Evereska posee un poderoso y potente Mythal que controla las condiciones climáticas y físicas dentro del valle, inhibiendo toda clase de magia y protegiendo el Gran Valle contra plagas, enfermedades y otras desgracias. La verdadera naturaleza de un mythal es algo poco conocido. Muchos lo describen como algo vivo consistente en una enorme red de fuerza mágica tejida por la magia y la fuerza vital de los que intervinieron en su creación. Los mythales se sustentan con los elementos de su entorno, desde el viento, el caudal de un arroyo, la vegetación de los bosques y todos los seres vivos que le rodean y viven en él. Dados los vínculos con la vida, y con el propio Faerun, que posee un mythal, se puede afirmar que es un elemento directamente vinculado a la Urdimbre.
Un Mythal permite disponer de ciertas barreras que impiden la entrada a ciertos seres, siendo una magnífica defensa para la ciudad, además de proporcionar a los elfos otros poderes como el de trepar cual arácnido . Si bien en cierto que debido a los ataques de los phaerimm el Mythal perdió muchos de sus poderes, nunca dejó de actuar como una barrera impenetrable para sus enemigos. Los phaerimm estuvieron, durante todo el sitio a Evereska, al lado del mythal pero sin poder entrar en la ciudad porqué no consiguieron hacerlo caer. Los esfuerzos de los debilitados elfos se basaron, en el tramo final de los combates, en pequeños escuadrones de guerrillas que atacaban directamente a los espinardos que absorbían la magia del Mythal en el perímetro exterior. Los combates además arrasaron gran parte del sustento del Mythal, puesto que los phaerimms y sus secuaces destruyeron mucha de la vegetación, afectándolo gravemente. Además, con la habilidad de absorber magia los monstruos gusano lo estaban desmantelando y debilitando alarmantemente.
Así pues, con los phaerimm que se estaban dando un festín con él y con la vegetación moribunda que lo sustentaba, la barrera mágica que protegía Evereska quedó gravemente dañada. No obstante, al final el tejido mágico intrínseco del Mythal no sufrió desperfectos, aunque con la destrucción de la vegetación que lo sustentaba y las succiones mágicas de los phaerimms bajó peligrosamente su funcionalidad y estuvo a punto de caer definitivamente, pero finalmente, al no poder eliminar la barrera mágica, los espinardos no llegaron a entrar en la ciudad élfica.
El Mythal que se levantó de nuevo en Evereska en el año 1372 CV, y fue salvado y se restauraron sus energías en un complicado ritual de alta magia. Aunque a ctualmente, sobre la magia de los mythales, su uso y su funcionamiento se conoce una ínfima parte de lo que se sabía en los tiempos de esplendor de los elfos. Aún así, quedan algunos magos con poder y conocimientos para modificar un mythal y restaurarlo, puesto que se trata de un complicado ritual de alta magia que sigue el mismo esquema que el de la creación del mythal, incluso el número de personas que intervienen es el mismo, en el cual el lanzador central, en ambos casos, se funde con el mythal para dotarle de más fuerza.
En dicha ceremonia un círculo de lanzadores de conjuros se conecta con el Mythal y el lanzador central se funde con la Urdimbre para lograr la magia necesaria para repararlo. El Mythal de Evereska tiene la característica especial, porque Galaeron Nihmedu añadió magia sombría , confiriéndole así nuevos poderes y protegiéndolo mejor de los phaerimm. De hecho, cuando Galaeron volvió a Evereska y ayudó a los Altos Magos a reparar el debilitado Mythal, añadió inconscientemente el nuevo elemento al Mythal: la urdimbre sombría . Como resultado, una vez reparado, el nuevo Mythal arrojó unos meteoros dorados descendieron para explosionar sobre los phaerimm, dejando tras de si unas estelas de sombra, y erradicando a los enemigos de “ La Última Ciudad ” (los phaerimms son especialmente vulnerables a la magia procedente de la urdimbre sombría).
Al final de la guerra por Evereska, muchos de los phaerimms huyeron de la región, murieron o quedaron muy debilitados y heridos, incluso flojeando en sus capacidades mágicas. No obstante, algunos pocos de ellos todavía vagan hoy por el valle.
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