Capitulo 1: El Pozo del Horror

El pueblo enano ha decidido reclamar su legado, Shanatar, el mayor de sus imperios, compuesto de ocho reinos cayo hace 3000 años, y sus secretos y riquezas aun aguardan en sus salones. Esta es una historia de conquista, una epopeya de gloria y tragedia que culminara con un renacimiento o con la caída de la oscuridad perpetua sobre este antaño resplandeciente imperio.

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artemis2
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Capitulo 1: El Pozo del Horror

Mensaje por artemis2 » Jue Abr 05, 2007 7:39 pm

Discusiones, discusiones y más discusiones os condujeron, como por arte de casualidad, hasta una decisión que presentíais iba a ser bien discutida. Egos y caracteres, una asociación de egos y caracteres a los que no les gustaba compartir escena, o así es al menos como os había descrito, acertadamente sin duda, vuestra anfitriona semielfa antes de dejaros a solas con vuestra discusión. Y así, sin animo de discutir más, os separasteis para volver a reuniros en la opera.

Y así llegó la noche del espectáculo en la Catedral, el gentío resulto ser una selección de personalidades, aventureros, militares enanos y entre todos ellos, los grupos de Operaciones Especiales. El acomodo resulto ser más del gusto de cualquier otra raza sintiente que no del enano, pero estos se resignaron a sentarse en aquellos bancos de madera tapizados de carmesí. El silencio se cernió sobre la sala, una enorme, ovalada, cubierta de palcos, y lujosamente decorada, sala que solo podía hallarse en un espacio extradimensional, al tiempo que la luz moría y la canción nacía. La primera sorpresa de una noche de muchas seria que la opera era cantada en enano, el rudo dethek parecía desglosarse estrofa por estrofa como si hubiese nacido para ello, y posiblemente algo de eso hubiese. Shanatar fue un reino enano, pero en el se cultivaron las más variadas artes como ningún reino enano había hecho nunca, ni haría tras caer la gloria del imperio. La historia, la cual todo el mundo conociese el idioma o no parecía entender, trataba de temas bien comprensibles para la mayoría enana, honor, sacrificio y lealtad, narrando en tres actos el nacimiento de un imperio como nunca había conocido la tierra.

Y la historia acabó, más de dos horas transcurridas, pero cualquiera hubiese jurado que aquello había acabado justo antes de haber comenzado, como si no hubieseis escuchado la melodía que nacía del corazón de un imperio que ansiaba renacer, como si no hubieseis visto aquella representación del valor pueblo recio, si no que os lo hubiesen recordado, pues siempre había estado allí.

Más adelante, en la recepción organizada tras el espectáculo, descubriríais que Augustus había aprovechado aquel acontecimiento social para acabar con ciertos individuos peligrosos de una manera que hubiese hecho a un pasha calishita descubrirse la cabeza ante tal muestra de subterfugio y frío acero. Al parecer aquel tipo gustaba de aprovechar cualquier situación, y toda muestra de su gran arte, para aquella intriga que le había convertido en un héroe temido por aquellos a quienes había convertido en reyes.

Pero poco tiempo tuvisteis para pensar en la madeja de intrigas que la superficie comenzaba a tejer entorno a la Cruzada Dorada, puesto que al día siguiente marchasteis hacia Grandnor con noticias sobre el aumento de la actividad demoníaca en el pozo y frecuentes ataques por parte de trolls, al parecer dirigidos por una entidad infernal.

Así pues, con caras nuevas y más pesares en el corazón volvisteis a iniciar el camino a Grandnor, aunque esta vez en busca del horror y no de la esperanza.
Las opiniones de este usuario, por increible que parezca, son opiniones, y como tales deben ser consideradas.

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Raelana
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Mensaje por Raelana » Dom Abr 08, 2007 8:31 pm

HARDASH


Discusiones y más discusiones por culpa de los dioses. Hardash maldecía a Shar, a Verdagain, al Korvi... a la cosa esa rara de la que había hablado Volhm y la cabezonería de los enanos. Sus palabras intentando calmar la situación y volver al tema que les interesaba no sólo no habían servido de nada, sino que parecía que nadie las había escuchado. Siguieron hablando y hablando, hasta que el nuevo se decidió por fin a hablar, zanjando la situación y poniendo un nuevo papel sobre la mesa. Hardash miró a Arshin de reojo. A él le apetecía investigar lo de los infernales, esperaba que ella no pillara una rabieta como la de Dueris y se marchara sola a buscar a los drow.

¿Se había marchado Dueris solo a buscar a Verdron? Esperaba que no, aunque conociendo la terquedad enana no era algo a descartar. Dueris se había mostrado siempre abierto y cooperativo, Hardash no entendía su conducta de ahora. Quizás porque no había conocido a Verdron ni había visto la conversación que habían mantenido. Eran muchas las cosas que no entendía, pero confiaba en que todo se solucionara.

Invitó a una jarra de cerveza al clérigo de Tempus, se la había ganado sólo por haber sido capaz de meter la cuña en la conversación.

-¿Lleváis mucho en la cruzada? -le preguntó. ¿Qué habría hecho aquel tipo para estar en Operaciones Especiales? No tenía pinta de ser de los que desobedecían órdenes. ¿Sería bueno jugando a los dados?

Estuvo en la taberna más tiempo del que había previsto. Siempre ocurría así. Se encontraba con viejos amigos, se entretenía, echaba una partida de dados... Era bastante tarde cuando se encontró con Laab. El escorpión parecía tranquilo, y Hardash se tumbó a su lado, contándole todo lo que había pasado y el sitio en el que iban a meterse dentro de unos días. Otra vez la oscuridad, la humedad, la falta de sol. Sin embargo Hardash estaba impaciente por ponerse de nuevo en camino. Un camino nuevo, además, desconocido y peligroso. Tendría que buscar información sobre él, seguramente algo se sabría de los que lo habían explorado antes. ¿Cuantos túneles habría en la zona? ¿Cómo se intercomunicaban entre ellos? ¿Descendían todos o había alguno que se desviara de la ruta? ¿Qué tamaño tendrían? Odiaba caminar agachado. ¿Se encontrarían de nuevo con el mar? El mar le traía malos recuerdos. Siempre había preferido el desierto. Intentaría averiguar en Grandnor si habían sido explorados esos túneles y cuan profundamente. Cualquier dato que pudiera obtener sobre la ruta podía ser importante. O quizás no, porque los caminos cambiaban como si estuvieran vivos. Eso era lo que los hacía tan especiales. Le apetecía mucho más volver de nuevo a los caminos que ir a la ópera.

La ópera. A Hardash le gustaba la música, pero no aquel montón de enanos chillando como si les estuvieran arrancando la piel a tiras. Había buscado a la hermosa semielfa entre la multitud, mientras se atusaba el bigote y había intentado prestar atención a la obra. El prefería la musica más ligera, las alegres canciones de taberna y no el mundo épico que se estaba desarrollando delante de él. No sabía porqué había dejado de susurrar anécdotas al oído de Arshin y se encontraba de pronto mirando el escenario. Desde luego el espectáculo era impresionante. Fern sabía hacer bien las cosas. Y la música no estaba mal del todo. Hardash se sorprendió a sí mismo tarareando una de las arias al final de la velada, mientras buscaba en la recepción a la semielfa que parecía haberle dado esquinazo toda la noche.

En la recepción se sintió incómodo. Le gustaban las fiestas y las celebraciones, pero no las intrigas, el que las cosas tuvieran una segunda intención, las frases murmuradas por lo bajo. Se enteró de lo que había pasado durante la ópera y le admiró la apostura de Fern, él hubiera estado muy nervioso ante una cosa así. Admiraba al que era capaz de hacerlo. Si su padre hubiera sido capaz de sobrevivir en el mundo de las intrigas no habría terminado todo así. Su padre no había sido capaz y él tampoco lo era. En el fondo se parecían mucho, en el fondo los dos eran incapaces de enfrentarse a ese mundo al que deseaban pertenecer.

Dueris habló con Fern y se marchó. Hardash había deseado hablar con él. Comentarle la decisión que habían tomado tras su marcha. Debería haber ido a verle el día anterior, pero no lo había hecho. Buenos deseos, pero pocas acciones. Así eran siempre las cosas. Se preguntó si debería intentar abordarle en ese momento, pero la sonrisa de la semielfa y la copa de vino se lo impidió. Ya hablaría con él más tarde. Había tiempo y no había que ser descortés con una dama.

Hardash preveía una noche interesante, pero la semielfa resultó no estar tan interesada como parecía en un principio. Sus intentos para llevarla a un lugar discreto y reservado se encontraron con evasivas a las que respondió con un gesto de desencanto. Otra vez será, pareció pensar él, Posiblemente no, parecieron decir los ojos de ella, aunque Hardash sabía que los ojos de las mujeres podían insinuar promesas donde no las había lo mismo que no dar esperanzas cuando estaban alli.

Una vez la mujer hubo desaparecido entre la multitud, Hardash buscó a Arshin, sabía como moverse en una fiesta así que no le costó ir rodeando a los distintos grupos hasta encontrarla. La noche no iba a terminar mal. Hardash sonrió a la mujer y le pasó el brazo por los hombros, tendiendole la copa de vino que llevaba en la mano.

La mañana siguiente comenzó con resaca y malos augurios. Dueris no había acudido a la cita. Iban a partir ese mismo día. Todos estaban alli menos él. ¿Qué le habría pasado? Ahora lamentaba no haber hablado con el enano la noche anterior. Tenía que haberlo hecho, tenía.... Sus dedos comenzaron a girar el anillo que llevaba en el dedo, preocupado.

-¿Vamos a marcharnos sin Dueris? -preguntó a sus compañeros-. ¿No deberíamos intentar hablar con él primero?

Ya estaban bajo tierra. Ya no había escusas para no ir a buscarlo, no tenía que aprovechar más rayos de sol. Hardash rebulló, impaciente.

-Bueno, de todas formas yo voy a ir -dijo a sus compañeros. Le preocupaba. Quizás eran ciertos sus temores y el enano pretendía marchar contra Verdron él solo. En ese caso necesitaría el anillo que le había regalado. Si atraía la suerte como Hardash pensaba, Dueris lo necesitaría más que él. Dejó a Laab con sus compañeros y su equipo y salió en busca del enano.
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Deberíamos dar gracias por los pequeños favores de la vida, como dijo el gnomo cuando se voló una mano cuando podría haberse volado la cabeza.


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Iridal
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Mensaje por Iridal » Lun Abr 09, 2007 7:03 pm

VOLHM
19 de Flamerule, Salón de Operaciones Especiales, Tethyr

La discusión la había dejado con un mal presentimiento. ¿Acaso nunca lograrían ponerse de acuerdo? ¿Siempre que se les presentara una elección discutirían y se enfrentarían? A Volhm no le había gustado la extemporánea salida del enano del cuartel, no sólo porque era una imperdonable falta de cortesía, sino porque representaba todas las brechas que había abiertas en la frágil argamasa que unía a aquel grupo.

-Esa desunión acabará costándonos caro. Tenemos que encontrar algo que nos acerque… -suspiró. Fácil de decir, no tanto de lograr. ¿Qué podía estimular por igual a personas tan diferentes…? Miró a los otros, asintió ante la elección que hicieron –no la que ella hubiera elegido, pero no era cuestión de reavivar la discusión-, y se excusó ante ellos, aduciendo que debía marchar ya. Regresó al campamento halruano, recogió sus pertenencias, y formuló el conjuro que la llevaría de vuelta a Halruaa y al Alto Templo de Mystra.


19 de Flamerule, Alto Templo de Mystra, Monte Talath, Halruaa

Volhm entró en la catedral, saludando distraída a los conocidos con los que se cruzaba, atravesó la zona de adoración atestada de peregrinos, y finalmente la pared ilusoria que conducía a los claustros. Éstos eran muy amplios, y en su centro se encontraba uno de los pozos consagrados. Una pequeña estatua de la diosa, labrada en ziosa, se hallaba suspendida sobre él. El mago de guardia caminaba ociosamente de aquí para allá, pero cada cierto tiempo se acercaba para tocar la estatua, sintonizando la ziosa con sus facultades mágicas.

Le saludó y se encaminó hacia la puerta situada al fondo, guardada por dos caballeros del fuego místico y el oráculo. Volhm dejó que éste último dictaminara sus buenas intenciones, esperó a que los paladines le franquearan el paso y al fin descendió hacia las entrañas del templo. Sintonizó su visión con la Urdimbre, aunque conocía las protecciones que custodiaban aquella parte de las catacumbas y las salvaguardas contra muchas de ellas; con todo, algunas veces renovaban algunas en lugares diferentes, con lo que había que andarse con cuidado. Muy pronto llegó a la zona de las bibliotecas; Volhm las cruzó rápidamente, sin hacer caso de los extraños que pululaban por allí, pues aquéllas eran las accesibles para cualquier halruano que quisiera consultarlas y hubiera demostrado sus buenas intenciones al adivino de la entrada. Utilizó el medallón con el símbolo de Mystra que denotaba su afiliación al Templo para acceder a una de las escaleras de bajada que conducían a bibliotecas más exclusivas.

Finalmente llegó a una parte dedicada únicamente a los clérigos y magos del Alto Templo, así como para aquellos eruditos que llegasen con una recomendación del Consejo de Ancianos. Volhm atravesó bibliotecas, talleres y laboratorios arcanos, algunos sumidos en el silencio sepulcral que demandaba el estudio, otros animados por debates y discusiones. Aquel era otro mundo, uno de los pocos lugares de Faerûn donde aun se podía ver a clérigos de la Dama ocultando su rostro tras el velo de los Misterios, donde el idioma que se hablaba era el arcano lenguaje usado en Halruaa para la transcripción y enunciación del Arte, un idioma que rara vez se escuchaba más allá del recitado de los sortilegios.

La Sala del Misterio estaba moderadamente concurrida, como siempre. A aquellos que acudían allí a orar se les unían los que preferían estudiar, pues se decía que aquel lugar sagrado facilitaba la concentración y aumentaba el ingenio, algo que a Volhm siempre le había parecido una superstición sin fundamento. Se inclinó solemnemente ante el altar; se decía que la diosa se aparecía allí de vez en cuando, manifestándose como la antigua Mystra -un espléndido efecto prismático-, como si comprendiera la necesidad de los halruanos de honrar y perpetuar las tradiciones.

Los ojos de Volhm se posaron en la pared del fondo, más allá del altar. No había puerta alguna en ella y era sólida y muy letal. Pero era la “entrada” a la parte más recóndita del Templo, a las bibliotecas prohibidas, donde se almacenaba todo el saber mágico vedado por la ley de Halruaa. Sólo la dama del misterio Greila y los guardianes de la Urdimbre del más alto rango podían entrar allí, y normalmente lo hacían para depositar alguna nueva aberración del Arte traída por los inquisidores de Azuth –ni la Iglesia de los Misterios, ni Halruaa en sí misma, destruirían jamás el conocimiento mágico, por muy peligroso que fuera-, aunque a veces lo hacían para franquear el paso a un Anciano que hubiera recibido el permiso de sus pares.

Volhm se preguntó si lo que se sabía de las investigaciones de Verdron se podría encontrar en las bibliotecas ocultas más allá de aquella pared…

Pero siguió más allá de la Sala, buscando unas bibliotecas específicas, y a uno de los zahoríes. Finalmente encontró al adivino que buscaba en una de las salas de lectura, acomodado junto a una mesa atiborrada de componentes de conjuros, vulgares unos, extraordinariamente caros otros. Volhm se acuclilló junto a él.

-Historia y nigromancia… Akhlaur y su linaje. Los planos... infernales –le susurró. El anciano adivino alargó la mano hacia algunos componentes. “¿Formas de convocarles y atarles?”, inquirió él en otro susurro. Volhm negó con la cabeza-. Conocimientos más generales –especificó, y él cambió de idea respecto al componente escogido.

Volhm contempló cómo el anciano lanzaba sus adivinaciones; las bibliotecas del templo eran tan extensas, tan terriblemente vastas, que aquélla era la única forma de localizar lo que se buscaba con cierta rapidez. Lo mejor que se podía decir del catálogo de las bibliotecas es que era incompleto y laberíntico, a pesar del ingente trabajo que todos los guardianes de la Urdimbre realizaban actualizándolo… el Alto Templo custodiaba demasiados libros para tenerlos indexados de forma accesible.

Cuando al fin tuvo los libros que buscaba, se encaminó a una de las salas de lectura favoritas, que era en realidad una pequeña biblioteca rara vez frecuentada. Dos días. Suficiente para informarse un poco. Y tal vez visitara a su hermana aquella noche, y pasara a presentar sus respetos a Kadisha…


21 de Flamerule, Campamento Nueva Esperanza, Tethyr

Se atavió con la túnica ricamente bordada que los guardianes de la urdimbre usaban en los escasos ceremoniales en los que se requería la presencia de todos los clérigos y magos del Alto Templo. Pero dejó el ligero velo de seda entre el resto de su ropa. Aquella era una ocasión solemne, pero no sacra, y dudaba que la mayor parte de los congregados, si es que había alguno, hubieran vuelto a ver a nadie con el rostro cubierto con el velo de los Misterios desde la Era de los Trastornos. Si incluso en Halruaa, tan amante de las tradiciones, los clérigos ya solo lo llevaban en las grandes plazas consagradas a la Dama… Tal vez hubiera doce templos, en todo el país, que aún celebraran los rituales a la manera de la antigua tradición.

Y sin más se dirigió hacia la ópera. Le alegró encontrarse con sus compañeros, y los saludó algo más efusivamente que de costumbre. Y se dispuso a disfrutar del espectáculo, que, sorprendentemente, estuvo cantado en enano. ¿Quién iba a decir que aquella raza tan ruda fuera capaz de algo así?

En la recepción aprovechó para hablar un poco con el nuevo, curiosa acerca de su historia y personalidad. Aún estaban hablando cuando les llegaron rumores de la actuación de Augustus Fern. Volhm sacudió la cabeza, admirándose un poco de que aquel hombre fuese amigo de Spellmacher. Curiosos compañeros tenía éste, pensó.

-Me pregunto quiénes serían ésos, y cómo se habrían interpuesto en el camino de Fern… -dijo Volhm en voz baja al clérigo de Tempus. Tenía curiosidad, lo admitía, era la maldición de los adivinadores. Como decía el viejo dicho, el conocimiento era poder, pero un mayor conocimiento…

Sonrió irónica. No era cuestión de preguntar a Fern, ciertamente. Estuvo un rato más hablando con sus compañeros, salvo con Dueris, que se marchó muy pronto. Volhm lo lamentó, las conversaciones con Dueris habían resultado entretenidas, en el pasado, y más distendidas que las que había mantenido con el hereje. Cuando la recepción terminó, Volhm se acercó a Fern, no lo suficiente para interrumpir su conversación con sus interlocutores, pero sí lo bastante para que él viera la inclinación de cabeza que le dedicó, un agradecimiento formal por la invitación. Y marchó hacia el campamento halruano.


22 de Flamerule, Aray Burakinae, Tethyr

Al día siguiente se levantó expectante. Aunque la misión escogida no la motivaba especialmente, tenía ganas de partir, de ponerse de nuevo en movimiento. Pero cuando se reunió con sus compañeros y notó la ausencia de Dueris, movió la cabeza.

-¿Y Dueris? ¿Se le han pegado las sábanas? –preguntó risueña. Esperaron. Pero el clérigo no apareció.

Finalmente, Hardash expresó su preocupación y su intención de ir a buscar a Dueris. Volhm asintió con la cabeza. El día anterior el clérigo parecía encontrarse bien, pero, ¿quién sabía lo que podía haberle pasado?

-Vayamos a ver qué le ha pasado –asintió Volhm. Miró a los otros a ver si alguno más se sumaba a aquella iniciativa, y a los que no lo hicieron-: Esperadnos, supongo que no tardemos mucho… Pyradar, ¿sabes dónde podríamos encontrar a Dueris?

MJ: Pide tres frascos de aceite, uno de ácido, yesca y pedernal y 3 frascos de fuego de alquimista. Creo que ha pasado poco tiempo para necesitar renovar componentes, pero si es necesario renueva también eso.
Última edición por Iridal el Dom Abr 22, 2007 10:36 pm, editado 2 veces en total.
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Larloch
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Mensaje por Larloch » Lun Abr 09, 2007 10:50 pm

ALANTHIR

Una vez el enano se hubo marchado, no tenía sentido permanecer más tiempo, ya tenían una misión y tenían que prepararse. Miró de nuevo la jarra tirada por Dueris, el enano la había usado como un símil de las esperanzas de los enanos, él, la veía como un símil del grupo actual.

No hizo mucho caso del comentario de la maga, una vez que todo el grupo empezó a irse a sus aposentos con gesto serio se despidió de los que permanecían en la taberna, básicamente Hardash, y se fue.

Egos y caracteres, una asociación de egos y caracteres a los que no les gustaba compartir escena”. Mientras dejaba al grupo las palabras de la semielfa resonaban en su cabeza. Tenía cierta razón, pero para alguien como ella sería difícil entender muchos de los aspectos de la conversación.

Pero... tenía razón, ya se lo había planteado de forma menos sutil Xandros cuando se había despedido, ahora esto.... por eso había intentado calmar la situación, pero el enano hablaba de cosas que no entendía, cosas que no eran de su incumbencia. Maldijo para si mismo. Posiblemente acabarían muertos si seguían con esa dinámica. Y muerto en una misión cualquier sin ninguna información sobre los phaerimm era una deshonra para él y un insulto a la Ciudad.

¡Qué contraste con los grupos de la Ciudad! Ahí si que había unidad y un grupo completamente compenetrado que trabajaba sin apenas error. Si las misiones eran una décima parte de la que se les solían encomendar a los grupos de la Ciudad más les valía espabilarse o estarían todos muertos.

Más les valía espabilarse volvió a pensar mientras entraba en la posada, el Corazón del Dragón, con gesto cansado. Pidió una copa de vino y se sentó en un rincón con tranquilidad. Era una posada de magos, cara debía de añadir, pero prefería ese ambiente a cualquier otro. Había otras posadas, pero esta casi parecía hecha a medida para él, pocas preguntas y pocas molestias. Se podía haber ido a El Halarr de Halarah que también gozaba de buena fama, pero era provocar situaciones tensas de forma estúpida y sobre todo, negativa para los intereses de la Ciudad.

Y aún quedaba la opera, bebió un pequeño sorbo de vino. Sería curiosa de ver y sobre todo de ver como estaba el grupo. Sería complicado, siempre era complicado pensó, por esas razones las enseñanzas de Shar eran tan importantes para él, preveían los escollos y daban fuerza para superarlos...

Bebió de pequeño sorbo de vino, pero el destino de su pueblo era superarlos, siempre había sido así, habían superado la Caída, las luchas contra Ascalagon, los años de Jergal y por fin las guerras contra los malaugrym. Si sus antepasados, su sangre había sido capaz de sobreponerse a ello, él no haría menos, sus antepasados se lo exigían.

****
El día de la opera, si iba a ser como se lo imaginaba, sería más un acto social que una verdadera representación. En Umbra solía ser así. Pero no era lo mismo, apreciaba el ambiente de Umbra, la sobriedad, el saber estar, el esplendor que encerraba cada matiz de la ciudad. Dudaba que en el campamento de la Cruzada pudiera encontrarse algo así. Fern era hábil, un ditirambo de la palabra, pero le faltaba la dignidad que solo un netherino podía tener.

Pero sería un acto protocolario, con gesto serio sacó la otra túnica que solía llevar para casos como estos. Era mucho más sobria y elegante que la que llevaba de forma habitual. Miró brevemente la túnica, negra y con líneas púrpuras como deferencia a la Dama de la Perdida y el símbolo de su clan estampado en la espalda de la túnica.

Salió de la posada con paso firme, y se encaminó hacía la Catedral de la Canción. Si la primera vez que la había visto había sido espectacular, ahora, en la noche su belleza se realzaba. La noche tenía algo que enfatizaba todas las imágenes. Durante el día los matices de los miles de cristales se perdían, se apagaban, pero en la noche, cada uno parecía rivalizar con las estrellas del firmamento. Tenía una belleza que solo la oscuridad podía conseguir pensó.

Saludó brevemente al resto de sus compañeros mientras esperaba que la función diera inicio. Normalmente estos momentos previos eran una oportunidad de hablar con los invitados y los asistentes. Era, según su propia madre “un momento de tanteo” pero como ella misma siempre añadía ese tanteo se llevaba con dos o tres personas como mucho. No era el caso de aquí ni él tenía la intención de hablar con nadie.

Agradeció que la espera a la opera fuese corta, con cierta rapidez se sentó en los bancos. La sala mostraba lujo y meticulosidad, era lógico ver como Fern dominaba la escenografía, sabía mover cada pieza según correspondiese. Mientras pensaba, la obra empezó.

No esperaba ver a un enano cantando, fue la primera sorpresa, especialmente al ver a Pyradar no se había imaginado que los enanos poseyeran una faceta de ese tipo. Pero era una faceta que al igual que todo lo que hacían los enanos parecía nacer del esfuerzo y la perseverancia.

Con gesto relajado se olvidó de todas las incógnitas y preocupaciones que bullían en su mente y se dedicó a disfrutar de la opera. No era teatro, pero, debía de decir que era una representación interesantísima. Con gesto sereno aplaudió, junto al resto de espectadores, cuando la obra terminó. Después salió a la recepción que había fuera, si la primera parte de la recepción era de tanteo, esta parte era la de resolución.

Con gesto ausente se movió por la sala, más que hablando, observando, no tenía especial interés en hablar, ni con el nuevo, el cuál debía de ser un guerrero a juzgar por su aspecto. Apenas tuvo tiempo de deambular brevemente cuando alguien le anunció que Fern quería hablar con él. Enarcó una ceja, recordando la última conversación que habían tenido.

Siguió al criado que le había avisado y se encontró con Fern que le hizo un gesto para que se sentará, con un gesto se sentó.

- Milord, debo de decir que ha sido una representación realmente interesante.- apenas hubo acabado de hablar que entró Hadrhune. Lo miró con gesto sorprendido y rápidamente se puso de pie y se inclinó ante él.

- Mano del Altísimo.- Dijo y permanecía en la posición de reverencia hasta que Hadrhune le hizo una señal para que se sentará.
Las noticias que traía Hadrhune no eran buenas, alguien había intentando interceptar el pergamino y a consecuencia de ellos varios umbrinos habían muerto y un Príncipe había sido gravemente herido. Se encogió casi sobre si mismo. No había calibrado bien los riesgos, había arriesgado mucho. Una voz le decía que era mejor correr el riesgo que cargar él con el pergamino, pero eso era falsas esperanzas.

Mientras, Hadrhune increpaba a Fern, pues éste conforme hablaba parecía dar a entender o translucir que intuía un ataque. Había usado a la Ciudad, pensó con furia, para destapar a los traidores dentro de la Cruzada. Su acción y sus planes habían provocado la muerte de ciudadanos netherinos, gente que merecían más la vida que un vulgar bufón bárbaro con ínfulas de grandeza y poder.

Si él bullía de ira, Hadrhune parecía estar aún más colérico, parecía casi dispuesto a atacar allí mismo a Fern. El bárbaro tenía que pagar por ello. Miró con gesto serio la puerta, posiblemente tuviera más guardias o protecciones en la sala, pero un insulto así exigía satisfacción. Si Hadrhune decidía poner fin a su vida, él tenía el deber de ayudarle y en caso de necesidad dar su vida por la Mano del Altísimo.

Repasó de nuevo los conjuros y tensó brevemente la mano, este insulto no quedaría impune. Pero cuando todo parecía estar a punto de estallar, Fern dijo que algo que cortó la reacción de Hadrhune. Aquél grupo tenía 2 ya pensó con cierta sorpresa.... a pesar de que Hadrhune no parecía transmitir ninguna sensación se paró momentáneamente. Y después dijo.

- Nadie usa a Umbra bárbaro, por esta vez te saldrás a bien puesto que nos has proporcionado una valiosa información, y quizás en un futuro podamos devolverte el favor.

Le miró brevemente, Fern dijo algo pero ni le prestó atención, solo para ver que salía de la habitación. Él se volvió a inclinar ante Hadrhune.

- Mano del Altísimo, he fallado, mis acciones han supuesto un riesgo para la Ciudad y uno de los Príncipes ha sido herido a causa de ellas. Aceptaré la vergüenza sobre mi nombre y sobre mi familia.- dijo con tono más quedo, un umbrino sabía aceptar sus fracasos y lo que suponía para ello. La incapacidad de aceptarlos o las excusas solo hacían que aumentar la vergüenza sobre la familia. Y él, no avergonzaría más a su familia y sus antepasados.

- No será necesario, tú labor satisface al Altísimo además de ser un honor para tú familia. Tanto ellos como la Ciudad están orgullosos de ti.- Y con un leve gesto desapareció.

Después de la reunión salió brevemente de la habitación donde un criado le esperaba para guiarlo de nuevo a la recepción, y para evitar que husmeará pensó. Allí miró brevemente a Fern, esta vez los Príncipes te han perdonado, pero la próxima vez no tendrás esa suerte. Umbra sabe ser paciente y domeñar su orgullo y, sobre todo, recuerda el pasado y a sus enemigos.

Después se perdió en la recepción, las últimas palabras de Hadrhune le habían alegrado, sus acciones honraban a su familia. Confiaba en esta buena noticia fuese el paso previo a conseguir llevar la información que los Príncipes querían. Pero para ello, necesitaría mayores sacrificios pensó mientras veía como Dueris se iba. No le prestó más atención, si el enano no era capaz de ser responsable no merecía la pena perder energías con él.

Habló con el resto del grupo, más que nada porqué el protocolo lo exigía, no tenía especiales ganas de ello. Habló con el nuevo también, pero conversaciones “ligeras” de muchas palabras pero poca trascendencia. Era la costumbre en estas recepciones. Una vez hubo cumplido lo que se esperaba de él y lo que exigía el protocolo, se despidió del resto del grupo.

Con pasos lentos, se dirigió a un rincón apartado, sumido en la oscuridad, donde se mantuvo quieto unos instantes y entonó una plegaría a Shar, no le pidió falsas esperanzas, simplemente le agradeció el manto que tendía sobre la Ciudad y sus habitantes. Después más relajado, se fue a la posada donde se alojaba.

Allí subió a su habitación, se aseó y con gesto tranquilo limpió su barba y después se recogió su pelo en una cola. Algunas veces lo hacía, le era más cómodo. Durmió brevemente. Después se vistió con su vieja túnica y se levantó para estudiar su libro de conjuros. Una vez preparados todos los conjuros que creía necesarios, se encaminó hacía la taberna donde pidió una copa de vino que apuró mientras meditaba sobre la misión que tenían encima.

Disfrutó la copa sin prisas, sabía que iba bien de tiempo. Apuró el final del vaso de un golpe y fue a la taberna de las operaciones especiales donde compró diversos componentes que necesitaba para sus conjuros. Después se encaminó hacía el lugar donde habían quedado con sus compañeros.

Saludó a todos ellos de forma breve y se apoyó en una pared mientras esperaban a reunirse todo. Sin embargo, Dueris no aparecía. Miró brevemente al resto de sus compañeros intentando descifrar sus reacciones. Por fin, el silencio lo rompió Hardash. A su idea se unió Volhm e imaginaba que era la opinión generalizada del grupo.

Suspiró, el enano había vuelto a comportarse como un niño malcriado y carente de todo compromiso. Apretó un puño con rabia al ver semejante niñería en alguien que parecía ser una figura de tanto peso dentro de la Cruzada.

No dijo nada, si fuese por él, iría sin el enano, lo veía como un factor que desestabilizaba, que rompía más que unía. Si tenían que tratar ellos directamente con Pyradar, lo harían. Prefería la franqueza brutal y sus odios hacia los magos que el Dueris que había visto en la posada.

Esperó con tranquilidad a ver quiénes iban a buscar al enano y si tendrían éxito viendo la insensata cabezonería que parecía prevalecer en Dueris.
Recopilación en proceso: Mi versión de la ciudad drow de Eryndlyn.

Ultima recopilación de información: La ciudad calishita de Almraiven

"El poder tiene su propia belleza. Quizá la más bella combinación de potencia y gracia entre las criaturas mortales de Toril sea la de un dragon." Sammaster, Tomo del Dragón

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Kharma
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Mensaje por Kharma » Jue Abr 12, 2007 1:39 pm

PYRADAR

Taberna de Operaciones Especiales

Ya estaban de nuevo con lo de estar unidos. Ahora le había tocado el turno al nuevo clérigo abrir su bocaza para decir lo evidente. Ya estaba un poco harto de que lo dijeran, cada vez que se mencionaba acaban peor. Pyradar echaba de menos la disciplina enana y no esta panda de pensadores egocéntricos, ese era el problema de no tener un líder claro.

A pesar de las tonterías del bien común sin duda cada uno se había decantado por el lado que mas le convenía, como si de un vulgar grupo de mercenarios se tratara. Al final quedo la hoja con los infernales, algo que distaba mucho de la pretensiones del enano. De Alanthir podía esperarlo, le intrigo que el clérigo de Tempus lo escogiera, aun era pronto para saber las cartas que tenia en la mano.

No tenia ganas de discutir, y menos aun de beber en un lugar tan sórdido. Así que se despidió sin ninguna ceremonia y se fue en busca de un lugar mas acorde con él.

Día siguiente, Santuario a Clanggedin


Pyradar se hallaba en el interior del santuario de Clanggedin. últimamente estaba descuidando sus deberes religiosos, quizás la presencia de los humanos le afectaba la mente. Antes de una misión tan importante debía estar en comunión con su dios, la bendición del Padre de la Batalla era fundamental para Pyradar.

Allí estaba de rodillas bajo la pétrea mirada de Clanggedin. Su armadura y armas estaban frente al enano, había pasado horas limpiando y sacando brillo a sus herramientas de guerra, mediante un ritual que implicaba una larga liturgia de grandes batallas de sus antepasados. Dependía de ellas así que era muy importante mantenerlas en perfecto estado, las imprudencias se pagaban caras en el combate.

Frente a él un clérigo de Clanggedin escuchaba con atención los relatos de las batallas durante su ultima misión. El otro clérigo daba su opinión, alababa su buen trabajo o criticaba duramente alguna tontería cometida. Mas miembros de la iglesia se unían a la conversación y cada uno expresaba sus pensamientos. Entre todos consiguieron aumentar la experiencia de Pyradar y así contentar a su dios.

Cuando hubo terminado, recogió sus cosas y se fue a descansar.

Día de la Opera, La Catedral de las Canciones.

Pyradar iba vestido con sus mejores galas, que no había usado desde el comienzo de la Cruzada. Como todo enano dorado hacia gala de numerosos adornos de oro, en especial el broche de su familia que ostentaba el símbolo de su Clan, un escudo con una corona en su interior. Su barba estaba enredada con esmero y por una vez no olía como a sangre y tierra.

La verdad es que no estaba muy confiado con la actual velada. Le habían explicado por encima en que consistía una opera y no era precisamente de su agrado. Pero debía guardar la compostura, ver el espectáculo y largarse cuanto antes. Al menos el lugar era cómodo, solo esperaba que no durase mucho. Al menos agradeció que fuera en su idioma, quizás no fuera tan malo después de todo. El concepto de cantar de aquella forma le desconcertaba pero la historia no estaba tan mal. Sin duda el autor conocía a los enanos y sabia que podía cautivarles, quizás algo recargado para su gusto.

Por fin termino la obra y el corazón de Pyradar seguía palpitando de orgullo y energías renovadas, un nuevo espíritu patriótico por su pueblo. Había descubierto otra forma a parte de la recia piedra para dejar constancia de la gran historia de su pueblo. Quizás no fuera tan buena como la eterna piedra pero su encanto, y parecía que a los humanos le gustaba mas de aquella manera. Sin embargo la velada se trunco al saberse que Fern había aprovechado la ocasión para deshacerse de algunos imprevistos. A Pyradar cada vez le caía peor aquel humano empalagoso y su falta de moral, un cobarde que solo sabia atacar por la espalda y de forma rastrera. Que aquel humano bastardo tuviera algo que ver con la Cruzada le hacia hervir la sangre, quizás su pueblo no merecía recuperar Shanatar si contaban con la ayuda de gente así.

La mañana de la marcha, Aray Burakinae

Por fin tocaba partir hacia su nuevo destino. Ya estaba cansado de tanto esperar y descansar, solo necesitaba un par de días para recuperarse. Aun así no mejoro mucho su humor, la misión no era precisamente de su agrado y las maneras tampoco. Pero había dado su palabra de ayudar a la Cruzada en su empeño y no iba a quedarse atrás por unos contratiempos. Solo esperaba que no afectara a su honor.

Al final se reunió con el resto, no sin antes hablar con el tabernero para cierto material que necesitaría ante los rumores de trolls en su camino. Sin duda serian rivales mas duros que las bestias peludas, aunque quizás le incomodaba mas los seres del averno... Miro al resto cuando llego y algunos no tenían buena cara, quizás la misión no comenzaba tan bien como se esperaba.

Cuando estaban todos se comprobó que Dueris no iba a acudir. ¿En que estaba pensando ese enano? Sabia que tenia algunas ideas extrañas en la cabeza pero dejar que le afectase un ser inmundo hasta tal punto de dejar la misión. Lo podía esperar de un humano pero ¿de un servidor de los dioses?

- Es posible sepa donde se encuentra – respondió a Volhm – hay un par de sitios donde aun puede estar – sin mas se levanto y se dirigió hacia la puerta, no sin antes esperar a ver quien se unía a ellos.

MJ: Pues de momento pido un par de frascos de aceite, yesca y pedernal y 3 frascos de fuego griego. Todo bien envuelto y asegurado en mi mochila para evitar accidentes.
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Shisei
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Mensaje por Shisei » Vie Abr 13, 2007 9:29 am

ARSHIN

Taberna de Operaciones Especiales
Cada uno de ellos parecía marchar a su estilo, Dueris haciendo bastante más ruido del que había esperado, el otro enano también había mostrado su disgusto aunque de una forma más propia de los enanos, uno de los dos magos también lo había hecho, el cual fue el último en ver marchar Arshin ya que con el silencio que tanto le caracterizaba se alejo del resto del grupo, no quería hablar con nadie en ese momento, no iba a permitir que nadie en ese momento le dirigiera la palabra, ya que al parecer nadie podía entender como se sentía.

Tras asegurarse que ninguno de sus compañeros estaba en la sala, se acercó a la tabernera y pidió una habitación, poco le importaba nada y tras averiguar cual era su habitación se apoyó otra vez sus pertenencias y subió con una pinta de la bebida más fuerte que pudieron servirle, la cual se la fue bebiendo al tiempo que ahogaba su tristeza y su frustración en la habitación, en cada trago recordaba a uno de sus amigos perdidos, en cada trago recordaba una promesa incumplida por el momento y en cada trago se iba alejando de la lógica y acercándose a la inconsciencia propia de bebidas tan fuertes como la que estaba tomando.

Día Siguiente, mismo lugar
Nadie sabía donde se había metido y estaba segura que a ninguno de ellos le importaba lo más mínimo que había sido de su persona, unos estaban cegados por vengar a su pueblo, otros satisfechos de la elección emprendida, mientras ella despertaba otra vez en una cama que no conocía y con un dolor de cabeza que bien hubieran podido matarla antes de sentir tamaño estruendo.

Un baño rápido y una comida ligera era la mejor forma de empezar el día, sabía que no tenía porque ver a nadie ese día, así que se lo dedico a realizar katas con ambas dagas, pues pese a no ser una luchadora quería estar a punto y eso era lo único que podía hacer sin que despertara la rabia y el odio de nadie.

Al terminar el día se dedico a reflexionar en el futuro, nada le importaba la misión de los infernales y esperaba que no la necesitarán al 100% de su rendimiento ya que era algo que por ahora lo veía difícil por no decir imposible, tras lo cual se volvió a acostar y espero que el día de la opera fuera lo menos penoso posible.

Día de la Opera
El arte y el espectáculo no eran cosas que parecían atraer demasiado el interés de Arshin, la cual obligada a asistir no evitó en ningún momento mostrar lo molesta que estaba e incluso se permitía miradas de odio y desprecio hacia el clérigo de Tempus el cual en ese momento parecía ser el blanco de toda su rabia pese a no ser el único que no había apoyado la idea de ir tras de los drows, realmente nadie había estado de acuerdo con su idea, incluso el enano que se había marchado enfurecido había tenido más partidarios que ella, lo cual le hacía sentirse sola y furiosa a la vez.

Su mente anclada en el pasado se culpaba de no haberse marchado ella y seguir su cruzada en solitario, sin embargo no pudo evitar mirar a Hardash con una rabia contenida que no podía evitar que reluciera, él mejor que nadie sabía porque ella hacía lo que hacía, sabía que incluso moriría por terminar aquello que su antiguo grupo había empezado, sin embargo no fue así y tuvo que admitir que nunca más formaría parte de ningún grupo.

Aunque no se podía decir que aquello durara demasiado tiempo le dio tiempo a observar a todos los presentes, por un lado Volhm una maga muy poderosa cuya importancia para el grupo era tanto táctica como por el hecho de poseer un poder mágico con el que muchos soñarían, después Hardash un explorador sin igual al que estaba segura que jamás igualaría y cuya orientación el grupo necesitaba más que el agua, después estaba Dueris, un clérigo y un diplomático, sus consejos eran inestimables y por lo tanto era como todos los anteriores alguien a tener en cuenta, el guerrero enano era como ya había mencionado un ser de armas, alguien necesario en la batalla y al que no podían ignorar si querían seguir vivos todos ellos e incluso el nuevo, el clérigo de tempus que era tanto útil tanto en la guerra como en la paz parecía ser más necesario y tener más importancia su palabra que la de ella, una mera aprendiz de exploradora y una picara que no parecía merecerles ni voz, ni voto.

Día siguiente
Todo estaba arreglado. Tras sustituir las raciones que habían sido consumidas en la anterior aventura se reunió con el resto del grupo donde habían quedado, no dijo nada ni contestó a ningún saludo mientras iban llegando y el gesto de no asistir de Dueris le pareció de muy mal gusto y una completa chiquillada. En el momento en el que dijeron de ir a buscarlo y Pyradar ser el primero en salir a su búsqueda se quedó en el lugar donde estaba, nadie había ido a buscarla cuando vieron lo molesta que estaba por la decisión tomada, nadie había ido a buscarla para marchar a una aventura que no deseaba hacer y ella no iba a buscar a Dueris fuera donde fuera para intentar convencerle que el grupo no tenía que hacer la voluntad de este pese a no corresponderse con el resto del grupo, al menos se iba a permitir la dignidad de no acompañarles.

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Bonaduce80
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Mensaje por Bonaduce80 » Sab Abr 14, 2007 12:14 am

ALBERIC DE TEMPUS


Asi que se habia decidido. Irian tras la pista de los demonios. Era su voto el que habia decidido el camino que seguirian, pero eso solo aumentaba el pesar de Alberic. Sentia que de algun modo su destino pesaria sobre sus hombros, aunque sabia que no era el unico que habia votado a favor de esta mision. Cuales serian los motivos de los demas? Los del enano Dueris estaban bastante claros, pero en su estado mental, tal vez lo mejor hubiese sido dejar aparcado ese objetivo, al menos por el momento.

Mientras seguia en estas cavilaciones, tras las incomodas pero no por ello menos reales observaciones de la semizorra, vio una jarra de cerveza deslizarse sobre la barra hasta quedar parada frente a el. Miro a un lado, un tanto sorprendido, y vio que el hombre del sur, el tal Hardash, se la habia mandado con suavidad y precision al tiempo que tomaba otra con la mano diestra y atusaba con suavidad su bigote con la zurda.

-¿Lleváis mucho en la cruzada?- dijo el surenho.
-Algo mas que el que lleva esta jarra en la barra, supongo- replico con una sonrisa-, pero me temo que poco mas que unos dias; lo justo para ponerme al dia de los acontecimientos que han ocurrido recientemente y ser "honrado" con el destino en Operaciones Especiales.- Alberic no hizo ningun esfuerzo para ocultar su desden por este destino.
"Por lo que he oido ya habeis tenido algunas experiencias con las bestias que pueblan la Suboscuridad. Yo mismo tuve mis escarceos con ellas hace algunos anhos... En realidad creo que esa es buena parte de la razon por la que me encuentro aqui. Y tu, muchacho? Disculpa que me salte un poco la etiqueta, pero no me resulta comodo hablar de 'vos" a alguien con quien tendre que compartir campamento y enemigos en poco tiempo..."

Puesto que parecia que todos los miembros de este grupo de circunstancias se marchaban aduciendo excusas o simplemente tomando la puerta, como el enano Pyradar (algo que parecia ser algun tipo de tradicion enana), Alberic se quedo un rato mas hablando y bebiendo con el joven Hardash (al menos, a el se lo parecia... Medir la edad de la gente del sur le resultaba harto dificil.) Pero al final, cuando Hardash empezo a sugerir medio borracho que podian jugarse su anillo favorito contra el bonito guantelete que Alberic llevaba, decidio que era mejor marcharse a descansar hasta el dia siguiente.

Dos noches despues, llego el dia de la opera. Estuvo dudando si el protocolo implicaria llevar su armadura de mithril (a fin de cuentas, era el "atuendo ceremonial" clasico), pero decidio que la discrecion seria mas apropiada para este tipo de espectaculos decadentes tan tipicos en meridion. Asi pues, llevo la tunica corta de color rojo encarnado con los rebordes ambarinos que le representaba como un sacerdote de rango elevado en la orden, con el simbolo sagrado bien lucido sobre el pecho, y Alba de la Victoria enfundado en su mano derecha. Los clerigos de Tempus no son particularmente ostentosos, pero mejor dejar claro de que lado esta cada uno.

Al llegar de nuevo al impresionante edificio, sintio su espiritu elevarse una vez mas. Su devocion era hacia la batalla, pero toda belleza admite una lucha interior, un combate por dominar la habilidad y el talento de cada uno que incluso el mas hosco sacerdote del Martillo de Enemigos tenia que admirar. Asi pues, entro en el edificio para encontrarse con aquellos con los que estaba unido por el deber. Algunos de ellos parecian haber buscado sus mejores galas para la noche. La mujer de Halruaa, pese a no ser especialmente bella, vestia de una forma exotica que llamaba la atencion. Aunque desde luego no tanto como Pyradar. Alberic habia conocido a algunos enanos en el norte, pero aunque las similitudes eran obvias, no parecian llevar este porte altanero y orgulloso del guerrero: no sabia mucho de historia enana, pero intuia que un peso caia sobre los hombros de los enanos del norte. Tal vez esta Cruzada fuese lo que hacia que el Pueblo Recio se sintiese tan seguro de si mismo para que el enano se comportase asi. O puede que fuese simplemente su caracter.

La opera discurrio en un espectaculo de belleza y orgullo patrio. Dudaba de que los enanos hubiesen compuesto un tema como este de la forma en la que se representaba, pero en cualquier caso suponia una exhibicion de habilidad y sentido escenico admirables. Hubiese sido una velada ideal si no fuese por las miradas venenosas que le dirigia su "companhera" de grupo. "Que favor le habre hecho para que me desee tanto mal?" , se pregunto. Al principio decidio no darse por aludido, pero al cabo de un rato, un tanto molesto, le dedico la mas simpatica de sus sonrisas desde el otro lado de la tribuna.

Tras la opera, volvieron a reunirse algunos de ellos. Parecia que el enano Dueris habia partido; aun no habia tenido ocasion de cruzar palabra con este enano, y la verdad es que resultaba una incognita un tanto molesta, dado que al dia siguiente estarian bajando una vez mas a zona de guerra. Ir con un desconocido no era precisamente un pensamiento de su agrado.

Asi, se fue a reunir con la halruaana, que parecia moverse en medio del evento con el aplomo de alguien confiado en si mismo... tal vez demasiado. En cualquier caso, hablaron de manera un tanto intrascendente sobre sus respectivas tierras. Dos autenticos desconocidos, que deben verse mutuamente como seres de otro plano, penso. Y sin embargo, henos aqui, unidos por el deber a nuestras causas.

Le hablo someramente de los Valles, de su servicio a Tempus, y de su viaje hacia el sur, pero sin entrar en detalles. Ella misma parecia un tanto hermetica respecto a su tierra. Alberic se pregunto si los rumores de secretismo y aislamiento sobre la magica Halruaa serian como habia oido, pero por lo visto, ello no hacia que sus habitantes no pudiesen resultar habladores y hermeticos al mismo tiempo.

Mientras hablaban, les llegaron rumores de que Fern habia decidido reunir a algunos espectadores de la opera con los enanos cuya historia se contaba en ella frente al trono de Kelemvor. "Ah, nada como la diplomacia al estilo zhentarim para sentirse en casa."

-Me pregunto quiénes serían ésos, y cómo se habrían interpuesto en el camino de Fern…- dijo la joven.

-No sabria deciros, milady Volhm, pero intuyendo al personaje, no creo que haga falta hacer nada en concreto para interponerse en su camino. Yo, personalmente, no ardo en deseos de averiguarlo. Parece que no hay escasez para los buitres en estas tierras, si entendeis que quiero decir...

Finalmente, llego el momento de despedirse y prepararse para los azares del viaje. Sentia por fin ese hormigueo en la boca del estomago, sabedor de que la hora de la batalla se aproximaba. "Pero esta vez no vas solo a luchar. Tienes una mision y un objetivo, para con tus hermanos y tal vez para con toda la Cruzada, si algun dia va a llegar a buen puerto."

Una pena que no se lo pudiese contar a nadie, pero tal vez el grupo fuese a una tumba horrible. Aun asi, era su deber. Tempus lo exigia.

Al dia siguiente, el grupo se reunio para partir. El habia tomado algunas precauciones con su equipamiento, previendo algun encuentro con trolls, como les habia sido advertido, y tambien algo de agua bendita. No era cuestion de dejarselo facil a los demonios, penso. Iba ensimismado en sus preparativos cuando vio que una criatura del tamanho de un buey con tenazas y un enorme aquijon se movia haciendo ruidos detras de Hardash.

-Caztul! Que es esa criatura, Hardash?- grito mientras echaba mano al hacha que pendia a su espalda.

Tras el susto, algunos companheros, Volhm y Hardash sobre todo, se mostraron preocupados por la ausencia del clerigo Dueris. Decidieron ir a buscarle. Alberic no hubiese tenido problema alguno en marchar con ellos en otras circunstancias, pero despues de la noche anterior, decidio que habia llegado el momento de tener una charla con cierta dama de piel morena y melena blanca. Un escalofrio prenhado de dolorosos recuerdos le dio un latigazo en su espalda, pero su voz fue serena al hablarle a Arshin aparte del grupo.

- Joven, creo que tu y yo deberiamos hablar.


MJ: aparte del equipo estandar, Alberic se ha hecho con una pequenha provision de fuego griego (o como se llame aqui, tres frascos), aceite estandar (tres frascos tambien), y ha preparado algunos viales de agua bendita (8 frascos, que intentara distribuir entre todo el grupo tan pronto como empiece el viaje.)
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artemis2
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Mensaje por artemis2 » Mié Abr 18, 2007 1:52 pm

28 de Flamerule del 1372, Grandnor

Se habían abierto una serie de enclaves de guardia, y reabierto pensasteis al llegar al puesto fronterizo donde sirviera Ambert, a lo largo de la ruta hacía Grandnor para asegurarla frente a ataques de quaggots o de trolls, aunque se rumoreaba que cosas peores consideraban aquellos túneles sus terrenos de caza. Aunque esta seguridad contrastaba con la tensión que todos sentíais, si en Grandnor habíais sido un grupo desunido ahora estabais en una abierta ruptura. La tensión originada por la elección de la misión había alcanzado un punto que se os antojaba irreal, casi forzado, y desde luego nada lógico, aunque el hablar del tema no fue la tónica durante aquel viaje empapado de un silencio embarazoso.

La ciudad había cambiado mucho desde vuestra última visita. A la anterior quietud agrietada que le había proporcionado a la ciudad sus siglos de abandono se había sumado ahora la ciega destrucción de la guerra abierta. Edificios destruidos, los anillos exteriores cegados, el coliseo convertido en ruinas aun humeantes, el puerto trasformado en una improvisada muralla, y las plazas-santuario, de los antiguos habitantes de Sondarr, en campamentos militares. La ciudad que hace tan solo un par de decanas recordaba orgullosa su prospero pasado se había convertido ahora en una ruina prácticamente irrecuperable.

Un grupo de soldados os esperaba vuestra llegada, avisado seguramente por alguno de los puestos de guardia cercanos, para llevaros ante el comandante de la guarnición de Grandnor, la punta de lanza de la Cruzada Dorada hacia el oeste. El warbeard Graddock era un enano de mediana edad que se había granjeado fama de ser duro pero dar aun más de lo que pedía, y las vendas aun manchadas sangre que cubrían el costado derecho de su cara, mientras indicaba a sus lugartenientes una serie de puntos en un plano, de Grandnor así lo atestiguaban.

- Supongo que vosotros sois el grupo de Operaciones Especiales mandado a meterse en esos túneles infernales.- Dijo Graddock mientras despedía a sus subordinados con un gesto que ellos respondieron con un saludo marcial, el warbeard no parecía ser de los enanos que entendían de sarcasmo ni de buen humor.- En fin, supongo que peor lo tienen los que han salido esta mañana tras ese maldito mago humano y sus arañas a territorio troll.- Masculló el comandante, famoso por sus opiniones en contra del uso de magos humanos en la Cruzada, aunque nadie podía tacharle de desperdiciar tropas cuando el alto mando le ordenaba usarlos.

- ¡Silencio!- Ordenó el warbeard con un tono marcial que todos obedecisteis aun antes de pensarlo cortando vuestras respuestas y preguntas a medias.- No se que costumbres tendréis en Operaciones Especiales pero mientras estéis en mi guarnición acatareis las mías. Así que solo hablará uno a la vez, y a ser posible tan solo lo hará el de mayor rango, si es que lo tenéis.

Tras apenas unos pocos minutos con el comandante, durante los cuales la mirada del cual se cernía como un varazo sobre todo aquel que cometía alguna incorrección, sonó el grito de alarma. Las fortificaciones occidentales, aun en construcción, estaban siendo atacadas.

- Seguidme, quizás pueda encontraros una utilidad después de todo.- Dijo Graddock mientras recogía su gran hacha y un asistente le seguía con su yelmo y escudo hacía la zona del ataque.

Frente a un pequeño muro aun en construcción pudisteis ver una unidad enana empeñada en contener a un grupo de una veintena de trolls, todo un ejercito que ya comenzaba a sobrepasarles cuando los refuerzos aun estaban alejados. Pero lo que más os llamó la atención fue un humano, o al menos lo parecía por sus formas, de unos siete pies, enfundado en una pesada armadura de placas y mallas y un horrible yelmo cuya placa frontal parecía un cráneo de algún tipo. Una raída capa de un oscurecido color carmesí colgaba a su espalda, y en sus manos dos horribles espadas bastardas bailaban a medida que iba segando la defensa enana como trigo maduro.
Las opiniones de este usuario, por increible que parezca, son opiniones, y como tales deben ser consideradas.

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Kharma
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Mensaje por Kharma » Jue Abr 19, 2007 7:07 pm

PYRADAR

De camino a Grandnor

Por fin habían partido hacia su nuevo destino. A pesar de las riñas en el grupo Pyradar se sentía mas relajado. Era hora de dejar atrás las rencillas y concentrarse, aunque acabar con los demonios no era de su agrado como buen soldado sabia acatar las decisiones. Si había que acabar con aquellos bastardos pondría su martillo y todo su empeño en la tarea.

Desde luego no le iba a afectar la mala sangre del resto, aun así tenia sus preocupaciones. Su apoyo en el frente, Xandros, ya no estaba y dudaba aun de la fuerza del nuevo integrante. Aun era temprano para juzgarle, hasta que no lo viera en combate no se quedaría a gusto. Ademas aun quedaba el resto de humanos, que a parte de Hardash, aun desconfiaba de ellos. Y Dueris parecía estar muy afectado por ellos, al menos le habían convencido de que fuera con ellos.

- Me alegro que estés al frente de nuevo – le menciono a Hardash cuando partieron. Llevaba el martillo apoyado sobre su hombro mientras andaba algo retrasado con respecto al explorador. Aunque el camino volvía a ser seguro uno no podía confiarse en la Suboscuridad.

- Aunque sea un camino familiar, no te confíes – de vez en cuando lanzaba una mirada a Laab por si acaso – la Suboscuridad siempre guarda alguna sorpresa en sus esquinas.

Tampoco quería extenderse, el silencio parecía flotar en el grupo y el ambiente no era muy amigable. No podía evitar mirar de reojo a Arshin que parecía estar muy unida a Hardash, no decía nada pero en su cara se podía ver que estaba de morros.

Suspiro, iba a ser un viaje mas largo que el anterior.

Ciudad de Grandnor

Contemplar el actual aspecto de la ciudad acongojaba a su corazón, era aun peor que la ultima vez que estuvieron. La guerra devastaba su preciado legado pero el precio que debían pagar para recuperar lo que era suyo. La mirada de Pyradar se encrudeció, iban a pagar muy caro su atrevimiento.

Realizo un saludo marcial al Warbeard y se envaro esperando su visto bueno. No reacciono ante la indisciplina del resto de su grupo y aguanto la posición ante los gritos de su superior. Estaba acostumbrado, no se movió y escucho con atención.

Antes que alguno volvería a dejarle en evidencia hablo, debían obtener información antes de adentrarse en busca del pozo.

- Señor, necesitamos un informe de la zona de batalla para poder evaluar nuestro avance – un tono formal y directo, sin mas pretensiones.

- No, no lo necesitáis, pero te lo diré hijo, pareces un enano de fiar.- Respondió Graddok tras observar a Pyradar un rato.- No existe ningún campo de batalla. Borramos a los kuo-toa de la ciudad y arrasamos el puerto impidiendoles llegar con facilidad a tierra firme y acabos con la infestación del coliseo, pero ni los trolls ni ese maldito líder suyo plantean una batalla abierta, si no que parecen que solo quieran retrasar la fortificación de la ciudad.

No dijo nada ante sus formas, al menos eran buenas noticias.

- Necesitamos la localización del pozo que debemos investigar y su situación actual - lo mas importante para ellos.

- Los túneles están cerca, en la ciudad, no muy lejos de lo que parecen una serie de antiguas madrigueras kobolds que esos bichos debieron destruir.- Respondió el warbeard metódico mientras revisaba un informe.- Los túneles están sellados, pero los prepare para que un pequeño destacamento pudiese entrar con ayuda como indicaron las ordenes.

- También nos informaron de una criatura infernal que escapo del pozo y comanda un grupo de trolls, ¿se tienen noticias sobre sus actividades?

- Constantemente, ese maldito cobarde ataca y huye, sin entablar una autentica batalla ¿Que podía esperarse de un producto de la magia humana?- Respondió el warbeard endureciendo la mirada, como si su corazón de granito guardase una generosa ración de odio contra ese demonio.

Miro a sus compañeros a la espera de si querían añadir algo mas, aunque con les lanzo una mirada como si dijera que no volvieran a hacer enfadar al Warbeard. Pero no pudieron continuar mucho mas, un grito de alarma sonó por todo el campamento.

Cuando llegaron al muro, la escena no era muy prometedora, el enemigo parecía ser poderoso. La sangre de Pyradar volvió a fluir con fuerza y se permitió una mueca bajo el casco.

- Ese malnacido es mio – dijo avanzando hacia la refriega – intentad que no me rodeen.

Avanzo directo a la criatura enmascarada abriéndose paso con el escudo.

MJ: intento avanzar de forma normal y enfrentarme con el de la mascara intentando llamar su atención.
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Mensaje por Raelana » Sab Abr 21, 2007 11:59 pm

HARDASH

De camino a Grandnor

Iba el primero, como siempre, aunque ya conocían el camino pero nunca estaba de más tener cuidado. A veces miraba hacia atrás ¿se matarían sus compañeros entre ellos mientras él avanzaba? Parecían estar tranquilos pero tensos, pensó en intentar animar la conversación durante alguna de las paradas pero desistió ante el temor de que desembocara en otra pelea. Era mejor que permanecieran en silencio, aunque se miraran con reticencia. Le preocupaba que Arshin mirara con malos ojos al nuevo compañero. Es mejor eso a que lo mire bien, se decía a sí mismo, pero lo cierto es que hubiera preferido que no lo mirara en absoluto.

La voz de Pyradar lo sacó de sus pensamientos, demasiado sombríos y no precisamente por la oscuridad que los rodeaba sino por la tensión palpable entre los miembros del grupo. Se preguntó si lo que lo ponía nervioso era esa tensión o el hecho de estar caminando bajo tierra. Quizás ambas cosas.

-Me alegro que estés al frente de nuevo. Aunque sea un camino familiar, no te confíes, la Suboscuridad siempre guarda alguna sorpresa en sus esquinas -le dijo el enano, Hardash sonrió ante el cumplido. Pyradar no era de los hacían a menudo.

-Tanto como lo que podamos encontrar delante, me preocupa lo que llevamos detrás -le confió en voz baja, mirando de soslayo al resto del grupo-. Espero que cuando estemos realmente en peligro no empecemos a pelearnos entre nosotros.

Se atusó el bigote. Lo malo de la suboscuridad es que no tardarían mucho tiempo en tener ocasión de hacer la prueba. No estaba mal del todo. Los días de descanso lo estaban anquilosando, aunque no podía negar que lo había pasado bien.

Ciudad de Grandnor

En la ciudad los recibió un enano con bastante buen humor, lo primero que hizo fue ordenar que sólo hablara uno de ellos, ¿le habrían llegado rumores acerca de ellos? Dejó que los demás hablaran mientras él se mantenía al margen. Los enanos se entendían mejor entre ellos.

Las cosas no parecían ir demasiado bien en la ciudad, aunque los enanos parecían inmunes al desaliento. Había un problema y se enfrentaban a él. Terminarían reconstruyendo la ciudad, recuperando todo su perdido imperio. Todo era cuestión de tiempo y esfuerzo. Y él era parte de algo tan importante. Se atusó el bigote con satisfacción.

La alarma hizo que torciera el gesto, tampoco hacía falta empezar a ayudar tan pronto. Podrían haberse quitado el polvo del camino primero y haber comido algo. Los atacantes no tenían ninguna consideración y el enano pareció encontrarlos deseosos de entrar en combate. ¿Lo parecían? Hardash habría preferido escaquearse esa vez y descansar un poco pero las órdenes del enano no parecían admitir réplica alguna.

Pyradar se lanzó enseguida a por el humano que parecía comandar el grupo de atacantes, dándoles órdenes a los demás y sin pararse a pensar que quizás el resto del grupo prefería hacer otra cosa. Desde luego el warbeard debía pensar que él era el jefe del grupo. No tardaría en darse cuenta del error, en cuanto abrieran la boca los demás. Por el momento, a Hardash no se le ocurría otra cosa que obedecer así que sacó su alfanje y se lanzó a la refriega, intentando cubrir a Pyradar. Cuanto antes acabaran con esos trolls, antes podrían sentarse a disfrutar de una buena comida.

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MJ avanzo intentando cubrir a Pyradar y ayudarle a avanzar hacia el enmascarado
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Deberíamos dar gracias por los pequeños favores de la vida, como dijo el gnomo cuando se voló una mano cuando podría haberse volado la cabeza.


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Mensaje por Larloch » Dom Abr 22, 2007 7:13 pm

ALANTHIR

Suspiró, no era suficiente tener que ver como el enano se comportaba como un insensato y mostraba una conducta poco menos que insultante para sus tradiciones. Quizá deberían de plantearse todos ellos el si realmente el enano valía la pena de llevar. A los inicios el enano había sido útil, no solo por sus habilidades si no por su habilidad como contrapeso, sabía equilibrar y moverse en un grupo que era cualquier cosa menos un grupo organizado.

Pero ahora.... empezaba a pensar que era como una runa mal escrita en un conjuro, un estorbo y un elemento que solo provocaba problemas. Primero había sido la discusión, ahora esta plantada absurda. Algunos se prepararon para irle a buscar, él simplemente se apoyó en una pared y sacó su libro de conjuros y empezó a repasar diversos conjuros. No lo necesitaba, pero ya sabía que la espera sería larga. Más le valía aprovecharla.

Pero no fue lo único que les distrajo, el nuevo y Arshin parecían discutir, la halrueiana se puso de por medio. Suspiró, aquello era un desastre. Vio como le miraba la maga, y rió por dentro al ver como le seguía mirando. Era curioso que ella fuese a pedir unión cuando era incapaz de ir más allá de sus ideas por el bien de la misión.

En la primera discusión había tenido claro que si era necesario, por el bien de la Ciudad mataría a quién fuese necesario, pero viendo tal como estaba el grupo casi le parecía que lo mejor era dejarlo de golpe. Pero ahora no se podía echar atrás, la presencia de magia le intrigaba y sobre todo, tal como estaba parecía que pocos problemas o recelos despertaba su presencia. Suspiró iba a ser un largo viaje.

Le hizo reír los comentarios de la maga sobre Dueris. ¿Un accidente? Palabras vacías para cubrir una actitud ignominiosa e insultante. Alzó la mirada levemente, aunque fuese nuevo la verdad siempre era más tolerable que una mentira para ocultar la vergüenza de otro.

- Milady Volhm, todos sabemos porqué no esta Dueris, no hace falta decir más sobre él, id a buscarlo y pongamos punto final a esta espera.- dijo esto de forma comedida sin alzar la voz, ni sin estridencias, simplemente señalando lo obvio.

Después se hablar se volvió a concentrar en leer el libro y en ignorar cualquier respuesta del resto del grupo ni en seguir la “conversación” del nuevo y Arshin. Parecía que las relaciones tensas no lo eran solo entre él y la maga.

Una vez vio llegar al resto del grupo con el enano se lanzó una variante de los conjuros de Nalevac que le permitía ver en la oscuridad sin problemas. Una vez completado, empezó a marchar con el resto del grupo hacia su próximo objetivo.

El viaje había sido lento, casi pastoso, con pocos comentarios y con poco humor por parte del grupo. Avanzaban sin más, sin hacer comentarios, parecía que la animadversión contenida ahora había explotado y se hacía palpable. Era una mala señal.

Fueron atravesando los diferentes puestos y controles que habían instalado los enanos hasta que llegaron a Grandnor. El cambio desde la última vez había sido grande, los efectos de la batalla se habían dejado sentir y sobre todo en el nuevo warbeard.

Notó su mirada mientras le observaba. Por lo que parecía al enano no le gustaban los magos, seguramente haría buenas migas con Pyradar. Él era el que les guiaría, con lo que se limitó a guardar silencio mientras observaba y escuchaba lo que tenía que decir el enano.

Pyradar empezó a preguntarle, era lo mejor, las formas de ambos eran lo suficientemente bárbaras como para que pudiesen llegar a un entendimiento. Era mejor así, cualquier otro no hubiese sacado más información.

Y de repente sonó el cuerno, y vio como todos se trasladaban a cubrir la muralla. Había coincidencia, casi parecía que estuviese esperándoles. En circunstancias normales nunca hubiese pensado algo así, pero tras la experiencia con Alambert dudaba de que pudiese haber coincidencias de por medio.

Observó como Pyradar cargaba sin más. Suspiró, podía usar su magia para cortar la retirada a los trolls y cualquiera que entrase, pero los enanos estaban demasiado mezclados. Poco le importaban, pero.... miró brevemente alrededor ara darse cuenta que no era la mejor opción. La otra opción, la sensata decía de usar magia para ayudar al grupo, pero de nuevo lanzarle un conjuro a Pyradar sería tener que discutir con él durante horas y posiblemente ver a la maga de Halruaa lanzándole conjuros durante varias horas más para evitar que “se corrompiera”.

Suspiró, como en todo, lo mejor era examinar el campo de batalla y después con tranquilidad actuar. Una vez el grupo se hubiese desplegado, él lanzaría sus conjuros. Hacer cualquier otra cosa sería estúpido.
Recopilación en proceso: Mi versión de la ciudad drow de Eryndlyn.

Ultima recopilación de información: La ciudad calishita de Almraiven

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Mensaje por Iridal » Dom Abr 22, 2007 10:07 pm

VOLHM
22 de Flamerule, Aray Burakinae, Tethyr


No le gustó lo que el hereje dijo, demasiadas cosas daba por sentado.

-¿Y cómo sabes eso con toda seguridad? Sois duro con vuestras apreciaciones, Alanthir, y aunque yo también lo he pensado, prefiero conceder el beneficio de la duda. Dueris es más terco y extraño de lo que yo pensé en un principio. Pero aun así es nuestro compañero, y no sabemos lo que realmente le ha pasado. Es nuestro deber comprobar qué ha pasado. Y, si a vos no os preocupa, a mí sí lo hace, y mucho. ¡Bastante desunidos estamos ya para olvidar que existe algo llamado lealtad!

Añadió con amargura:

-Si fuerais vos quien no os hubierais presentado sin decir nada habría ido a buscaros también, aunque no lo creáis, y eso a pesar de mis convicciones. –Y sin más se dio media vuelta, e hizo una seña a Pyradar para que les guiara hasta Dueris.


28 de Flamerule del 1372, Grandnor

Ruina y decadencia. Volhm arrugó la nariz al ver lo que la guerra había hecho en aquella zona, algo que ni siquiera el paso de los siglos había conseguido. Dirigió una mirada de soslayo a Alberic, sabiendo que él no compartiría su opinión. ¡Aquellos hombres amantes de las batallas!

-Es una lástima… reconstruir esto será un trabajo de titanes. Esperamos que algún día podáis conseguir la tranquilidad necesaria para traer de nuevo el esplendor a este sitio… -les dijo a los enanos, bien que no comprendía muy bien por qué deseaban los enanos vivir tan lejos del sol. Ah, sólo unos días de viaje y ella ya volvía a echarlo de menos.

En los últimos días había hablado mucho, pero, ¿sus palabras habían caído en oídos sordos? Quien sabía. Sin embargo, había dejado de lado su orgullo, y había procurado acercar a aquel grupo como había podido. El conocimiento siempre es una fuente segura de poder, y por ello había intentado que todos se conocieran mejor, mediante preguntas e historias, que aunque fueran triviales, mejor era eso que el silencio que agrandaría el abismo que los separaba. ¡Por Mystra, que ya era hora de que dejaran de comportarse como niños malcriados!

Así que habló con Arshin, preguntándole sobre su vida e intentando establecer con ella, la única otra mujer del grupo, un poco de camaradería femenina. Preguntó a Hardash sobre Calimshan, le habló de los lugares que había visitado cuando estuvo en su país. Le preguntó a Dueris sobre la historia de Sondarr y del antiguo Shanatar, aquello les haría sentir un poco más cercanos a aquel conflicto que en realidad no era el suyo. Le preguntó al nuevo clérigo por su historia, y por qué se había mostrado tan tenso al mencionar, en la conversación con Arshin, a los drows. Con Alanthir era más difícil hablar, aunque fueran intrascendencias, pues a pesar de su larguísima conversación en el templo enano todavía les separaba un abismo muy amplio; un abismo que probablemente nunca podría desaparecer por completo. Pero le preguntó cortés por el periodo de asueto, y siguió especulando con él sobre lo que había afectado a Ambert, y cómo evitar que aquello pudiera repetirse con uno de ellos. Paradójicamente, fue más difícil incluir a Pyradar en la conversación.

¿Cómo dirigirse a alguien que odiaba lo que era ella, que no le había demostrado una sola muestra de consideración en todo el tiempo que se conocían? Lo pensó, pero no fue capaz de encontrar un tema común de conversación, así que simplemente le incluyó en la tertulia con Dueris.

-Contadnos, Pyradar, Dueris, ¿habéis averiguado algo interesante sobre aquella reliquia? –Pero finalmente le preguntó-: ¿Sigues negándote a que potencie tus capacidades de lucha con mi arte, Pyradar? Ahora que me conoces sabes que mi arte no te haría daño...

Aun llevaba las botellas de vino en su equipaje, no había encontrado el momento de compartirlas. No en aquel ambiente enrarecido, ciertamente. Pasará, pasará, se dijo ella. Los comienzos siempre son difíciles...

Al fin llegaron a la guarnición, y les condujeron ante el comandante, que respondía al título de Warbeard. Cuando, en respuesta su pregunta, Dueris le tradujo el título, Volhm no pudo menos que esbozar una sonrisa. ¡Qué pintorescos eran los enanos hablando!

La sonrisa se le había borrado mucho antes de encontrarse ante el enano. Al parecer el anciano de guerra –tradujo mentalmente el título a algo más digno que un cargo que incluyera la palabra “barba”- no gustaba de los magos. Por el amor de Mystra, ¡cómo era aquella raza!

Volhm inclinó levemente la cabeza ante el enano, reprimió un bufido cuando él mencionó que hablasen de uno en uno -¿acaso se pensaba que no tenían educación?-, y permaneció discretamente en un segundo plano durante toda la conversación. Un diplomático ha de saber cuándo hablar y cuándo callar, o al menos eso decía Kadisha. Tal vez debería empezar a practicar, por si al final la Dama guiaba sus pasos, después de todo, a los planes que Kadisha había albergado para ella. Aun así, casi no pudo impedir torcer el gesto cuando el comandante habló de “aquel maldito producto de la magia humana” ¡Cuánto desconocimiento! ¡Cuánta ignorancia! Tratar así al arte de la Gran Dama, como si solo fuera una fuente de problemas, y no también el origen de muchas maravillas...

-Pregúntale si “el mago humano y sus arañas” han vuelto a dar problemas por esta zona –le susurró a Dueris-. Pregúntale qué clase de ataques y estrategias siguen esos trolls aparte de rehuir la batalla abierta, si siguen algún tipo de formación o de añagazas en particular, si han encontrado alguna vulnerabilidad o punto fuerte reseñable en su organización y formas de ataque. Pregúntale si siempre comparecen en número semejante, o van variando el número de sus fuerzas atacantes...

Le hubiera gustado preguntar ella misma, pero con semejante animadversión ante los magos, mejor que hablaran los enanos.

Cuando sonó el grito de alarma, Volhm arqueó una ceja, preguntándose qué tal se le daría combinar su arte con aquellos enanos que no estaban acostumbrados a combatir con el auxilio de la magia. Pero incluso antes de que el Warbeard terminara de hablar, Volhm ya tenía su cetro entre las manos, mientras pronunciaba un conjuro que le permitiría volar.

Una vez en el campo de batalla, evaluó la situación son una sola mirada, y se encogió de hombros. Esta vez no perdería el tiempo discutiendo con sus compañeros para intentar obtener una estrategia conjunta. Parecía que tendrían que aprender a combatir juntos por las malas.

-Os voy a hacer más fácil el trabajo a los melee con ese tipejo de las espadas. Luego me centraré en los trolls –dijo ella, moviendo ya las manos en los pases de un nuevo conjuro.

MJ: En el primer asalto se lanza invisibilidad mejorada. En el segundo, se acercará volando al humano de las bastardas lo justo para cumplir con el alcance del conjuro y lanzará Guided shot (acción rápida) y en el mismo asalto el ray of clumsiness potenciado (entre la invisibilidad y el guided shot se anulan todos los modificadores a la CA del tipejo, incluido el de destreza, y recuerda que su ataque estará aumentado en +2 por el invisibilidad) En subsiguientes asaltos se centrará en los trolls; si es necesario lanzar conjuros de área, usará telaraña, ralentizar o los tentáculos negros, dependiendo de cómo estén agrupados los trolls. Si no es necesario o no se puede usar conjuros de área, atacará con fuego (Rayos abrasador) o Ácido (flecha ácida)

Prolonga el conjuro de vuelo, claro.
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Shisei
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Mensaje por Shisei » Mar Abr 24, 2007 12:49 am

ARSHIN

Camino a Grandor

Otra vez delante del resto del grupo, aunque intentaba mantener el punto justo en el que no estuviera ni demasiado cerca, ni demasiado lejos de Hardash, pues pese a apreciar su compañía tampoco quería que el uno estorbase a la precisión y valía de las habilidades del otro. De vez en cuando y en silencio Arshin se adelantaba a su compañero en busca de trampas, obstáculos y posibles emboscadas, para volver al punto inicial en el momento en el que podía decirse que se sentía más o menos segura o cuando este simplemente llegaba hasta el punto donde ella estaba. No necesitaban palabras para comunicarse simplemente con gestos le indicaba que todo estaba correcto.

Realmente en ese viaje no se sentía ella misma, por un lado quería romper esos silencios que empezaban a pesarle, sin embargo Volhm estaba demasiado lejos de ella como para entablar una conversación y Hardash estaba tan ocupado como ella y tenía que tener toda la atención puesta en el camino, pues realmente como había dicho Pyradar aunque el camino sea conocido uno nunca se podía confiar en la suboscuridad; sin embargo estas no habían sido las únicas palabras del enano, el hecho de que se alegrara tanto de la presencia de Hardash denotaba que nunca había valorado las habilidades propias de Arshin lo cual añadido a la antipatía que sentía por el Clerigo de Tempus ya incrementaba el sentimiento de malestar de la joven. Hasta ella misma podía darse cuenta de las miradas que hacía a los miembros del grupo y si quería ser útil tenía que aceptar lo que sentía en esos momentos, la antipatía por el Clerigo de Tempus era tan obvia como el aprecio que sentía por Hardash, realmente Dueris y Alanthir le eran completamente indiferentes, así como que empezaba a sentir un poco de aversión debido a su comentario a Pyradar y aprecia desde hacia ya tiempo a Volhm con quien esperaba poder llegar a tener algún día una relación de amistad.

Durante un leve momento se quedó mirando a Dueris, esperaba que este entendiera que cuando le fuera posible deseaba hablar con él, sin embargo dudaba pues pocas eran las veces en el que la gente entendía el significado de sus miradas y no podía decirse que tuviera demasiada practica con los enanos pues desde que era aventurera sólo había tenido uno en su grupo.

Ciudad de Grandnor

En el momento en el que llegaron hasta el enano enseguida pudo comprobar que tipo de líder era, uno de palabras rudas y feas cicatrices, uno que le gustaba oírse así mismo y hacer las cosas siempre a su manera, al menos Arshin esperaba que fuera tan bueno en la batalla como con la dureza de sus palabras, pues de otra forma sólo sería otro engreído incompetente.

En el instante en el que Pyradar tomó la palabra una parte de Arshin se alegró, ya que eso significaba que no le tocaría hablar, lo cual no molestaba para nada a la calicita. Con interés aunque sin demostrarlo fue prestando atención a la conversación que se estaba teniendo ante ella, por lo que tenía claro ahora mismo Pyradar era tomado como líder de todos ellos ante los enanos, aunque no le molestaba tampoco esperaba que no se le subieran los humos rápidamente.

En el momento en el que sonó la alarma Arshin se estiró un poco predispuesta al combate, sus dos armas favoritas llegaron rápidas a sus manos como si estas estuvieran ansiosas de probar la sangre, sus pasos fueron rápidos y en el momento en el que llegaron ya estaba preparada para la acción.

En el mismo instante en el que Pyradar eligió a su contrincante Hardash se dispuso a taparle el flanco para que no le pudieran atacar por la espalda, Arshin a la vez se situó cerca de Hardash para ayudarle en su cometido, Pyradar había sido bastante osado atacando al más fuerte, así que al menos le cubrirían las espaldas.

MJ
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Mensaje por Bonaduce80 » Mié Abr 25, 2007 11:58 pm

ALBERIC DE TEMPUS

Y por fin, tras recuperar al miembro perdido del "grupo", los impavidos aventureros se encaminaron hacia las profundidades de la Suboscuridad. Alberic no se sintio particularmente comodo durante el primer par de dias. Ciertamente se habia acostumbrado al aire puro y la luz sobre su cabeza. Pese a que el habitat de las cavernas no le era desconocido, tambien sabia que tardaria un tiempo en aclimatarse. Mientras tanto, permanecia en un mutismo ausente, si bien sin permitirse ignorar las potenciales amenazas, fueran externas o internas.

Las deletereas miradas de Arshin todavia taladraban de vez en cuando su nuca, y volvia a recordar aquella conversacion de hace apenas unos dias. Se encogio mentalmente de hombros. El no tenia que demostrarle nada a ella, ni pedir perdon. Para ser alguien que actuaba con tanto aplomo, su manera de dirigir sus emociones parecia la de una infante, o alguien que habia visto sus emociones segadas a golpe de espada. Era algo que ya habia visto en el pasado, y por mucho peligro que implicase, deseaba saber que fantasmas acosaban a la joven.

Hardash y ella solian iniciar la comitiva. Pyradar iba detras de ellos, seguido de Dueris a no mucha distancia. Pese a que deseaba acercarse y hablar con el, Alberic comprendia que dejar a ese par de debiles magos en la retaguardia solo podia acarrear problemas, o una rica dieta en Arte al primer pedipalpo o envolvedor con ganas de fiesta, asi que decidio cubrir las espaldas del resto. "Este es un trabajo que deberia estar haciendo uno de nuestros rastreadores', penso.

En uno de los momentos en los que se paro la banda, Alberic se acerco al seguidor de Vergadain.

"Maese Dueris, lamento mucho que este no haya sido el camino que hubieseis deseado, pero aun asi aqui nos hallamos, y creo que a pesar de todo haciendo un servicio a la causa del Pueblo Recio. Como sabeis, soy un seguidor del Martillo de Enemigos, y aunque mi labor es la de ayudar a los soldados en la batalla, temo que no dispongamos del musculo suficiente en primera linea llegado el momento. Ignoro cuantos dones curativos os puede ofrecer vuestro dios, pero creo que estando ambos aqui, lo mejor sera intentar que todos nuestros camaradas dispongan de toda la ayuda posible."

Dicho esto, Alberic extrajo de una funda una delicada varita hecha de nacar.

"Con esta varita, como vereis, sereis capaz de sanar algunas leves heridas en aquel que reciba su don. No creo que suponga un problema para vuestro credo, pero si asi lo creeis, o dudais de su efectividad -"o temeis que os este enganhando", penso- consultad con vuestro dios. No pido nada a cambio de ella, solo que le deis un buen uso. La palabra de mando es "Mishakal", aunque ignoro que significa..."

Tras decir estas palabras, y esperar la respuesta del Gemacetro, Alberic se retiro adonde estaban sus mantas y demas equipo. Encontro la mirada siempre inquisitiva de la halruaana fija sobre el. Sonrio mientras se acercaba a ella. "Verdaderamente, es su naturaleza el querer conocer todo lo que hay a su alrededor. Seran todos los adivinos asi, o es que ella es una cotilla?" Hablo con ella durante un corto rato, lo suficiente como para contarle sobre su color de pelo, algo del Valle de la Batalla y su experiencia anterior con los drow.

* * *

El viaje llegaba a su fin. Notaba el tibio calor de Alba de la Victoria en su mano, mientras seguia viendo a traves del sempiterno velo de negrura que permeaba la tripa de Chauntea. La llegada a Grandnor le hizo recuperar su instinto marcial en un segundo. La ciudad parecia un autentico campo de batalla, y ya empezaba a notar que esa parte en su interior que le recordaba a su antiguo sargento de armas en Essembra volvia a ladrar en su cabeza. "Ya era hora, pelirrojo! Te has cansado ya de retozar y juguetear con furcias del sur? Preparate, que te vas a enterar de lo que es una batalla como que me llamo..."

El quedar por fin frente al warbeard le hizo volver en si. Reconocia el tono de voz del tipico lider militar que espera de sus subordinados que solo respiren, y cuando no les este mirando. El se habia dedicado a hacer eso con los soldados mas jovenes bajo su mando. Entendio que cualquier intento de decir algo, a menos que se midiera menos del metro treinta y se tuviese una buena barba, resultaria completamente futil. Bueno, su barba ayudaria, pero dudaba mucho que su altura pasase desapercibida, se dijo con sorna. Asi que lo mejor seria dejar que explotase a gusto, que luego alguno de los enanos hiciese las preguntas pertinentes, y que el intentase leer entre lineas cualquier informacion util. Ya le daria el uso que el considerase necesario, ordenes o no ordenes.

El toque de alarma hizo que reaccionase con rapidez. Siguio al warbeard a unos escasos pasos de Pyradar. Al escena de los enanos defendiendose con bravura pero viendose superados por la veintena de trolls le hizo enfurecer; tuvo que hacer un esfuerzo para no cargar directamente contra ellos con un grito de "Tempus!" en sus labios. Ya no tenia 20 anhos, despues de todo, y alguien tenia que pensar en la batalla.

Ciertamente el "humano", a falta de otro apelativo, parecia ser el elemento desequilibrador del enemigo, pero como hacerle frente mientras las vidas de tantos soldados pendian de la balanza de Kelemvor? Afortunadamente, tanto Pyradar como la halruaana hicieron su decision mas facil. Bien, si ellos iban a ir a por la mayor amenaza y a debilitar a la oposicion, el se encargaria de ayudar a sus tropas. Mientras extraia su hacha fijandose en ella un instante por si habia presencia demoniaca en la zona, empezo a acercarse con cuidado lo mas posible a la refriega. Conforme lo hacia, empezaba a entonar un himno a Tempus que haria enardecer a sus aliados y desfallecer a sus enemigos. Decidio darle, sin embargo, un toque personal, como a todos sus conjuros, para espolear a los enanos.

"Por Tempus! Por Shanatar! Sangre, muerte y venganza!"

Siempre era mejor tener a un publico satisfecho.


MJ: Alberic usara al principio una recitacion, intentando alcanzar al mayor numero de amigos/enemigos sin exponerse, y comprobara si el calaveron es algun tipo de ser demoniaco (si el hacha reacciona frente a el.) Intentara apoyar en la melee sobre todo a Pyradar, pero siempre listo para lanzar conjuros de curacion espontaneos. Si los trolls abren brecha, usara su magia para hacer su hacha llameante y repartir estopa, literalmente. Si Pyradar se ve muy superado, usara el poder sagrado y le apoyara en el cuerpo a cuerpo. La varita que le ha dado a Dueris es una de curar heridas ligeras de 34 cargas. ;)
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Mensaje por Kharma » Jue Abr 26, 2007 12:04 pm

PYRADAR

De camino a Grandnor

- Contadnos, Pyradar, Dueris, ¿habéis averiguado algo interesante sobre aquella reliquia? –Pero finalmente le preguntó-: ¿Sigues negándote a que potencie tus capacidades de lucha con mi arte, Pyradar? Ahora que me conoces sabes que mi arte no te haría daño...

Allí estaba otra vez esa voz que parecía llegar de todas partes. De nuevo se esforzaba para darles conversación, aunque lo mas seguro que era para saciar su inmensa curiosidad. Quedaba muy bien cuando hablaba con los otros, pero con él sonaba demasiada forzada.

Ante la mención del tema de siempre Pyradar tuvo que contenerse para no morderse la lengua. ¿Por que tenia que insistir tanto? Se paro en seco y se volvió para responder.

- El día que yo necesite a un mago para luchar el Sol iluminara la Infraoscuridad y los elfos oscuros se arrodillaran pidiendo perdón a todos porque estan contentos de ver la luz – levanto un brazo en un gesto teatral – hasta el sagrado Clanggedin bajara para llevarme a la sala de los perdedores y me colocara entre un enano sin barba y un enano que ha huido de la lucha abandonando a sus compañeros.

Bajo el brazo y siguio andando.
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Mensaje por artemis2 » Lun Abr 30, 2007 6:59 pm

28 de Flamerule del 1372, Grandnor

El tumulto de la batalla reverberó con fuerza en la caverna al comenzar como disparada por un resorte, que no era otro que la carga de Pyradar. La mayoría apenas fuisteis conscientes de los gritos airados del warbeard, pero si que comprendisteis todos el error cuando, tras sonar un cuerno, se escucharon sonidos de tropas. El comandante enano había preparado una emboscada, pero el enemigo aun no se había internado lo bastante como para que esta pudiese contener eficazmente una retirada, que como era previsible sucedió.

El líder de los atacantes consiguió huir totalmente indemne, e indiferente a los insultos vertidos sobre él, aunque once de aquellos monstruos consiguieron ser retenidos y destruidos gracias a vosotros. Un logro que no consiguió apaciguar al furibundo comandante enano. Tras la batalla fuisteis recluidos en un barracón a la espera de bajar a los Túneles Malditos, como eran conocidos por la tropa, aunque no antes de aprovisionaros, no antes de conocer a Quellin Marcarobusta.

Quizás a otras razas les costase un tanto diferenciar enanas de enanos, aunque al parecer los enanos tenían el mismo problema con los “delgaduchos”, pero teníais que reconocer que esta en concreto tenía un aire de feminidad contenida que iba más allá del propio aspecto físico. Quellin se presentó efusivamente a Pyradar y a Dueris con un extraño brillo en los ojos, para después, a indicación de Dueris de que había olvidado a algunos, presentarse al resto con un sonrojo evidente por su despiste y varias disculpa entrecortadas que arrancaron más de una risa.

La joven, pues al parecer no llegaba ni al siglo de edad, decía pertenecer a un grupo de estudiosos que, en estos momentos, estaba interesado explorar las ruinas inferiores de Grandnor, donde “se desarrollaron antiguos y dramáticos acontecimientos”. Por supuesto, y para sorpresa de nadie, se había encontrado con un obstáculo insalvable en Graddock. Aunque en honor a la obstinación de la enana al final había conseguido arrancarle al warbeard la concesión de que podría ir si aceptaban llevarla en ellos. No menciono, aunque todos pudisteis suponer, que la coletilla de Graddock fue algo así como “si es que alguien esta suficientemente chalado para ir allá abajo con semejante panda de mentecatos”.

29 de Flamerule del 1372, Grandnor

Tras descansar esa noche fuisteis levantados a las seis por un orondo, simpático, y parlanchín, Hacha llamado Hlaugh Morroncon hacía los Túneles Malditos. Si el resto de Grandnor resultaba deprimente esta parte era simplemente escalofriante. Con una muralla de unos seis metros formada por escombros y rocas circundando lo que parecía un siniestro pozo. De el surgía un hedor infernal, y el inexplicable viento que de él surgía producía unos sonidos espeluznantes. Subisteis por una serie de plataformas que os permitieron observar varias torres de guardia, todas armadas con balistas que usaban puntas de hierro frío y un nutrido grupo de clérigos. Sin duda aquella era una autentica zona caliente. Se os dio un cuerno de plata con inscripciones rúnicas antes de bajaros por un tosco ascensor, seguramente nadie había pensado que alguien fuese a usarlo.

- El cuerno servirá para avisarnos de que necesitáis el elevador, no puedo tocarlo, y mucho menos hacerlo sonar ningún demonio.- Dijo el sargento.- Tened cuidado de no perderlo o no podréis volver. Y buena suerte chicos.

Al llegar abajo lo primero que os llamo la atención fueron los cráneos, la mayoría de kobolds, pero habían unos cuantos, no pocos, de enanos, al parecer los mas recientes. Los cráneos estaban amontados en pirámides, y todos tenían distintas marcas, irreconocibles pero aberrantes marcadas en la frente. Desde aquella encrucijada salían tres túneles, uno al este, otro al oeste y uno más al norte. Según las exploraciones de Hardash el túnel del norte parecía extenderse sin fin, al menos todo lo que el se alejó, el del oeste iba descendiendo durante unos cientos de metros hasta ir a topar con un río de aguas frías y oscuras, y finalmente el del este parecía dividirse en otros dos a una docena de metros de ahí, uno de los cuales seguía bastante más allá de donde llego con su exploración y el otro llegaba a una pequeña sima que se hundía a pico hacía las profundidades. Hardash tan solo añadió que le había parecido atisbar un oscuro aleteo en esa sima antes de largarse.
Última edición por artemis2 el Mié May 09, 2007 1:59 pm, editado 1 vez en total.
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Mensaje por Iridal » Mié May 02, 2007 9:59 pm

VOLHM
28 de flamerule del 1372, Grandnor


Cuando la puerta del barracón se cerró detrás de ellos, Volhm se sentó en el suelo y meneó la cabeza.

-Parece que estamos destinados a no dar ni una… o nos retrasamos discutiendo estrategias alternativas, o nos precipitamos demasiado pronto a la batalla. –Se encogió de hombros, indiferente. Le parecía que fuera cual hubiera sido la actuación del grupo, su actuación habría sido aceptada de igual forma. Al parecer su reputación les precedía.

Por lo que a ella respectaba, sin embargo, la reclusión le venía de perlas. Más tiempo para leer. Sacó un cuaderno de anotaciones y lo abrió sobre sus rodillas, dispuesta a aprovechar el tiempo.

La intrusión de Quellin la hizo levantar la vista. Volhm observó con diversión su expansivo saludo a los dos enanos, y luego su turbación al hacer lo propio con el resto del grupo. Una enana muy poco enana; o quizá era tan joven que aun no había tenido tiempo de empaparse con la idiosincrasia de su raza.

-Siéntate con nosotros, Quellin, y cuéntanos sobre esos antiguos y dramáticos acontecimientos. Háblanos sobre esas ruinas, también –dijo Volhm, siempre dispuesta a aprender algo nuevo-: Yo no tengo inconveniente en que nos acompañes… si te atreves a contaminarte con nuestro gran prestigio –añadió, con cierto humor.

-Bueno, en su mayor parte solo conocemos rumores. Sabemos que hay una antigua historia relacionada con esos subterráneos -comenzó a decir la enana con los ojos brillantes de emoción-. Unas historias hablan de unas antiguas ruinas en algún punto muy por debajo de Grandnor, otras de una maldición de los imperios de la superficie, aunque lo cierto es que poco se tiene claro.

Volhm cabeceó, sonriendo ante tanto entusiasmo. El gusto por el conocimiento era algo con lo que ella podía identificarse.


29 de flamerule del 1372, Grandnor

-No hay ni periodicidad ni una táctica fija, parece que sólo atacan ocasionalmente, como por placer o por mantenernos entretenidos –les había explicado el hacha, antes de que descendieran.

Volhm cogió uno de los cráneos y examinó la marca inscrita en el hueso, mientras repasaba aquellas palabras. Luego miró a todas las otras calaveras y meneó la cabeza. Los enanos no bajaban allí, y dudaba que supieran siquiera que aquel macabro osario existía, de modo que aquellos debían de ser “trofeos” traídos desde arriba.

Volvió a depositar la calavera en el lugar exacto donde la había cogido, manejándola con respeto.

-Procuremos que las nuestras no vayan a hacer compañía a éstas… -dijo, limpiándose las manos en un pañuelo. Y entonces volvió Hardash de sus exploraciones-. ¿Vamos a lo más caliente, entonces… a la sima? Parece que es el único sitio donde Hardash ha encontrado signos de vida.

Se encogió de hombros.

-Esta vez he estudiado un conjuro de clarividencia que nos permitirá echar una ojeada al terreno antes de aventurarnos en él. Cuando queráis que lo use, comentadlo…
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Raelana
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Mensaje por Raelana » Sab May 05, 2007 11:49 pm

HARDASH

28 de flamerule del 1372, Grandnor

Encerrados. Otra vez los enanos enfadados porque sus decisiones no se correspondían con las supuestas órdenes. ¿Y cuales habían sido las órdenes? Hardash no las recordaba, sólo recordaba a Pyradar, dando las suyas. Si tienes planes secretos y no los cuentas a tus aliados es normal que te los chafen. En fin, había que aguantar que se enfadaran con ellos. Parecía ser lo normal.

Y además estaban encerrados con una enana que quería viajar con ellos. Hardash la miró con curiosidad, aunque su aspecto no se diferenciaba gran cosa del de Dueris y Pyradar. Dejó que fueran ellos los que decidieran si podía acompañarlos o no. A Hardash le parecía normal que quisiera viajar con ellos. Ya eran famosos, desde luego, al menos en Gardnord.

29 de Flamerule del 1372, Grandnor

En cuanto bajaron a los túneles, Hardash tomó la iniciativa y se adentró a explorar con Laab. Sus compañeros se quedaron atrás, esperando. Se sentía tranquilo y seguro. Echaba de menos avanzar por terrenos desconocidos. Se adentró en el túnel del norte. Largo, larguisimo. Caminó un buen trecho hasta que comprendió que alejarse demasiado quizás lo separara del grupo. No era el momento de explorar en solitario así que volvió atrás. El túnel del oeste parecía una mejor opción, al menos notaba la suave pendiente y la humedad. Sus manos se volvían pegajosas y no tardó en encontrar el río. Era oscuro, como todo allí abajo. No llevaba nada para meterlo en el río y ver si podía vadearse en alguna parte. Tampoco le apetecía meterse en aquellas aguas frías así que, de nuevo, volvió atrás. Todavía quedaba un túnel por explorar.

El último túnel le condujo a una bifurcación. Intentó darse prisa, sus compañeros debían estar cansados de esperar y durante toda su exploración no había encontrado ningún demonio. Se detuvo cuando el último túnel terminó en una pequeña sima. Se asomó al borde, con cuidado, y le pareció ver algo allí, pero estaba demasiado oscuro. ¿Habían encontrado ya a los demonios? Sin embargo iba a ser complicado bajar por allí. Miró a Laab, pero el escorpión no parecía muy interesado en intentarlo. Hardash decidió que tenía razón, ya se había hecho tarde así que volvió para informar a sus compañeros. Se encontró a Volhm jugueteando con las calaveras. Desde luego los halruanos podían ser muy macabros.

-Desde luego, la sima es lo que parece más intersante -contestó a su pregunta-. Aunque quien sabe qué habrá al final de cada túnel.

----------------------------------------
Nota: Dices dos veces pasillo oeste, Artemis, así que no sé cual es el del este y cual el del oeste. Avisame y si me he equivocado lo cambio en el post. Siento el post tan cutre, es que no doy para mucho hoy. :oops:
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Deberíamos dar gracias por los pequeños favores de la vida, como dijo el gnomo cuando se voló una mano cuando podría haberse volado la cabeza.


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Larloch
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Mensaje por Larloch » Dom May 06, 2007 1:53 pm

ALANTHIR

28 de Flamerule del 1372, Grandnor
El único que pareció estar dispuesto a observar la situación antes de lanzarse al ataque era él. El enano, y los exploradores con él, se habían lanzando sin más contra los enemigos. La maga y el clérigo parecían actuar según sus propios objetivos. Hacían cada uno la guerra en solitario y eso les traería problemas, quizá no ahora.... pero se lo traería.

De repente sonó un cuerno, parecía que los problemas se iban a adelantar o eso le pareció al ver los gritos del Warbeard detrás de él. Se fijo levemente en la situación, posiblemente los enanos tendrían algún plan previo que ellos se habían encargado de arruinado. Fantástico pensó con sorna, ahora apreciará aún más tenernos bajo su servicio.....

Lo peor fue encontrarse después encerrado en un barracón se sentía como si estuviese preso por haber fallado.... semejante insulto. Miró brevemente a todo el grupo, la habían fastidiado de nuevo, había sido el bicho raro aquél, la discusión en la taberna y ahora esto.... tenía que cambiar y parecía que nadie estaba por la labor, así que suspiró y empezó a hablar.

- Entre mi gente se suelen usar unas frases o gestos para comunicarse en situaciones como la que hemos visto hoy. Creo que es vital que empecemos a trazar unas “directrices” para coordinarnos mejor y poder reaccionar más rápido ante cualquier situación.

Hizo una pausa mientras hacía un recuento de algunas de las marcas y señales que conocía. Con estas y quizá con algún añadido creía que podían elaborar un sistema más o menos eficaz.

- Me da igual que tipo de marcas usemos, pero antes de salir de esta habitación tenemos que tener un sistema más o menos estructurado para evitar actuar de nuevo de forma tan desastrosa.

Especialmente si tenían que acabar encerrados en un barracón como si fuesen vulgares soldados indisciplinados. Y eso por no contar cuando se enfrentasen a problemas mayores como podía ser lo que hubiese en el Pozo o en cualquier otra misión.

Apenas hubo dicho estas palabras entró ¿una enana? La observó brevemente, no se diferenciaba mucho de Pyradar, algo que casi le provocó un escalofrío. Sin embargo, tenía ciertos rasgos que denotaban diferencias con los dos enanos. Curioso.

Observó la emoción contenida en la enana cuando hablaba con los dos enanos y después, casi como si de repente recordará que había más gente en el barracón, se presentó.

A pesar de que la enana los había tratado casi como si fuesen unos vulgares plebeyos o estuviesen meramente al servicio de los enanos se presentó con educación. En otra ocasión hubiese indagado más, pero ahora mismo la situación exigía que elaborasen un sistema de marca de forma rápida. Un día, era muy poco tiempo para empezar a camuflar todos sus problemas.

29 de Flamerule del 1372, Grandnor
Había dormido menos incluso de lo que tenía que dormir, estaba cansado, lo notaba y por primera vez en mucho tiempo experimentaba esa sensación de estar ligeramente dormido, tener cierta ansia de haber dormido un rato más.

Pero era necesario, había pasado la mayor parte del tiempo estudiando conjuros, repasando notas, las palabras de la Mano del Altísimo resonaban en su mente y mataban poco a poco cualquier queja que pudiese emitir su cuerpo o su cabeza. Otras situaciones hubiese estado más tranquilo, relajado, pero había mucho en juego y desde el garrafal error que habían cometido a su llegada a Grandnor pensaba que la situación no era precisamente halagüeña. Más bien todo lo contrario.

Cuando los llamaron, se alzó con rapidez, que la Dama de la Perdida les cubriese con su manto pensó, porqué tenía serias dudas de que salieran indemnes de esta misión.... eso que no era Verdron pensó con un ligero alivio. Con él, posiblemente ahora quedarían vivos 1 o 2 como mucho...

Fue observando el camino por el que les guiaba el Hacha, conforme avanzaban le daba la sensación de que se iban internando en un sitio más lúgubre, como si progresivamente los túneles fuesen representando lo que sucedía en lo más profundo. Miró las sombras unos instantes y se relajó, las sombras siempre eran iguales, inmutables, perennes, un símbolo de fuerza y de poder, un símbolo de su casa y de su diosa. Con ellas, daba igual la situación, siempre sabía lo que debía de hacer.

Escrutó brevemente el cuerno que les dieron, demasiado débil y poco consistente le parecía el tener que depender todo de un mero cuerno. Sin embargo, era inútil quejarse o lamentarse. Esto era lo que había y se superaría.

Solo bajar encontraron las pirámides. Eran curiosas, las examinó intentando buscar parecidos entre marcas, si estas se aplicaban en algunos cráneos en concreto o eran producto de la aleatoriedad.

Imaginó las pirámides durante unos instantes y después con tranquilidad tomó diversas notas de los cráneos y de las marcas que mostraban. A priori no parecía útil, pero si esto eran productos de la actividad demoníaca podían servir más adelante estas notas o si no, sabía de diversos magos en la ciudad que las notas las encontrarían interesantes o cuanto menos, un añadido interesante a sus estudios sobre demonología.

Una vez hecho eso, avanzó con el resto, lentamente y pesadamente, por una caverna que parecía retorcerse, amenazándolos a cada recodo de que doblaban, pero por encima de todo, estaban las sombras, que le guiaban y le daban poder.
Recopilación en proceso: Mi versión de la ciudad drow de Eryndlyn.

Ultima recopilación de información: La ciudad calishita de Almraiven

"El poder tiene su propia belleza. Quizá la más bella combinación de potencia y gracia entre las criaturas mortales de Toril sea la de un dragon." Sammaster, Tomo del Dragón

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Shisei
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Mensaje por Shisei » Lun May 07, 2007 1:49 am

ARSHIN
28 de Flamerule del 1372, Grandnor

La batalla no había salido para nada tal y como Arshin había esperado, no se podía decir que había sido una derrota pero tampoco una victoria, seguramente habían chafado un plan sin embargo no se sentía culpable, ¿como podía evitar algo de lo que no era conocedora? Realmente no se podía y si las cosas habían salido así es porque Tymora así lo quería, así que no había problemas.

En el momento en el que entraron en el barracón cada uno de ellos parecía reaccionar de la mejor forma posible, por un lado los magos dando sus opiniones acerca de los sucedido, mientras la única persona de la que quería escuchar su opinión seguía la costumbre de la propia Arshin, permanecer en silencio, sin embargo esto no le hizo perder su costumbre, entró en silencio y tras encontrar un trozo de madera y empezó a lanzar las dagas que portaba escondidas entre las ropas, aunque siempre a mano por si llegaba la necesidad.

Los movimientos aunque no mostraban a una persona fuerte, eran precisos, ágiles y rápidos y su mente estaba tan ocupada en el pasamiento que había elegido que se dio cuenta de la presencia de la enana en el mismo instante en el que esta parecía querer presentarse al resto del grupo; durante un instante la miró de arriba abajo, había escuchado que las enanas no tenían ni una pizca de feminidad, de ser eso cierto esta sería la excepción que cumpliría la regla, sin embargo esto no hizo que dejara lo que estaba haciendo.

- Si mi opinión sirve de algo, estaré encantada de que nos acompañes. Aunque al ser asunto de enanos creo que esa decisión la tendrían que tomar Dueris y Pyradar- dijo sin apartar la mirada ni del poste ni de sus propias dagas.

Al acostarse la vieja costumbre de separarse levemente de todo el grupo había cambiado, llegado el momento se situó tanto ella como sus pertenencias cerca de Hardash, llegando incluso a apoyar levemente su cabeza en el hombro de este a la hora de descansar.

29 de Flamerule del 1372, Grandnor

Al despertarse Arshin no pudo evitar darle las gracias a Tymora en hacerle ser la última en dormirse y la primera en despertar, de esta forma pudo separarse de Hardash antes de que este pudiera notar el leve roce que se había permitido a la hora de descansar; en el momento en el que despertó el resto del grupo ella estaba exactamente igual que cuando habían marchado a dormir, lanzando dagas a una madera, con la única diferencia del número de marcas que habían aumentado considerablemente.

Mientras iban recorriendo el camino en compañía de más enanos Arshin no pudo hacer otra cosa que observar el camino en silencio, aprender era algo que siempre le había gustado y que había considerado necesario, no los conocimientos de los libros de magia, sino los datos que le serían a ella útiles como exploradora que era, pues pese a que comparado con Hardash sólo era una principiante, también se podía considerar una.

En el momento en el que este se dispuso a investigar los pasadizos con la única compañía de su escorpión gigante Arshin se acercó hasta este y le susurro un “ten cuidado” que tan sólo pudo escuchar el propio Hardash tras lo cual se apartó donde estaba el resto del grupo a esperar, aunque a cierta distancia del resto. La mirada penetrante aunque bien disimulada de la muchacha parecía no querer separarse del túnel que estaba estudiando el explorador mientras estebe aún permanecía en él, para terminar con una leve sonrisa en su rostro en el mismo instante en el que volvía con el resto del grupo, para volver a una indiferencia real en el instante en el que se iban a disponer a decidir por donde iban.

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Bonaduce80
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Mensaje por Bonaduce80 » Mar May 08, 2007 12:40 am

ALBERIC DE TEMPUS

28 de Flamerule de 1.373, Grandnor



"Lo has vuelto a hacer, chico. Parece que en un cuerpo tan grande se olvidaron de meter sesos. Quedaban demasiado lejos."

Esa molesta voz en su cabeza volvio a susurrar mientras estaban en los barracones. Cierto es que el habia actuado para intentar evitar el mayor numero de muertes de enanos en el combate. Cierto es que habia sido Pyradar el que habia iniciado la carga. Pero el habia guiado tropas en combate. Y los enanos eran soldados, asumian sus perdidas como parte del trabajo. Habia sido un estupido indisciplinado. Tal vez hubiese sido la falta de practica, o tal vez el estar rodeado de un grupo tan desunido, pero lo que era indudable es que sus enemigos habian huido, y el deberia haber prestado atencion al campo de batalla antes de tomar una decision.

El mago parecia haber estado cavilando sobre ello tambien, y empezo a comentar el uso de un codigo de signos rapidos para utilizar en medio del combate. Alberic no creia que todos debiesen ser culpados por el error, ni debieran sentirse responsables por ello (eran aventureros, no soldados), pero encontro mucho sentido en las palabras de Alanthir.

-Hay sabiduria en tus palabras, Alanthir. Si quisieras mostrarme esas senhales, estoy seguro de que podremos hacer algo al respecto.

Al cabo de un rato, una congenere de Pyradar y Dueris aparecio mencionando que deseaba marchar con ellos hacia las ruinas inferiores de Grandnor. Parecia que sus companheros estaban de acuerdo en llevarla con ellos. A el no le parecia ni bueno ni malo, pero no pudo evitar hacer un apunte.

-Quellin, estoy seguro de que deseas explorar las ruinas de tu pueblo. Si te soy sincero, creo que tu ayuda nos sera muy util, ya que pareces conocer bastante mas del lugar donde nos vamos a adentrar que nosotros. Sin embargo, tambien sabes que es un lugar peligroso. Tal vez se de la ocasion de que haya combate y todos nosotros nos estemos debatiendo por nuestras vidas. Si estas dispuesta a arriesgar la tuya, por mi eres bienvenida a este grupo de locos- dijo, terminando con una media sonrisa.

Dicho esto, se quedo aparte con Alanthir comentando el codigo que pudiesen usar en el futuro, hasta que el cansancio hizo mella en el. Curioso que el mago no pareciese sentirse afectado por ello...

29 de Flamerule de 1.372, Grandnor

Habia sido una noche corta, con unas pocas horas de suenho. Alberic se dedico a sus rezos para rogar el favor divino del Martillo de Enemigos en sus proximos avatares, mientras los otros integrantes del grupo de dedicaban a arrojar dagas, estudiar sus libros de conjuros, o simplemente haraganear hasta que fueron llamados a las seis para continuar con su mision. El bonito paseo hasta los Tuneles Malditos resulto bastante instructivo, sobre todo respecto a la manera en la que se tomaban los enanos la amenaza que pudiese llegar de ahi. Un pueblo guerrero, preparado para lo peor. Como debe ser.

Esperaron a que el explorador calishita hiciese un reconocimiento. Las piramides de craneos resultaban inquietantes, principalmente por el hecho de que no parecia que hubiesen sido puestas alli por casualidad. Alberic echo un vistazo a las marcas que habia en ellas, sin saber si eran por los golpes o algun significado mas siniestro.

El informe de Hardash no les despejo demasiado el panorama. Varios caminos, algunos que podian llevar a cualquier sitio; el resto, a ningun lugar agradable, aunque, que se podia esperar de la Suboscuridad?

- Si de mi dependiera, yo optaria por el rio o la zona de las simas, aunque por lo que sabemos ahora mismo, lo mismo puede dar un camino que otro. Tal vez esa "criatura alada" sea algun tipo de demonio, pero no creo que hagan acto de presencia de manera tan obvia... a no ser que sea una trampa.

Se pregunto que podria opinar la enana en esta situacion.

-----------------------------------------------

La ultima frase la dejo en el aire porque no se si ella va con nosotros; si lo hace, Alberic pretende sondearla, ya que puede que sepa del asunto mas que el grupo.
I am the Dark Lord of Mordor, I have forged the Ruling Ring, The Master Ring, The One Ring... TO RULE THEM ALL!!!

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Kharma
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Mensaje por Kharma » Sab May 12, 2007 11:28 am

PYRADAR

28 de Flamerule del 1372, Grandnor

La lucha no duro demasiado y el enemigo fue contenido hasta que huyo con rapidez. Pero por los gritos del Warbeard y la situación no había salido como él esperaba. Pyradar no dijo nada y aguanto la mirada de su superior y su posterior “confinamiento” en uno de los barracones.

Una vez dentro notaba sus miradas sobre lo sucedido y como no, la maga no se pudo contener mucho tiempo para lanzar algún comentario. El enano intento captar algún signo de ironía o de sorna pero nada.

- Asumo toda responsabilidad sobre lo sucedido – dijo mientras se limpiaba la sangre del enemigo – fui el primero en actuar y fue mi decisión la que arrastro al resto.

Por supuesto no iba a mencionar que la mayor parte de la culpa fue del Warbeard por no anunciar sus planes, un buen comandante sabe organizar a los hombres bajo su mando. Aunque no iba a decirlo en voz alta y menos delante de los humanos, aceptaría su parte del culpa con orgullo.

- Supongo que las señales podría ser una solución – respondió al comentario de Alanthir. Ya estaba acostumbrado a usarlos cuando allí abajo el sonido podía propagarse bastante lo mejor era usar señas para comunicarse.

Fueron interrumpidos por la presencia de una joven enana. Se presento ante Dueris y Pyradar como Quellin Marcarobusta, una estudiosa de la historia antigua. Era una profesión muy respetada e importante en la sociedad enana y Pyradar se mostró respetuoso a pesar de la juventud y el comportamiento de la enana. No le gusto mucho como acabo la situación.

- Si mi opinión sirve de algo, estaré encantada de que nos acompañes. Aunque al ser asunto de enanos creo que esa decisión la tendrían que tomar Dueris y Pyradar- dijo Arshin sin dejar su juego con las dagas.

- Es una decisión del grupo – le lanzo una mirada y volvió a mirar a Quellin – si un humano pidiera lo mismo yo tomaría parte en la decisión sin dudarlo. Por mi parte puedes venir con nosotros, tus conocimientos sin duda podrían sernos de utilidad.

Tampoco estaba de humor para hablar mucho pero aun así estuvo con Quellin un rato en su idioma natal de cosas sin importancia y sobre su nuevo proyecto.

29 de Flamerule del 1372, Grandnor

La verdad es que a Pyradar no le gustaba el ambiente demoníaco del pozo, y su incomodidad aumento tras los breves comentarios que intercambio con el Hacha Hlaugh. Le gustaba mas tener adversarios de este mundo que pudiera comprender.

No abrió la boca durante todo el camino, Pyradar se limitaba a estar preparado con su martillo y observando a su alrededor a la espera de problemas. Cuando Hardash regreso de su larga exploración las opciones no parecían muy esperanzadoras. Aquellos túneles parecían interminables y su única pista era una sima que no terminaba de gustar al enano.

- Sin duda la sima en nuestra mejor pista pero también muy peligrosa en caso de ataque, y si esa cosa tiene alas peor aun... habrá que tener mucho cuidado.
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artemis2
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Mensaje por artemis2 » Lun May 14, 2007 8:19 pm

La decisión fue dirigiros hacia la sima, aunque claro, llamar decisión a aquel par de asentimientos indecisos quizás era demasiada exageración incluso para vosotros. Era extraño, u os enfrascabais en defensas a ultranza de vuestras posiciones llegando a dedicar horas en terreno enemigo a discutir un plan, o simplemente elegíais por pura inercia. Al menos llegar hasta allí fue tan difícil como el decidiros a ir, aunque un simple vistazo a aquella grieta cortada casi a pico por el agua hacía milenios iba a ser un asunto bien distinto. En aquella densa oscuridad podían sentirse, y casi lamerse, nubes de fría humedad, las cuales, junto al ligero pero ululante viento acrecentaban vuestra paranoia de que algo se movía justo en los límites de vuestra visión, aleteando ligeramente sobre el viento. Al parecer encontrar voluntarios para bajar allí en cabeza no iba a ser tampoco sencillo.

Finalmente, cuando parecía que ibais a volveros hacía atrás y elegir otro camino, Hardash se ofreció a ser el primero en bajar, aunque fuese descolgado con una cuerda. Por suerte aquello no fue necesario y un par de conjuros bien atinados dejaron al lacónico explorador con las capacidades de volar y de no ser visto, una imagen perturbadora.

El calishita se fue hundiendo en la niebla lentamente, aunque sentía deseos de lanzarse a toda velocidad con aquel curioso conjuro que lo volvía tan libre como un torbellino de arena, pues con aquella niebla no podía ver los obstáculos más allá de unos pocos metros, además la estela que dejaría el volar así podría delatarle si allí resultaba haber algo, y vaya si lo hubo. Al principio parecían ser solo dos, apoyados en una repisa de la pared mirando con avidez al grupo, demostrando que la niebla no era impedimento para ellos. Pero, tras dejarlos atrás, Hardash pudo ver a siete más arremolinándose cerca de lo que parecía el fin de la sima, preparándose sin duda para un ataque. La mayoría eran de un color más oscuros y pequeños que el que habíais matado tras la masacre de kobolds. Seguramente supondrían un grave problema para el grupo si les atacaban por sorpresa y les conseguían arrinconar contra la sima.

El explorador sopesó sus opciones y decidió que aun tardarían en atacar, y seguramente sería su única oportunidad de comprobar que había de tan importante allí abajo. La verdad, como de costumbre, resulto ser más decepcionante que la fantasía y las especulaciones. La sima acababa en pequeño lago del que surgían columnas de vapor, las mismas que provocaban la niebla en la sima hasta que las corrientes más frías de arriba la condensaban, y junto al cual se alzaba una gran caverna. Una buena parte del suelo de está estaba cubierto por restos de quaggots y kobolds semidevorados junto con su equipo, mientras que al fondo se veían una serie de toscas cavernas de las cuales seguramente procedían las criaturas. Tras comprobar que no parecía haber nada más, y que eran pocas las criaturas que quedaban Hardash decidió no tentar la sonrisa de Tymora y dejo las cavernas de las criaturas para avisar a sus compañeros del inminente ataque.

Entonces la sorpresa embargo a Hardash que antes de saber que estaba haciendo había atacado a una de las criaturas de la repisa, la más pequeña de todas y que estaba comenzando a recitar unas palabras arcanas en dirección a sus compañeros. Afortunadamente el ataque con el alfanje había desconcentrado a la criatura haciéndole perder su magia, por desgracia Hardash era ahora visible en medio de un enjambre de enfurecidas criaturas-murciélago.
El explorador salió volando hacia sus compañeros, advertidos por los rugidos de las criaturas y los gritos de Hardash, tras haber recibido un feo garrazo en la pierna. Tras él iban las criaturas sedientas de sangre calishita, aunque lo que encontraron fue una barrera de acero y magia entre ellas y su venganza. Quizás la mayor sorpresa fue cuando Quellin invocó el poder divino de Mordinsammar para rechazar a varias de aquellas criaturas haciéndolas huir. Tras unos pocos golpes de efectos las criaturas decidieron retirarse de nuevo a su refugio con una sola baja y varios heridos graves. Vosotros por vuestra parte decidisteis que quizás era mejor dejar a aquellas cosas tranquilas, al menos de momento.

- Sois más fuertes aun de lo que creía.- Dijo Quellin mirándoos con abierta admiración.- ¡Eso eran varragoins! Nunca había oído hablar de una colonia fuera del Abismo.

- ¿Conoces a esas criaturas?- Inquirió Volhm sin poder evitar que cierto tono inquisitorial se adhiriese a su pregunta.

- Bueno…- titubeo la enana algo sonrojada como temiendo haber dado una mala impresión.- No, pero he leído sobre ellos, son criaturas con unos parámetros reproductivo tremendamente veloces, y que suelen ocupar zonas enteras con su numero…- Dijo la enana antes de callarse y asentir al darse cuenta de que se le escapaba un discurso.

- ¿Cómo de rápido?- Preguntó Pyradar antes de añadir.- De forma concisa y clara.

- Con la suficiente velocidad como para avergonzar a las ratas mientras tengan comida.- Dijo Quellin sacando pecho, lo cual en la enana quedo como un gesto incluso femenino.

MJ: Hardash ha perdido 12 puntos de golpe, Pyradar 2, Alberic 8 y Dueris 4. Volhm ha usado una lanza sónica potenciada, un volar y 2 cargas de la varita de proyectiles, mientras que Alanthir ha usado un Aliento Ácido de Mestil y dos proyectiles mágicos, y Dueris un invisibilidad.
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Mensaje por Iridal » Jue May 17, 2007 11:51 pm

VOLHM

Parecía muy posible que allí hubiera algo. Mirando hacia la ondulante bruma de la sima, Volhm frunció los labios, pensativa, mientras los otros discutían si bajar o no. Alanthir abogaba por la prudencia, por esperar y bajar preparados, con magia adecuada para el reto. Hardash prefería una postura netamente suicida; Volhm se maravilló de que hubiera llegado vivo a ellos. En verdad, debía haber sido un favorecido de Tymora si, comportándose así, había logrado evadir las garras de la muerte.

-Hardash, algunos de nosotros pretendemos llegar a viejos, conocer a nuestros nietos y esas cosas –señaló ella, meneando la cabeza en señal de desaprobación, y se situó en una postura intermedia-. Pero coincido contigo en que esperar tantas horas sería una pérdida de tiempo. Al menos deberíamos echar un vistazo. –Aparte que, ¿dónde descansarían, si lo hacían? El enano cabezota se negaría a utilizar un refugio creado por la magia. E incluso si daban media vuelta y retrocedían un poco, estarían dejando un posible peligro muy cerca de ellos-. Necesitamos saber…

La satisfizo que Alberic la apoyase. Volhm no confiaba demasiado en clérigos de dioses ajenos a los suyos, pero al menos aquél parecía haber sido una buena incorporación al grupo. Volhm buscó con la mirada a los otros que sentía como sus aliados en el grupo: Arshin y Dueris.

-Pues en tal caso iré yo. Yo, yo, yo –dijo Hardash, y se negó a tomar en consideración ninguna otra opción. Ni el sigilo de Arshin, ni la propia facilidad de ella misma para escapar. Volhm cerró los ojos, rezando una plegaria silenciosa a la Dama de los Misterios, rogando por un poco de paciencia. ¡Qué poco pensaban aquellos extranjeros en el grupo! Yo, yo, yo…

Volhm dejó escapar el aire entre sus dientes, y asintió.

-Pues tú entonces, si quieres –aceptó, encogiéndose de hombros. No era fácil reconocer que quizá el que más se preocupaba por la cooperación entre ellos era el hereje. Que un seguidor de la Señora de la Pérdida nos tenga que dar lecciones sobre eso… y un netherino, además, como si en Netheril alguien hubiera mirado por algo más que por la propia consecución de poder. Volhm casi sacudió la cabeza de pura frustración.

Dieron a Hardash la magia necesaria para que saliera con bien de su expedición, y Volhm añadió unos apresurados consejos de última hora. Probablemente Hardash hubiera experimentado antes con aquellos conjuros, pero pese a todo ella no confiaba demasiado en la pericia de los extranjeros desenvolviéndose con ellos. Tendían a considerar al Arte demasiado ajeno, demasiado extraño. Bah. Bárbaros. No sabían nada…

-Desciende despacio, y vigila bien que el equipo que vayas a llevar esté bien sujeto y no pueda delatarte a oídos atentos. El conjuro de Dueris te ocultará de la visión ajena, pero no te hará inaudible, ni impide que el desplazamiento de las brumas te delate. Ten cuidado con la súbita sensación de ingravidez… es el efecto más extraño de un conjuro de vuelo, puede ser muy desorientador si nunca lo has experimentado antes. –Y mientras aún estaba hablando, posó la mano en su brazo para canalizar la magia hacia él.

Y esperaron. Volhm se dio cuenta tardíamente de que había olvidado ligar telepáticamente al explorador con el resto del grupo, y maldijo su incompetencia entre dientes. No debería dejar que los desacuerdos en el grupo la alteraran tanto que la llevaran a cometer semejantes errores. A aquellas alturas ya debería estar acostumbrada, se regañó. Se acercó a Arshin, buscando un contacto amigo.

-Odio las esperas –le confesó en un susurro, pero calló enseguida, esperando el regreso de Hardash, aguzando los oídos para percibir cualquier sonido procedente de la oscura sima. Pero sólo escuchó el silencio-. Tal-amalum-Mystra –susurró en loross, para calmar el nerviosismo de la espera y de su infortunado olvido. Aquélla era la apertura a la oración, y también un eficaz mantra que tenía la virtud de darle el sosiego que la práctica del Arte demandaba-. Tal-amalum-Mystra. –“Mystra, estoy aquí.”

Al rato, un estrépito procedente del abismo la hizo ponerse en tensión, y casi al instante Hardash atravesó las brumas, aún volando, y sangrando por algunas heridas. El explorador gritaba, si para alertarles, de dolor, o de furia o reto, ella no supo decirlo, pues casi al instante se olvidó de su compañero para centrarse en aquellos que le perseguían. Su mano trazó un arcano gesto ante sí y elevó la voz en un grito. Volhm sintió la formación de la invisible lanza con cierta satisfacción –era su pequeña criatura, después de todo-, y también la vio, las leves ondas dejando una leve impronta en las volutas de bruma que surgían de la sima.

La lanza era silenciosa e invisible, pero cuando alcanzaba un objetivo provocaba una brutal reverberación de ecos y vibraciones. Resultaba extraño que algo tan íntimamente ligado al sonido fuera tan silencioso, y tan letal; la forma en que Volhm había invocado el hechizo lo hacía bastante más potente de lo habitual. Volhm evaluó con una mirada especulativa el efecto que la silenciosa explosión había provocado, y se decantó por usar una de sus varitas contra las otras criaturas. Alzó la varita y apuntó con ella a la más cercana.

-Amalumystra –ordenó, con metódica calma, pronunciando la primera parte del comando en las elegantes inflexiones del loross, y la segunda parte en el complicado dialecto halruano, algo necesario. Aquel era un comando habitual para muchos objetos construidos por el Alto Templo, una palabra híbrida inexistente en el vocabulario habitual, creada a partir del término netherino que significaba “despierta” y el nombre halruano de la diosa. Desgraciadamente, y aunque aquel término jamás aparecería en una conversación casual, si se pronunciara íntegramente en loross sería demasiado parecido a la apertura de la oración y el riesgo de activar la magia accidentalmente sería demasiado alto.

Sus compañeros se habían lanzado hacía tiempo hacia la batalla. Sólo Alanthir permanecía, como ella misma, alejado de aquellas criaturas. Volhm puso más distancia entre su persona y el adepto sombrío, rehuyendo el error que habían cometido tiempo atrás, haciéndoles propensos a caer con un solo conjuro, y volvió su varita hacia la criatura que se abalanzaba sobre Arshin. –Amalumystra –ordenó una vez más, y dos puntos de luz surgieron de la varita.

Entonces escuchó unas palabras pronunciadas en el rudo lenguaje enano, y giró la cabeza para ver quién hacía gala de tal sencilla pero indiscutible autoridad. Volhm parpadeó sorprendida al percatarse de de que era Quellin quien estaba canalizando poder divino para rechazar a aquellos seres. Le hizo un gesto de aprobación aunque eso, pensó, no la libraría de la reprimenda posterior.

-Sois más fuertes aun de lo que creía -dijo Quellin, pero la admiración de su mirada no aplacó a Volhm-. ¡Eso eran varragoins! Nunca había oído hablar de una colonia fuera del Abismo.

-Menos coba, jovencita –replicó Volhm, severa-. ¡Has hecho muy mal al ocultarnos tus dones! En un grupo no debe haber secretos de ese calibre: todos debemos conocer los puntos fuertes y flacos de los demás, para poder actuar con efectividad y proteger nuestras vulnerabilidades. Espero que tal silencio no se vuelva a repetir.

Meneó la cabeza, y se centró en las palabras de la joven enana.

-Así pues, ¿conoces a esas criaturas? –Se dio cuenta de que cierto tono inquisitorial se había deslizado en sus palabras. Por un instante, casi se imaginó con la túnica ambarina y el cetro plateado de los inquisidores de Azuth.

Reprimió una sonrisa, y adoptó un aire grave. El sonrojo de la enana la divirtió. Muy joven era, y muy deseosa de agradar. Pero escuchó sus palabras con atención.

-En otras palabras, que si no limpiamos ese nido de ratas demoníacas podemos encontrarnos con una infestación dentro de poco… -repuso Volhm. Y miró distraídamente a la lejanía-. Supongo que para eso hemos venido… -Dio una palmadita amistosa en una de las manos de la enana-. No te sonrojes, mujer. Aquí todos somos compañeros… no hay razón para disculparse ni avergonzarse. Pero no más ocultamientos, ¿de acuerdo?
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Mensaje por Larloch » Dom May 20, 2007 9:42 pm

ALANTHIR

Bajar, era lo que parecía la solución más fácil y sobre todo más lógica, no sabían que podía haber ahí abajo, y en caso de haber algo, saber qué era y cómo actuaría sería una información vital.

- Necesitamos prepararnos para el descenso, descolgarnos por las cuerdas es un suicidio, no solo por el descenso en sí mismo si no por los peligros que nos podamos encontrar. En un descenso somos vulnerables, con poca capacidad de reacción y en el mejor de los casos muy mermados en nuestra capacidad de respuesta.

Empezaba a sospechar que la forma de actuar lógica no disfrutaría de mucho éxito, pero siguió exponiendo su visión y el plan que tenía pensando.

- Necesitaremos reponer y preparar conjuros específicos, pero eso evitar que nos dividamos en una situación y posición altamente inestable. Suspendidos en una cuerda en un sitio del que desconocemos donde esta el fondo hace que cualquier ayuda que uno pueda nunca este de más.

Miró al calishita brevemente. Ese hombre los ponía en peligro a todos con sus niñerías, no le entraba en la cabeza un comportamiento tan obtuso. Podía entender ciertos aspectos de los que hacía gala el calishita, sin compartirlos, pero esa predisposición a arruinar una misión le provocaba una ira silenciosa.

En circunstancias normales, sabía lo que se tenía que hacer, la Ciudad era inmisericorde con aquellos que anteponían su ego al beneficio de ella. Demasiado en juego y poca paciencia. Tenía el ego de Nchazzar Diatharran y la inteligencia de un bárbaro. Mala señal.

Observó desde la distancia los preparativos que llevaban a cabo el para que el calishita descendiera, no creía que fuese sensato. Tanto el clérigo como la halrueiana habían dado consentimiento a esta locura. Repasó los conjuros que tenía a su disposición, la exploración sin la correcta preparación les podía llevar a una lucha innecesaria y más arriesgada que sensata. Pero así eran en este grupo....

Miró como el calishita desapareció por medio del conjuro de invisibilidad de Dueris y después se dedicó a esperar. Confiaba que al menos tuviera el sentido común de no hacer nada que les pudiese complicar la vida..... y entonces le escuchó gritar.

- ¡Bilis de Olostin!.- musitó brevemente.
Problemas, era algo que se mascaba, que se intuía, el lanzarse sin más al fondo de la sima y sin la preparación necesaria.... se colocó junto al resto del grupo para reaccionar ante lo que pudiese surgir de la sima.

Vio como surgía Hardasj, apenas visible, de la sima y detrás de él una serie de seres que nunca había visto. Recordó la lucha que habían tenido con los trolls antes y su conversación sobre los signos. Con gesto rápido hizo uno que indica que lanzaría un conjuro de zona, confiaba que el resto hubiese prestado atención y no solo el clérigo de Tempus...

La lucha fue corta, por no decir que fue simplemente un breve encontronazo, pero lo que le preocupaba eran las consecuencias que podía tener. Ahora esos monstruos eran conscientes de su presencia y dudaba que los fuesen a dejar tranquilos.

Escuchó a la enana disertar sobre los monstruos, parecía que sabía algo de demonología, Les vendría bien. Miró brevemente la reprimenda que le lanzó la halrueiana. Sonrió brevemente mientras se acercaba.

- Los secretos siempre se revelan cuando la Diosa lo cree necesario, la impaciencia alienta la esperanza y ciega las mentes. Sin embargo, tengo curiosidad milady Quellin, ¿son los varragoins muy inteligentes?

Confiaba que no, lo último que necesitaban era enfrascarse en una guerra constante contra esos bichos, como si no tuviesen suficientes problemas ya, como para demás tener la presencia de esos seres detrás suyo.

- Pongamos el caso, después de esta lucha, que actitud tomarían? ¿Vigilancia?, ¿ataque en masa? ¿Huir?

Y la pregunta que más temía y que menos gracia le hacía que la enana les confirmase.

- Suelen estar subordinados a algún demonio, es decir, ¿podrían extender la noticia de nuestra presencia?- esta era la parte más trágica, de ser así, la exploración a la que todos habían decidido ir sin preparación se habría convertido en simplemente azotar un avispero.....

Escuchó las palabras de Volhm, si acabar la posible infestación y las consecuencias que podía acarrear para los enanos. Pero ¿cómo hacerlo? El descenso era complicado, muy complejo como se había demostrado y sobre todo peligroso y les convertía en objetivos vulnerables. Necesitaban información.

- Qué ha visto ahí abajo maese Hardash? Habría algún tipo de entrada alternativa, los varragoins podrían estar esperándonos si volvemos a descolgarnos por la sima y dudo que entonces tengamos las ventajas de las que hemos gozado en este enfrentamiento. Por no hablar de que necesitaríamos mucha más magia para que todos descendiéramos a la vez y no dividirnos...

Mientras, se giró hacia la enana.

- Milady Quellin, si sabéis más sobre demonología sería muy necesario que nos dieseis unas notas básicas, especialmente si tenemos que limpiar una infestación de varragoin y a saber que más puede haber por estos túneles.

Una vez escuchase las palabras de la enana y analizará la información decidiría cual sería el mejor plan para encarar a los varragoin, pero ya sospechaba que estallaría otra discusión sobre la forma de encarar el asunto. Podía consentir ciertos aspectos, pero el arriesgar de forma temeraria y sinsentido los objetivos de la Ciudad...
Recopilación en proceso: Mi versión de la ciudad drow de Eryndlyn.

Ultima recopilación de información: La ciudad calishita de Almraiven

"El poder tiene su propia belleza. Quizá la más bella combinación de potencia y gracia entre las criaturas mortales de Toril sea la de un dragon." Sammaster, Tomo del Dragón

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