Reinos Olvidados

 

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.: El infierno en los Reinos Olvidados :.

Por Sean K Reynolds

Los Nueve Infiernos de los Reinos Olvidados no son lugar para un mago humano – ni siquiera para uno inmortal. En la novela de Ed Greenwood “Elminster in Hell” el Sabio del Valle de la Sombra es capturado por un demonio y encerrado en el Infierno donde su captor tortura su cuerpo y consume su mente buscando la clave hacia el fuego de plata de Mystra. Con la atención de Elminster puesta en la batalla psíquica y la horrible mutilación de su cuerpo, es comprensible que se extienda en los detalles del lugar y sus habitantes. Aquí puedes aprender más sobre la cruel ambientación y las criaturas diabólicas que aparecen en la novela.

El Infierno
El Infierno es otra dimensión, o "plano de existencia ", donde las almas de las personas malvadas van cuando mueren y donde los seres poderosos comúnmente conocidos como demonios luchan y conspiran entre sí por poder personal. A diferencia del Abismo, que es el una dimensión de maldad caótica, el Infierno es un lugar de maldad legal: rígidos sistemas de castas, formalizados métodos de promoción y degradación y una crueldad más terrible que la que cualquier gobierno humano pueda engendrar. El Infierno es llamado también "Baator"(bay-AH-tor) por los eruditos planares, pero para la gente común de la mayoría de mundos es simplemente "El Infierno".

Las Capas
El Infierno actualmente se extiende en nueve capas de leyes y temperamentos similares, con frecuencia llamadas los Nueve Infiernos. ("Los Fuegos de los Nueve Infiernos" es una expresión común en Faerûn.) Apiladas una sobre otra en un sentido metafísico, cada una de las nueve capas es más pequeña y malvada que la anterior. Cada capa es controlada por un ser poderoso llamado archidemonio, alguno de los cuales puede rivalizar con deidades inferiores en poder. Juntos, estos archidemonios son llamados los Señores de las Nueve.

La llanura del Averno es la capa más alta, y está gobernada por Bel, un poderoso demonio que derrotó al antiguo señor. Todos los viajes de Elminster por el Infierno que tienen lugar en la novela transcurren aquí.

La siguiente capa es la ciudad de hierro ardiente de Dis, governada por Dispater, el señor de patas de cabra que raras veces deja su Ciudadela de Hierro.

La tercera es la contaminada ciénaga de Minauros, controlada por el sibilante y reptiliano Mammon, en quien sólo unos pocos archidemonios confiarían después de una traición.

La cuarta es la explosiva y fogosa Phlegethos, con ríos de lava y fuegos animados que surcan el aire. Está regida por el demonio Belial y su hija Fierna.

La quinta es Estigia, un reino de hielo quebrado y cielos surcados por relámpagos. Está regida por Levistus, quien yace sellado en un gran bloque de hielo como castigo por traicionar al señor del noveno Infierno.

La sexta es Malbolge, una dimensión montañosa en la que se suceden contínuamente los desprendimientos y corrimientos de tierra. Está regida por una poderosa bruja de la noche conocida sólo como la Bruja Condesa.

La séptima es Maladomini, un lugar de ciudades abandonadas en ruinas en constante construcción. Su señor es Baalzebul, un arconte del bien que fue atado al Infierno y transformado en una criatura babeante.

La octava capa es Cania, más fría incluso que Estigia, con glaciares que se mueven tan rápido como el más rápido de los hombres y avalanchas de nieve que arrastran y sepultan todo a la vista. Cania está controlada por Mefistófeles, quien simuló su propia muerte para descubrir a los enemigos de su bando.

Nesus es la novena y última capa del Infierno y es una tierra de profundos cañones y pasos imposibles. El poderoso Asmodeo rige esta capa. Su misteriosa y antigua existencia puede datar cercana a la creación del multiverso.

Todos los archidemonios están aliados entre sí para controlar y destruir a los enemigos del Infierno, pero entre sus propios rangos conspiran y se traicionan por poder y prestigio, y guardan un odio oculto hacia el liderazgo de Asmodeo, quien ha sido sustituido en el pasado pero nunca ha sido derrotado. Asmodeo en cambio se ríe de las conspiraciones que se suceden contra él y se prepara para la siguiente e inevitable batalla.

El Averno
El primero de los Infiernos es el mayor de todos, considerándose que su extensión es infinita. Es escenario de múltiples batallas y con frecuencia la única parte del Infierno que los visitantes ven. El Averno es una yerma llanura carbonizada y ruinosa, con montañas esporádicas y colinas de roca desnuda. El cielo es normalmente rojizo o violáceo, y una miasma sanguinolenta baña el aire en todas direcciones; no existe el sol. Ardientes globos surcan el cielo y a veces explotan sin razón aparente. Nada crece aquí, y las criaturas que habitan estas tierras buscan constantemente a otros seres a los que matar y consumir.

El río Aqueronte, que conecta todos los planos del mal en uno u otro sentido serpentea a través del Averno. Otros ríos y riachuelos hechos de fresca y espesa sangre limitan los bordes territoriales y suelen desembocar en el Aqueronte. Algunos sostienen que la fuente de la que mana tanta sangre pudieran ser todas las víctimas del plano, pero lo cierto es que su origen actual es desconocido.

Debido a que conecta con otros planos del mal, el Averno es el principal objetivo para cualquier ataque por demonios, y grandes cantidades de demonios soldado marchan constantemente aquí buscando enemigos potenciales o criaturas que puedan torturar y matar por simple entretenimiento. Además de los ejércitos diabólicos, demonios ladrones, monstruos nativos e incluso archidemonios depuestos suelen ocultarse aquí para satisfacer sus propios deseos de asesinato, tortura y codicia.

Habitantes
Los habitantes más comunes del Averno son los demonios. Mientras algunos sabios se refieren a ellos como "baatezu" (bay-AH-tez-oo), otros argumentan que no todos los demonios son baatezu, y la mayoría de personas no se preocupan por cómo se llamen mientras se mantengan bien lejos. Los demonios disfrutan inflingiendo daño a otros (incluso a sí mismos), y tienen una extraña biología que les permite -bajo las circunstancias adecuadas y con la magia apropiada- cambiar hacia formas más poderosas después de una tortura prolongada. Así, los demonios usan el dolor para mostrar dominación sobre los débiles, y están sujetos a este dolor mediante el cual pueden aumentar su propio poder. Por ejemplo, un lemur puede transformarse en un osyluth en las manos de un demonio más poderoso con los conocimientos adecuados, incluso los grandes demonios de foso se dice que fueron creados a partir de demonios menores ya que ellos se consumieron en un fuego terrible durante más de cien años. El hecho de que estas criaturas deban usar el dolor para evolucionar muestra la corrupción en torno a la que gira su existencia, y refleja su naturaleza legal (mediante jerarquías) y maligna (la superación a través del sufrimiento).

Los lemures son los demonios más débiles. Gotas de hedionda carne líquida de tamaño humano, los lemures son las tropas de choque y mano de obra de los demonios. Los más egoístas, crueles y malvados mortales que mueren y llegan al Infierno se convierten en lemures. Sus cuerpos blandos se regeneran rápido, haciéndolos buenas víctimas de tortura para los demonios mayores. Un lemur es parecido a un zombie humano típico. La única cosa más baja que los lemures en la jerarquía demoníaca son los nupperibos, que son extrañas criaturas deformes e hinchadas sin mente ni ojos que sirven como carne de cañón del Infierno.

Un osyluth, o "demonio de hueso", tiene una apariencia alta y demacrada con una huesuda cola de escorpión. Exudan un hedor nauseabundo a podredumbre y sirven en los ejércitos infernales como informantes y vigilantes de sus compañeros. Los osyluths son tan poderosos como los wyverns.

Un barbazu, o "demonio barbado", encaja con la descripción tradicional de un diablo, con cola, manos y piés con garras, piel quemada, y una barba de aspecto demoniaco. Son tropas de élite, lideran masas de lemures en la batalla y combaten objetivos principales mientras los demonios menores atacan en masa. Un barbazu es tan peligroso como una medusa.

Los erinyes son el equivalente demoníaco de los súcubos y son enviados a Faerûn para tentar a los mortales. También vengan los insultos proferidos contra el Infierno. Se parecen a atractivas mujeres con alas de plumas y ojos siniestros. Pueden usar encantamientos y ataduras mágicas sobre aquellos a quienes desean capturar con vida. Los erinyes son tan resistentes como los barbazus.

Los hamatulas son parecidos a los barbazus, pero son más altos y sus cuerpos están cubiertos por afiladas púas. Sirven como guardianes y patruyas. Suelen gustar de agarrar a sus oponentes y empalarlos sobre sus cuerpos espinosos. Los hamatulas son tan poderosos como los gigantes de piedra o los ilícidos.

Los cornugones son más grandes y monstruosos que los hamatulas, y se sirven de grandes látigos con los que pueden atontar a sus oponentes. Las heridas inflingidas por los cornugones sangrarán profusamente hasta que sean atendidas. Son las fuerzas de defensa de élite del Infierno y también actúan como guardaespaldas de importantes demonios o como guardias de poderosas máquinas de guerra. Un cornugon es tan poderoso como un gigante de fuego.

Los gelugones son extraños demonios con apariencia de insecto, con ojos compuestos, grandes mandíbulas, y una gruesa cola cubierta por púas afiladas. Sus cuerpos despiden un frío entumecedor, y las criaturas que son atacadas por su cola o por su aguijón metálico suelen retrasarse en su camino. Los gelugones son guardias de élite supremos y espías, y normalmente trabajan de guardaespaldas de los archidemonios o cambian para estudiar a demonios enemigos o poderosos mortales. Un gelugon es tan peligroso como un contemplador.

Los demonios de foso son los oficiales de los ejércitos del Infierno, y las mayores tropas del Infierno son lideradas por generales demonio de foso llamados Oscuridad Ocho. Miden doce pies de alto y son seres de alas membranosas, con rojas escamas, grandes colmillos venenosos, y envueltos en llamas, los demonios de foso siembran el miedo allí donde van. Son los demonios más poderosos exceptuando a los archidemonios, y en comparación son más peligrosos que un golem de hierro, tan inteligentes como un liche, y más destructivos que una hidra de doce cabezas.

Los abishai son seres draconianos con forma de gárgola al servicio del dios Tiamat, quien se conoce por ejercer el poder en el Averno de vez en cuando. Como su gran reina, los abishai se distinguen en los cinco colores comunes a los dragones de Faerûn: blanco, negro, verde, azul, y rojo, en orden ascendente de poder. Los abishai sirven como torturadores y guardias en el Infierno, y no están por encima atacando a demonios solitarios de distinto tipo, especialmente en manada. Un abishai blanco es ligeramente menos poderoso que un osyluth, y uno rojo puede equipararse a un hamatula.

Además de los demonios, quienes superan en gran medida a cualquier otra criatura en el Infierno, éste es el hogar de dragones malignos, demonios de gusano gigantes, extrañas criaturas de múltiples bocas, ojos y miembros, e incluso las más raras variedades de monstruos horribles. La mayoría de éstos no han sido aún catalogados por los eruditos de los mortales porque son un poco más poderosos que máquinas devoradoras, y la mayoría de la gente que invoca a las criaturas infernales lo hacen porque buscan información, poder, y sirvientes. Desde luego los nacimientos demoníacos más comunes son los diablos, más que las bestias descerebradas devoradoras sin conocimientos ni conciencia sobre el significado de la obediencia.

Referencias :
La información de este artículo está extraída del material del Manual of the Planes, el Monster Manual, el Forgotten Realms Campaign Setting, y Elminster in Hell.)

Propiedad de Wizards of the Coast

Traducido por venoch

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