Todos los jóvenes rashemis son sometidos a pruebas de sus habilidades mágicas en su niñez, y, si tienen las adecuadas habilidades, son separados de su familia y llevados a entrenarse en las antiguas artes de rashemen.
Aquellos raros varones rashemis que pueden usar la magia son llevados a fortificaciones ocultas y aisladas en las hendiduras en las Rocas Corrientes. Allí se les entrena en las antiquísimas formas de la magia rashemi para convertirse en vremyonni (literalmente “Los Antiguos”), apelativo que se les da porque viven siglos gracias a sus conjuros de longevidad. Los vremyonni de origen divino, como druidas o clérigos, pueden relacionarse con la sociedad con normalidad. Se dedican habitualmente a aplacar espíritus o a unirse a logias de berserkers, pero los arcanos son requeridos a mantener una vida de aislamiento o salir de Rashemen, la tercera alternativa es la muerte. Estos vremyonni aislados dedican su vida a desarrollar nueva magia y crear objetos mágicos para las brujas y los berserkers. Las únicas ocasiones en que se les permite salir a estos magos es durante las peores amenazas a la nación, en ese caso se cubren el rostro como las wychlaran y se atan a una de ellas con un cordón plateado, luchando como un poderoso equipo.
Las Brujas se dividen en una serie de estrictos rangos que se basan en su experiencia y educación. Las ethran, o novicias, son aquellas jóvenes recién ingresadas en la orden, poseen todos los privilegios de una Bruja, pero deben respeto a sus superioras, hay miles de estas en Rashemen. Las hathran, o hermanas instruidas, son aquellas brujas veteranas que dirigen la orden, no hay más de trescientas de ellas, pero el número exacto es un secreto celosamente guardado. Y finalmente están las Othlor, o las Auténticas, de las cuales no existen más de una docena, pero cuyo título puede alcanzar cualquiera que sea merecedora.
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