Nacida en una antigua familia de Cimbar que había caído en desgracia la suerte de Melissandra fue en sus primeros años bastante negra. Como parte del antiguo consejo que había gobernado la ciudad antes de la llegada del Cetranar ahora se veían abocados a una existencia con los mínimos de riqueza posibles.
La única esperanza que tenía la familia era un oráculo críptico que habían recibido cuando nació Melissandra: “Ella hará que el nombre de la familia conozca nuevas glorias aunque eso no será posible sin la luz de su hermana.”
A pesar de ello Melissandra fue educada como si fuese una gran dama de la nobleza, con todos los lujos que pudieron pagar sus padres. A diferencia de su hermana, Halanara, Melissandra asimiló todos y cada uno de las clases que recibió. Debido a esto, a una temprana edad podía discutir con su padre de política sin problemas.
A pesar de que su padre sentía una cierta simpatía al ver la habilidad que mostraba su hija por la política sabía que sólo la podría casar, con suerte, con alguna familia de ricos mercaderes que buscasen emparentarse con una familia noble con el fin de ascender socialmente.
Sin embargo, la suerte se puso del lado de Melissandra. Su hermana pequeña se convirtió en una de las mujeres más guapas de todo Chessenta “cuya belleza rivalizaría con las diosas” dirían los bardos. El hermano de Polícrates, seducido por la belleza de Halanara decidió casarse con ella.
Pero el Cetranar no estaba dispuesto a ello, venía más útil casar a sus hijos con alguna de las familias preponderantes en la actualidad en Chessenta con el fin de lograr una mayor cantidad de apoyos. Hasta que Polícrates se encontró con Melissandra.
Este encuentro se ha convertido en un tema clásico dentro de los bardos de Chessenta, hasta la llegada de Tchazzar pues el tema suele ser muy mal visto por sus partidarios. Pocos saben la verdad pero la mayor parte de las canciones empiezan con Polícrates acudiendo a la casa Aerolee para decirles las disposiciones de su padre.
Allí el padre de Melissandra, consumido por el miedo, decide aceptar cualquier cosa con tal de salvar a su familia. En una acción impetuosa, Melissandra surge de las sombras (desde donde había estado escuchando) y se arrodilla ante Polícrates clamando por la vida de su padre y de su familia “Pues los reyes deben de guardar incluso de las ovejas cuyos ancestros hayan sido fuente de poca alegría”.
Sorprendido por la audacia de la mujer, Polícrates consiente en consultarlo con su padre no sin antes concertar con ella una nueva reunión. Muchas canciones hacen que en el camino de la casa Aerolee al palacio del Cetranar miles de signos de los dioses aparecen ante Polícrates hasta que en el momento en que decide que convencerá a su padre de que debe de casar no sólo a su hermano si no a él con las hijas de los Aerolee momento en que 3 truenos, en un cielo despeja, retumban con fuerza.
Alegando razones de imagen y de intentar atraer a los sectores más críticos con ellos, Polícrates consiguió convencer a su padre de que no sólo era beneficioso que su hermano se casará con la hija menor si no que él debía de casarse con Melissandra.
En su encuentro al día siguiente las canciones afirman que consumidos por la pasión ambos decidieron casarse antes incluso de que fuese oficial y que cogieron al primer clérigo que encontraron para que los casara. Clérigo que en verdad era un avatar del propio dios Hoar.
Dejando de lado las canciones de bardos, lo cierto es que parece que tanto Melissandra como Polícrates se enamoraron a simple vista y que lo que algunos creyeron, empezando por el Cetranar, que era un mero calentón del “hijo del tirano” acabo siendo un matrimonio extraordinariamente feliz y unido.
El nacimiento de la primera hija de ambos se convirtió en una señal de que la profecía que había escuchado su padre cuando ella nació se cumplía. No sólo eso, no había poca gente que pensaban que el Cetranar iba a convertirlos a ellos como sus sucesores. Pero entonces vino La Noche de los Demonios Sedientos.
Consumidos por el odio ambos llevaron a cabo una persecución contra todo aquél que parecía haber intervenido en contra de su hija. Durante dos dekhanas los dos personalmente interrogaron, torturaron y asesinaron a aquellos que habían tenido alguna intervención en la muerte de su hija.
La que había sido una pareja afable se convirtieron en dos auténticos déspotas que empezaron a controlar y manipular todo lo que sucedía a su alrededor. Donde Polícrates no llegaba, Melissandra influía y al revés.
Ambos sólo aspiraban a convertirse en los gobernadores de Cimbar, Polícrates porque creía que su padre estaba condenándolos a todos. “El asesino del tirano que traería la paz a al ciudad” era la imagen que empezó a fabricar de él Melissandra mientras esperaba pacientemente para conseguir el poder.
Volcados en este juego de venganza y de poder, Melissandra fue perfeccionando sus habilidades lo que habían sido aptitudes para el canto y el baile propias de una dama noble las transformó en poderosas armas impregnadas de la sutil magia de los bardos.
Trabajando ambos desde las sombras lograron reunir un ejército y cuando ambos estaban tocando su premio les fue arrebatado por Tchazzar. Ambos, mientras huían juraron que volverían a vengarse de él y se consagraron a esta tarea con todas sus fuerzas.
Desde entonces ambos se han mantenido unidos y han trabajado codo con codo en cada uno de los planes que han llevado a cabo. El único punto de discusión es sobre si tener un nuevo niño o no. Polícrates ansía tener un heredero pero Melissandra lo ve como un problema viendo la situación en la que se encuentran.
A diferencia de Polícrates en este tema ella es completamente racional y sigue un análisis frío y desapasionado de la realidad por mucho que Polícrates haya intentado negar la evidencia.
Alta y de pelo pelirrojo, la imagen de Melissandra transmite fuerza y respeto. Si su hermana es una belleza arrebatadora y exótica, ella es una belleza clásica, con un repunte de serenidad que la edad ha ido aumentando. Lleva el pelo suelto y en ocasiones festivas lo adorna con cascabeles con los que marca el ritmo en los bailes que lleva a cabo con Polícrates.
Melissandra tiene un carácter muy fuerte y no duda en exponer sus ideas y sus opiniones sobre cualquier tema a su marido. Sus discusiones de estrategia son ya famosas entre los capitanes que en ocasiones ven como Melissandra consigue superarlos a todos, incluido su marido.
Es la única con cierto acceso a magia arcana en el grupo de mercenarios algo que hace que intervenga en muchas de las batallas como maga o de apoyo al grupo. Su frialdad se realza en el campo de batalla donde permanece al lado de su marido mientras entreteje conjuros, canta o lucha.
Además Melissandra es una experta política que sabe jugar sus cartas con mucha habilidad. No es la primera ni la segunda vez que Polícrates la manda a ella a negociar con las autoridades de una aldea para que consiga favores y tratos sumamente ventajosos.
En su faceta de “reina” Melissandra sabe moverse en la alta sociedad donde su habilidad de barda hace que consiga información, tratos o favores que ayudan en las ambiciones de las Espadas. Se sabe que diversos nobles han aportado de forma espontánea dinero para pagar a las Espadas después de encontrarse, sin querer, con Melissandra en una fiesta que daban.
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