[Charla] 8º día de la 3 decana de Kythorn (1372) , Garndor

El pueblo enano ha decidido reclamar su legado, Shanatar, el mayor de sus imperios, compuesto de ocho reinos cayo hace 3000 años, y sus secretos y riquezas aun aguardan en sus salones. Esta es una historia de conquista, una epopeya de gloria y tragedia que culminara con un renacimiento o con la caída de la oscuridad perpetua sobre este antaño resplandeciente imperio.

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[Charla] 8º día de la 3 decana de Kythorn (1372) , Garndor

Mensaje por artemis2 » Mar Feb 06, 2007 12:55 pm

Usad este tema para la charla indicada y acordada, cuando lo deis por terminado avisadme y lo cerrare.
Última edición por artemis2 el Mar Mar 06, 2007 3:24 pm, editado 2 veces en total.
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Mensaje por Iridal » Mar Feb 06, 2007 4:50 pm

VOLHM ILMARETH

Volhm escuchó al hereje hablar de su vida. Como sospechaba, había rehuido dar detalles específicos sobre la vida en su Ciudad, pero, a pesar de todo, lo que contó le sorprendió. Era como mirar a través de espejo deformante la sociedad de su país. El concepto de nobleza, por ejemplo; no parecía diferenciarse en mucho del que existía en Halruaa. Y cuando él habló de cómo las torres de su ciudad flotaban suavemente en el aire, curvadas en ángulos imposibles, ella pensó en Halarahh, la capital de su país, construida a base de torres flotantes imposiblemente altas, curvadas de forma caprichosa y a menudo extravagante. Cuando él habló de la magnificencia del Palacio de su Alto Príncipe, ella pensó en el derroche de extravagancia que era el palacio del Rey Zalathorm, o en la exquisita arquitectura del Ilysium, que era el palacio de justicia y centro administrativo de la ciudad. Pero cuando él alabó el Templo de la Noche Eterna, Volhm no pudo menos que imaginarse un lugar sombrío y lúgubre y contrastarlo mentalmente con la febril actividad que siempre parecía reinar en el Templo de Monte Talath.

Por más que intentó no dejarse atrapar por sus prejuicios, la descripción de Alanthir creaba en su mente la imagen de una ciudad gris, hundida en las sombras, un poco como el propio mago que tenía ante sí. Parecida a Halarahh sólo en lo más superficial, porque la capital de su país era un lugar luminoso –no podía ser menos, bajo el implacable sol del sur-, y sus flotantes torres, lejos de arrojar negras sombras, contrastaban con la delicada gracia de otros edificios anclados al suelo, erigidos en mármol o coral vivo, y abundantes espacios ajardinados donde el verdor de la vegetación competía con el esplendor cromático de la fauna local.

Le hubiera gustado que él fuera más específico, para hacerse una idea de cuánto eran de acertados los rumores que había oído. Rumores, siempre, en absoluto buenos.

Alanthir exigió una información recíproca. Volhm se encogió de hombros, ¿Por qué no? Él no le había contado nada específico, sólo generalidades. Nada de lo que ella le iba a contar en justa correspondencia podría desvelar detalles de su país que generaciones enteras de aventureros o exiliados halruanos no hubieran contado mil veces a lo largo de todo Faerûn. Y su vida tenía poco de relevante hasta ahora.

-¿Yo? Soy una Ilmareth. Procedo de un antiguo linaje de adivinadores. En origen, somos de Halagard, pero en las últimas generaciones nuestra familia ha ido emigrando a la capital, de modo que cada vez quedan menos Ilmareth en Halagard –repuso Volhm, y luego se dio cuenta de que los nombres de las ciudades no le dirían nada a él, que tan poco parecía saber de Faerûn. Aunque tampoco es que le dirían mucho a la mayoría de los faerunianos.

Y luego sonrió secamente. Probablemente él ni siquiera estuviese familiarizado con el concepto de especialización, ya que aquello no era propio de la tradición netherina, de modo que a buen seguro aún le resultaría más extraña la idea de linajes consagrados a una escuela de magia determinada.

-Yo también procedo de lo que podría considerarse un linaje noble. Aunque en mi país, como en tu ciudad, la posición tampoco se consigue por herencia, sino por la valía del individuo en el Arte. Pero si bien no es del todo raro que un hijo de artesanos o campesinos demuestre haber recibido el don de Mystra, es difícil que los descendientes de los antiguos linajes de magos se revelen como incompetentes en el Arte. –Dudó antes de dar el siguiente dato, porque ése, aunque no ignorado, no era tampoco excesivamente conocido fuera de su país-: Los magos no nos casamos con quien queremos; es nuestra futura descendencia la que dictaminará nuestro futuro consorte.

Hizo una pausa. Su propio enlace había sido predicho cuando cumplió sus quince veranos. Como era costumbre, la adivinación había sido lanzada por el casamentero del barrio donde había nacido, en su ciudad natal, Halagard, y en presencia de toda su familia, su maestra, y sus compañeros aprendices. Lo único que había sacado en claro Volhm de aquel día había sido el nombre de su prometido, un adivinador de Halarahh. Nadie parecía haberse sorprendido por aquella revelación; como dijo su padre, su linaje tenía poco que hacer en Halagard, cada día más dominada por las familias de evocadores y conjuradores. Para Volhm aquel nombre no había significado mucho, era algo que le esperaba en un futuro remoto. Nadie esperaría que el matrimonio se celebrase hasta al menos pasada una década, lo cual era tanto como una eternidad para una muchachita de esa edad.

Volhm recordaba mejor la fiesta, la espléndida comida, la forma en que sus padres parecían haber envejecido en los años que habían transcurrido desde que dejara el hogar paterno para comenzar su aprendizaje con Kadisha. Recordaba que Kadisha y su padre se habían enzarzado en una discusión teórica durante el banquete, que su madre había lucido radiante, vestida con seda roja de Durpar en vez de con sus habituales túnicas ambarinas propias de su cargo de Inquisidora, y que Jinkor, el jordain de su maestra, había apartado la silla de honor con sobria galantería para que ella tomara asiento, concediéndole el tratamiento de “lady maga”, pese a que por aquel entonces sólo era una aprendiz. Con tanto ajetreo, apenas había registrado las intenciones de su hermana cuando le entregó su regalo, un pergamino bellamente inscrito por ella misma, aunque debiera haberlo hecho por la sonrisita que le dedicó. Más tarde, tras el festín, cuando encontró tiempo para leerlo, Volhm había fruncido el ceño al comprobar que era un conjuro de ilusión; no resultaba apropiado para festejar un futuro enlace entre dos adivinadores.

Pero claro, ¿cuándo su hermana se había sentido atada a la tradición y el protocolo? Efteran le había dedicado un guiño pícaro, como indicándole que no delatara su falta, y había comentado:

-Algún día te será de utilidad, hermanita… -Y Volhm, que por aquel entonces ya conocía la doble vida que su hermana llevaba a espaldas de su marido, casi había sentido que el pergamino quemaba sus manos.

Al día siguiente, camino a Halarahh y a la torre de su maestra, Kadisha le había preguntado qué conjuros le habían regalado sus familiares. Volhm había sentido que su rostro ardía, y había hablado de las dos adivinaciones recibidas, además de los otros obsequios, más mundanos. Pero no se había sentido con fuerzas para explicar el regalo de su hermana, y de hecho, pese a que normalmente se lanzaba voraz sobre cualquier conjuro nuevo, había tardado meses en incorporarlo a su libro. Y entonces casi había esperado que Kadisha se extrañara de encontrarlo allí y la acusara de haberle mentido; pero cuando lo vio, la maga simplemente le comentó que tuviera cuidado cuando manejara magia lejos de su supervisión, y que prefería que aún no inscribiera por su cuenta hechizos en su libro. Y eso había sido todo.

Aquello había sido hace muchos años, y el enlace aún no se había celebrado. Por el momento, Volhm tenía otras formas de servir a su país. Aunque, como decía Kadisha, algún día tendría que sentar la cabeza y empezar a labrarse una posición en Halarahh. Aún soy joven, pensó Volhm. No hay prisa. Su familia era longeva, y por lo que le habían contado, otro tanto podía decirse de la de su prometido. No había prisa.

Volhm no explicó nada de aquello a Alanthir. Se limitó a resumir su vida con dos frases más:

-Mi aprendizaje debía encaminarme hacia al trabajo de mi maestra… un cargo legislativo, con derivaciones políticas. –Hizo un gesto, como indicando que era un tema complejo y largo, difícil de entender si no se conocía la sociedad halruana. Y en verdad no era fácil comprender la complejidad inherente al cargo de Kadisha, que había actuado como un enlace entre los Ancianos de Halarahh y la Inquisición de Azuth en los procesos donde se juzgaban delitos de naturaleza mágica y de cierta importancia.

En teoría, la Inquisición era quien llevaba el proceso y dictaba sentencia, pero en la práctica los magos de cierta categoría tenían derecho a ser juzgados por sus iguales. Y ahí era donde entraban en juego magos como Kadisha, versados en asuntos de legislación y tan hábiles con sus adivinaciones como cualquier inquisidor. Kadisha trabajaba conjuntamente con la Inquisición, y se encargaba de que el veredicto fuera ejecutado por aquellos a quienes les correspondiera hacerlo. Y, en realidad, dado que Kadisha sólo se ocupaba de casos especialmente graves, era frecuente que incluso su trabajo tuviera que quedar supeditado a la aprobación de los Ancianos, e incluso del propio lord alcalde de Halarahh, que lógicamente era uno de los Ancianos más prominentes.

Volhm dedicó un guiño al hereje.

-Pero, como veis, los caminos de Mystra son inescrutables, y en vez de seguir los pasos de mi maestra, acabé entrando en la Iglesia y dedicándome a la defensa de la Urdimbre, tanto en misiones de recuperación como de proscripción. –Puso un dedo sobre su labio, en cierto modo divertida ante la ironía. Y tanto que los caminos de Mystra eran inesperados. ¡Quién le diría a ella que acabaría aceptando como compañero a uno de los herejes que normalmente se hubiera ocupado de perseguir y abatir! Aunque Alanthir no era halruano, claro. Allá se las compusieran los extranjeros con sus insensateces.

Enarcó una ceja.

-Mi señor Alanthir, he oído decir que vuestra gente huyó al Plano de la Sombra en el último instante, durante la Caída. ¿Es cierto? ¿Por qué reclamáis como vuestro el Anauroch? –Eso había dicho el hereje-. Deberíais entender que otra gente ha hecho de él su hogar en los siglos que habéis permanecido alejados de Faerûn. ¿Se os ha ocurrido pensar que con ese razonamiento los halruanos también podríamos reclamar el Anauroch como nuestro? –Le miró divertida.
Última edición por Iridal el Mar Mar 06, 2007 4:41 pm, editado 1 vez en total.
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Larloch
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Mensaje por Larloch » Mar Feb 06, 2007 7:51 pm

ALANTHIR

Recordó las palabras que le había casi de empezar el viaje Klauthbert al decirle que Halruaa era “hermana de Umbra”. Al principio lo había considerado habladurías de un mago que pretendía impresionarle o intentar resaltar sus habilidades, pero la descripción de Volhm parecía confirmar esas palabras. Sería cuestión de sopesar cuidadosamente lo que comentaba.

Sin embargo, todo lo que le contaba le parecía alejado de lo que se suponía que debía de ser lo que se esperaba de un netherino. No es que la maga no supiera adornar su discurso, sabia elegir su palabras, pero en el fondo, le parecía notar condescendencia, y en cierta forma una ligera sensación de superioridad. Qué pensará lo que quisiera.

- Habláis de especialización, los términos que usáis no me son familiares, pero supongo que seguís en las líneas de investigación y de especialización de Inventores, Metalistas y Variacionistas. Lo cierto es que desde la Retirada en mi ciudad esa tradición mágica se ha cambiado ligeramente.- Miró al resto del grupo.- Supongo que una discusión sobre teoría mágica sería excesivo para ellos milady, otro día si tenéis interés podemos debatir más a fondo sobre ello, será un placer por mi parte.

La composición sobre la sociedad fue donde más divergencias encontró con la Ciudad, en ella no se hacía distinción de la clase ni favor, nadie escapaba al don del Arte y los que antaño eran hábiles en él podían ver como sus hijos solo podían servir a la Ciudad como guardias y por lo tanto perdían su posición.

- En la Ciudad se manifiesta por igual y con la misma fuerza sin importar la posición que ocupe uno. La fuerza es en saber el puesto en el que cada uno es más apto y útil a la ciudad. Un mago tendrá más respeto, pero nadie mirará por encima del hombro a un vulgar guarda porque él sirve por igual a la ciudad.

Lo que le pareció extrañamente familiar fue el hecho de que también fueran matrimonios prefijados. Demasiado familiar. Mientras relataba esa experiencia, notó casi como el anillo parecía quemarle en el dedo y no pudo más que tocarlo brevemente, como si lo calmará o como si se asegurase de que de verdad estaba destinado a casarse en breve. ¿Estaría ella casada o prometida? Pobre del que estuviera con ella, no se lo deseaba ni a su peor enemigo. Miró brevemente a Hardash, aunque posiblemente daría el ojo de Ioulaum, como se solía decir en algunas tabernas de la Ciudad, por ver el explorador y a la maga como marido y mujer. Sonrió brevemente, pero intuía que antes, como decían algunos soldados en las expediciones cuando no les oían los clérigos, “vería a Shar alumbrado Toril”. Dejó de lado las blasfemias por un momento.

- En la Ciudad, las bodas suelen funcionar de forma parecida, son acordadas entre familias, pero supervisadas por los Deterministas, pues una unión débil hace flaquear a la ciudad y al Arte.- la miró fijamente, mientras seguía tocando el anillo.- A mucha gente les parece aberrante, pero hay veces que el deber y la responsabilidad son más necesarios que otros elementos. Supongo que vos opináis igual, no?

Escuchó brevemente las palabras de la maga.

- Así que vinculada a la fe de Mystryl, en la Ciudad la voz de la Cantante Nocturna se deja oír, pero mi camino se aleja mucho de esos terrenos, por emplear terminología más cercana a vos y que os darán una mejor idea, me suelo dedicar a la investigación, tanto mundana como mágica.- Había dicho una verdad a medias, efectivamente, la mayor parte del tiempo lo pasaba consagrado al estudio y a la investigación, pero también solía trabajar como agente de los Príncipes. Era su deber.

Después vino el juego de la maga, pretendía provocarlo, era indudable.

- Milady, tengo entendido que os consideráis descendientes de Netheril, pero estáis muy lejos, me imagino que vuestros antepasados huirían de Netheril, pero se asentaron en un sitio vacio? No había nadie en donde fueron? Sin saber nada de historia de vuestro pueblo, permitidme dudarlo.

Hizo una pausa y se pasó la mano por la barba.

- En nuestro caso, el hecho de que haya sido ocupado no quita que siga siendo nuestra tierra. Sin embargo, somos conscientes de que hay gente que vive en el Gran Desierto, pero no somos bárbaros sin más, bajo nuestra guía podrán vivir y prosperar.

“Muchos de los grandes problemas que hay en la actualidad son producto más de la presión de agentes de reinos o de grupos que ven con envidia a la Ciudad o que temen su poder. Lo creáis o no, la Ciudad ayudo a los elfos a luchar contra los phaerimm sin pedir nada a cambio, ni buscábamos nada a cambio de ellos.

Y os puedo asegurar que no fue una lucha agradable, muchos de los nuestros murieron allí, pero es el deber de la ciudad el servir como guía al resto de reinos No es una cuestión de poder, vos sabéis que los que realmente tienen poder no hacen ostentación de él. La mayoría de las disputas suelen ser por motivos pueriles o motivadas por fines propiamente egoístas.

La Ciudad esta por encima de eso, el Anauroch es nuestra tierra ancestral, esta destrozada, es un yermo, pero se recuperará. Es un símbolo para los netherinos, lo que antaño fue un gran imperio, con fuerza y tesón volverá a resurgir. Ahora solo somos nosotros, pero poco a poco la gloria de Netheril se alzará de nuevo y su paternal abrazo traerá una nueva era de progreso y de bienestar que rivalizará con la Era Dorada.”

Tras hablar paró un momento, estaba hablando demasiado y contando más sus visiones e ideales que otra cosa.

- Os ruego que me disculpéis, me he excedido en mis palabras, mezclando ideas propias en lugar de responder a vuestra pregunta.- Hizo una pausa.- Sobre la parte final de vuestra pregunta, lo dudo que lo hicierais, por el mero hecho de cómo os habéis comportado ante mi, a diferencia de vos, yo os aceptó y si efectivamente tenéis ese vinculo con netheril, os respetaría como una igual.- hizo una pausa.- Pero vos podéis decir lo mismo que de mi? Sinceramente, lo dudo, no os lo toméis como un insulto ni una provocación.- separó brevemente las manos del cuerpo mientras lo decía, era un gesto protocolario para indicar que no llevaba ni varitas ni pensaba lanzar un conjuro, en una conversación normal se solía entender como un “sin ofensa”.- simplemente es lo que me ha parecido entender de vuestras afirmaciones, si os he malinterpretado, os ruego que me disculpéis.
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Mensaje por Iridal » Mié Feb 07, 2007 1:05 am

VOLHM ILMARETH

Volhm asintió con la cabeza ante la propuesta del hereje de hablar más adelante de teoría arcana y puntos de vista culturales sobre ella. ¿Qué si quería? ¡Claro que quería! A eso había dedicado su vida, por algo se había convertido en una de las Guardianas de la Dama; o, más bien, de su Arte. Intentó no mostrar su expectación ante aquella posibilidad. Curiosidad, oh... algún día será mi perdición.

Pero Alanthir había empezado al fin a dar detalles de su ciudad. Volhm se forzó a no perder palabra. Más y más parecido a Halruaa...

-Un mago tendrá más respeto, pero nadie mirará por encima del hombro a un vulgar guarda, porque él sirve por igual a la ciudad –decía el mago sombrío. A Volhm le chocó que todos en su Ciudad tuvieran talento para el Arte; ni siquiera en Halruaa se concentraba tanto el talento. Pero, claro, ellos eran pocos.

-Así también sucede en Halruaa. “Alguien tiene que preparar la sopa”, decimos allí –dijo ella, algo asombrada ante las semejanzas-. Todos los trabajos son dignos. Carecer de talento mágico no es una vergüenza en Halruaa, aunque ciertamente tampoco es motivo de alegría u orgullo, con muy pocas excepciones. –Se refería naturalmente, a los jordaini.

Y más y más parecido. Conforme Alanthir seguía hablando, un escalofrío casi recorrió la espina dorsal de Volhm; no quería creer que aquella gente tan extraña, tan fría, fuera tan semejante a la suya. Pero así era. Por lo visto, la raíz común de la que partían pesaba mucho.

-En la Ciudad, las bodas suelen funcionar de forma parecida, son acordadas entre familias, pero supervisadas por los Deterministas, pues una unión débil hace flaquear a la ciudad y al Arte. –Él la miró fijamente, mientras seguía tocando el anillo. Volhm se fijó en eso, y se preguntó si sería un anillo de familia como el suyo. A aquellas alturas ya no le extrañaría nada-. A mucha gente les parece aberrante, pero hay veces que el deber y la responsabilidad son más necesarios que otros elementos. Supongo que vos opináis igual, ¿no?

-No tiene sentido soslayar el deber –repuso Volhm sencillamente, aceptando aquello con un cabeceo-. Sí. Una unión débil hace flaquear al Arte, y por ende a todo el país. Hizo una mueca-. Acepto eso, como acepto muchas otras cosas por el bien de mi gente. –Sonrió pícara-. ¿Os habéis casado ya, mi señor Alanthir? –Pero hizo un gesto indicando que no consideraría una ofensa el que no quisiera contestar a eso. Ciertamente, era una pregunta indiscreta viniendo de una casi desconocida como era ella. Si aquel hombre estaba acostumbrado a un protocolo semejante al halruano, simplemente fingiría no haber oído la pregunta si no deseaba contestarla. Si, en cambio, se parecía más a los extranjeros, podría ser divertida su reacción a eso.

A veces, es como si el espíritu de Efteran se colara en mi interior.


Él le explicó algo de su trayectoria. A pesar de que ya había notado que era bastante religioso –aunque se contuviera ante ellos, quizá por temor a que le apedreasen, se dijo para sí misma algo divertida-, negó tener una relación con la Iglesia de su sombría diosa. Mejor, pensó ella. Quizá así fuera más tratable, y su presencia en el grupo no le fuera insostenible. Se sintió levemente aliviada por aquello.

-Yo también me dedico a la investigación, tanta mundana como mágica. Es lo que se espera de alguien en mi posición. Expandir, preservar, e innovar el Arte de Mystra. –Se encogió de hombros-. Sólo que tú pareces hacerlo por cuenta propia, o quizá por cuenta de tus superiores arcanos, y yo lo hago a cargo de mi Templo. –“O de los Ancianos”, pensó. No directamente, claro, ella no poseía tan altas relaciones, pero, ¿acaso cuando Kadisha no la enredaba con sus encargos, no estaba haciendo el trabajo que ellos querían?

Y entonces vino la pulla. Ah, no podía negar que la había estado esperando. Al fin y al cabo, ella había disparado sus dardos, y algunos estaban envenenados. Él no parecía ser del tipo que aguantaría estoico las indirectas. Volhm se contuvo para no sonreír. Le había gustado la ironía de sus palabras.

-Oh, no, no nos asentamos en un sitio vacío. Veo a adonde queréis llegar. Como nos hemos mezclado con razas inferiores hemos perdido nuestra pureza original. ¿Es así? Hemos contaminado nuestra cultura netherina. –Le hizo un guiño-. Cierto, cierto todo ello. Pero aquello no fue malo, nos permitió sobrevivir, y nos dio más riqueza cultural. Y ahora os digo, mi señor Alanthir, ¿cuánta de la esencia netherina creéis que habéis podido conservar en vuestro aislamiento fuera de Faerûn? Una parte considerable, no lo dudo, ¿pero toda? Pensáoslo bien antes de decir que sí. El tiempo pasa para todos, para vosotros tanto como para nosotros. Y no me digáis que habéis vivido libres de presiones, de ninguna influencia que os haya permitido conservar vuestra cultura intacta…

Volhm se encogió de hombros, sonriendo. Un duelo dialéctico. Bien. Hacía mucho que no tenía a nadie con quien intercambiar puñales verbales.

-Halruaa no es Netheril. Nos consideramos hijos suyos, como pocos pueblos en Faerûn se pueden jactar de serlo. Pero no somos Netheril –Le sonrió-. ¿Pero me equivoco mucho si digo que vosotros, por más que os llamáis netherinos, tampoco lo sois ya? Habéis cambiado, es inevitable que no lo hayáis hecho en tanto tiempo…

Alanthir siguió hablando de los planes de su gente. Al fin. Era lo que había estado esperando… por sus palabras, las intenciones de aquellos umbrinos parecían inocentes. Aun así, no parecían cuadrar del todo con lo que había oído. Volhm se sintió insegura. Kadisha seguramente sabía. La alta jerarquía del Templo sin duda sabía. Pero a ella sólo habían llegado rumores, y los rumores podían estar distorsionados. Halruaa quedaba muy lejos de aquel conflicto, en su bendito aislamiento. Pero lo que el mago sombrío contaba le parecía extraño, como si contemplara un cuadro desde el ángulo equivocado. Si todo era tan inocente, ¿cómo es que se las habían arreglado para atraer el fuego cruzado de las naciones del Norte? Tanto paternalismo, además. Querían ser guías, decía Alanthir. ¿Guías o tiranos?, se preguntó ella.

Volhm acogió con cautela aquellas palabras. No las refutaría, ni las rechazaría. No tenía datos para ello. Pero tampoco las aceptaría. No incondicionalmente.

Y entonces él lanzó su estocada definitiva. Oh, fue elegante, como un auténtico halruano. Incluso la acompañó del gesto adecuado, que indicaba que no había intención de usar la magia. Si hasta acabaría cayéndole simpático y todo aquel hereje. Más o menos.

-¿Qué si os aceptaría por lo que sois, mi señor Alanthir? Nunca incondicionalmente –dijo con brutal sinceridad-. Pero, por raro que parezca, aquí estoy, dialogando pacíficamente con vos. ¿Responde eso a vuestra pregunta? –Sonrió burlona-. No os equivocáis. Halruaa no tiene intención de reclamar el Anauroch.

Otra cosa sería que los Ancianos considerasen que aquellos netherinos supusieran un grave peligro para Halruaa…

Volhm examinó con ojos entrecerrados al hereje.
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Mensaje por Larloch » Mié Feb 07, 2007 1:09 am

ALANTHIR

Era como cuando veía practicar a su hermano, Yldegorth, primero un par de golpes de tanteo, quizá un poco desviados, quizá un poco demasiado altos, quizá un poco demasiado abiertos, dejando siempre la guardia al alcance, para ver las primeras reacciones y para calentar.

Después, el combate empezaba a ganar fuerza y velocidad y los amagos o gestos iniciales se dejaban de lado y entonces empezaba el intercambio de golpes, si antes había flaqueado en un golpe bajo se tanteaba de nuevo, si antes un golpe cruzado le había sorprendido, se intentaba de nuevo. Todo era cuestión de ritmo.

Se acordó de una vez que había practicado con su hermano, después apenas se había podido mover de los golpes que había recibido, no por mala fe de su hermano, si no por su propia inexperiencia. Desde entonces no había vuelto a tocar una espada, pero de vez en cuando, en los momentos en que necesitaba descansar, o simplemente reflexionar.

Así que la pregunta sobre si estaba casado fue un golpe directo, sin tantear. Qué contaría que no lo estaba, pero en cuanto volviera lo estaría? Que ya habían intercambiado regalos y que por lo tanto cualquier acción que supusiera un menoscabo a Shardrala.? Realmente era un asunto del que apenas hablaba y que solo salía a relucir en asuntos protocolarios. En estos momentos tenía dudas y poco interés, pero en el momento en que volviera su deber se lo exigiría y él cumpliría, por el bien de la Ciudad.

- Casado aún no, pero ya estoy prometido con la arcanista Shardrala Khalthrar, ya hemos intercambiado regalos con lo que en cuanto vuelva de esta misión estaré formalmente casado.- Pero como en todo duelo, un golpe rápido, tenía que sucederle una respuesta tras su bloqueo.- Y vos, milady?.- Hizo el mismo gesto de cortesía que ella había tenido al deferencia de hacer con él.

¿Trabajar guiado por un templo? En la Ciudad no era algo normal, si había arcanistas que trabajaban con los clérigos de Shar y estos tenían un papel clave dentro del enclave, pero los magos trabajan en su Arte de forma libre, sin presiones y sin vincularse al templo, el Arte, según había dicho el Alto Príncipe Telamonte “nacía de la pasión y la fuerza de uno mismo y nadie debe de ser capaz de guiarlo o coartarlo, pus el Arte, es en esencia, la expresión máxima de la civilización”.

- Creo que no me habéis entendido en mi sociedad la sangre no es un elemento distintivo y que marca distancias, simplemente es un vehículo más rápido hacia el Arte. Los linajes más puros parecen mostrar más habilidad hacia el Arte.

“Habláis de que no somos parecidos a los netherinos, cierto, hemos cambiado, hemos mejorado, hemos corregido errores del pasado. Pero el cambiar es parte indisociable de la propia historia, creéis que Ioun se reconocería en Karsus por poner dos ejemplos extremos? Somos diferentes, hemos cambiado, pero hay una serie de elementos que siguen presentes y que hacen que sigamos manteniendo la tradición netherina viva.”

- Por otro lado, creedme.- añadió con una sonrisa divertida.- el Plano de la Sombra tiene seres que os harían pensar seriamente la posibilidad de casaros con un quaggoth, con lo que la Ciudad no tuvo más remedio que plegarse sobre si misma para sobrevivir…

Observó como la maga le estudiaba mientras hablaba sobre los planos o sus ideales sobre lo que era la Ciudad, atisbó duda de sus palabras. Podía ser, sin embargo, añadió de forma breve.

- Algún día milady, mirad como son retratados los magos de Halruaa por sus vecinos o por los reinos más cercanos a ellos, quizá eso os ayude a entender el porqué las primeras imágenes e ideas son siempre las menos fiables.

Apreció la franqueza de la maga, no esperaba menos, acompañó su declaración de honestidad con un gesto para indicar que era apreciada esa honestidad. Pero como parecía que el duelo tenía viso se prolongarse, tiró una nueva estocada.

- Milady, entre mi gente hay un dicho que es que “nadie baila con Moander por su belleza”.- Hizo una pausa para atusarse la barba.- Al igual que me sucede a mi con vos, a vos os puede la curiosidad y el ansia de saber más sobre la Ciudad. No obtendréis reproches por mi parte, simplemente tomadlo como un canal de información bidireccional, yo os cuento sobre la Ciudad y vos sobre Halruaa. Por decirlo de forma rápida, tomadlo como vuestro pacto con Olostin.
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Mensaje por Iridal » Mié Feb 07, 2007 7:07 pm

VOLHM ILMARETH

El rostro de Alanthir perdió toda expresividad mientras hablaba de su inminente casamiento, pero Volhm no supo decir si fue porque se sentía reticente ante la idea, disgustado por su curiosidad, o una combinación de ambas cosas. En cualquier caso, después de su indiscreción esperaba la pregunta recíproca.

-Mi enlace no está tan próximo, pero, sí, ya está concertado. Desde hace mucho tiempo. –Le miró serenamente-. ¿En qué consiste exactamente la misión a la que os ha enviado vuestra gente?

Luego el hereje defendió la pureza netherina de su civilización. Volhm no se lo discutió, aunque había visto suficiente en él para saber que los suyos habían desvirtuado aquella cultura mucho más de lo que él nunca querría reconocer. Había iniciado aquella discusión con ánimo de sonsacar al hereje y saber si los rumores que había oído eran exagerados o infundados. Pero no tenía intención de reabrir las hostilidades. Para bien o para mal, en aquellos momentos estaban en el mismo equipo.

Incluso sonrió levemente ante el intento de él de quitar fuerza a los horrores del Plano de la Sombra, dejando pasar sin un comentario su gracia sobre un posible cónyuge quaggoth. No le siguió la broma, sin embargo. Para un halruano la herencia no era cosa de broma, nunca.

También dejó pasar el comentario acerca de cómo los bárbaros podían malinterpretar a un país rico en magia con un cabeceo de asentimiento, más por compromiso que por creencia real. Las abiertas declaraciones paternalistas que él había formulado acerca de las gentes del Anauroch indicaban un comportamiento opuesto al de Halruaa. Halruaa nunca había tratado de expandir sin fronteras; las incursiones que había sufrido, habían sido por mor de la codicia bárbara. En cambio, aquellos umbrinos parecían venir con ansias conquistadoras; Alanthir no había dicho nada de asentarse y cooperar con sus vecinos. No. Guía, había dicho. ¿Tiranía?, le susurró una vocecita en su mente.

Finalmente, él se lanzó al ataque. Y en comparación con aquel, todos los tanteos que ella había realizado podían considerarse inocuos. Todas las cartas sobre la mesa, ¿mmm?

Volhm acarició distraídamente el símbolo de la Dama grabado sobre el brazalete de electrum. La propuesta que el hereje le hacía era tentadora y sin embargo inadmisible. Con todo, Volhm la sopesó muy cuidadosamente, pues sospechaba que ella podía ganar más que él con aquel intercambio.

Halruaa poseía una cultura hermética y en cierta manera muy desconocida más allá de la Muralla. Con todo, Halruaa se había forjado en Faerûn, y en Faerûn vivían sus gentes. Por muy reclusiva que fuera una civilización era imposible mantener en completa oscuridad al resto de las naciones. ¿Cuántos aventureros como ella caminaban en aquellos momentos fuera de las fronteras de Halruaa? ¿Cuántos exiliados con menos escrúpulos lo hacían también? Todos ellos conociendo bien Halruaa y sus costumbres, todos ellos un pedacito de la idiosincrasia halruana.

En cambio, aquellos recién llegados, aquella gente que tanto gustaba de ocultarse en las sombras… eran unos completos desconocidos.

Ah, pero, ¿qué le impedía a él mentirle? ¿Cómo iba ella a refutar sus mentiras? Volhm frunció levemente los labios.

-Lo siento, mi señor Alanthir. Pero no puedo tomar esa decisión por mi cuenta. Tal vez más adelante. –Extendió las manos ante ella en el gesto halruano de disculpa, un ademán que indicaba que no había intención de formular conjuro alguno. Dado que la cultura de él parecía tener modismos similares supuso que lo entendería-. Yo sólo quería disipar mis prejuicios. O confirmarlos.

Seguía sin tener claras las intenciones de aquella gente. Y por más que Alanthir fuera tan cortés, e incluso amable, no podía fiarse de él. De momento, dejaría en suspenso sus prejuicios –qué remedio, en aquellas circunstancias-, hasta tener más datos. Más adelante… ya se vería.

Suspiró. Cosa extraña, tanta conversación acerca de matrimonios prefijados, exiliados, herejías y praxis arcanas heterodoxas trajo a su mente cierto día de su época de aprendiz, que había quedado grabado en su memoria por las intensas emociones que había experimentado. Aquello había sucedido como un año después de la ceremonia que predijo su casamiento; había acudido con su maestra al Ilysium, pues como se solía decir un mago no sólo debía enseñar al discípulo magia; un aprendizaje era una forma de establecer relaciones con otros magos, así como los cimientos de una posición, tanto como una educación arcana. Pero aquel día no había sido precisamente típico; apenas habían llegado al edificio, Kadisha y Jinkor habían sido convocados a deliberar con el inquisidor de un proceso especialmente delicado y los Ancianos que lo supervisaban, mientras ella quedaba confinada en el estudio que su maestra tenía en el Ilysium.

Volhm recordaba bien el día, porque había empezado monótono, haciendo tareas rutinarias mientras repasaba el conjuro que estaba tratando de aprender, se había torcido cuando éste se le resistió, y había acabado por estropearse finalmente cuando el lord alcalde había entrado en el estudio tan agresivo como un behir enfurecido para reclamar una información que ella había sido incapaz de proporcionarle, y no porque no la conociera ni porque él no tuviera derecho a conocerla, sino porque las abjuraciones con que Kadisha protegía su intimidad –un recurso prudente que muchos magos tendían sobre sus vulnerables aprendices- se lo habían impedido, no dejándola pronunciar palabra.

Tanto le había fastidiado aquella triste actuación ante el Anciano más prominente de la ciudad, que había curioseado los papeles del proceso, para ver qué era aquel asunto tan grave que no sólo rompía el protocolo reclamando una reunión improvisada, sino que preocupaba hasta tal grado al lord alcalde. El delito no le había acabado de quedar del todo claro, aunque no le cupo duda de que el procesado, un tal Klauthbert, se había ensuciado con prácticas arcanas deleznables. Apenas había dejado de fisgar, cuando Jinkor había regresado, diciendo que Kadisha necesitaba aquellos documentos, y que después la escoltaría hasta su torre. Volhm acompañó al jordain hasta la puerta de la sala donde su maestra estaba reunida, y había esperado impaciente mientras él entraba a entregar los documentos. Una impaciencia que se había convertido en interés cuando dos inquisidores, acompañados por un cuarteto de los magos guerreros del Templo de Azuth, escoltaron al que sin duda debía ser el acusado. Volhm se había pegado contra la pared opuesta a la entrada a la sala, intentando pasar desapercibida, aunque había echado una buena mirada curiosa al acusado, con cierto interés morboso.

Tal vez porque aun estaba pensando en la expresión de desdeñosa altivez del acusado, se las había apañado para casi darse de bruces con uno de los magos residentes del Ilysium cuando ya abandonaba el edificio, acompañada de Jinkor. Nada importante, el mago era un hombre joven que bromeó sobre el incidente y siguió adelante tras despedirse muy formalmente, como si su encuentro no hubiera sido fruto de un descuido embarazoso. Jinkor la había ayudado a recoger el libro que había dejado caer al suelo, y había esperado con paciencia típicamente jordain mientras ella se arreglaba la túnica, el atuendo tradicional de los aprendices de adivinador, cuya pesada tela tenía cierta tendencia a arrugarse.

-¿Sabéis quién era ese mago? –había preguntado Jinkor mientras le entregaba de nuevo el libro. Ella había negado con la cabeza, y había esperado a que el jordain, siempre bien enterado de todas esas cosas, como era su deber, se lo explicara. Jinkor había sido escueto-: Althym Starapel.

Volhm se había vuelto tan rápido que la túnica se le había arremolinado entre los tobillos, pero, naturalmente, el mago ya estaba fuera de la vista.

Resultaba extraño, pensó ahora mientras miraba a Alanthir, los extraños caprichos que tenía el destino. Probablemente él nunca había llegado a saber que la muchachita con la que aquel día chocara en el vestíbulo del Ilysium sería su futura esposa.

Volhm desterró de su mente aquellos recuerdos.

-Espero que lo entendáis –le dijo al hereje, con calma.
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Mensaje por Larloch » Jue Feb 15, 2007 3:04 pm

ALANTHIR

¿La misión de su gente? Miró con cierta indulgencia a la maga. Posiblemente pensaría que era el primero de una horda que les iba a arrasar y después sacrificarlos en una sangrienta ceremonia consagrada a Shar. Visto lo visto, no le extrañaría que lo estuviera sopesando seriamente.

- Mi misión es de observar.- Hizo una pausa.- la Ciudad no cree que sea de su incumbencia la lucha de los enanos. A pesar de que su lucha, recuperar su antiguo hogar, despierte simpatías, pero nuestra presencia aquí no tenía razón de ser hasta que apareció el phaerimm.

“A la Ciudad le preocupa que hayan phaerimms en la zona, los ve como un grave peligro para todo Faerun. Es una lucha en la que cualquier reino que sea civilizado intervendrá y prestará toda la ayuda posible.

En el caso de que se confirmara la presencia de phaerimms la Ciudad se ofrecería a colaborar con los enanos en su Cruzada y ayudarles en todo lo que fuera necesario con tal de acabar con esas abominaciones. Ya se hizo con Eternoska a la que se ayudó contra los phaerimm que la amenazaban y la misma ayuda se les brindaría a los enanos.

Contra ciertas amenazas, los prejuicios y las discrepancias deben de quedar a un lado y se debe de estar dispuesto a aceptar realizar sacrificios.

De no existir una amenaza de los phaerimm, la Ciudad no intervendría, se mantendría al margen, pues como he dicho, este no es un conflicto en el que Umbra se deba de inmiscuir.”

Sacrificios necesarios, si era algo que entendía más que nadie, quizá eso era lo que había decantado a los Príncipes a enviarle a él. Él entendía lo que significaba la guerra, los phaerimm y la necesidad de sacrificarse en pos de la Ciudad.

No es que lo entendiera pensó, es que parecía que toda su vida se había encaminado en ese sentido, sacrificio en pos de su familia, sacrificios en pos de su ciudad. No mostraba cansancio ni rechazo de sus actuaciones, no, le habían llevado lejos, su futuro en la Ciudad era prometedor y podía lograr mucho más si tenía éxito en esta misión.

Simplemente era constatar, que su vida le había dado una perspectiva muy diferene a la que podían tener ciertos arcanistas. No se habría imaginado a su padre aquí con la maga halrueiana, posiblemente haría tiempo que sería un cadáver reseco. Él era más paciente y más capaz de aguardar y ser paciente. A la larga, los sacrificios iniciales podían convertirse en grandes éxitos.

Miró de reojo a la maga, posiblemente la perspectiva de verse rodeada de “herejes” debía de provocarle sudores fríos. A él verse rodeado de varios magos más como ella también se los provocaría.

Sin embargo, tenía curiosidad por ver su reacción, la perspectiva que su gente llegará para ayudar a la Cruzada provocaría una situación altamente volátil. Haría falta mucho diplomacia pensó y, mientras miraba brevemente a Dueris, se preguntó si los enanos tendrían muchos diplomáticos de su talento. Si no era así, dudaba que los halrueianos fueran capaces de soportar a su gente.

- Y vos milady, que misión os trae aquí a vos?

Sabía que su oferta de información sería rechazada, lo había tenido claro desde el principio de la conversación, tal como era la maga una cosa así no la aceptaría ni loca. Pero era un movimiento que valía la pena de hacer, una finta, más que nada para ver su reacción.

Sonrió mientras escuchaba las palabras que le decía la maga. Palabras medidas, educadas y corteses, no esperaba menos de ella, pero no dejaba por ello de parecerle divertido.

- No porque disculparse, milady, entiendo vuestra situación, quizá mi propuesta ha sido una descortesía, no era esa mi intención. Tomadlo como un gesto de buena fe.- Hizo una pausa.

Era la opción directa y la fácil, eso era innegable, pero no la única, tenía muy presente que había varias formas de ir sonsacando información y detalles. Todo era cuestión de ir guiando la conversación por ciertos temas según viera. Era el momento de cambiar de tema.

“Es una lastima que nos encontremos en estas circunstancias “especiales, si debo de decir la verdad echó en falta la tranquilidad del laboratorio o de la biblioteca. A mucha gente le gusta la sensación de libertad, el moverse de un sitio a otro, mi hermana sin ir más lejos. Yo no, yo disfruto investigando, sean estudios de naturaleza mágica o histórica, es mi vida. En cierta forma esto es otra investigación, de otra forma, en otro medio y con otros elementos, pero no es lo mismo.”

- Perdonad si os parece una indiscreción.- hizo un gesto conforme no tenía porque contestar si no quería.-, ¿os gusta el teatro? Yo le encuentro una fuerza casi hipnotizante, es uno de esos pequeños placeres que más superfluos pero ejerce sobre mi una extraña fascinación.

“¿Es común el teatro en Halruaa?, el la Ciudad es algo común y que suele tener éxito, es una forma de ilustrar la historia o simplemente como entretenimiento. Si os gusta os podría dar una copia de alguna de las obras. A mi algunas me parecen brillantes, pero lo cierto es que desconozco mucho de las obras que se han escrito en otros reinos.

En los temas, debo de decir que el fin de Karsus es un clásico, es una figura trágica en si mismo, su precocidad y habilidad, su fin, casi, casi se podría decir que es una figura pensada para el teatro. ¿Qué figuras y temática suelen aparecer en vuestras obras?”
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Mensaje por Iridal » Jue Feb 15, 2007 11:41 pm

VOLHM ILMARETH

No le escandalizó saber que aquellos magos sombríos buscaban solo su propio interés al decidir si aliarse con la Cruzada. Al fin y al cabo, tampoco ella entendía muy bien por qué Spellmacher quería meterse en asuntos de extranjeros. Tal vez estuviera interesado en los logros mágicos del antiguo imperio enano y sin duda compartía la preocupación del resto del Consejo acerca de la posible presencia de phaerimm, pero el Anciano era lo suficientemente excéntrico para desafiar cualquier pensamiento convencional, así que Volhm no apostaría ni un solo conjuro por aquella posibilidad. Sin embargo, esperaba fervientemente que aquellos magos sombríos no enviasen más embajadores. Se preguntó qué dirían los suyos cuando les informase de la presencia de este único hereje. ¿Cuál sería la reacción, no ya de los magos que acompañaban a Spellmacher, sino de los clérigos e inquisidores de la expedición? Volhm no necesitaba recurrir a su magia para adivinarlo; ni siquiera se necesitaba ser especialmente imaginativo para deducirlo. Y, desde luego, una concentración de aquellos netherinos desvirtuados bien pudiera poner en pie de guerra a todo el campamento halruano…

Tampoco le sorprendió la razón por la que él había sido enviado allí; no era la primera vez que había hablado de comprobar la presencia de phaerimm en la zona. Pero precisamente ése era el punto en el que ella también estaba interesada, y el motivo por el cual había conducido la conversación hacia esos derroteros.

-A mí también me enviaron a confirmar la existencia de phaerimm. Parece que tenemos un objetivo común. –Y esa es la única razón por la que acepté a cooperar contigo, si no lo has notado, pensó ella. Pero no lo dijo en voz alta-. Por eso os preguntaba sobre vuestros objetivos. Me gustaría saber si también poseemos la misma información. Hay ciertas cosas que jamás podremos compartir, pero sería absurdo que, luchando contra los mismos seres, nos reserváramos secretos en ese sentido.

Estaba siendo muy directa, se dio cuenta ella. Realmente, la cortesía habría requerido alargar algo más de tiempo los prolegómenos, pero Volhm se sentía cansada y con pocos ánimos para recrearse en el protocolo. Había sido un día muy, muy largo. Además, por las siete estrellas de la Dama, ¡sólo era un hereje! Bastante amable estaba siendo ya.

-Los míos apenas pudieron decirme nada… -reconoció, contrariada.

Luego, él se disculpó por su indiscreta proposición de intercambio de información cultural. Volhm inclinó ceremoniosamente la cabeza, indicando que no había ofensa. Alanthir cambió diplomáticamente de tema, empezando a hablar de sí mismo y sus gustos.

-Es una lástima que nos encontremos en estas circunstancias especiales, si debo de decir la verdad echo en falta la tranquilidad del laboratorio o de la biblioteca. A mucha gente le gusta la sensación de libertad, el moverse de un sitio a otro, mi hermana sin ir más lejos. Yo no, yo disfruto investigando, sean estudios de naturaleza mágica o histórica, es mi vida. En cierta forma esto es otra investigación, de otra forma, en otro medio y con otros elementos, pero no es lo mismo.

Resultaba curioso, eso mismo había pensado ella allá en el puesto de guardia, apenas un par de días atrás, casi con las mismas palabras. Volhm asintió con la cabeza, y por momento cerró los ojos, sintiendo una punzada de nostalgia por Halruaa, con agobiante calor incluido, y la tranquila vida de un estudioso. Ya fuera en las vastas bibliotecas y excelentes laboratorios del Templo, en la tranquilidad de la casa paterna, o en sus habitaciones de la torre de Kadisha –aunque ya no formaba parte de la casa de su maestra, seguía teniendo acceso a su hogar y habitaciones reservadas en él, como antigua aprendiz y eventual colaboradora suya, amén de su parentesco político adquirido por el matrimonio de Efteran-, resultaba un auténtico lujo poder abstraerse en un trabajo netamente constructivo y tan absorbente como era la investigación. Había algo más que satisfactorio en olvidarse del mundo durante horas para perderse en los intricados misterios del Arte. Aunque también podía ser muy frustrante, mucho, horas y horas dedicadas a estudios que muchas veces no daban fruto. Y, para ser sincera, cuando eso ocurría ella tendía a echar de menos el vigor estimulante de una buena dosis de adrenalina estimulando sus sentidos…

-La investigación forma parte de lo que es un mago. Es natural que lo eches de menos –le dijo Alanthir-. Yo también lo echo de menos. La investigación es la puerta de entrada al conocimiento. Y, como decimos en Halruaa, el conocimiento es poder, pero un mayor conocimiento supone un mayor poder. Y eso sin hablar de la satisfacción intrínseca que supone obtener ese conocimiento en sí mismo… y el deleite que supone rozar desde otra perspectiva ese maravilloso misterio que es la Urdimbre.

Volhm sonrió levemente.

-Pero, por otra parte, también entiendo a tu hermana.

Parecía que habían conseguido dejar de lado la tensión y sus diferencias para adentrarse en una charla informal. Entonces él se puso a hablar de teatro, lo cual le resultó muy curioso. Inevitablemente, no podía menos que asociar aquella afición a un comportamiento tan poco protocolario como lo era el de Efteran, pero él parecía tan serio y formal, tan absolutamente diferente a su díscola hermana…

-No es una de mis aficiones favoritas. Prefiero la música, la oratoria y las exhibiciones mágicas –repuso ella. En realidad el teatro no era un arte muy desarrollado en Halruaa, al menos no entre la élite arcana. Los magos tendían a ser un tanto solitarios y reclusivos, lo cual era la razón principal de que Halruaa fuera un país formado a base de muchas pequeñas aldeas –a menudo creadas alrededor de la torre de un mago, para proporcionarle servicios a cambio de defensa- y muy pocas ciudades grandes. Y ésa era la razón también de que un arte menor y de naturaleza netamente gregaria, como era el teatro, fuera más bien un entretenimiento propio del pueblo llano.

Claro que en las ciudades todo era diferente. En las aldeas los magos podían permitirse el lujo de vivir tan aislados como gustasen o demandasen sus estudios. En las grandes urbes, el protocolo mandaba. Las visitas a otros colegas eran más que una cortesía, suponían casi una obligación. Y, es que al caer la tarde, cuando el opresivo calor aflojaba un poco su férrea tenaza sobre el país, las ciudades solían florecer en una febril actividad pública. Era el momento en que los mercados se llenaban de vida, y los numerosos parques y jardines que abundaban en cualquier población halruana rebosaban de vida y movimiento. Los que buscasen diversión entre el vulgo podían entretenerse con todo tipo de espectáculos y pruebas de habilidad ofrecidos en lugares públicos, mientras que los magos se entregaban a festivales, banquetes y conciertos, todos ellos una forma de interacción social y política además de su vertiente lúdica. Era de buen tono ofrecer recepciones, con elaboradas exhibiciones mágicas, en los jardines de la propia torre, así como ostentosas demostraciones de conjuros recién desarrollados. La flor y la nata de Halarahh podía disfrutarlas en la propia torre real; buena parte de los magos de Halarahh hubieran dado su mano derecha –o al menos la darían si no la necesitaran para conjurar- por formar parte de la selecta minoría cortesana invitada a disfrutar de aquellos eventos. Y para los más sosegados, siempre quedaba la opción de exhibirse por el Paseo, vestidos con las mejores galas, una oportunidad inigualable para alternar con la alta sociedad, exhibir una de las mascotas exóticas que tanto gustaban a sus compatriotas, y alardear de cualquier nueva chuchería mágica que se hubiera conseguido en los últimos días.

Pero si había un pasatiempo compartido con el mismo fervor por todos los halruanos, independientemente de su clase social, ése era la afición por los debates. Todos los atardeceres, y hasta bien entrada la noche, los oradores subían a plataformas elevadas o a elaborados templetes situados en jardines públicos, y competían en duelos dialécticos, mientras una numerosa y abigarrada concurrencia les escuchaba, a menudo sentados sobre la hierba, y entre el embriagador aroma de las siempre florecientes plantas tropicales. Aquellos debates suponían incluso el único ámbito donde se permitía una relajación del estricto protocolo que regía la interacción social entre halruanos. Y es que el público no se privaba, según el caso, de mofarse, puntuar o aplaudir las palabras de cada orador, ni de intervenir con su propia réplica cuando así se deseaba.

Aun así, Volhm había asistido a algunas funciones teatrales, tres de ellas incluso de las destinadas a la gente común. Había sido Efteran, cómo no, quien la había arrastrado a ellas, y ninguna había conseguido llegar al alma de Volhm. Dos de ellas trataban de temas que quedaba fueran de su vida cotidiana, y le habían resultado un tanto ajenas… y una de ellas, incluso ligeramente escandalosa, tanto era que trataba de una relación amorosa que se hubiera considerado totalmente impropia si los amantes hubieran sido de mayor extracción social; pero, dado que entre el pueblo llano actualmente no se seguía tan férreamente como antaño la tradición de los matrimonios profetizados, no llegaba a resultar impropia… no del todo; al fin y al cabo, sólo los magos tenían la obligación de casarse con la pareja adecuada por el bien del futuro del Arte en el país. La tercera obra era la que la había decidido a no acompañar a Efteran nunca más a aquellas actuaciones. Era una comedia, y la sátira hacia la élite arcana era sutil pero perceptible. Aquella falta de respeto la había enfadado realmente, pese a la risa de Efteran, que le había asegurado que aquel tipo de críticas eran sanas y necesarias, y que no significaban una auténtica irreverencia por parte del vulgo. Después de todo, todo el mundo sabía que si en Halruaa hasta un campesino podía mantener un nivel de vida que sería envidiado más allá de las Murallas por no pocos extranjeros acomodados, era exclusivamente debido a la excelencia halruana con el Arte, y por tanto, gracias a los magos gobernantes.

-Me interesará leer esas obras, cuando podáis dármelas –le dijo al hereje, cortés-. La temática que toca el teatro en mi país es muy variable… entre el pueblo llano, a menudo toca un espectro más amplio… entre los magos, son más populares las recreaciones históricas que cualquier otra cosa, aunque se puede encontrar un poco de todo. ¿Karsus es una figura recurrente entre vuestras obras? Interesante... desde luego, los temas clásicos nunca pasan de moda. Así como las recreaciones de invasiones pasadas… En Halruaa, también es famosa La gesta de la Dama Medianoche, especialmente adecuada para ser representada durantes las festividades del Día. ¿Vuestras obras sólo tocan temas históricos? ¿No os gustan otro tipo de obras más ligeras… comedias… sátiras políticas? ¿O tal vez recreaciones de la vida de vuestro Alto Príncipe?

Veamos qué dice a esto, pensó Volhm. Veamos qué tipo de gobierno tienen estos umbrinos.
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Mensaje por Larloch » Vie Feb 16, 2007 2:02 pm

ALANTHIR

Escuchó las palabras de la maga, parecía que ambos estaban en su misma situación, él apenas contaba con información fidedigna de si los rumores eran ciertos y los Príncipes no habían querido o creído necesario darle más detalles.

- Por desgracia milady, apenas sé algo sobre la presencia phaerimm, se me envió para comprobar los rumores y apenas llegué que fui convocado por el Arthane.- se inclinó levemente en el ¿banco?.- Apenas puedo deciros nada que ignoréis, me imagino que vos debéis de llevar más tiempo dentro de la Cruzada, no?

¿Entendía a su hermana? Lo cierto es que a él le costaba algunas veces entender sus motivaciones, sus deseos de “ver más allá de la Ciudad”. Ella hubiese disfrutado de su estancia entre el grupo, el conocer a los enanos, tan parecidos y distantes a la vez, hubiese hablado con Adrian y Xandros de mil temas, incluso les hubiese hablado en la jerga que usaban algunos de los soldados al servicio de la Ciudad, pero él.... no era lo suyo desde luego.

Él no tenía el carisma y la capacidad de hablar y de ganarse la confianza de la gente “frío como el plano de la sombra con los bárbaros” le había dicho su hermana una vez. Era cierto, con los que no tenía confianza era cordial pero distante, siempre interpretando o enfocando todas las conversaciones con algún fin.

- ¿Entendéis a mi hermana? Sin, animo de ser indiscreto milady, ¿Acaso en vos bulle de vez en cuando el interés por ver mundo? .- preguntó con cortesía.

Ver mundo, la primera vez que su hermana había salido de la Ciudad a su vuelta le había tenido un día entero hablándole de todos los detalles que había visto, las sensaciones, los sitios que había visitado. Un día entero, pero esos ojos llenos de fuerza y de satisfacción... los entendía, eran los suyos cuando encontraba una referencia en algún tomo perdido a las teorías de Shadow sobre los demiplanos o algunos comentarios de Jeriah Chronos sobre las fluctuaciones temporales y sus posibles usos en el mythallar. Por eso había adoptado como costumbre planificar sus estudios en función de cuando volvía su hermana. Todos tenemos que danzar en el pantógrafo universal de Halavar pensó con una sonrisa.

- Milady, la figura de Karsus es recurrente por sus múltiples facetas.- Su comentario sobre el hecho de que fuera una figura recurrente ya se imaginaba como se lo había tomado, debía de creer que en Umbra Karsus era considerado un modelo.

“Karsus es una figura trágica en si misma, admite tantas y tantas lecturas.... desde el genio y hábil mago, pasando por el desquiciado y consumido por un poder que le abruma, pasando por su faceta más amable o más cruel. Karsus admite esas imágenes y muchas más. Pero no es el único.

El gran Jeriah Chronos como una figura trágica que durante siete años ve muriendo a pesar de tener la cura al alcance de la mano, pero todo por no creer en los dioses. O como el arcanista que decide poner su vida en juego por Illusk.

O Shadow y su relación con Alashar e incluso en algunas obras aparece la gentil dama Volhm y Jarm. Todo depende de lo que se busque o lo que se quiera representar. Pero por encima de ellos el nombre de Karsus siempre se eleva por el mero hecho de que es una figura que impacta. No es una cuestión de seguirle, adorarlo o no, es una figura de gran peso. Supongo que sabéis que mi gente marca el inicio de la Era Sombría con su nacimiento, no?”

- Perdonad mi ignorancia, ¿pero que conmemora en el Día? Entre mi gente las celebraciones suelen ser muy protocolarias y en ellas el teatro no suele tener presencia. Más que nada debido a que nuestras celebraciones no suelen conmemorar sucesos que no son especialmente alegres. Podría deciros que tenemos 2 grandes conmemoraciones. La Caída, donde se conmemora la caída de Netheril y el dolor que produjo y el Recuerdo de los Honrados, en la que se recuerda a aquellos que murieron por la Ciudad. La otra gran conmemoración es carácter religioso. – Hizo una pausa.- En vuestro caso ¿las celebraciones que suelen conmemorar? ¿Quizá victorias?

“Obras ligeras? Comedias hay, seguro que la fama de Halavar sigue siendo recordada hoy en día. Sus obras suelen ser satíricas, a varios arcanistas les disgustaron en su época... y ahora lo siguen haciendo. Personalmente no me molestan, son inteligentes, bien trazadas, ágiles y son graciosas, irónicas. Son como el uso de un de conjuro de forma poco ortodoxa pero tremendamente eficaz. A simple vista desagradable, pero cuando se observa tremendamente complejo.

Además, personalmente creo que estas obras tienen cierta “necesidad” de existir, es una forma de recordar a la cada uno sus fallos, sus errores o si me permitís la expresión de la hybris de cada uno de los representados. Karsus sería el ejemplo más claro de esta desmesura, pero Halavar tiene el don de saberla trazar, insinuar o hacer brutalmente patente en todos los personajes a los que retrata.”

- En el tema de las recreaciones de la vida de los Príncipes, no, las hay. Es común en Halruaa hacer obras de la persona que gobierna.- Hizo una pausa.- Disculparéis mi ignorancia, pero ¿qué sistema de gobierno tiene Halruaa, ¿gobierna un Alto Príncipe¿, ¿quizá algún servidor de la Dama de los Misterios?

“Invariablemente en el teatro el Alto Príncipe no suele aparecer como protagonista nunca y solo sale representado como una figura de fondo. En ciertas obras aparece en último momento como figura que salva la situación. No sé si sobrevivió a la Caída de Netheril pero hay una obra, Sombras, que trata sobre Shadow y Alashar en la que en último momento aparece Karsus para ayudarles y salvarles de las iras de los arcanistas. Karsus aquí suele ser representado en su faceta de persona comprensiva, sabia, reflexiva, alejado de la imagen de ser dominado por la hybris de por ejemplo en el Fin de Eilenar.”

Hizo una pausa, empezaba a sentir cierta compasión por la maga, como le había dicho su hermana, solo en temas de magia podía hablar más que en temas de teatro. Por experiencia sabía que solo su madre mostraba un entusiasmo comparable al suyo en los temas de teatro, pero que pocos miembros de la familia lo hacían. La única que aguantaba de forma admirable sus disertaciones sobre el teatro era su hermana... y porque sospechaba que siempre confiaba en vengarse cuando le llegase su turno de contar los viajes que había hecho.

- Perdonad que me haya extendido tanto, habláis de que preferís la música y la oratoria. Debo de confesa que la música me atrae, pero tengo un oído horrible para ella. La disfruto, pero como mero aficionado, soy incapaz de mantener una charla en detalle sobre ella.- Hizo una pausa.- La oratoria, en que vertiente, como ejercicios de retórica sobre grandes temas, mágicos o mundanos, o en términos políticos. En la Ciudad suelen darse los dos casos. Aunque suelo preferir los primeros.
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Mensaje por Iridal » Mar Feb 20, 2007 9:24 pm

VOLHM

-No, no llevo apenas tiempo en la Cruzada –contestó ella, con calma-. Hace apenas unos meses me encontraba en Halruaa. Llegué hace poco, y cuando el arthane pidió colaboradores, se me sugirió como posible candidata. Tengo cierta experiencia en moverme fuera de Halruaa, así que parecía una opción lógica. Además, una adivinadora es más lógico que otro especialista o que un generalista para una misión de inspección, supongo. –Se encogió de hombros. No le importaba la razón por la que había sido seleccionada, sólo el hecho de que estaba allí, ahora, cumpliendo su deber hacia Halruaa, la Urdimbre y Mystra.

-¿Entendéis a mi hermana? Sin ánimo de ser indiscreto milady, ¿acaso en vos bulle de vez en cuando el interés por ver mundo? -preguntó él con cortesía.

-Si no fuera así, no estaría aquí, mi señor Alanthir –replicó ella con igual cortesía-. Pero sí, ese interés bulle en mí, aunque no en la misma medida que hace unos años… tuve la oportunidad, en mi primera juventud, de dedicarme a una vida consagrada al estudio y la investigación… y la rechacé, porque deseaba conocer otro estilo de vida, vivir otras experiencias… probar lo que era la emoción y el riesgo. No quería una vida convencional… -No quería dejarme atrapar como Efteran-. Ah, era muy niña entonces, y muy tonta, pero por aquel entonces me precipité hacia eso con ansia infantil. Hoy en día las razones que me impulsan son otras, pero… -Volhm esbozó una semisonrisa ambigua-. Aún no estoy preparada para sentar la cabeza, como dice mi antigua maestra que debería hacer. Establecer un hogar, atraer aprendices, empezar a labrarme una posición, crear nuevos conjuros, dar hijos al Arte… es algo que tendré que hacer, sin duda. Algún día. Pero… no todavía.

Volhm fijó su mirada más allá del umbrino, absorta.

-Hace años, cuando ya me estaba curando de mi inquietud juvenil, tuve… no sé cómo expresarlo. –Meneó la cabeza, porque no deseaba desvelar aquello al hereje. Era algo demasiado íntimo, demasiado especial-. Fue… no lo entenderíais, mi señor Alanthir. No, no creo que seáis capaz de entenderlo. Pero fue una experiencia que cambió el curso de mi vida, mis ambiciones, y mi mismo futuro. Hoy, mis pasos siguen el camino que la Dama ha dispuesto para mí. –Le dedicó una sonrisa amable-. Eso implica mucho estudio e investigación, porque es lo que se espera de los magos consagrados a ella, que se esfuercen en promover y mejorar el Arte, que lo amen sin reservas y lo respeten por encima de todo. Pero también implica otras responsabilidades, que casan bien con mi carácter. Y es que cuando estoy de viaje echo de menos la tranquilidad de una habitación donde encerrarme con mis libros, y aislarme del mundo. Sin embargo, cuando llevo mucho tiempo entregada a ese estilo de vida… echo de menos un poco de adrenalina corriendo por mis venas. –Su voz destiló cierta diversión al reconocer aquello-. Yo también tengo una hermana, que suele decirme que soy tan impredecible como una serpiente estrella. –Y eso que no lo era ni una décima parte que la propia Efteran. Aunque, sin duda, su hermana era mucho más consecuente que ella con sus anhelos.

Hizo una pausa para alcanzar el odre. Cortés, se lo ofreció primero a él, aunque sabía que no necesitaba beber.

-Agua. Empiezo a echar de menos algo más sustancial. ¿Habéis probado el vino de mi país, mi señor Alanthir, el famoso vino dorado de Haerlu? Es muy apreciado en las naciones del sur, tal vez hayáis tenido la oportunidad de catarlo. Tiene un cuerpo inconfundible… hay quien dice que es magia líquida, una graciosa exageración, por supuesto. –Le sonrió–: Si tanto deseáis la vida de un estudioso, ¿cómo es que os avinisteis a realizar esta misión de inspección? ¿No había disponibles en vuestra Ciudad más arcanistas deseosos de afrontar el desafío?

Escuchó cortésmente cuándo él se puso a platicar sobre el arte escénico de su cultura, con el entusiasmo de un verdadero aficionado.

-Karsus es una figura icónica muy apropiada, sí. Fue tan grande… y tan arrogante; tal vez sea justo que su grandeza eclipsara finalmente a Netheril –suspiró-. Da mucho de sí. Pero no sabía que vuestra gente marcara el inicio de la Era Sombría con su nacimiento. No sé mucho de vosotros. Los sucesos del Norte nunca han sido demasiado de mi interés. –Hizo un gesto con la mano, desdeñando aquellas lejanas tierras-. Aunque, si se me presenta la oportunidad, estoy dispuesta a aprender. –Una sutil invitación a que él le contara lo que le placiera de su gente.

Alzó una ceja, sorprendida, al comprender que él no tenía ni idea de lo que era el Día. Ni se le había ocurrido aquella posibilidad.

-El Día, para los halruanos, celebra nuestro vínculo con la Urdimbre, y nuestra entrega al Arte. Y dado que Mystra es la Urdimbre, también la honramos a ella, pidiéndole que mantenga la Urdimbre y con ella nuestro estilo de vida. En el resto de Faerûn, el Día supongo que conmemora la deificación de Mystra, la Dama de los Misterios, Señora de Toda la Magia. Los panteones han cambiado desde la Caída, milord. Muchos dioses de los que os habrán hablado en vuestra Ciudad ya no existen. Deidades que no existían en tiempos de Netheril han encontrado su camino a los panteones. ¿Desconocíais eso, o hacéis esas referencias a dioses extintos por la mera fuerza de la costumbre? –preguntó con curiosidad.

Pero le sonrió, porque sus arcaísmos le resultaban divertidos, y a la vez interesantes. A veces hablar con el hereje le hacía sentirse niña otra vez, sentada a los pies de su padre, mientras él le leía libros de Historia… La sonrisa de Volhm se dulcificó ante aquellos recuerdos.

-¿Hace mucho tiempo que los vuestros usan la sombría Urdimbre? ¿Ya desde los primeros tiempos en que llegasteis al Plano de las Sombras? Contadme, siempre he considerado interesante conocer cómo se forja una tradición arcana. -No había burla ahora en sus palabras, sólo el interés de un erudito-. ¿No habéis considerado nunca volver al Arte de vuestros ancestros, el arte original, emanado de la fuente originaria?

Volhm frunció los labios, pensativa, siguiendo el curso de unos pensamientos que habían rondado por su mente desde el día en que conociera el tipo de Arte que él practicaba. -Los vuestros han combatido junto y contra magos de la Urdimbre hasta hace muy poco… sin duda conocéis bien… ¿podéis describirme exactamente qué efectos suceden cuando uno de vuestros conjuros entra en confrontación contra uno de los nuestros? La yuxtaposición, ya lo hemos comprobado nosotros personalmente, parece funcionar, aunque ambos hayamos notado cierta anomalía en la impronta de los conjuros activos. –Se preguntaba si la magia de aquellos netherinos desvirtuados sería diferente a la de otros conjuradores sombríos-. ¿Habéis presenciado personalmente alguna vez el choque de dos conjuros emanados de diferente Urdimbre?

Pero hablar de magia seguía siendo un asunto delicado. Por más que ahora conversaran amigablemente, un abismo los separaba, y sin duda ambos eran igualmente conscientes de ello. Hoy eran compañeros unidos por las circunstancias, pero el mañana podía poner fin a aquella precaria alianza. Volhm dejó que la conversación derivara hacia otros tópicos menos problemáticos. La afición de él por el teatro parecía ser un tema seguro; o al menos, así fue hasta que Alanthir aprovechó para deslizar su pregunta sobre el gobierno de Halruaa, sin duda en correspondencia a las insinuaciones recíprocas que ella le había hecho. Escogió con cuidado las palabras cuando intentó contestarle. Ahí entraban ya en un terreno tan delicado como hablar de secretos arcanos.

-No. Halruaa respeta y reverencia a Mystra, pero sus clérigos no gobiernan, sólo aconsejan –repuso ella-. Conformamos un país cimentado en tradiciones arcanas, dirigido y guiado por magos. –Bien, aquello no era ningún secreto. Pensó con cuidado sus siguientes palabras, evitando dar cualquier detalle comprometedor-. No os dejéis engañar por mi devoción a la Dama de los Misterios; no todos mis compatriotas entenderían mi entrega, me temo. –Hizo un gesto con la mano minimizando aquella cuestión-. Aquellos que son más hábiles y versados en el Arte son quienes ascienden a las posiciones de gobierno. No tenemos un Alto Príncipe, pero sí un Rey… el Netyarch Zalathorm rige hoy el destino de Halruaa. –Y hasta ahí estaba dispuesta a comunicar. Nada que él no pudiera averiguar sin grandes esfuerzos preguntando a cualquier extranjero medianamente culto.

Por suerte, la conversación derivó de nuevo a las aficiones teatrales de él; hubiera querido contestar más extensamente a la pregunta de Alanthir sobre sus aficiones musicales, pero él no conocería las obras de su país y describir la esencia de una melodía a alguien que nunca la había oído sería como intentar describir un color a un hombre ciego. Así que se centró en generalidades.

-La música en Halruaa está estrechamente ligada al Arte, como todo en el país –dijo Volhm, con cierto placer al recordar algunas veladas en Halarahh-. Aunque los magos más tradicionales hablan de ello despectivamente, tratándolo de “magia de salón”, lo cierto es que es un buen vehículo para la magia. Toda armonía toca la Urdimbre en algún punto… Ya que preguntáis por mis preferencias musicales, admito que prefiero aquellas melodías que logran retirar, por breve que sea, el delgado velo que nos separa de la Urdimbre… me producen un gran placer, sospecho que tanto como a vos esas obras teatrales. Existen ciertas tradiciones bárdicas en mi país que resultan muy interesantes en este sentido, una delicia para los oídos de todo aquel que se deleite con el Arte. En cierta ocasión un amigo versado en estas tradiciones las describió como una forma de sublimar la magia. Una bonita metáfora, aunque inexacta en mi opinión. Más bien es a la inversa, la música es sólo un canal de expresión…

Jugueteó distraídamente con el medallón que indicaba su afiliación a la Iglesia.

-Y ello lo podemos ver en las pautas de ciertos conjuros, que requieren ser cantados en vez de enunciados. Los elfos han alcanzado la mayor maestría en este terreno, pero casi cualquier tradición mágica de Toril sospecho que puede contar en su haber con un puñado de hechizos de este estilo. Últimamente estoy interesada en la tradición Ilythiiri, inquietante sin duda, al menos a mi entender, pero que ha conseguido algunos efectos que… -Volhm temió haber despertado el aburrimiento del mago sombrío-. Pero, mi señor Alanthir, interrumpidme, no dejéis que me lance, puedo ser muy cargante cuando hablo de mis aficiones… -Esbozó una breve sonrisa-. Sin embargo, no tengo talento para el noble arte de la música, lástima, de modo que me he de conformar con disfrutar y estudiar las obras de aquellos que sí tienen ese talento. ¿Tiene vuestra gente una tradición bárdica semejante? –Y siguió con la otra pregunta de Alanthir-: La oratoria, como os digo, cae más dentro de mis limitadas posibilidades. Y sí, coincido con vos en gustos. No puede haber objeto más interesante de debate que el propio Arte. Pero cualquier tema es susceptible de ser debatido, eso sin duda alguna...
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Mensaje por Larloch » Mié Feb 21, 2007 12:20 am

ALANTHIR

Escuchó los comentarios de la maga sobre su presencia en la Cruzada y sus coqueteos con la aventura. Notó como las palabras se le trababan y cuando le dijo que no le entendería se la quedó mirando y con una sonrisa franca le dijo:

- Siento si me pregunta os ha incomodado milady, no era esa mi intención.

Después hizo un gesto de disculpa y de respeto a su explicación. Ciertos aspectos en la maga los podía entender, él tampoco hubiese comentado ciertas cosas o aspectos de su vida y menos con ella. Pero sabía que unas palabras bien expresadas podían confortar.

- Cierto, mi carácter y mi forma de ser parecen muy distantes de toda esta expedición, es algo que sabía y que conforme avanzamos todas las evidencias parecen reafirmarlo.- Hizo una pausa.- Lo cierto es que yo tampoco sé porqué me escogieron. Si, he participado en las luchas de la Ciudad contra los phaerimm y sé algo del mundo, pero tampoco tanto, como decís, ansío la vida del estudioso. Sin embargo, estoy seguro que si los Príncipes me han mandado aquí es por alguna razón y motivo de peso.

“El prestarme o no a la misión, no era algo que se me pasó por la cabeza, si los Príncipes creyeron que la misión me correspondía llevarla a mí, el deber me obligaba a actuar. Además, es un honor que me escojan, la misión prestará un servicio a la Ciudad, la aspiración de todo arcanista es esa, servir con eficacia a la Ciudad”.

Realmente era una pregunta que alguna que otra vez había surcado su mente, pero siempre la había despachado con lo que le acabada de decir a la halrueiana, no era un tema en el que le gustará especular, confiaba en el juicio del Alto Príncipe y en de los Príncipes, habían guiado la Ciudad con eficacia durante siglos, ¿como dudar de su capacidad?

- En lo referente al vino, me temo que no milady, no he tenido ese placer. A pesar de no necesitarlo, una copa de vino es un placer del que disfrutó de vez en cuando.- Se mesó la barba levemente.- De camino aquí probé algún que otro vino, si el posadero decía la verdad el mismo que los mismísimos reyes de Tethyr, pero o son unos reyes muy pobres o tacaños con el vino.- Hizo una pausa esbozando una sonrisa.- Aunque más bien me temo que el posadero me estafo de mala manera...

Sonrió brevemente mientras recordaba su camino hacía las bases de la posada, un grupo de umbrinos lo habían escoltado hacía Tethyr por medio de magia y después habían creído que era mejor que realizará el camino a pie y sin magia para ir recabando información. Con ese fin se había parado en cuantas tabernas había encontrado, el vino, la cerveza o los licores solían provocar que la gente hablara de cualquier tema sin problemas y así lo había comprobado. Por desgracia, al igual que hablaban, exageraban y de hacer caso a lo que había oído, Aguas Profundas, estaba gobernada por un tiránico mago, de nombre Khelben Arunsunm, asociado con los Zhentarim; en Cormyr se decía que gobernaba una de las Hijas del rey de la Cruzada o que los phaerimm o que los dragones gobernaban en un lejano reino de Faerun....

- Creo que me he explicado mal, o de forma incompleta, la Ciudad mantiene la cronología usada por los netherinos, ellos fueron los que dieron el inicio a la Era Sombría con el nacimiento de Karsus, al igual que el nacimiento de Jeriah Cronos marca el inicio de la Edad de Oro.

Escuchó el comentario sobre los panteones que le hacía la maga, lo cierto es que era uno de tantos aspectos que desconocía del mundo. Era frustrante y la vez fascinante. Tanto por descubrir, ver, conocer, su faceta más académica se mostraba emocionada, por otro lado, su orgullo en cierta forma se notaba dolido por esa ignorancia.

- Es un poco de ambas cosas, por un lado este mundo es abrumador, tantas cosas se me escapan, es como coger tierra del suelo, puedes coger un buen puñado, pero conforme te acercas para examinarla esta se va escurriendo rápidamente entre los dedos.- Miró a su alrededor.- A mi me pasa lo mismo, hay infinidad de detalles que desconozco de este mundo.- su voz denotaba cierta amargura y cierta ansia a la vez.- Es un mundo, extraño, aunque en cierta forma, conocido.

Por otro lado la celebración que le relató la maga le pareció tan austera, tan..... umbrina. No tenían una celebración parecida, pero estaba segura de que tenerla sería así. Mientras le relataba la ceremonia se imaginaba el equivalente umbrino. Mientras le explicaba en que consistía hizo un breve gesto de respeto, era su costumbre cuando alguien exponía sus creencias hacer ese gesto, la fe, al contrario que para los antiguos arcanistas, era algo importante.

- De la magia, no, no he observado ningún fenómeno extraño, lo cierto es que no he notado nada raro en la yuxtaposición de las energías, parecen reaccionar, por así decirlo con normalidad, he oído rumores, pero más que con la magia en si misma con ciertas manifestaciones. Pero no os puedo asegurar, en temas de magia, los rumores rara vez son fiables.

Lo que le llamó la atención era que la maga parecía dispuesta a saber sobre la magia y la tradición. Lo cierto es que quizá en otro contexto el poder hablar sobre ello con otro mago lo hubiese encontrado un debate interesante, pero con ella.... al igual que ella, sabía que esa conversación no era más que un entrenamiento, una pequeña pantomima en la que indagaban el uno sobre el otro, sobre su forma de ver la magia y el mundo. Era para ambos, una especie combate de prueba pero con palabras. Era interesante, fascinante y le parecía un ejército revitalizador, pero como todo entrenamiento había ciertos límites.

La mirada de calma que había tenido hasta el momento, incluso un brillo de diversión y de interés, se endureció brevemente mientras exponía con palabras meditadas su respuesta a la pregunta de la maga.

- Muchos de los magos os dirán que la magia ya empezó en Netheril, yo no lo sabría decir, lo que si que creo es que los trabajos de Shadow son la base. El descubrimiento del demiplano de las Sombras puso la base a cualquier experimentación o teorización posterior.- Hizo una pausa.- Es un trabajo fascinante y tremendamente complejo a su vez. ¿Lo habéis leído? Si no es así, buscadlo, es uno de los ensayos más brillantes sobre magia que he leído.

La segunda pregunta era la más interesante y la que más incógnitas planteaba, era como un debate de filosofía casi. ¿Volver a usar la otra magia?

- ¿Volver a usar el Arte de nuestros ancestros? No sabría que responderos, volveríais vos a usar ¿el mismo arte que vuestros ancestros? La magia ahora es diferente que antaño.- Hizo una pausa.- A nivel personal, no creo que lo hiciera, no he conocido otra magia pero mis ancestros cometieron ciertos errores, quizá no fuera a causa de la magia que usaban, quizá si; invariablemente, nosotros ahora no los cometeremos.

- En Umbra la música no esta tan vinculada a la magia, es más bien una expresión propia. Antes os he comentado de ciertos días de celebración en la Ciudad, en ellos la presencia de la música es importante. Realmente le da un aire de solemnidad, es como si la fuerza de la ciudad y del Alto Príncipe se reforzara con la música que los acompaña. Los bardos mantienen cierto prestigio, más por esa faceta en las celebraciones que porque sea un arte muy presente dentro de la ciudad.

Miró con curiosidad el medallón que llevaba la maga, era curioso el símbolo de su diosa, era el mismo que el de Mystryl, aunque ella la había llamado ¿Mystra? Sería otro de los cambios de los que le había hablado, quizá era tema para otro día. Si quizá....

Sonrió cuando empezó a hablar de la tradición Ilythiiri, casi la misma reacción que él había tenido al hablar de teatro.... con una sonrisa hizo un gesto a encomiarle a seguir mientras mantenía una sonrisa en su cara. Tantos formalismos.... entre los dos posiblemente podrían ruborizar a los reyes de todo el Norte con sus explicaciones sobre protocolo.

- No os preocupéis, consideradlo vuestra pequeña “venganza” por mis comentarios sobre el teatro.
Recopilación en proceso: Mi versión de la ciudad drow de Eryndlyn.

Ultima recopilación de información: La ciudad calishita de Almraiven

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Mensaje por Iridal » Mié Feb 21, 2007 6:56 pm

VOLHM

La disculpa de él hizo que ella meneara la cabeza, dándose cuenta de algo. La afirmación de que él no la entendería, aunque era cierta -¿cómo podía ser de otro modo, si ni siquiera Kadisha había terminado de comprenderlo, al menos no del todo?-, podía ser malinterpretada.

-No os disculpéis. He sido yo quien me he expresado incorrectamente. No debí haber aludido a ello. Es algo… demasiado íntimo, que no comparto con facilidad. Un pequeño regalo de mi diosa. Ignorad mi desliz, por favor.

Durante un rato calló, necesitando ese momento de silencio, y escuchó la explicación de él acerca de su carácter. Asintió distraídamente.

-El deber hacia el país es algo que entiendo bien. Lo apruebo, desde luego. Y es de suponer que si os han escogido, pese a vuestras inclinaciones, es que estáis bien dotado para la misión. Simplemente, me llamó la atención el detalle. –Se preguntó con cuantos arcanistas contaría realmente Umbra. Sólo una ciudad. Aunque todos en ella estuvieran dotados para el Arte, como decía él, ¡sólo era una ciudad!-. Muchas veces hay más voluntarios que plazas para este tipo de expediciones… son una buena oportunidad de probarse a sí mismo.

Bien, a decir verdad en Halruaa no es que hubiera exceso de voluntarios ansioso por salir del país, más bien al contrario, pero aquella ocasión había sido especial. No todos los días se tenía el honor de acompañar a un Anciano.

-De modo que habéis participado de forma directa en las luchas contra los phaerimm. Eso os proporciona una experiencia muy valiosa –dijo, cortés-. Me temo que todo mi conocimiento de estos seres es puramente teórico, lo que no deja de intranquilizarme. Los libros no siempre pueden sustituir a la experiencia directa.

Sonrió cuando él le habló de sus vivencias con los posaderos.

-Los mesoneros suelen tener la engañosa lengua de una serpiente estrella… o de un mercader de tapices calishita –repuso ella, divertida, con una mirada de reojo hacia Hardash-. Nunca hay que creerles. Si de sus palabras nos fiáramos, los reyes vivirían en cuchitriles infestados de pulgas. Ah, todos los vendedores son iguales. Tal vez cuando regresemos a la fortaleza pueda comprar algo de vino de Haerlu a algún compañero. Será una humilde retribución por vuestro ofrecimiento de buscarme los textos de las obras teatrales umbras. –Inclinó la cabeza en señal de agradecimiento.

Cuando él explicó que el calendario que seguían en su Ciudad era el mismo que se seguía en Netheril asintió con la cabeza, indicándole que había comprendido… por más que su mente intentara disociar a aquellos umbrinos de los netherinos; no hacerlo supondría ennoblecerlos demasiado en su estima. Si tal cosa era posible. Aunque Umbra y Halruaa guardaran cierto parecido de familia, era difícil que Halruaa pudiera consentir el trato con unos conjuradores sombríos. “El uso de la Urdimbre Sombría se está extendiendo en el país”, le susurró una parte de su mente. Pero Volhm descartó aquello. Era un fenómeno demasiado minoritario para ser tenido en cuenta, una de esas desviaciones que a veces se dan en toda sociedad de rígida estratificación.

Asintió comprensiva cuando él expresó su frustración por todo lo que desconocía de aquel mundo que tan extraño le debía resultar.

-Siempre es duro ser un extranjero, estar en medio de una cultura que no comprendes. –Algo que ella, aunque no en el mismo grado que él, también había sufrido-. Pensad que, al menos, os desenvolvéis bien entre nosotros. Mejor que yo, y eso que se supone que no es mi primer viaje fuera de Halruaa. Pero me cuesta muchísimo adaptarme a la forma de ser de los extranjeros… e ignorar ciertas costumbres de mi país.

Y no hablaba de los prejuicios referentes a la ortodoxia mágica, que ella no cuestionaba ni tenía intención de cuestionar, sino al simple hecho de considerar como un igual a alguien tan desprovisto de magia como Hardash, Pyradar o Xandros.

-Si os interesa, algún día os puedo hacer un pequeño repaso histórico de lo acaecido tras la Caída, sobre todo de aquello que afecte a los dioses. Yo os entiendo, pero me temo que nuestros compañeros se habrán sentido confundidos más de una vez cuando vos habláis de Tyche o Mystryl, por poner un ejemplo. De hecho, el primer día, cuando dijisteis que luchar con desconocidos podía atraer la sonrisa de Tyche, yo misma lo primero que me pregunté es si habíais pasado unos cuantos siglos encerrado en una urna de cristal.

Le dedicó una sonrisa serena. También le agradó que él se mostrase respetuoso con sus creencias. Lástima que aquellos umbrinos profesasen la fe equivocada y manejasen un Arte impuro. Podrían haber sido notables aliados de Halruaa, y viceversa.

Sin embargo, se sintió frustrada cuando él dijo que no había visto ningún efecto extraño en la confrontación de conjuros de distinta Urdimbre.

-Decís bien que en cuestiones de magia los rumores nunca son fiables. A menudo los observadores no entienden lo que ven, y el error se agrava por cada boca que pasa. Pero, si he de ser sincera, lo único que me había interesado de vuestra gente hasta encontraros a vos era el rumor de que los phaerimm fueron liberados debido a una desdichada confrontación entre conjuros de las dos Urdimbres. –Sacudió la cabeza-. No sé si será cierto, pero me interesan tales fenómenos. Sería algo fascinante de estudiar, si en verdad hubiera una reacción en el choque de magia procedente de distinta fuente.

Se encogió de hombros. Curiosidad teórica, de la que aparentemente no se podría extraer mucha utilidad práctica. Aparentemente.

-Ya sabéis que todo conocimiento teórico, por extraño que parezca, puede ser el siguiente ladrillo que nos ayude a avanzar en el Arte.

Captó el leve gesto de disgusto de Alanthir, el leve endurecimiento de sus facciones, cuando ella intentó que le explicara cómo se había forjado la tradición mágica de Umbra. Inclinó la cabeza en señal de contrición.

-Disculpadme. No era mi intención poneros en un compromiso. Es simple curiosidad teórica, un mal que me aflige a menudo. Algo he leído del trabajo de Shadow, pero poco. No estoy muy versada en teoría planar. Pero os aseguro que procuraré informarme mejor cuando tenga la oportunidad. –De nuevo inclinó la cabeza, pero esta vez en el gesto de agradecimiento del discípulo al maestro, dado que él había señalado una deficiencia real en sus conocimientos. Sin darse apenas cuenta, pronunció la frase ritual-: Os agradezco vuestras palabras.

Hizo un gesto con la mano.

-Sí, la magia ha cambiado mucho desde la Caída –reconoció-. Aunque no me refería tanto a volver a las raíces netherinas, hoy en día inaccesibles por la misma naturaleza del Tejido, como a volver a la propia Urdimbre. Aunque, desde luego, es difícil mover el eje en torno al que gira todo un pueblo. –Se encogió de hombros-. Espero que sea verdad que no volvamos a cometer los mismos errores. Halruaa entiende bien esa necesidad, como os dije cuando nos enfrentamos. ¿Umbra también ha tomado precauciones a ese respecto?

Algo importante, muy importante, para la mentalidad de ella. Esperó con sumo interés la respuesta de Alanthir.

Mientras él hablaba de las costumbres de Umbra relacionadas con la música, Volhm cambió disimuladamente de postura, cansada de estar sentada sobre el duro suelo. Aunque aún seguía preguntándose cómo toleraba él aquel banco que más bien parecía un instrumento de tortura…

-Ah música para ocasiones solemnes. Es interesante. En Halruaa somos más extravagantes. Nos gusta disfrutar de los pequeños placeres de la vida. –Muchos extranjeros sin duda opinarían que eran meras ganas de ostentación, pero para la mentalidad de Volhm simplemente era algo natural-. A menudo la música es sólo un aditamento estético o lúdico más en un imbricado despliegue.

Y rió cuando él habló de tomar venganza por su disertación sobre teatro.

-Sería una venganza mezquina. Es interesante compartir puntos de vista culturales. –En la pequeña medida en que les era posible hacerlo, pensó.

Vio cómo la mirada de él se desviaba hacia el medallón con el que ella jugaba distraídamente.

-¿No habíais visto el símbolo de Mystra hasta encontraros conmigo? ¿O quizá hasta ahora no lo habíais reconocido por lo que es? Es bastante diferente al de la antigua Mystryl. Esperad… -Volhm retiró de sus brazos la ligera prenda que llevaba sobre su túnica de manga corta para dejar al descubierto los numerosos brazaletes y pulseras propios de una halruana acomodada. Algunos eran simples adornos, como el áureo brazal labrado en forma de dragón enroscado, pero otros eran costosos focos para conjuros, convertidos en llamativas obras de orfebrería. Volhm abrió el cierre de una pulsera bastante discreta, y se la tendió a Alanthir para que la observara de cerca.

Era una cadena sencilla, de eslabones de plata, de la cual colgaba una sola estrella labrada en oro blanco. El desconocido orfebre había aleado el electrum de la estrella con algún otro metal que le daba irisaciones azuladas. A la luz de la esfera que había dejado sobre su bolsa la joya casi parecía titilar con un fulgor interno, aunque no había nada mágico en ella.

-Supongo que os será más familiar la única estrella de Mystryl. –Volvió a ponerse la pulsera-. La estrella es un recuerdo de cierta expedición, puede que quizá fuera posesión de uno de los arcanistas que siguieron a Raumark, pero la cadena, lo habréis notado, no es tan antigua. –Le sonrió.
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Mensaje por Larloch » Mié Feb 21, 2007 8:57 pm

ALANTHIR

- Si participe y lo cierto es que cuando uno participa en una campaña le da otra perspectiva del mundo. Los phaerimm son abominaciones, no hay nada que en ellas se pueda salvar. He oído los rumores que se dicen en las tabernas de nosotros, pero al lado de los phaerimm somos seres celestiales. Los phaerimm son un mal que exige que todos los unamos contra ellos.

Se perdió brevemente en sus recuerdos, en las luchas y en todo el caos que había visto.

- Pactaría con Moander si fuese necesario para lograrlos destruirlos a todos. Por desgracia, muchas naciones no ven el peligro que representan y se muestran enormemente reacios a considerar nuestra ayuda contra esos seres. El ataque sobre Evereska requirió una enorme cantidad de recursos nuestros, de los elfos y de las ciudades del Norte para lograrlos detener. ¿Cómo negar el peligro que encierran esos seres?

“Por eso considero esta misión importantísima, no podemos consentir que los phaerimm se establezcan aquí o lo usen para sus beneficios. Imaginaros que los quaggoths que nos hemos encontrado estuviesen bajo su control, sería algo desastroso y no quiero ni imaginar que otros seres podrían dominar o usar en sus planes. De confirmarse su presencia aquí temo por la supervivencia de la Cruzada”

- En lo referente al vino, sería un honor degustarlo con vos, siempre dicen que el vino sabe mejor si se acompaña de una charla interesante e incluso podría ser la ocasión en que me explicarais los cambios desde la Caída, agradecería enormemente una cosa así, a cambio quizá podría satisfacer vuestra curiosidad en algún aspecto sobre Netheril si os interesase.

Ahh el rumor de nuevo, ya lo había oído en otros sitios y era algo que parecía que se extendía. Nunca le había dado mucha importancia, pero parecía que el resto de la gente si que le daba importancia. Lo que él sabía es que los phaerimm se habían liberado pero dudaba que ambas fuentes mágicas hubiesen tenido ese efecto.

- Lamento no haberos entendido antes, si lo que comentáis es una de las cosas que había oído y lo cierto es que no sé muy bien si tomarlo en serio o no. También hay que tener presente que no era la única magia presente, según tengo entendido los phaerimm estaban atrapados en un campo de magia muy poderoso, quizá fue el choque de las tres fuerzas. Visto que ambas magias no parecen presentar problemas, al menos cuando ambos las hemos usado, me inclino a pensar que sería el campo que contenía a los phaerimm. Del campo lamento deciros que no sé nada más.

Le hizo sonreír como se dirigió a él, de repente tanta deferencia en contraste con las palabras que habían tenido varios días antes. Miró de nuevo la caverna, y se sorprendió de como ciertas situaciones hacían compañeros a lo que parecían enemigos irreconciliables.

- Milady no es necesaria tanta formalidad, es simplemente que es un tema peliagudo, nuestra magia despierta mucho interés, del interés académico no me preocupa, yo hubiese hecho la misma pregunta que vos, pero de momento los Príncipes consideran que cuanto menos se sepa de nuestra magia mejor. Os ruego que lo entendáis, son muchos los que ansían nuestra magia y la magia de Netheril.

Había rumores de intentos de diversos magos y grupos por conseguir algo de la magia que ellos manejaban, desde meras notas a conjuros a objetos mágicos. Y eso por no hablar de los grupos que se aventuraban por su reino para saquear los restos de las antiguas ciudades netherinas.

- Si, la magia ha cambiado desde la Caída, pero como vos decís que hay que entender que la magia a cambiado y que los errores no deben del pasado no deben de volver. Los arcanistas de la ciudad entienden que la magia y el saber es algo loable, pero que el ansia de poder y el mal uso de la magia producen errores difíciles de enmendar.

“Cuando antes os he hablado de la voluntad de la ciudad de servir de guía al resto de reinos no era en términos de dominación, si no más bien en términos mágicos, solo una estricta educación, observación y una mentalidad adecuada pueden servir para evitar los errores del pasado.

No creáis que nos vanagloriamos de nuestro pasado como su fuese perfecto, somos conscientes de los errores que hubo y nuestra misión es dejarlos atrás. La magia es una herramienta, un elemento de estudio fascinante, pero en ciertas manos es el mayor mal que puede azotar a un reino”

La vio revolverse en el banco, posiblemente ambos debían de sentirse igual de incómodos no le sorprendía, aquél banco era infernal, pero había estado en sitios peores, o eso pensaba....

Con gesto gentil tomó la pulsera que le ofrecía, era un gesto que le hizo inclinar la cabeza con un gesto de deferencia. Por lo que entendía, la diosa era algo que estaba muy presente en la mentalidad y vida de la maga. Conforme lo pensaba, le desconcertaba el gesto, darle una pulsera como ese a él, un “hereje”. La vida daba vueltas, era la única explicación.

- Lo cierto es que si que me es conocido, lo que más me descolocaba era el nombre de Mystra que usáis, ¿así es como es conocida la diosa en vuestra tierra?- miró con interés la pulsera, tenía una belleza reconfortante en cierta medida, entendía que la mujer lo llevase siempre con ella, con un gesto deferente se lo devolvió.- Una pulsera fascinante milady y muy hermoso si me permitís el comentario.
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Mensaje por Iridal » Jue Feb 22, 2007 1:27 am

VOLHM

-Los phaerimm son un enemigo peligroso, sí –concordó con voz neutra. Pero de ahí a necesitar esos aliados había mucho trecho… Volhm reprimió un suspiro al imaginarse a los umbras cooperando con los inquisidores de Azuth. Algo irreal, casi impensable.

En fin, los Ancianos ya verían si tal cosa hubiera de ser necesaria. No era responsabilidad suya tomar la decisión, alabada fuera Mystra por ello.

Asintió ante la explicación de él de cómo se había producido la liberación de los phaerimm.

-Preguntaba por si vos sabíais. Especulaciones supongo que hay muchas. –Se encogió de hombros.

Y sintió gravemente cuando él se excusó, negándose a dar detalles de la magia de su gente.

-No os excuséis. Lo entiendo. Tampoco yo desvelaría detalles del Arte halruano, como imagino que bien os podéis imaginar a estas alturas –respondió ella, con la llana sinceridad que hacía gala algunas veces, esa sinceridad desprovista del guante de la cortesía. Pero, en opinión de Volhm, ciertos temas no permitían las formas veladas de las formas diplomáticas, era mejor exponerlos lisa y llanamente tal cual eran. Y a su siguiente declaración-: Me alegro de que vuestro pueblo haya llegado a la misma conclusión que Halruaa –dijo sencillamente, aunque seguía sin convencerle el paternalismo subyacente tras aquella pretensión de guía.

El comentario de él acerca del nombre de Mystra la hizo menear la cabeza medio incrédula.

-Mystra es como se conoce a la Dama de los Misterios en todo Faerûn, señor Alanthir. La diosa a quien vos conocéis con el nombre de Mystryl… ¿se puede aplicar el término muerte a un dios?... Digamos que se desvaneció durante la Caída, Karsus fue algo más que el responsable del fin de un imperio. Pero resurgió como Mystra… -Se encogió de hombros mientras se ponía de nuevo la pulsera-. Bah, esta pulsera es poco menos que una baratija... -Se llevó la mano al símbolo de Mystra, indicándole lo que realmente no era una baratija.

Volhm se frotó los ojos. Había sido un día muy, muy largo, y agotador. Aunque cuando volvió a mirarle, nada en ella denotaba su cansancio-. Si me permitís una pregunta personal, que no tenéis por qué contestar… el bordado de vuestra capa, ¿representa algo? ¿Tal vez el emblema de vuestro linaje, o de alguna organización de eruditos a la que pertenezcáis? Podéis llamarme indiscreta si no deseáis contestar.
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Mensaje por Larloch » Lun Feb 26, 2007 11:18 pm

ALANTHIR

Escuchó las palabras de la maga sobre lo que había provocado Karsus. La miró asintiendo gravemente. Ella se podía haber creído esa patraña, al fin y al cabo se decía netherina pero apenas conocía los trabajos de Shadow. La Ciudad sabía que Netheril había caído por los phaerimm. Lo que ella le contaba no eran más que los cuentos que los clérigos de Mystra le habían contando. O los que gobernaban en su país. No podía llegar a entender porqué le ocultarían un suceso así, tan importante para la historia, suya en parte si lo que decía era cierto, y la tergiversaban de esa forma. Sintió un leve momento de pena por ver como alguien que parecía tan consagrado al saber. Una lastima.

- Lo que comentáis es algo que desconocía por completo... no sabía de los efectos tan devastadores de las acciones de Karsus.- se quedó unos instantes pensativos, como si reflexionará sobre lo que le acaba de revelar la maga.

Miró la pulsera y el colgante brevemente.

- Quizá es que ver cosas de Netheril me nubla el juicio, nunca fui bueno en los negocios. Personalmente prefiero la pulsera milady, me recuerda a la Ciudad si me permitís el comentario. La otra me resulta, extraña... por así decirlo.

Miró como se frotaba los ojos, quizá estuviera cansada, él por medio de su anillo apenas notaba el cansancio o necesidades como beber y comer.

- Estáis cansada milady, quizá he abusado de vuestra paciencia, tiendo a olvidar la necesidad del sueño.

Se quitó con delicadeza la capa, al fin y al cabo era un regalo de su padre y tenía cierto valor sentimental para él. Cuando se la quitó notó como si se sintiera algo menos resistente. Le acercó el dibujo que había en ella a Volhm.

- Es el emblema de mi familia, la familia Nthalar. La inscripción que veis es como nuestro emblema en cierta forma.- Sabía que la mujer sabía loross, con lo que no se molestó en traducirlo.- El color púrpura es nuestra forma de honrar a nuestra diosa.- omitió a Shar por mera educación, no tenía ganas de más discusiones pueriles.- El pergamino representa la magia de la diosa y en cierta forma para mi representa mi compromiso hacía ella.

Dejó que la observará, más que un valor real, tenía mero valor símbolico.

- Tiene entrelazados unos conjuros de protección, pero más que por su poder, la llevó por su valor símbolico.[/b]
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Mensaje por Iridal » Jue Mar 01, 2007 1:21 am

VOLHM

Alanthir asintió gravemente ante la información que ella le había proporcionado. Volhm le lanzó una mirada desconfiada; hasta ahora, había mostrado por Karsus una admiración ciega y se le hacía un poco raro tal cambio de actitud, tan brusco. Él no había querido indagar nada más, hacerle preguntas más detalladas acerca de lo que había pasado. ¿Realmente no le interesaba, o era que no la creía?

Volhm se encogió mentalmente de hombros. No importaba que fuera una cosa u la otra, en el fondo eso le daba igual. Pero sonrió ante el comentario sobre su pulsera.

-Es a lo que estáis acostumbrado –dijo ella sencillamente. Pero al rato no pudo menos que añadir-: Aunque hay que aceptar los cambios… nada se gana con nadar contracorriente.

Y cuando él se excusó al notar su cansancio meneó la cabeza, sonriendo de nuevo.

-Estoy cansada, sí, ha sido un día muy largo. Pero no abusáis de mi paciencia… recordad que fui yo quien preguntó primero. Esta charla es algo que debíamos hacer, si habíamos de cooperar juntos. –Extendió las manos en además de excusa-. Hubiéramos hecho un flaco favor a nuestros compañeros si no llegábamos a una especie de entendimiento mutuo, por precario que sea. Y, tal vez, el conocernos mejor nos ayude aceptarnos. Tal vez.

Le miró con cautela, y es que la extraordinaria cortesía del hombre casi hacía que se sintiera tentada a aceptarle. A él, ya que no a su pueblo. Pero…

Pero…

Volhm suspiró, quedamente, y cambió de tema, reencauzando la conversación a la frase anterior de él.

-Es útil ese anillo que lleváis, muchos de mis compañeros halruanos usan objetos parecidos. –Sus ojos se desviaron distraídamente al anillo que él había enseñado a Hardash, días antes, en los primeros días de convivencia-. Necesitar dormir menos es un lujo… el tiempo de sueño es tiempo desperdiciado, que podría emplearse en tareas más productivas. Aunque de todas formas tenéis una resistencia notable al cansancio… el anillo no excusa la necesidad de sueño, sólo la reduce. –Le miró apreciativa-. Si se parece a los objetos que conozco, claro está. –Cualquiera sabía, con aquellos extraños y desvirtuados netherinos.

Ya que él se la tendía, recogió la capa y examinó el emblema de cerca.

-Muy interesante –dijo, asintiendo con la cabeza-. Un emblema atractivo el de vuestra familia. ¿Vuestro linaje tiene alguna tradición, está decantado hacia alguna especialización u oficio concreto?

MJ: por curiosidad, ¿qué dice la inscripción? No recuerdo si lo dices en algún post ;)
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Mensaje por Larloch » Vie Mar 02, 2007 1:21 am

ALANTHIR

- O si, el cambio es algo a lo uno no se puede resistir, eso es innegable, pero una cosa es la realidad y otra las personas. Me temo que posiblemente me escuchéis hablar más de dioses muertos durante algún tiempo más. La costumbre es traicionera.

Lo cierto es que las palabras de la maga sobre la necesidad de trabajar en grupo era algo que él tenía claro desde el encuentro con el ser alado. La maga le seguía inspirando cierta desconfianza, el hecho de que lo considerase un hereje la hacía alguien que tarde o temprano actuaría contra él y más si eso ayudaba a Halruaa. No tenía la menor duda, básicamente porqué de ser necesario para la Ciudad él haría lo mismo. Pero ahora mismo, era necesario minimizar los riesgos.

- Milady, si es una charla que debíamos de haber tenido. Lo creáis o no, siento nuestra primera charla, por llamarla de algún modo. No fue adecuada.

Miró brevemente el anillo mientras la maga hablaba sobre sus ventajas.

- Más que resistencia es obstinación, uno no pierde los viejos hábitos de dormir poco, por mucho que el sueño se reduzca a dos horas. La ventaja más clara es que las noches sin comer en la biblioteca ya no las noto tanto como antes cuando perdía a noción del tiempo entre los libros. Pero creedme, el tener que dormir menos implica que reduciréis horas de sueño.

Sonrió brevemente, lo cierto es que el dormir poco era una constante, el igual que el ignorar comidas debido a que estaba demasiado ocupado tomando notas en algún tomo polvoriento. Su hermana siempre le decía que ese anillo le había salvado la vida, porqué de no ser por él hubiese muerto de hambre mientras tomaba notas sobre alguna investigación antigua. Con sorna siempre añadía que posiblemente se olvidaría de pedir a Shar que lo sacará del plano de fuga “porqué estaría tomando notas”.

- En lo referente al linaje, no, la familia Nthalar no esta especializada en ningún tipo de magia, es más una cuestión de cada arcanista. La magia fluye libremente sin ataduras de linaje. En mi caso, siempre me han parecido interesantes las variaciones de los trabajos de Sadebreth que llevó a cabo Tolodine o las investigaciones de Dethed. Mi padre por el contrario, siempre ha mostrado una mayor inclinación al estudio de los trabajos del Chronomancer..- Hizo una pausa.- En Halruaa suele haber una especialización? Seguís alguna especialización de vuestra casa?


PD: Creo que lo dije en algún sitio, pero la capa dice “Al servicio de Umbra”.
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Mensaje por Iridal » Sab Mar 03, 2007 11:46 pm

VOLHM

-No os preocupéis por eso, me gusta oíros esas expresiones tan… peculiares. Suenan arcaicas, pero me traen recuerdos de mi infancia… mi padre es un gran aficionado a la Historia, y solía leerme cuando era pequeña… mi madre siempre decía que debería dormirme escuchándole, pero no… -dijo Volhm con cariño. Se rió en voz baja-. La que sí caía completamente dormida con tales lecturas era mi hermana. O eso me han contado. Es bastante mayor que yo, no recuerdo haber convivido con ella durante mi infancia… y es que yo era muy pequeña, casi un bebé, cuando marchó de casa para hacer su aprendizaje. Apenas terminó sus estudios hubo de formalizar su compromiso.

Le sonrió. -No, no os reprimáis.

Asintió cuando él dijo que sentía la primera discusión que habían tenido.

-Yo también lo siento, en cierta forma. Lo que vos sois… es todo lo que han enseñado a rechazar. Pero… mi reacción no fue la adecuada. Esto no es Halruaa. No, no lo es. –Volhm calló, en cierta manera preocupada. ¿Qué opinaría la Inquisición de aquella alianza, aunque fuera forzada por mor de las circunstancias?-. No voy a negar que haré lo que tenga que hacer. Y ahora no hablo de mi país, mi señor Alanthir, sino de mi deber en defensa de la Urdimbre. Pero si vos no la ponéis en peligro, supongo que no asunto mío de qué fuente manan vuestros conjuros. –Al menos mientras os mantengáis lejos de Halruaa, pensó ella.

Hizo una pausa.

-Podemos cooperar, al menos por el momento. Pero no quiero mentiros ni engañaros. Mi actitud futura hacia vos probablemente venga determinada por lo que mis superiores decidan.

Se encogió de hombros. Dado el lema de su capa, era de suponer que él haría lo mismo si llegaba el caso. Una chispa de determinación afloró a los ojos de Volhm, y es que aquella era una alianza extraña, sí, muy extraña.

Pero sonrió cuando él le habló de sus olvidos con la comida.

-Ahh el viejo síndrome del maestro abstraído. Así es mi padre cuando está enfrascado con sus estudios, se olvida de comer, de dormir… es un completo desastre. Cosa extraña, porque siempre se las ha apañado sin embargo para cumplir con su obligación. Pero saca de quicio a mi madre, que es mucho más activa e infinitamente más centrada que él. –Volhm esbozó una mueca divertida-. En cambio, mi maestra me enseñó a ser disciplinada. “¿Qué vas a ganar estudiando hasta que se te cierren los párpados?”, me decía, “Yo te lo diré: perder el tiempo. Duerme y después tendrás la mente más clara. Sáltate una comida, y habrás de resarcirme por la ofensa… el protocolo se respeta en esta torre, faltaría más”… -Sonrió pensativa-. Ella siempre ha sido muy metódica, y le sacaba de quicio que le desorganizáramos sus horarios.

Sacudió la cabeza.

-Más adelante comprobé la sabiduría de los consejos de mi maestra. Cuando estás lidiando con un libro y conceptos abstractos poco importa perder un poco de tiempo. Pero cuando estás luchando por tu vida y la de tus compañeros, una mente nublada por el cansancio puede ser fatal y un cuerpo debilitado por el hambre puede imponerse incluso a la voluntad más tenaz… -Esbozó otra sonrisa-. Así que le agradezco a mi maestra todo el orden y el método que me inculcó. Quiera Mystra garantizarle una larga vida.

Le miró inquisitiva, esperando alguna anécdota de sus tiempos de estudiante. Seguro que alguna tenía.

-Me refería en general, no sólo a la magia, hay linajes, y tampoco hablo necesariamente de linajes de magos, que se entregan a los más extraños oficios… comerciantes, custodios de portales, cronistas, músicos… y otros que, evidentemente, no poseen tal direccionalidad. -Se encogió de hombros, y esquivó la pregunta sobre Halruaa para centrarse en su propia familia-. Ya expliqué a toda la compañía que los Ilmareth estamos fuertemente volcados hacia la magia de adivinación. También el linaje de mi madre… ella es de los pocos Ghalagar que quedan en la actualidad. –Su voz se endureció levemente, antes de proseguir con entonación más suave-. En cuanto a cómo hemos puesto al servicio de Halruaa nuestro don, pues de muchas formas diferentes, mi señor Alanthir. Sí, de muchas formas diferentes…

Se quedó pensativa, intentando posicionar sus propios logros entre los de sus antepasados. Volhm conocía bien la historia de su propio linaje. ¿Qué halruano, y menos un mago halruano desconocería los pormenores de la vida de sus ancestros? Volhm esperaba que, llegado el día, su propia vida no desmereciera la de sus familiares.

-¿Así que vuestro padre mostraba predilección por los trabajos del Chronomancer? ¡Qué interesante, puedo comprender que sea un campo fascinante en el que centrarse, aunque no esté dentro de mi especialización. ¿Y qué logros logró vuestro insigne progenitor, mi señor Alanthir? ¿Logró llevar un paso más allá el trabajo del Chronomancer?

Hizo un gesto, invitándole a explayarse también sobre los propios estudios, aunque no forzándole a responder, quizá le resultase una vergüenza reconocer que aún sus esfuerzos no habían rendido fruto –si es que así había sido-, aunque aquello no era una ignominia para alguien tan joven como él.
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Mensaje por Larloch » Lun Mar 05, 2007 1:51 am

ALANTHIR

Recuerdos.... lo cierto es que esa escena era común en su infancia, pero su padre la adornaba con magia y siempre había sido destinada, más que a entretenerle, a que adquiriera una conciencia de donde venía, que representaba y que tendría que hacer.

Estos son tus ancestros, ellos lo dieron todo por el Arte, el Arte fluyó a través de ellos y, a través de ellos, la civilización se extendió por Toril. Oberon, Chronomancer, Ioun, Ioulaum, son ejemplos, sigue su senda, es lo que se espera de tí, lo que la ciudad espera de tí. Recuerda, eres un netherino, por tus venas corre su sangre, nunca olvides quién eres y cuál es tú deber”.

- La historia, en las manos de un narrador hábil ejerce una extraña fascinación, te va lentamente envolviendo, atrayéndote, mostrándote seres, lugares, sitios insospechados y a su vez, vas viendo tú presente.

Escuchó con calma las palabras de la maga, aunque ya se las imaginaba de antemano.

- Lo entiendo milady, al igual que vos sabéis que mis acciones estarán dictadas por la Ciudad. La alta política tiene esos aspectos, los peones se mueven por su voluntad, pero siempre dentro de su limitada capacidad de decisión.- Se levantó del banco, lo había resistido durante un buen rato, pero necesitaba moverse.- Es una de las máximas de la política, injusta, poco ortodoxa, pero que todos los reinos practican en mayor o menor medida. ¿Qué diferencia a unos de otros, la capacidad de los habitantes de aceptar ese sino, su posición dentro del “gran esquema”?.

Hizo una pausa, casi se sentía como si le estuviese dando una charla a su hermana sobre política, sonrío para si mismo, la maga desde luego no encajaba con su hermana, ni a cortesía ni el rigor le permitían darle un trato tan formal.

- Por curiosidad, que ha impulsado que Halruaa haya intervenido en la Cruzada enana? No esta Shanatar muy lejos de Halruaa? Por lo que deduzco de vuestra misión la presencia de los phaerimm para Halruaa también es un misterio o una incertidumbre....- dejó las palabras colgando en el aire, mientras con un gesto le indicaba que no era necesario que respondiera.

Quizá la maga no conocía la verdadera razón o, de conocerla, lo más probable es que no quisiera decírsela a él, un “hereje”.

- Sabias palabras las de vuestra maestra. Mis maestros solían aplicar la misma rigurosidad cuando estudiaba con ellos. Eran estrictos e inflexibles en cuestiones de horarios, algo que siempre es útil. Pero este anillo ayuda a que la disciplina se relaje en cierta forma. Ahora sería incapaz de cumplir los horarios de comidas y descansos de antes, no lo necesito desde hace años, simplemente es rato que invierto en otros asuntos.

Se paró un momento. Como si recordase algo, su voz sonó más suave, con un cierto deje de melancolía.

- Aunque en cierta forma sigo manteniendo ciertos “automatismos” las horas que debería de emplear en comer suelen ser las horas que empleo en redactar cartas, lecturas más ligeras. En cierta forma, una huella si que dejaron en mi.

Si, mantener vivos a sus compañeros era una expresión que siempre había tenido presente cuando había tenido que servir en el ejército de Umbra. Pero la situación era tan diferente, pero igualmente complicada.

- Milady no es necesario ese tratamiento tan distinguido con mi padre, la divina Shar le sonríe y sigue enfrascado en sus estudios.- e intrigas añadió para si mismo.

Lo cierto es que al ser un umbra podía merecer ese tratamiento y mucho más, especialmente viniendo de una extranjera y que seguramente apenas tenía sangre netherina en sus venas. Incluso él, en ciertos actos usaba un tratamiento igual de formal, o más, pero podía permitirle un pase y más si le tenía que explicar el porqué de ese tratamiento Intuía que la maga no lo entendería.

- Sus trabajos de momento son lentos, Jeriah Chronos elaboró teorías muy complejas y su legado fue de una enorme utilidad para todos los magos. Mi padre cree que puede introducir ciertas variantes en el uso de ciertos conjuros, pero es algo lento y complejo. Por desgracia, sus obligaciones para con la Ciudad le suelen quitar más tiempo del que desearía para dedicarle a sus estudios. Sin embargo, “el juez supremo es Jergal y con su aparición, el arcanista es juzgado”. Supongo que hasta aquí mucho tiempo no se decidirá si los trabajos de mi padre han contribuido realmente a la Ciudad. El tiempo es una perspectiva fabulosa.

Se volvió a sentar en el banco.

- De mis estudios poco hay que decir, en estos momentos, suerte tengo si puedo dedicarle algunos segundos a seguir cualquiera de las notas e indagaciones sobre las que estaba trabajando. Debo decir que la última vez que las dejé estaba en cierta forma en un callejón sin salida, o entonces me lo parecía a mí. Confío que al volver de este “descanso” mi perspectiva sea diferente. Como os decía vuestra maestra, un descanso siempre es positivo, y creo que en mi caso será un descanso largo.

“Mi intención es introducir variantes sobre algunos de los conjuros vinculados con las sombras. Los conjuros que nos legó Shadow son interesantes, complejos, pero encuentro que combinados con las experimentaciones sobre la energía negativa de Dethed podrían dar lugar a interesantes hallazgos. Más que una seguridad, es una idea mía, confío que en cuanto pueda volver a mis estudios saque en claro si es una idea descabellada o realmente es un posibilidad”

- Y vos milady? Sobre que estáis trabajando, si no es una indiscreción por mi parte.
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Mensaje por Iridal » Sab Mar 10, 2007 1:02 pm

VOLHM

Volhm contempló cómo él se levantaba del incómodo banco y echaba a andar por los alrededores para desentumecer las piernas, y se maravilló de que lo hubiera aguantado tanto rato. Giró la cabeza para seguir sus idas y venidas.

-La sola sospecha de phaerimm es suficiente para atraer la atención de Halruaa, mi señor Alanthir –repuso ella-. No nos tomamos menos en serio que vuestra gente a esos seres. De todas formas, es posible que también haya razones más personales. Nuestro… -Volhm pensó un rato en la traducción del término halruano y finalmente desistió-, el director de la expedición es un antiguo compañero del Gran Hacha Aramdorn.

Pensó que ya había contado más que suficiente, aunque tampoco es que tampoco conociera mucho más del asunto.

Asintió ante las palabras de él.

-El anillo es útil, no lo niego. Aunque os priva de uno de los pequeños placeres de la vida. Lo he probado, y aunque al principio resultan maravillosos, pues el cuerpo desaparece de la consciencia como solo lo hacen los cuerpos sanos y bien alimentados, cuando intentas comer o beber… buff… es muy desagradable. Casi vomité, la vez que lo intenté. Y esa sensación como de hartazgo… -Volhm hizo una mueca-. Útil para viajes como éste, no lo niego, pero incómodo en la vida normal.

Pensó que no era una buena idea depender de aquel tipo de magia, olvidarse de las pequeñas necesidades de la vida. Cosas como comer y dormir recordaban al mago que era humano, que la vida estaba formada a base de muchas pequeñas cosas. No convenía alejarse de la realidad tanto que se perdiera el contacto con ésta, aunque fuera para dedicarlo a proyectos absorbentes. Sin embargo, le llamó la atención su comentario hacia las cartas.

-Pero ya he observado que escribís muchas cartas, sí. ¿Noticias para la familia? ¿Cómo vais a hacerlas llegar a su destino? –Escribir cartas, vaya idea. Donde estuviera la magia… o al menos un jordain, si se temía que el mensaje fuera captado… ¡pero cartas! Había que ser bárbaro. ¿Y a quién escribiría el hereje?

Le siguió con la mirada, y consiguió no fruncir el ceño cuando dijo que la formalidad hacia su padre no era necesaria.

-Perdonad, es costumbre. En Halruaa valoramos a nuestros ancestros. Hubiera sido de mala educación ser menos formal hacia vuestro padre. –Bah, pensó ella. Bárbaros. Incluso este mago que se decía netherino-. ¿No guardáis esa deferencia en Umbra hacia vuestras familias?

Él se sentó de nuevo, y ella escuchó lo que él le contaba sobre sus investigaciones y las de su padre. Generalidades que apenas decían nada y, por supuesto, nada importante revelaban. No había esperado otra cosa, ni que decir tiene, pero titubeó cuando le llegó su turno; aunque contestando tan vagamente como él no cometía ninguna traición a Halruaa, la costumbre era muy fuerte. Estuvo tentada de no decir nada, pero finalmente compuso una respuesta cortés que, como diría Kadisha, era lo mismo que no decir nada, pero quedando bien ante el interlocutor.

-Yo tampoco he tenido mucho tiempo para la investigación en los últimos tiempos. De regreso de mi ultimo viaje pensé en aprovechar los meses que tendría libres hasta el próximo, pero el Templo requirió mi ayuda para catalogar y descifrar ciertas… adquisiciones… que yo había ayudado a recobrar, un año atrás, en mi segunda y última incursión en la Infraoscuridad. –Se encogió de hombros-. Acabábamos de terminar con eso cuando se me sugirió la posibilidad de unirme a la Cruzada.

Esta vez fue ella quien cambió de posición descaradamente, retornando a su posición inicial, rodillas encogidas, sin olvidar estirar la túnica para que cubriera el ligero pantalón que llevaba por debajo, y las cómodas botas. En Halruaa llevaría simplemente polainas y babuchas, pero en un viaje la posibilidad de tener que quitarse la túnica, o al menos sujetársela a la cintura, para trepar u arrastrarse por lugares difíciles era muy real.

-Pero el año anterior fue más relajado, y pude sentar algunas bases que tal vez acaben dando fruto. No puedo daros las referencias para que entendáis por dónde se inclina mi trabajo, ya que los nombres poco os dirían a vos, que desconocéis la tradición mágica de Halruaa. –Alabada fuera Mystra por ello-. Pero he estado trabajando en dos proyectos. Me interesa sobre todo la comunicación a distancia. No obstante, hace apenas unos meses, la última vez que hice de enlace entre mi Iglesia, y la de Azuth, se me ocurrió una idea, una modificación a los conjuros de conocimiento de leyendas… -Distendió sus labios en una sonrisa, pues aquella modificación, que limitaría la adivinación drásticamente en el tiempo pero la volvería útil para propósitos más mundanos, se le antojaba una cosa interesante.

Sin darse apenas cuenta, sintonizó su visión con la Urdimbre; había algo reconfortante en sentir la magia pulsando a su alrededor, en ver a sus compañeros aureolados por la luz de Mystra. Desvió su vista hacia el hereje.

-Por desgracia, de momento son sólo eso, simples ideas. Y tampoco no sé cuándo tendré tiempo para desarrollar ninguna de ellas… sospecho que la Cruzada nos va a mantener muy ocupados.

Se encogió de hombros, y parpadeó para disipar la luz de Mystra y recobrar su visión normal.
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Mensaje por Larloch » Mar Mar 13, 2007 9:06 pm

ALANTHIR

Le sorprendió lo que comentaba sobre el anillo, él nunca había notado esos efectos, en su caso simplemente era que no necesitaba comer, pero si quería poder comer. Era como si después de tener una comida decidiera picar algo por pura glotonería.

- Milady debo deciros que en mi caso el beber no es un problema, al igual que la comida, el anillo simplemente proporciona el sustento básico, pero siempre hay espacio para comer o beber algo según guste. Ya os he dicho que suelo beber vino, y no noto ningún problema por llevar este anillo. Diferentes variantes, la magia y sus efectos nunca son exactos se suele decir...

Después inquirió sobre las cartas, de entrada no pensaba decir como hacía llegar las cartas, no era un asunto que quisiera divulgar, pero en los otros aspectos le era relativamente fácil, y posiblemente beneficioso hablar sin problemas.

- ¿La razón de las cartas? Un ejemplo es mucho más grafico que cualquier explicación. Perdonadme por lo que voy a hacer...

Lanzó un pequeño cantrip y en una zona de la caverna sonaron unos sonidos. Sonrió brevemente ante la reacción de algunos de sus compañeros y les tranquilizo. Se disculpó de nuevo ante la maga.

- Imaginaros usar la magia para contactar con cualquier otra persona en mitad del campamento de la Cruzada.... mi objetivo es observar, no causar problemas. Simplemente me limito a cumplir las ordenes de la Ciudad, usar la magia para ciertas cosas provocaría una situación diplomática muy compleja y que iría en contra de cualquier interés de la Ciudad.

Suspiró levemente mientras se atusaba al barba.

- Tampoco os negaré que escribir cartas es una forma de relajación, me permite desconectar y clarificar mis pensamientos. En cierta forma es una evasión. Me gusta y le tengo cierto cariño, a pesar de que habría formas más útiles o rápidas, pero las órdenes de la Ciudad son tajantes y este es el método más seguro y discreto.

“Algunas cartas son meros ejercicios de escritura, otras son noticias para mi familia, como siempre, hay ciertos asuntos que requieren mi atención, entre ellos mi boda, con lo que es necesario mantener cierto contacto o enviar ciertas cartas.”

Escuchó sus disculpas, podía entender lo que bullía en su cabeza repasando las muestras de cortesía que le había visto a lo largo de la conversación, pero este asunto era demasiado extraño para la maga para que pudiera entenderlo por completo.

- Milady, en términos de protocolo, el tratamiento a mi padre requeriría una elaborada enumeración de títulos, rangos a la vez que un par de reverencias.- Hizo una pausa.- Cualquier otro título en términos de la Ciudad sería un insulto, dependiendo del título puede que incluso grave.

Dio un par de pasos hacia el banco para después encararse hacia ella.

- Entiendo vuestra acción y creedme que aprecio vuestro gesto, pero dejemos el protocolo de lado, la conversación es demasiado interesante como para llenarla de complejas enumeraciones de títulos y rangos en lo referente a mi padre.

De hecho, incluso él, a pesar el primogénito tenía que aplicarle un tratamiento enormemente formal en cualquier situación con gente ajena a la familia.

- Sin embargo, si queréis mostrarle la deferencia según las normas de la Ciudad su título sería Excelso y Honorable Arcanista, Segundo Umbra de la Casa Nthalar, Servidor del Príncipe Dethud, Devoto de Shar Thierder Nthalar. Entenderéis el porque de mi afirmación....

Volvió a caminar de nuevo hacía donde estaba antes.

- Si, la tradición familiar y la memoria de los ancestros es guardada y muy reverenciada, es una de las bases de la Ciudad no solo recordar a aquellos a la familia si no a aquellos que han cumplido con su labor hacia la Ciudad con entereza sin importarles su fin.- Hizo una pausa y su voz se tiñó de tristeza.- Por desgracia, demasiado han tenido que sacrificarse en pos de la Ciudad, pero la Ciudad recuerda su sacrificio y su gesto.- como su hermano pensó con verdadera tristeza, algo que agudizo la tristeza que impregnaba su voz.- Demasiados...

La escuchó hablar sobre sus investigaciones, siendo vaga en los detalles y en los objetivos. Era lógico, esta conversación tenía un fin concreto, no era una charla de dos colegas intercambiando conjuros o investigaciones. Dudaba que la maga se le pasase la idea por la mente. A él tampoco.

- Cierto, la Cruzada, visto lo visto es una lucha lenta y tenaz. En cierta forma es admirable el coraje de los enanos y su determinación, su ansía de recuperar las tierras que les pertenecen por derecho.- Miró toda la sala en la que se encontraban.- Debe de ser duro para Dueris y Pyradar ver que le ha sucedido a Shanatar. Es una imagen dura y triste ver que el legado de tus antepasados se ha convertido en objeto de saqueo y que las ruinas de tus ancestros son ocupadas por seres infectos y humanos que no guardan ningún respeto por lo que ven.

Como en su caso, pero en el caso de los enanos habían logrado una gran cantidad de apoyos, pero en el suyo la mayoría de los reinos actuaban en su contra por miedo o por codicia. Tanto que hacer pensó con amargura hasta poder ver a Netheril renacido...

- Y si, intuyo que si los phaerimm han intervenido no los encontraremos rápidamente, más bien lo contrario.- Suspiró.- Si, intuyo que la instancia en la Cruzada será prolongada, pero es lo que la Ciudad espera de mi y hasta que no digan lo contrario seguiré en la Cruzada, aunque a título personal me alegro de poder ayudar en ella. Confío que los enanos consigan sus objetivos...
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Mensaje por Iridal » Mié Mar 14, 2007 2:50 am

VOLHM

-Sí, es cierto, diferentes variantes, la magia y sus efectos nunca son exactos... y cada persona es un mundo –concordó Volhm, en respuesta a sus apreciaciones sobre el anillo. Pero él siguió hablando de las cartas. Volhm hizo un movimiento negligente con la mano, indicando que no había ofensa, cuando Alanthir se excusó de antemano por el subsiguiente uso que iba a hacer de la magia. Pero le agradó que hubiera tenido en cuenta la tensión existente entre ambos, y le hubiera dedicado aquella cortesía más propia del huésped hacia el anfitrión que de un encuentro en terreno neutral. Compartimos muchas costumbres, no pudo menos que pensar, algo incómoda.

Pero no le acabó de convencer la explicación de el. Cierto que la magia podía ser captada y subvertida, pero con mucha mas facilidad podían serlo unas simples cartas. ¿Situaciones diplomáticas inconvenientes? Siempre se podía hacer un uso discreto de ella, no hacía falta conjurar a bombo y platillo… Claro que… Volhm se imaginó a los inquisidores detectando a aquellas comunicaciones a distancia, y estuvo tentada a sacudir la cabeza.

Escuchó distraídamente el resto de su explicación.

-Supongo que mi perspectiva me engaña, estoy muy interesada en la comunicación mágica a distancia y eso quizá distorsione mi punto de vista –dijo al fin Volhm, sin ganas de meterse en una discusión sobre si el uso de cartas era mejor que el uso de la magia. No para la mentalidad de un halruano, aunque creía entender el razonamiento que él había seguido-. ¿Así que escribís cartas a vuestra prometida? Tiene que ser interesante eso de conocer a la persona con la que te vas a casar. Yo solo he hablado una vez con mi prometido, y aquel día ni siquiera sabía que era él… -añadió, inexpresiva.

Cuando él se atusó la barba no pudo menos que desviar la vista hacia el bien afeitado Adrian. ¡Ah, se le hacía tan raro la idea de ver un mago barbilampiño! Un mago no era un campesino ni un niño ni un jordain…

-Excelso y Honorable Arcanista, Segundo Umbra de la Casa Nthalar, Servidor del Príncipe Dethud, Devoto de Shar Thierder Nthalar –repitió ella, para no olvidar el tratamiento que al parecer exigía la posición de su padre-. Es largo, sí. Pero si es lo correcto… ¿Qué tipo de título es Umbra? –preguntó con curiosidad-. ¿Qué cargo ostenta para merecer un tratamiento tan... mmm… excelso?

Le escuchó hablar del deber y de aquellos que se habían sacrificado por la ciudad, mirándole con comprensión.

-Es duro perder a un hermano –concordó.

La forma en que él habló de la Cruzada la medio sorprendió, demasiado vehemente, no cuadraba con su carácter. No cuadraba con lo que había visto de él. Parecía como que él considerara aquello algo personal, pero en ningún momento le había visto mostrar ese apego a la Cruzada… aunque sí había sido igualmente vehemente, antes, al defender la necesidad de “recuperar lo que había sido suyo” Volhm reprimió una mueca; como ya le había dicho antes, Halruaa no tenía intención de reclamar el Anauroch, así que los planes del pueblo de él la dejaban un tanto fría, pero aun así, ¡qué manía para unos recién llegados! Si alguien intentara reclamar Halruaa, le mandaríamos a tomar vientos, pensó.

-Yo tampoco creo que los encontremos fácilmente, pero tampoco sería de esperar otra cosa, supongo… mmm… ¿quién o qué habrá detrás de la desaparición de Ambert? –chascó la lengua-. Sabía que su vulnerabilidad a la enajenación traería problemas tarde o temprano…
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Larloch
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Mensaje por Larloch » Jue Mar 22, 2007 9:41 pm

ALANTHIR

Conocer a alguien, era algo que algo complejo, siempre lo había sido, apenas podía decir que conocía a su padre, tampoco era que lo buscase, pero desde luego decir que conocía a su prometida.... sonrió con cierto pesar. La había visto ¿dos veces? Una de ellas como simple representante de su Casa. La otra, ya como futuro prometido.

- No milady, apenas la conozco, hemos hablado en una sola ocasión, lo justo para formalizar el enlace y desde entonces cada uno hemos estado alejados, sirviendo a la Ciudad. Apenas sé su nombre, su linaje y poco más, pero es mi prometida, sería una ofensa que no recibiera noticias mías, tanta para ella como para su casa.

Hizo una pequeña pausa. No la conocía, pero le daba igual, era lo que se requería de él, con lo que se tendría que acostumbrar y sabía que con el tiempo, era lo mejor, que era lo que necesitaba la Ciudad. Eso, justificaba cualquier fin.

- En esencia, creo que ambos estamos en la misma situación, apenas sabemos nada de nuestras futuras parejas.

Preguntó sobre el título de Umbra. Sabía cual sería su reacción o la de cualquier otro del grupo de saber la verdad. Muchos lo considerarían una aberración, una blasfemia. No lo entendían, era un símbolo de Shar y del poder de su ciudad.

No cualquiera se convertía en Umbra, solo aquellos que habían servido a la Ciudad con esmero y diligencia eran honrados con ese título, era el mayor honor que podía haber en al ciudad.

- No es un título que se gane con una posición, es un título honorífico, por los servicios prestados a la Ciudad. Solo aquellos que han demostrado su servicio y su entrega hacia la Ciudad pueden alcanzarlo. Más que por una simple acción, aunque es posible, suele ser más como un reconocimiento a toda su labor.

- Sobre Ambert, lo cierto es que no sabría que pensar, demasiado extraño y demasiados cabos sueltos. Las posibilidades con lo que hemos visto son inmensas, demasiados cabos sueltos. Podían ser azotamentes, como cualquier drow, o cualquier otro ser de la Infraoscuridad. Incluso podría ser un phaerimm.

“Los phaerimm son capaces de usar conjuros para controlar a otros seres. Suelen ser expertos en ello y recientemente crearon ejércitos por estos medios. Pero en este caso lo que me intriga era el objetivo.

Si quería que fuese un espía, ¿porqué dejarlo vara por ahi? Lo podíamos haber metido en el campamento de la Cruzada, llevado con nosotros todo el camino y hubiese conocido infinidad de aspectos más. Apenas nos vio unos instantes.

En los conjuros creados por los magos, los efectos dicen mucho de la personalidad del mago, en este caso, mi primera impresión sería que el que manipulaba a Ambert era estúpido o desperdició de forma estúpida una herramienta interesantísima al dejarla vagar por la Infraoscuridad en lugar de tenerlo aquí con nostros.

Lo que me intranquiliza más es que el que controlaba a Ambert se deshiciera de él porqué ya había cumplido su función. De ser así, ¿qué función podía haber tenido Ambert? Y lo más importante, que esperaba conseguir con él?”

Realmente parecía un Determinista con estas preguntas y con las posibilidades que iba dibujando, siempre posibilidades abiertas, sin determinar. Siempre decían lo mismo, se acordaba cuando habían lanzando los conjuros para ver si su matrimonio sería útil a la ciudad, habían repetido lo mismo que con su hermano “Traerían espadas y conjuros a la Ciudad. El Alto Príncipe será bien servido por ellos”. Ambigua, poco claro al principio, pero siempre certera.

- Demasiados recelos y dudas me genera el caso de Ambert, no sé si vos pensáis igual o yo veo demasiados matices a la oscuridad....
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Mensaje por Iridal » Jue Mar 29, 2007 1:34 am

VOLHM

Le vio sonreír, mientras negaba que conocía a su prometida. Aquello lo entendía, claro estaba que el suyo no era verdadero conocimiento, pero al menos habían hablado. Algún conocimiento tendrían el uno del otro, por escaso e inseguro que fuera. En cambio, ella, ¿qué tenía? Un rostro visto una vez, y la descripción de un linaje. Oh, bueno, tiempo al tiempo, Volhm. No quieras precipitar el curso del destino.

-Sí, parece ser que así es. No conocemos apenas nada de nuestras parejas, aunque supongo que no importa. Lo que tenga que ser será, y ambos podemos decir que, aunque tampoco conozcamos a nuestra futura descendencia, ya tenemos sus semillas en nuestras manos. ¿Cuántos matrimonios… entre los extranjeros… son maldecidos con la esterilidad por no cuidar adecuadamente del linaje?

Escuchó la explicación de él sobre el título de su padre. ¿Sería semejante a un Anciano entre los suyos? Esa impresión daba la descripción de él, al menos.

Pero luego se pusieron a hablar de Ambert. A Volhm le pareció que, al abandonar el terreno personal y el no menos espinoso asunto de las particularidades de la cultura de ambos, se producía una relajación de la tensión que gravitaba entre los dos. Pero aquello no sólo era terreno neutral. Sopesar posibilidades y diseccionar hechos era algo que ambos estaban acostumbrados a hacer; tal vez aquella familiaridad les acercaba un poquito más.

-Hay muchas posibilidades a escoger si hablamos del posible enajenador, sí. Pero pensad que el aura que yo detecté afectando al enano no era arcana ni divina. Eso reduce el campo… no estamos hablando de un conjurador ordinario –repuso ella-. En cuanto por qué se los ha llevado, no lo sé… pero a veces me pregunto incluso si Ambert era lo que aparentaba ser –suspiró-, tanta es mi frustración al no entender este rompecabezas.

Se encogió de hombros.

-¿Por qué alejarlo de nosotros? Tal vez le costaba mantener el control durante tanto tiempo. ¿Es posible eso? No sé… si se tratase de conjuros, yo diría que aún no había pasado suficiente tiempo para eso… pero no estamos hablando de magia. ¡Ah, me siento ignorante como una aprendiz! Pero supongamos que el efecto fuera semejante a un conjuro, al menos en cuanto a funcionamiento y duración, ya que no de fuente…

Volhm cogió la iluminada esfera, y empezó a hacerla rebotar sobre la palma de la mano, mirando distraídamente cómo subía y bajaba.

-Otra posibilidad… Ambert era, efectivamente, los ojos de su poseedor, y ya había obtenido cuanto quería de nosotros. ¿El qué? A saber. Quiénes éramos, nuestras posibilidades, nuestros planes… aunque no es que hablásemos mucho delante de Ambert… o hacia donde íbamos… o hacia donde no nos dirigíamos.

Volhm dejó la esfera sobre la manta antes de que se le cayese y se rompiese.

-O quizá ya no le era de utilidad alguna, simplemente. Y en ese caso es mejor deshacerse o reclamar el esclavo, que dejarle en manos de quienes pudieran interrogarle… -Volhm apretó los labios-. Hicimos mal. Teníamos que haberle acribillado a adivinaciones, no importa que los enanos sean notablemente duros de ser afectados con conjuros… y que Pyradar probablemente hubiera protestado.

Y suavemente: -Hay tantas posibilidades… pero si os sirve de consuelo, me inspira los mismos recelos que a vos. Hemos fallado. Es obvio que se han reído de nosotros.
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Mensaje por Larloch » Mar Abr 03, 2007 1:45 am

ALANTHIR

Le hizo gracia que la maga le hablase de los matrimonios extranjeros cuando hacía cierto tiempo había alardeado de que su pueblo se había mezclado. Por un lado denigraba los matrimonios con gente de fuera y por otro lo había visto bien en el pasado de su pueblo.... la memoria era selectiva y poco dada a pensar en retrospectiva. Pero no iría más allá en esta discusión, no tenía intención de iniciar un debate estéril.

- Efectivamente, lo que tenga que ser será, las uniones en al Ciudad son con un propósito, al principio quizá no sea claro, ni lógico, pero con el tiempo toda pieza encuentra su sitio.- O eso esperaba pensó con cierta resignación.

Alejó el pensamiento de su futuro matrimonio y se concentró en un tema mucho más factible y fácil, Ambert.

- Qué Ambert no fuese quién aparentaba ser es una posibilidad, pero la idea de que se fuese lo que fuese se paseó entre nosotros sin que nadie se percatase de nada extraño.- Suspiró unos instantes.- Las criaturas que me parecen capaces de conseguir adoptar una forma con tanta habilidad no son precisamente seres con los que desee toparme...

La Sangre de Malaug pensó con cierta ira, los mismos que mantenían una lucha con la Ciudad desde hacía años. A pesar de que la Ciudad había conseguidos frenarlos seguían actuando contra ellos. La posibilidad de que uno de ellos actuase dentro de la Cruzada era una posibilidad a tener presente.

- Si la fuente no es arcano debe de ser quizá psionica, es la única explicación lógica, pero no conozco nada de que efectos puede tener o cuales no. Podría ser que no requiriese una renovación continua, que lo tuviese sometido completamente? Realmente en estos aspectos apenas puedo sacar nada en claro. Es algo muy extendido en la actualidad la psionica? Antaño en algunas zonas, pero desconozco si....- hizo una pausa iba a decir si el mundo había degenerado más aún tras la caída de Netheril.- si se ha perdido o es algo común.

Las otras opciones eran confusas, poco claras y solo hacían que aumentar los interrogantes y las dudas....

- Si es frustrante, las opciones que se me ocurren no encajan con lo que hizo Ambert, quizá la única que simplemente lo usase como “conducto” para probarnos. Es decir, la acción contra los quaggoths fue la única vez que el misterioso ser actuó, y era cuando estaba Ambert. Quizá simplemente era una prueba... ver la capacidad del grupo.

Era una opción, quizá había actuado con los enanos, los había puesto a prueba, tanteado.

- Quizá fue lo que hizo con los enanos, probarlos y ver como reaccionaban, lo que me intranquiliza es saber para qué nos probaría y que decidió al ver como reaccionábamos en esa prueba.

Pero era una suposición débil, poco clara. De repente hecho de menos poder hacer lo que hacía en la Ciudad cuando necesitaba reflexionar las ideas: sentarse en su estudio y beber una copa de vino mientras meditaba y poco a poco iba dándole forma al rompecabezas que le había estado obsesionando.

Con gesto descuidado bebió un poco de agua, como si la degustara, no era lo mismo, pero era casi más un gesto simbólico que otra cosa. Le ofreció el agua a la maga.

- Si se han reído de nosotros, esa es la única certeza y quizá la más desagradable de todas ellas.
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