con el resto del grupo si quería formar parte de él, sin embargo no quería encariñarse con nadie, no quería considerar a nadie amigo, pues el dia en el que la muerte les volveria a separar no estaba segura de poder volver a soportarlo. Sin embargo en muchos aspectos era necesario que hablara si deseaba ser entendida y ser de utilidad al resto del grupo.

- Yo haré la guardia junto a Alanthir, a menos que tenga él algo en contra- fueron las primeras palabras de la mujer de tez oscura- Espero que entiendas que no tengo nada en cotra ni a favor de ti, como me pasa con todos los demás, yo no juzgo el origen sino la persona.

Tras decir esto dejó que el silencio se volviera a hacer y espero a que los demás aceptaran o denegaran su propuesta, ya que en ese momento no pretendía decir nada más, pues nada hacia falta.

Mientras esperaba, las palabras de Dueris le rondaron la cabeza, si tenía razón aunque no fuera posible, sin embargo tenía el derecho a que se presentara, había sido el único que le había hecho tal pregunta y cierta educación aún tenía, por lo que cuando se tumbo a descansar se acerco a este.

- Arshin, me llamo Arshin.

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Zaitsev
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Mensaje por Zaitsev » Mar Oct 17, 2006 12:48 pm

Xandros

Por fin llegaba la acción. A Xandros le temblaba el meñique izquierdo de pura excitación. A fin de cuentas, un hombre se aburre antes de las mujeres o el alcohol que de la guerra. Y en Xandros la guerra palpitaba en sus entrañas, le consumía y corroía. No en balde, pese a por fin haber conseguido lo poco que había querido en su vida, ahora estaba cambiando todo por esa súbita sensación que le invadía siempre antes de cada combate. Con el plan trazado, ya sólo quedaba su ejecución.

Además su vista descansaba después de tanto esfuerzo continuado: Volhm le había imbuido un conjuro para permitirle ver en la oscuridad y ya no dependía permanente de la caprichosa antorcha, ni del continuado esfuerzo de la vista. No, ahora veía la oscuridad de otra manera, aquel sitio tomó otro aspecto, parecía un lugar distinto aunque lo único que verdaderamente hubiese cambiado fuese su propia percepción. Eso en realidad poco importaba: veía.

Habían tenido tiempo para pensar cada movimiento y pese a ello, nada salió según lo planeado. Nunca nada sale según lo planeado, por eso lo ideal es pensar las tácticas en el acto. Ver la situación que se está desarrollando, interpretarla, e intentar sacarle el mayor provecho posible. Pero no sólo en el campo de batalla y con las manos ensangrentadas, sino también con el corazón muerto o en poderosa palpitación en la taberna del bar o en el lecho conyugal. Y así estaba, en la suboscuridad, rodeado de desconocidos a los que no confiaría un secreto, pero confiaba su espalda; expectante, con su espada fuertemente aferrada, acumulando tensión para descargar sobre el cuerpo de los asesinos de la partida enana.

Así, hasta que la maga por fin se adelantó para descargar su magia sobre las criaturas que despreocupadas continuaban con su vida de manera inconsciente, sin percatarse de que se les acababa. Entonces primero la halruana, y después el resto de magos, resbalaron y cayeron al suelo de manera no demasiado onerosa. Xandros vio atónito la arcana caída, y no tuvo tiempo para pensar cuando ya estaba corriendo para defender a los magos. Hay que adaptarse a las circunstancia, y la circunstancia había cambiado considerablemente. No solo habían revelado su situación, sino que además estaban indefensos.

En cambio, Adrian le advirtió de que no penetrase en la zona de grasa. Así que ese era el motivo de la caída: grasa. Al veces los planes previamente trazados se decantan por detalles insignificantes, pero desde luego, el plan más importante, el de acabar con aquellas criaturas, ese, no se iba a alterar.

Los quaggoths no fueron rival. Pese a las precarias condiciones en las que finalmente había tenido que luchar el grupo, aquellas criaturas no representaban realmente peligro alguno. Aunque tampoco debería de haberlo representado para la partida enana. O bien los enanos habían perdido muchas facultades con el paso de los años, o a ellos les había atacado “algo” más.

El combate había acabado muy rápido. Como muestra, solo una herida en la pierna que ni si quiera había notado durante el fragor del combate. No le dolía, incluso le provocaba cierto placer masoquista. Sentía la herida reverberar en su cuerpo. Podía cerrar los ojos y sentirla hervir. Después la aplicaría unos cuidados mínimos, pero no quería curarla mágicamente. Quería que ella sola cicatrizase y curase. Quería tenerla presente en los días venideros. Quería sentir en su propio cuerpo que la muerte era posible, y que la vida también. La vida. Un fogonazo de luz se hizo en su mente y se sonrió a si mismo.


Todo había sido demasiado rápido. Al de Tezhyr aún le duraba la emoción previa al combate. Apenas había entrado en el calor de la acción cuando ya habían conseguido acabar con todos ellos. Ahora, pasada la escasa actividad marcial, se encontraban nuevamente en otro insípido campamento improvisado intentado sonsacar información a una bestia irracional. Cuando Dueris anunció que a la mañana siguiente interrogaría a la criatura, Xadnros alzó su voz:

-Avísame entonces, te ayudaré.. No obstante, necesitaremos que el nos entienda, y que nosotros le entendamos a él. – Había efectuado más de un interrogatorio y sabía como conseguir que alguien hablase. Pero si no entendía lo que decía, de poco podía valer.

Esa noche fue distinta a todas las anteriores que había vivido la expedición. Y también a todas las anteriores que había vivido Xandros. Algunas habían estado impregnadas en tensión ante la posible aparición del enemigo. Otras marcadas por el jolgorio y la alegría tras una gran victoria. Pero...esta no tenía nada de aquello, ni tampoco desperdicio.

Alenthir comenzó a comportarse de manera distinta a como lo había hecho hasta aquel día, se mostró más afable, más risueño, más dicharachero. Tal vez había descargado él también tensión con el combate. ¿Quién sabía?. En cambio la maga no dejaba de recriminarle con la mirada. Tal vez en la batalla él no se hubiese comportado correctamente, o hubiese tenido un error imperdonable. En la guerra, el error imperdonable se paga con la propia vida o la del compañero, y quien cometió el error, siempre preferiría haber sido él el muerto. Entonces llegó a la cabeza del guerrero repetidas imágenes de ocasiones en las que se había equivocado. Entonces era un crio. Un maldito crío.

Alejó de su cabeza todas las imágenes que comenzaban a precipitarse en ella. No era el momento de atacarse con cosas que ya no tenían remedio. No ahora. En este momento sólo importaba aquel maldito lugar, y aquellos malditos compañeros. Apretó los puños y los párpados con toda su fuerza, y suspiro larga y pausadamente recuperando su calma interior. Aquel lugar era la suboscuridad, y aquellos compañeros son de los que depende su vida. No podía descargar el pasado en el presente, aquello no era bueno.

Y entonces Alenthir comenzó a contar su historia, como si fuese un cuento para niños pequeños y primerizos. Incluso el de Tezhyr había oído hablar del “buen humor” que tienen los de Halruaa, y aquello a la maga no la iba a gustar. Él, en particular, sólo esperaba que aquel complejo de bardo sólo fuese un estado transitorio del mago. No sería capaz de soportar un bardo entre sus filas.

Maldiciendo a los cantarines y a su estupidez para sus adentros, el guerrero observo como lo que había motivado las miradas de la maga no era la rabia creada por una acción poco afortunada en combate. No. Odio. Cada palabra que manaba de su boca no sólo estaba impregnada de odio, sino que era odio en esencia pura. Ella se mantuvo serena y tajante, pero su mirada era un puñal. ¿Shar? ¿Negra urdimbre?. Xandros cerró los ojos un instante maldiciéndose por estar abocado a no entender nada de aquello. Pero presto los volvió a abrir e intentó discernir por que derroteros terminaría por concurrir la relación entre los dos arcanos del grupo. Aquello podía representar un problema demasiado serio como para dejarlo a su torpe transcurrir



¿Duras elecciones? ¿Vigilancia constante? ¿Necesidad de control? ¿Cauces?.

Xandros si sabía de eso. El rey sobre el señor, el señor sobre el noble y el noble sobre el pueblo. Y a quien no le guste bien puede ir a protestarle a la guardia para que a base de espada le encauce a sus tierras de vuelta. Las duras elecciones no son más que excusas para poder parapetarse tras ellas y esconderse de la verdad.

¿La vigilancia constante? ¿Quién vigila a los vigilantes?, ¿quién juzga al juez?. Nadie es capaz de delimitar la línea que separa lo correcto de lo errado. Muchas decisiones equivocadas que no podían ser debatidas, que venían impuestas por altos mandos que no sabían que era la batalla, muchos errores habían costado la vida a camaradas tezhyranos, y más de una vez estuvo a punto de sesgarse la vida del propio Xandros. ¿Control? Control es poder y eso es lo que buscan. Eso era lo que ansiaban todos. Y los magos, más aún. Su magia era útil, pero su búsqueda desmesurada de poder a traves de ella no es sana.

Lo que vino después no podría calificarse de otra manera que no fuese la de, Espectáculo circense. Todo parecía una pantomima de engaños, de palabras afiladas con el animo de ganarse el favor del resto. Todo parecían demagogias, perspectivas y dobles juegos. Fue lamentable que el Alanthir reclamase que le apresasen, como lamentable fue que Volhm hablase en un idioma desconocido a todos. Si decidían hacer sus diferencias publicas y someterse mutuamente al escarnio del resto del grupo, que no se guardasen ases en las mangas.

Por lo que se veía, ambos compartían diferentes visiones no sólo de la magia, sino de la propia procedencia de estas, de sus países de origen, e incluso de sus culturas y su vida. Todo en ellos era opuesto. Eran dos personas condenadas a odiarse. Sin embargo, no podían permitir que se provocase una escisión en el grupo. Algo así fomentó el devoto de Shar con sus palabras finales. Ambos tenían mil prejuicios y mil errores. Como todas las personas. En cambio, ahora, Xandros sabía que tendría que permanecer atento a ambos sin que lo pareciese, tal vez, con una atención indiferente. Absurdo. Aquello era absurdo. Durante las guerras de la reclamación se sabía quién era el bueno y quién el malo. Había politiqueo, malos hábitos y traiciones. Pero eso pasaba en salones de palacio donde gente que no moría, sino que obtenía rentas económicas, divagaba y buscaba sus mejores opciones. En la tierra, espada en mano y sangre en ristre, no podía haber esas dudas. Y lamentablemente, había traiciones y deserciones. Muchas. Demasiadas. Esta misión estaba abocada a implosionar. Habría que evitarlo, y Dueris pareció querer llevar algo de cordura.

Xandros dio tres palmadas de manera aprobatoria. Sin ironías ni sarcasmos. Se levantó y se dirigió al puesto de guardia mientras decía:

-Descansad. No ha sido el mejor día de nuestras vidas.

Se apostó y esperó la llegada de su compañero en la tarea. Con los brazos cruzados y la mirada puesta en un horizonte que apenas veía. Cuando por fin llegó su momento de dormir. Se acostó, y se durmió con el recuerdo de ella revolviendo el pelo.

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artemis2
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Mensaje por artemis2 » Jue Oct 19, 2006 9:09 pm

La noche transcurrió tensa pero, sorprendentemente, sin incidentes, aunque desde luego no fue tranquila. El quaggoth no paraba de hacer ruidos lo cual enfurecía y asustaba por igual a la mayor parte de los miembros del grupo. Finalmente un par de golpes por parte de Pyradar y una gruesa mordaza de cuero de Hardash solucionaron el asunto. Pero no encontrasteis un remedio para la inquietud y la desconfianza que mostraban las miradas de unos hacia otros. Teniendo todo en cuenta fue sorprendente que todos despertaseis con la espalda intacta.

Tras levantaros todos os preparasteis para comenzar a interrogar al quaggoth, el cual parecía no haber dejado de intentar forzar sus ataduras en toda la noche. Poco tuvisteis que discutir puesto que la noche anterior ya habíais acordado la magia a lanzar y que Dueris llevaría el peso del interrogatorio. La criatura no consiguió resistirse a la influencia mágica, pero, aunque la magia de Volhm permitía comunicarse con la criatura, el proceso resulto ser más complicado de lo esperado, puesto que muchas de las palabras que Dueris usaba parecían no tener un autentico equivalente en el idioma de la bestia. Y esta a su vez usaba tal poca variedad de palabras que muchas veces resultaba complicado inferir a que se refería.

Pero lo que conseguisteis resulto preocupante. Los quaggoths habían matado a los enanos, atraídos por el ruido que producían al combatir entre ellos. La propia patrulla se estaba matando uno a otro cuando las bestias aun no habían ni llegado. No cabía la menor duda, el quaggoth no podía mentir, aunque hubiese tenido bastante inteligencia como para inventar algo así. Aunque eso resulto no ser todo.

Los quaggoths habían llegado hasta allí guiados por su nuevo líder. Una gran bestia de pelaje oscuro que había derrotado al anterior líder con gran facilidad. Ese líder les había llevado hasta los enanos a los que derrotaron con facilidad y les dejo allí, vigilando, hasta su regreso. Nada más de interés conseguisteis sacarle a la bestia, aunque una acertada pregunta de Dueris consiguió que indicase que su líder partió hacia la “gran agua”.

Tras ver que no ibais a conseguir más de la bestia Dueris se preparo para realizar su juicio. El combate, por llamarle de alguna manera, duro exactamente dos golpes de Pyradar que solo dejaron tras de si un desmadejado saco que poco antes había sido el quaggoth.

Necesitasteis poca discusión para decidir que hacer. Iniciasteis la marcha siguiendo el poco claro mapa, aunque claro, no podía echársele la culpa a un mapa de una zona abandonada hace mas de 3000 años por ser poco claro, hacia el mar. El viaje fue tranquilo, húmedo y silencioso. Hubo algunos conatos de conversaciones, pero la mayoría parecía no tener el menor animo para hablar y preferir concentrarse en lanzar miradas que, como mínimo, debían calificarse de poco amigables. Al menos hasta que llegasteis a las ruinas.

Garndor, la capital de la región del mismo nombre del antiguo reinos de Sondarr, del imperio del Bajo Shanatar. El mayor puerto del imperio. La primera señal fueron dos monumentales señales de enanos, aunque desgastadas por el tiempo era bien visible el esplendido trabajo que se había hecho con ellas. Antes de daros cuenta estabais atravesando lo que parecían edificios administrativos, antiguos pero aun firmes. Los relieves, destrozados en su mayoría, eran una constante por toda la zona. Destrozados por garras, estabais entrando en una zona evidentemente peligrosa.

Y no podía ser más evidente cuando visteis los restos de lo que debía ser la primera patrulla, desgarrados, destrozados, desmembrados y medio podridos, pero no devorados. Y cerca de ellos una extraña figura, de aspecto humanoide, embozada en una túnica larga con capucha de aspecto siniestro. El individuo estaba agachado cuando aparecisteis, revisando los cuerpos y se os quedo mirando con dos brillantes y penetrantes ojos rojos.

MJ: Volhm ha lanzado don de lenguas, Alanthir hechizar persona y Dueris un zona de verdad. Os recuerdo que siempre que cambiéis los conjuros memorizados debéis editar Las Paginas del Tejido, por esta vez lo he obviado, pero deberíais hacerlo antes de poner vuestro turno ;)
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Raelana
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Mensaje por Raelana » Sab Oct 21, 2006 1:28 am

HARDASH

¿Dormir? Imposible con tanto jaleo. El quaggoth no había parado de gruñir en toda la noche, incluso los ronquidos de los enanos parecían suaves comparados con los sonidos que emitía la desagradable bestia. Lo cierto es que fue un alivio cuando le llegó la hora de la guardia y tuvo que levantarse, el quaggoth no se daba por vencido y hasta el último momento estuvo intentando librarse de sus ataduras. Llegó un momento en que Hardash deseó estrangularlo con sus propias manos pero se contuvo, Dueris había comentado algo de un juicio y no quería perturbar las extrañas costumbres enanas.

Hardash no intervino en el interrogatorio. Aprovechó para recortarse el bigote mientras oía las voces de sus compañeros. La información obtenida era realmente preocupante, a Hardash le impresionó mucho saber que la patrulla enana había estado luchando entre ellos y recordó, con un escalofrío, la extraña discusión de la noche anterior. ¿Había sido algo real o había sido algo provocado por la extraña influencia que los amenazaba? Ambert estaba atado y aparentemente tranquilo. ¿El ser que lo controlaba había intentado hacer lo mismo con alguno de sus compañeros? Hardash sacudió la cabeza. Parecía impensable que alguien consiguiera manipular a la orgullosa halruana, era una buena maga aunque fuera tan tiquismiquis a la hora de cocinar.

El interrogatorio le dio la dirección a seguir y Hardash rezongó un poco por la mala calidad del mapa pero terminaron llegando a su destino sin grandes inconvenientes. Garndor debía haber sido una ciudad impresionante alguna vez, aunque ahora estaba reducida a ruinas. Todo parecía haber sido pesado y firme, pero ni toda la firmeza enana podía evitar el efecto de siglos de abandono. Hardash se encontró añorando de pronto su lejana Calimport, donde todo era ligero y elegante, pero volvió rápidamente a su cometido. Era el explorador del grupo y tenía que ir delante, sin dejarse arrastrar por los sentimentalismos. Después de todo aquella no era su ciudad, ni aquel su imperio perdido.

Siguieron adelante hasta encontrar la patrulla. Estaban allí, despedazados, mutilados... ruinas en medio de ruinas. Podrían haber llevado siglos alli y formar parte del paisaje desolado de la ciudad, pero no lo estaban. Algo había acabado con ellos y Hardash se estremeció recordando lo que había dicho el quaggoth. ¿Habrían estos también luchado entre ellos? Tendrían que examinarlos para averiguarlo. Alguien lo estaba haciendo ya, alguien que tenía los ojos de color rojo y que no parecía sorprendido por la interrupción.

Hardash miró de reojo a sus compañeros, el tipo parecía peligroso... claro que todo parecía peligroso en aquella maldita oscuridad. ¿Golpear antes de preguntar? ¿Golpear antes de que Pyradar se enfureciera al ver a un desconocido registrando lo que quedaba de la patrulla enana? Bueno... alguien tenía que presentarse y, como siempre, él y Laab iban los primeros.

-¿Hablas común? -preguntó, dubitativo ¿por qué se había lanzado él a hablar en vez de cederle la palabra a alguien que supiera usar mejor las palabras?

-Me llamo Hardash Neshkem- dijo, y luego continuó dubitativo-. ¿Viajabas con ellos?

Desde luego no era la mejor pregunta que podía haber hecho. Hardash se estrujó la cabeza intentando pensar en algo apropiado que decir pero no se le ocurría nada así que se limitó a atusarse el bigote mientras esperaba respuesta del extraño ser o las indicaciones de alguno de sus compañeros de que le dejara la diplomacia a otro. Mientras, Laab se apartó lentamente del grupo hasta fundirse en las sombras. El escorpión intentaría rodear a la aparición de los ojos rojos.


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Mando a Laab a que explore los alrededores e intente cortarle la salida por detrás al tipo raro, si viera más gente que no haga tonterías y vuelva a informar.
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Mi viddeoclip: Balamb Garden - The Ghost

Deberíamos dar gracias por los pequeños favores de la vida, como dijo el gnomo cuando se voló una mano cuando podría haberse volado la cabeza.


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Mensaje por Iridal » Sab Oct 21, 2006 5:00 pm

VOLHM ILMARETH

Cuando el estrépito que montaba el quaggoth la despertó por tercera vez, se echó la manta por encima de la cabeza.

-¡Por amor de Mystra, que alguien le eche un conjuro de silencio de una vez! –masculló exasperada. Pero como, inconscientemente, habló en su lengua natal probablemente nadie la entendió. En todo caso, Volhm no esperaba que nadie la contestase; cerró los ojos, confiando en que el sueño la venciera pronto.

Pero en lugar de eso, oyó que algunos de sus compañeros abandonaban sus improvisados lechos y refunfuñaban. De mala gana, se levantó también ella para ver qué pasaba, y llegó a tiempo de presenciar cómo Pyradar propinaba al prisionero unos cuantos golpes “tranquilizantes”. Volhm se quedó consternada; una cosa era no mostrar indulgencias con un cautivo, y otra ser innecesariamente crueles. El quaggoth estaba indefenso; a Volhm le pareció aquello muy poco digno.

-Maese Pyradar –dijo, formalmente-, ¿es necesaria tanta violencia? No me gusta maltratar a una criatura indefensa. Creo que deberíamos mostrar cierta... civilización. -Inconscientemente, sus ojos se desviaron hacia Dueris, buscando su apoyo.

Pero cuando Hardash puso una mordaza a la gimoteante criatura, suspiró y se acostó de nuevo. Probablemente aquélla era la única forma de hacer callar al prisionero.

-Madre de Mystra, cuánta barbarie –volvió a musitar para sí misma, en halruano. Hizo un esfuerzo para apartar aquello de su mente y rendir su fuerza de voluntad al sueño; sabía que si no lograba descansar lo suficiente su magia se resentiría mucho al día siguiente.

Con todo, cuando despertó por la mañana se sentía razonablemente descansada. Como siempre, lo primero que hizo tras asearse fue estudiar sus conjuros. Ignoró a Alanthir mientras sacaba los libros y buscaba las páginas adecuadas; pero una sonrisita seca afloró a sus labios al pensar en la discusión que habían tenido el día precedente.

Una vez que dio por concluido el estudio, y todavía en ayunas, se unió a Dueris y observó cómo Pyradar quitaba la mordaza al prisionero y le instaba a callar bruscamente.

-Qué poco me gusta esto –reconoció Volhm ante Dueris, en voz baja-. Pero supongo que es mejor que terminemos cuanto antes. Permíteme que te lance el conjuro del que hablamos ayer, el que te permitirá hablar y comprender su idioma. Por favor, no te resistas a su efecto. –Advertencia que ante un enano, incluso uno de mente abierta como Dueris, no estaba de más, pensó ella.

Y se quedó mirando cómo Alanthir, por su parte, hechizaba al rebelde quaggoth, con objeto de volverlo más dócil y receptivo a las preguntas. Los labios de Volhm se curvaron amargamente. No había diferencias entre el efecto de aquel hechizo y uno que hubiera podido invocar ella, pero aún así no le gustaba la fría magia de aquel hombre.

Dueris llevó el interrogatorio con gran habilidad, dada la rudimentaria habla de la criatura. Volhm admiró su elegancia; tenía la suficiente experiencia en aquellas lides para reconocer a un buen inquisidor, uno capaz de adular, amenazar y tranquilizar al mismo tiempo. Ella nunca había dirigido un interrogatorio, pero había visto actuar a suficientes de los hijos de Azuth para conocer cómo funcionaba aquel extraño baile de voluntades.

Y qué inquietante información habían obtenido. Los enanos matándose entre ellos. Más manipulación mental, pensó ella. Quien quiera que estuviese detrás de aquello sin duda era un magnífico tirano, y un titiritero impecable. Y el líder de aquellos seres semi-bestiales... ¿había ido hacia la “gran agua”? Interesante.

Finalmente, Dueris dio por finalizadas sus preguntas, y se dispuso a enjuiciar al quaggoth. Volhm, vestida con el rojo de su diosa, se situó al lado de su compañero, apoyando su decisión, aunque en realidad se sentía levemente incómoda. La idea del juicio y la rápida justicia coincidían con sus creencias, pero aquello le parecía... demasiado bárbaro. Se llevó la mano a la medalla con el símbolo de Mystra que pendía sobre su pecho, un signo de su estatus dentro la compleja jerarquía de cargos arcanos y clericales que dirigían el Templo, y se recordó a sí misma que aquélla era la costumbre enana.

Otros pueblos, otras costumbres, se dijo, varias veces, en el corto lapso en que a Pyradar le llevó ejecutar la sentencia. Con un nuevo suspiro, Volhm recogió su equipaje y el desayuno aún sin probar; comería durante el camino.

Una vez satisfecho su estómago, sacó de su equipaje uno de los libros que traía consigo. Se lo mostró a Dueris, sin abrir.

-Es un libro de anotaciones escrito por un mago de mi país... o más bien, una trascripción de dicho libro, que encontré en la vasta biblioteca del Templo. Lo traigo conmigo porque contiene las notaciones arcanas de ciertos conjuros que me gustaría aprender, pero también contiene reflexiones sobre diversos aspectos de la magia, y varias teorías originales de este mago. –Volhm lo abrió por una página específica y estudió un momento la prieta, compleja, escritura. El lenguaje halruano ya era de por sí complicado en su vertiente oral; escrito, parecía aún más enrevesado.

Deslizó el dedo índice sobre un párrafo. Daltim Flamefist hablaba sobre la ignorancia de muchos magos, incluso en Halruaa, y la forma en que a veces confundían objetos que aunque parecían mágicos no lo eran realmente. Volhm cerró el libro bruscamente, y tabaleó sobre la cubierta con dedos inquietos. Sabía que ella debía incluirse entre aquellos magos ignorantes, aunque, se dijo, Daltim tenía una perspectiva bastante inusitada; la compañía mercenaria de la que formaba parte estaba fuertemente volcada tanto en ataque mágico como psiónico, y por lo que ella había oído decir, Daltim, además de ser un mago de gran talento, poseía algunos poderes psiónicos innatos.

-Este mago –explicó Volhm, con cuidado- conoce bastante sobre psiónica. Por sus descripciones, me atrevería a pensar que aquello que hechizó a Ambert tenía un origen psiónico. No tengo experiencia en este campo, pero sí estoy segura de que no era magia, y si no lo es, ¿qué otra cosa nos queda? Supongamos que nuestro titiritero invisible sea un illithid, como sospechaba Adrian. –Miró al mago guerrero-. ¿En qué situación nos deja eso? –Pero, sin esperar respuesta, se hundió en reflexiones, sólo interrumpidas cuando se detuvo a renovar sobre su persona los conjuros protectores y que le permitían ver en la oscuridad. Tras terminar, se acercó a Xandros para hacer lo propio con él, y apagó el orbe resplandeciente que llevaba sujeto a la cintura por una redecilla.

A pesar de que las indicaciones del obsoleto mapa eran poco menos que lamentables, al final consiguieron llegar a Garndor. Volhm examinó la arquitectura enana con genuina curiosidad y cierta admiración. Erosionada por el paso de los años o no, seguía siendo magnífica. Aun así, los indicios de peligro eran evidentes. La mujer tocó con un dedo lo que parecía ser una marca de una garra, preguntándose qué tipo de bestia habría hecho aquello.

De manera que no fue una sorpresa hallar los restos de la primera patrulla. Ni encontrar compañía junto a ellos. Volhm observó con frialdad cómo el individuo, embozado y agachado juntos a los restos, alzaba la cabeza para mirarlos con unos penetrantes ojos rojos.

¿Un drow?, pensó ella, pues los ojos así lo parecían indicar. Tensó su cuerpo, en alerta, a la espera de lo que había de venir.

Pero dejó que otros interrogaron al extraño. Ella permaneció callada, a la espera de la reacción del embozado individuo. Prefería no ser ella quien primero hablase. Observó que Hardash mandaba a su mascota a inspeccionar los alrededores, y asintió para sí misma.

Convenía ser prudentes.
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Larloch
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Mensaje por Larloch » Sab Oct 21, 2006 5:53 pm

Alanthir Nthalar
6º a 7º día de la 3ª decana de Khytorn del 1372, Garndor

Miró con gesto divertido como Vohlm empezaba a dar rienda suelta a su ira, era tan fácil verla avanzar a ciegas dando palos de ciego… la dejó hablar tranquilamente y después empezó a hablar él, con un tono divertido, como si todas las acusaciones que le había hecho no fueran más que los insultos de un crío que no sabe lo que hace ni lo que dice.

- Es curioso que juzguéis a mi gente sin saber nada de ellos, esperaba más de alguien que se hace llamar maga.- Sonrió.- Vuestras respuestas e ideas sobre mi gente debo de reconocer que ganan a algunas de las historias que he escuchado a los bardos en las tabernas. Pero ya habéis demostrado que simplemente me odiáis y que vuestras acusaciones no son más que el producto de revolcaros en ese odio.

Hizo una pausa.

- Parecéis conocer mucho sobre mi gente para permitiros hacer las afirmaciones que hacéis, tengo curiosidad, decidme que sabéis sobre nosotros.- Miró alrededor de la caverna.- un consejo si no queréis hacer el ridículo repitiendo una vez tras otra los “argumentos” e ideas descabelladas que habéis ido repitiendo, guardad silencio, con eso, os ahorraréis hacer aún más el ridículo.

Se atusó levemente la barba.

- ¿Creéis que el odio y el resentimiento me nublan el racionamiento? ¡Divertido afirmación viniendo de vos! Permitid que os diga que si alguien se mueve por el odio y el rencor aquí sois vos.- Sonrió abiertamente.- Pero seguid, nunca había visto a nadie tan ciego como vos, es algo que encuentro casi hasta mejor que las parodias que hacen los bardos en las tabernas de ciertos magos…

Aquella maga realmente era poco menos que una fanática y hablaba como tal, sus racionamientos en el mejor de los casos eran como los de un niño de seis años, pero desde luego, lo que más le preocupaba es que podía poner en peligro la misión con su estupidez.

- ¿Creéis que Halruaa es la que preserva Netheril? Contentaros con esa idea si os hace feliz, yo no necesito irme recordando lo que soy, vos por el contrario si, necesitáis creer que tenéis algo de Netheril… por curiosidad, me diréis que se hace en Halruaa con los clérigos de otras deidades que no sean las que se adoran allí?.- Miró a Dueris.- Creo que el maese Dueris por ejemplo no podría entrar…

Le dio al espalda y se encaminó hacía montar guardia, ya se había reído bastante con la discusión con la maga.

- Creed que sois superior, realmente que alguien como vos se crea eso, me parece cuanto menos una buena broma, pero os dejaré que tengáis esa ilusión, por cierto, un día me tenéis que contar el porqué de vuestro nombre, no es un nombre que traiga suerte a sus poseedores… pero seguro que sabéis a que me refiero depositaría de la esencia de Netheril y de las verdaderas tradiciones.- dijo la última frase con claro tono burlón.

- Por último, no uséis el loross más, no solo es un insulto a nuestros compañeros, que no lo entienden, sino que además vuestra pronunciación es cuanto menos horrible, tomadlo como un consejo desinteresado, cualquier netherino se reirá de vos- hizo una pequeña pausa.- Si queréis un día os enseñaré como hablarlo de forma correcta… aunque ya sé la respuesta

Se fue con una sonrisa, sin importarle los comentarios que hiciera la maga, poco le importaban.

Escuchó las primeras palabras de la hasta entonces muda visitante, y la miró con curiosidad.

- Milady Arshin, no tendré ningún inconveniente en hacer la guardia con vos.

Dicho esto, tomó posiciones, pese a que la mujer le intrigaba, sangre drow parecía correr por ella, no habló apenas nada, tenía cosas más importantes que hablar. Y así, transcurrió la guardia solo interrumpida por los gruñidos y quejidos del quaggoth, miró con divertimiento como todos los miembros del grupo maldecían a la bestia por no dejarles dormir. Tras ver como Hardash lo amordazaba, y con el cambio de guardia, se fue a descansar. Apenas necesitaba un par de horas de sueño, pero demasiados asuntos daban vueltas por su cabeza y sabía que tarde o temprano los tendría que solucionar. Pero todo a su tiempo.

Antes de ponerse a estudiar su libro, se fue a un rincón más oscuro del sitio donde estaban y con gesto tranquilo rezó a Shar. Era un gesto de devoción y de gracias a su diosa, pero además, muchas veces tenía como objetivo servirle como una forma de despejar la mente o de simplemente enseñarle el camino que debía de seguir. Después se puso a estudiar el libro de conjuros, tenía que variar ciertos conjuros que dentro de la Infraoscuridad le parecían que serían poco útiles. Empezaba ahora a conocer el medio, en el que se movía con lo que confiaba en que poco a poco iría ajustando mejor sus conjuros.

Una vez hubo acabado, se dedicó a escribir varias cartas, la primera era para los Príncipes en la que les informaba que posiblemente Halruaa sería un problema con el paso del tiempo. Simplemente nunca aceptarían ser lo que eran, con lo que lo mejor era eliminarlos de forma rápida. Era la mejor solución para la Ciudad. Después le escribió a su prometida, Tarane, no se sentía cómodo haciéndolo, pero debía hacerlo y sabía que era lo que se esperaba de él.

Después asistió al interrogatorio del quaggoth, observó con gesto divertido a Volhm, sabía que la maga le odiaba, pero le parecía enormemente divertido verla tener que cooperar con él. Las palabras del quaggoth no le gustaron, de nuevo volvía a aparecer el hecho de que los enanos habían sido dominados. Aquello era un problema. Miró a Ambert, cuál sería la próxima acción que le obligarían a realizar? Sin duda, nada que les beneficiará a ellos. Quizá habría que tomar en consideración métodos más expeditivos, odiaba tener que hacerle algo así al enano, pero, la misión no podía fracasar y su presencia a cada minuto que pasaba, la hacía más peligrosa. Sin embargo, no dijo nada, sabía que si el sugería una cosa así, la mitad se pondría las manos a la cabeza sin ni siquiera analizarla fríamente.

El viaje fue complicado, no por el terreno, sino por el mero hecho de que la tensión se palpaba dentro del grupo, simplemente él la ignoraba, poco podían afectarle lo que dijeran sobre él o que le mirasen con odio. Tenía cosas más importantes entre manos.
Lo que si que hizo durante el viaje por Garndor fue examinar con detenimiento los diferentes edificios y los restos de lo que había sido Shanatar. Pese a que los consideraba pobres con lo que era Umbra, no podía dejar de reconocerles la habilidad y maestría en la realización que habían demostrado los enanos.

Poco después encontraron los restos de la primera patrulla de enanos. Observó con detenimiento los restos, aquello era peligroso, una patrulla no era cualquier cosa, pero lo que había hecho algo así, debía de ser algo más poderoso y posiblemente podría ir a por ellos. La presencia de un ser entre los restos observando no le gustó, sabía que posiblemente trajera más problemas que ayuda. Al menos, esa era la sensación que tenía, que en la Infraoscuridad el encontrarse a alguien era, al igual que en el Plano de Sombra, sinónimo de problemas.

MJ: Alanthir se mantiene apartado, observando la situación, para ver si el extraño es un peligro o puede serles útil.
Recopilación en proceso: Mi versión de la ciudad drow de Eryndlyn.

Ultima recopilación de información: La ciudad calishita de Almraiven

"El poder tiene su propia belleza. Quizá la más bella combinación de potencia y gracia entre las criaturas mortales de Toril sea la de un dragon." Sammaster, Tomo del Dragón

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Mensaje por roler » Dom Oct 22, 2006 10:49 pm

DUERIS

Yevo ni Kar! pronunció Dueris casi para sí mismo. Era la frase que cerraba la ceremonia. Significaba "Dejadme solo", pero en este caso era una señal para que por fin las almas de los fallecidos se fundieran con la piedra en el calor de la Forja de Moradin.
- Kyradard, por favor - dijo solemne a Pyradar, llamándolo con su nombre antiguo en Dethek. Poderoso Guardián del Espíritu significaba. Un nombre apropiado... apropiado para ajusticiar.
Los golpes secos del arma contundente contra el cuerpo de la bestia, dócil y aturdida por la magia oscura de Alanthir, no consiguieron borrar las palabras que con desprecio había escupido ante su cara unas horas antes. Dueris había vivido aquel juego de regateo, docilidad, endurecimiento muchas veces. La obtención de información era vital en su trabajo... era imposible hacer buenos tratos mercantiles sin datos. Es vez, las cuentas no pintaban bien. El quaggoth había rebelado información estremecedora. ¿Los moradinsamman asesinándose entre ellos? Eso era realmente preocupante. Si había alguna cosa capaz de conseguir que un ordenado grupo de cruzados perfectamente entrenados se atacasen, sin duda era el Arte Invisible. Su cara se retorció en una mueca. Seguro que los oscuros duergar estaban tras la maniobra. Miró al pobre Ambert amordazado, con cierta compasión ante sus ojos desconcertados.
Su conversación posterior con Vohlm no hizo más que fomentar sus sospechas:
- Psiónica... el Arte Invisible. Conozco muy bien esa no magia oscura. Los seguidores de Duerra - pronunció con desagrado, como si la palabra no pudiese posarse sobre sus labios - la utilizan con eficacia. Puede ser un desuellamentes como dice el guerrero mago, pero pueden ser enanos grises. Y si lo son... - dejó en suspense el final de la frase, con una descortesía que no era propia de él. Su odio por los seguidores de la Dama Oscura enana era superior a sus fuerzas. - Disculpadme, mi señora.
....
Se acercó a Hardash. Desde lo sucedido en el combate anterior, Dueris había dejado en el interior de una de las pociones de curación unas raciones de carne seca. Habían pasado 8 horas y absorbido el poder clerical del brebaje. Envueltas en un paño se las dio a Hardash:

- ¿Os habéis arreglado el bigote, Hardash? - sonrió observando el rostro del sureño - Os traigo algo que quizás os sea útil para Laab. He pensado que yo... puede que no esté siempre, así que aquí tenéis estas raciones. Dádselas a Laab cuando tenga problemas. Durarán tenday y medio.
....
Durante el viaje no pudo quitarse la presión de encima. Aún escuchaba el relato del quaggoth en su cabeza. Su lenguaje era limitado, pero a la hora de describir el combate entre los enanos, sus adjetivos se multiplicaron. Además la tensión entre algunos miembros del grupo no se había visto aliviada. Era como llevar una losa sobre los hombros. Al menos había arrancado unas palabras a Arshin, lo que ponía luz al final del túnel.
Y entonces llegaron ante una de las visiones más bellas que aquellos oscuros túneles le habían ofrecido.
La gran Garndorn, el puerto imperial. Los ojos se le humedecieron al ver la gran calidad del tallado de las rocas, la poderosa presencia de las estatuas, lo que transmitían aquellas piedras. Nervioso se acercó a la piedra, reconociendo cada edificio de las leyendas e historias que había leído sobre Shanatar. Los rostros de aquellos enanos defensores, sus familias... todo brotaba en su mente mientras se acercaba y quitaba sus guantes, para sentir el genuino tacto de la piedra. Le contó a Vohlm la historia que narraban los grabados y se quedó allí admirando aquel esplendor de hace más de dos milenios.
Y entonces las palabras de Hardash le sorprendieron, así como el extraño que se arrodillaba sobre los restos de la patrulla. Todos sus sentidos se pusieron alerta, su mano alcanzó la empuñadura de su espada corta y... ¡Por Vergadain! ¿Qué hacía? ¿Tanto lo afectaba aquella situación? Antes estaría dispuesto a parlamentar con cualquier extraño sin mostrar las armas, pero allí todo parecía distinto... la paranoia comenzaba a apoderarse de él. Se relajó y asintió ante las palabras del calishita. Le agradó escuchar cómo hablaba en nombre del grupo. Quizás las dificultades uniesen más a la Compañía.
Miró a Pyradar y a Xandros... esperaba que se lo pensasen antes de atacar. Mientras se quedó al lado de la pared; era piedra trabajada por un enano, y eso le aportaba seguridad en aquel entorno hostil.

----
MJ: A Hardash le he dado unas "Raciones de curación". Es lo mismo pero para que se la pueda dar a un animal. Eso sí, caduca en 15 días.

Dueris utiliza sus habilidades de Historia, Conocimiento Bárdico y mampostería para saber cosas de Garndorn interesantes para la misión y ver si puede averiguar que pudo hacer esas marcas en la roca enana.

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